Investigant sobre el pas dels Pirineus

Començo avui una sèrie de 17 articles que intenten aclarir alguns aspectes de l’expedició de sant Josepmaria en el pas dels Pirineus a la tardor de 1937.

Són 17 aclariments que figuren en el llibre “El pas dels Pirineus”, de Jordi Piferrer, Pagès editors, Lleida 2012 i que ara resumeixo en aquest blog. Per llegir-ho tot sencer cal anar a l’original del llibre.

La versió en castellà es titula “Entra la noche y la esperanza”, Jordi Piferrer, Editorial Milenio, Lleida 2014.

Alguns dels aclariments són nous, producte de les preguntes que m’han fet alguns lectors.

Procuraré que cada 15 dies es publiqui un d’aquests 17 aclariments.

Agrairé que tots pugueu ampliar algun aspecte dels que anirem tractant.

Començaré avui amb el primer aclariment, segons l’ordre cronològic d’aparició en escena:

1. ¿QUI ERA “MATEO EL LECHERO”?

El sobrenom de “lechero” l’hi van posar els expedicionaris a Barcelona per entendre’s entre ells, ja que no coneixien el seu veritable nom i habitualment connectaven amb ell en un bar, que els va semblar una lleteria.

Dades dels documents històrics escrits pels expedicionaris

En aquests documents se cita per primera vegada a Barcelona a un tal Mateo, el 14 d’octubre de 1937. Es torna a parlar d’ell a la zona de Peramola, els dies 21, 26, 27 i 28 de novembre.

El 14 de octubre, escriu Juan Jiménez Vargas (1937) en el Diario:

Por fin Rafaela nos presenta a un lechero llamado Mateo, por medio de una señora a quien éste arregló la salida de su marido. La señora a su vez ha conocido a Rafaela por intermedio de la señora Mercedes, como dicen los catalanes. Nos reunimos con ellas y con Mateo para hacer planes.

Anys després, el mateix Juan Jiménez Vargas (1980) recordava:

Cada día caíamos por la lechería, con la esperanza de encontrar el aviso decisivo; pero, ya bien entrado noviembre, el parte diario seguía diciendo que aún no había llegado Pallarés, con lo que entendíamos que aún no había llegado la orden de marcha. Suponíamos que la retransmisión de noticias estaba a cargo de alguno del pueblo, que tenía recursos para ir y venir a Barcelona sin despertar sospechas. Aun convencidos de que todo iba bien —Mateo, el lechero de Peramola, cada día se mostraba más optimista— y de que la salida era inminente, la espera seguía poniendo a prueba nuestra paciencia […].

A mediados de noviembre —el 15 ó 16—, Mateo, por fin, nos dio indicaciones en firme para la salida inmediata de Barcelona con contraseñas, detalles de las paradas de autobús, y otros avisos para prevenir en lo posible los imponderables del viaje.

El Padre se despidió de Mateo con profundo agradecimiento, ese agradecimiento que sentía y manifestaba siempre por el menor favor que le hacían. Mateo había salvado a muchos, pero sus posibilidades se habían agotado. Después de la expedición nuestra, parece ser que, por esta vía, sólo pudo pasar un grupo más, como luego nos contó su hijo. Mateo pudo darse cuenta a tiempo, no se sabe cómo, de que le buscaban —habíamos estado en la boca del lobo—, y pudo huir a Argentina [1], a un pueblo donde tenía familia y buenos amigos; y allí pudo seguir hasta el final de la guerra.

La expedición nuestra salió el 19 de noviembre, ya en una fecha muy crítica, porque el refuerzo de la vigilancia persiguiendo fugitivos, más numerosos de día en día, hacía cada vez más difíciles las marchas hacia la frontera. En la expedición nuestra iba Mateo Molleví Serra —entonces no le conocíamos [2]—, un sobrino de Mateo, lechero.

