Revivim l’expedició del novembre de 1937, amb l’avantatge de no mullar-nos els peus.

A les 10 del matí del passat 12 d’abril, ens trobàrem a la cruïlla de Noves de Segre 21 expedicionaris per reviure la Caminada que feren els components de l’expedició en la que hi anava sant Josepmaria Escrivà. El tram que férem nosaltres correspon a la nit del 30 de novembre al 1 de desembre de 1937, i comprèn el tram que va des de Cal Pallarès, de Noves de Segre, fins a Cal Roger, sobre Bellestar.

Els caminants fórem els següents: d’Igualada, Octavio Rico, Daniel Macià, Dani Puch, Guillem Verdés, Carles Castells i Mn. Xavier Pont; de Lleida, Josep Ma Gibert; de Solsona, Josep Vilaseca; de Calders (Manresa) vingueren Jordi Canet i Pilar Torra; de Barcelona, Jordi Pérez, Ignasi Forcada, José Juan Crespo, Goyo Romera, Lluís Vericat, Alfons Muñoz i Jordi Piferrer; d’Andorra baixaren Amadeu Rocamora amb la seva esposa Elena Martí i