Un altre expedicionari, José María Albareda, escrivia en una carta d’abril de 1938:

Desfile de personas equívocas, que un día parecían héroes que lo arriesgaban todo por liberarnos, y otro, informales mercaderes de nuestra inquietud. Por fin pasó un hombre bueno. Respiraba seriedad y honradez. Tenía claridad de juicio. Era lechero, y estoy seguro que de los que no echan agua a la leche. Trazó un plan. Ecuánime, seguro en el decir. Marchó a su pueblo; dijo volver a los pocos días y … nada. Inundaciones del Segre a principios de noviembre. Desbordamientos. Y había ríos que cruzar. Al principio, no pensaba resistir tanto sin volver a Madrid. Pero … mientras se vislumbraba una posibilidad, ¿quién daba marcha atrás? Y una tarde, a las seis —visita inolvidable— se presentó el lechero. ¡Si aquel hombre no podía engañar! Había que salir enseguida; tenía varios en Barcelona, y nos distribuyó en tres o cuatro envíos. Yo salía en el primero.

Passem ara als testimonis de la zona de Peramola. El 21 de novembre, segons el Diario de 1937 -que aquell dia escrivia Pedro Casciaro- Tonillo i Mateo acompanyaren des de Peramola fins a Vilaró als tres que acabaven d’arribar de Barcelona. A Vilaró els estaven esperant sant Josemaría i els altres dos que havien arribat el dia anterior:

A la mañana siguiente vinieron a buscarnos Pallarés y Mateo, y nos condujeron con las precauciones de siempre a la masía en que se encontraban desde el día anterior el Padre, Juan y José María.

El 26, el Diario, escrit aquell dia per Juan Jiménez Vargas, diu:

Faltaría poco para el toque de diana, que corre a cargo de Tomás, cuando llegó Mateo con el hijo del sacristán […]. Cuando salí de la casa, estaban todos junto a la puerta rodeando a Mateo y su acompañante, que les daba instrucciones para la partida que será el lunes por la tarde. Mateo no ha podido portarse con más generosidad.

El 27, una altra vegada el Diario, ara a càrrec de Pedro Casciaro, diu:

Los guías piden por pasarnos dos mil pesetas a cada uno, en lugar de las mil doscientas que antes habían fijado. No hay dinero para pasar todos, y el Padre habla con Mateo, que acaba de llegar, de este asunto. Mateo dice que intercederá él con los guías, para arreglarlo […]. A las seis y cuarto nos ponemos en marcha. Nos sirven de guías Pallarés [Antoni Bach Pallarés, el Tonillo] y Mateo. Delante va el primero de éstos, y nos lleva a una velocidad terrible, en medio de la oscuridad más completa de esta noche sin luna [pero Antonio Dalmases dice que había luna [3]. Tan deprisa nos llevaba aquel sacristán [el Tonillo], que poníamos los pies sin saber dónde; y más de una vez, fui a ponerlo en un punto tan inseguro que, resbalándome, me doblé el pie, teniéndolo resentido durante toda la jornada.

Pasamos muy próximos a Oliana [debe querer decir Peramola, ya que Oliana está muy lejos]. Pallarés se separa de nosotros, para ir a este pueblo por víveres y unas alpargatas para Manolo y para otros expedicionarios que carecen de ellas, mientras nosotros esperamos agazapados en un terraplén cercano al camino. La espera se hace larga: tenemos frío y desenrollamos nuestras mantas, para abrigarnos, estando todos hechos un pelotón de carne rubeniana, pero vestida. Por fin, al cabo de más de una hora, regresa Pallarés con aprovisionamiento para los pies por lo menos. Nos ponemos en marcha; pero al poco rato, una vez alejados del pueblo, volvemos a detenernos para que los favorecidos se calcen las alpargatas.

Caminamos muchas horas, por los bosques espesísimos. Algunas veces Mateo, que es el que ahora marcha a la cabeza, se detiene o retrocede para buscar el camino imaginario. Casi siempre vamos apartados de las sendas, por malas que sean […].

A las once y media aproximadamente, llegamos después de escalar un monte a unas cuevas: eran extensísimas, y se cerraban por una puerta de pequeñas dimensiones, medio escondida entre las rocas. Tumbados en el suelo descansamos los unos y velaron los otros hasta las tres de la madrugada, en que proseguimos la caminata por lugares bastante difíciles. Empieza a amanecer cuando llegamos al pie del Aubens.

Van arribar a l’Espluga de les Vaques, a la Ribalera, on van romandre des de les set del matí fins més enllà de les quatre del diumenge 28, segons el Diario que aquell dia escrivia Pere Casciaro:

Apenas llegar, el Padre decide celebrar la santa misa en unas peñas. Celebrada la santa misa desayunamos, aunque no muy abundantemente: pan y embutido con algo de vino. A eso de las tres de la tarde, cominos conejo frito que Mateo trajo después de su ausencia […]. A las cuatro y pico nos pusimos de nuevo en marcha, mal comidos y peor dormidos. La voz de partida del guía me sorprendió llenando la bota en un chorro de agua que corría por lo más hondo del escarpado.

Sainz de los Terreros, en una narració telegràfica que comença la tarda del dia anterior, el 27, deia:

Vino Mateo y salida inesperada a las 6 de la tarde. Fuimos 23 y Mateo y Pallarés a un barranco al que llegamos a las 6 de la madrugada. Frío, andar a oscuras difícil, molesto y caídas. Dormimos 3 horas en gruta. Misa en barranco y comer algo y dormir (imposible, suelo todo inclinado con piedras).

Dades facilitades pels parents de Mateu Molleví Roca

En els relats sobre la intervenció de “Mateu el lechero” en l’expedició de novembre de 1937 hi ha alguna confusió. Les converses que he tingut amb Juan Molleví Viladoms, un parent proper, ens han revelat algunes dades molt aclaridores.

Segons Joan Molleví, els principals protagonistes de l’organització de fugitius de Barcelona cap a Andorra, en què participaven els de Cal Mateu, van ser:

Josep Molleví Roca, de 57 anys, propietari de Cal Mateu de Peramola; Mateu Molleví Serra, de 31 anys, fill de l’anterior i hereu de la casa, que Joan considera el coordinador de l’organització de fugitius; Baldiri Viladoms Valls, de 52 anys, financer, i Mateu Molleví Roca, de 48 anys, que era el contacte permanent a Barcelona. Es poden afegir els que col·laboraven des Peramola, com Antoni Bach Pallarès, de Cal Tonillo, el seu fill Paco i altres.

Ens dóna més llum sobre els protagonistes un diari que va escriure Francesc Molleví Serra, que segueix dia a dia les seves peripècies des que va sortir de Barcelona l’any 1937, fins que va tornar el 1939, incloent el seu pas fins a Andorra entre el 15 i el 19 de juliol de 1937.

Comença el Diari quan el germà gran, l’hereu de Cal Mateu de Peramola, Mateu Molleví Serra, baixa a Barcelona a principis de juliol de 1937 i avisa els seus dos germans bessons (Francesc i Pau, de 26 anys) perquè passin a la una altra zona d’Espanya per evitar que els incorporin, d’un moment a l’altre, a l’exèrcit republicà. Amb ells es van passar un altre germà (Miquel, de 28 anys) i dos cosins (Miquel Serra Molleví, de 28 anys, i Josep, de 26, fills de Ramona Molleví Roca). L’hereu, Mateu, es va quedar de moment a casa i no passaria a l’altra zona fins més endavant, al maig de 1938, pel front de Tremp.

El Diario de Francesc Molleví Serra comença així:

Estamos trabajando con mi hermano Pablo en la lechería de mis padres, y en compañía de mi prometida Carme, junto con sus hermanos y la yaya; estando en la lechería con mi hermano Pablo, eran las 12 del mediodía y viene mi hermano Mateo procedente de Peramola y nos avisa que teníamos que partir inmediatamente hacia Peramola porque nos vendrían a coger para llevarnos a la guerra.

Queda clar que les lleteries són propietat de Josep Molleví Roca -l’hereu de Cal Mateu- pare de Francesc i Pau, i no de Mateu Molleví Roca, que com hem dit tenia un bar restaurant i no una lleteria.

Segons ens diu Joan Molleví Viladoms, la lleteria on treballaven els germans bessons Francesc i Pau era al carrer Tamarit, 189, que estava molt a prop del bar restaurant Bonavista, a la Ronda de Sant Antoni, 84. Aquesta proximitat facilitava anar d’un edifici a l’altre.

Conclusió

Els apel·latius Mateu i “lechero” han originat confusions que convé aclarir. Del que acabem d’exposar es pot deduir que:

Els lleters eren: Josep Molleví Roca, de 57 anys, i el seu fill i hereu, Mateu Molleví Serra, de 31 anys. Mateu Molleví Roca, germà de Josep i oncle d’aquest altre Mateu, no era lleter, sinó que tenia un bar, en el qual -evidentment- podia vendre la llet que els seus nebots li subministraven des de la lleteria. Mateu Molleví Serra baixava freqüentment a Barcelona pels negocis de les lleteries i podia establir fàcilment contacte entre els fugitius i l’organització de Peramola.

Probablement el que parlava amb ells era Mateu Molleví Roca, que romania a Barcelona al capdavant del seu bar de la Ronda de Sant Antoni. El 1937 tenia 48 anys, edat que és més d’acord amb la que es dedueix de les descripcions que hem anat veient. Vivia amb la seva dona i fills al primer pis del mateix edifici, a sobre del bar.

Els llocs de contacte amb els fugitius podrien ser la lleteria del carrer Tamarit o bé al bar de la Ronda, si bé els documents històrics fan sempre referència al bar, que ells anomenen lleteria.

Juan Jiménez Vargas aclareix definitivament aquesta qüestió en un document (Testimonial de l’any 1976) on diu textualment:

Por su aspecto -mostrador de mármol y mesas de mármol con patas de hierro- le llamamos la lechería, aunque más bien era un bar donde incluso servían comidas. Preguntamos por Mateo, que resultó ser el que estaba en el mostrador, y nos atendió muy bien desde el primer momento. No nos había dicho más que Mateo, a secas, por aquel miedo instintivo generalizado a levantar pistas. Mucho después supimos que se llamaba Mateo Molleví Roca. Tenía una finca en el término de Peramola (Lérida). Se veía que, por su edad, como de unos 50 años, estaba fuera de las quintas movilizadas. Tenía un hijo -Mateo Molleví Ribera- que había pasado la frontera con alguna de las últimas expediciones. Éste, después, volvió a la zona roja, en misión de espionaje, y acabó la guerra en zona nacional, de enlace motorista a las órdenes del alto mando.

Juan Jiménez Vargas no va tornar a la zona de Peramola fins a finals dels anys 1960. Mateu Molleví Roca havia mort el 1955, als 66 anys, i Mateo Molleví Serra va morir el 1966 als 60 anys. Per tant, no va poder parlar amb el primer, i amb l’altre no ens consta que ho hagués fet. Les identificacions s’haurien de basar en el que li van comentar altres persones de Peramola que coneixien perfectament a la família Molleví arribant a la conclusió que Mateu el lechero era Mateu Molleví Roca, tot i que podia haver estat també el seu nebot Mateu Molleví Serra, que era pròpiament el lleter, i estava més sovint a Peramola que el seu oncle.

Ja que Juan Jiménez Vargas, dels anys seixanta als setanta, va investigar a fons aquest tema i va poder parlar amb molta gent que coneixia bé la família de Cal Mateu, penso que les seves conclusions són correctes i que Mateu el lleter citat en els diaris era efectivament Mateu Molleví Roca.



[1] “Argentina” es una mala lectura de la paraula “Argentona”, un poble pròxim a Mataró de on era la seva esposa. La errada es fàcil de comprendre.

[2] Aquí hi ha una confusió, perquè Mateu Molleví Serra es quedà a Peramola i no va passar a l’altre zona, pel front de Tremp, fins el mes de maig de 1938. Així ho diu clarament el Diari de Molleví.

[3] Veure l’apartat: “La qüestió de la lluna, al novembre de 1937”.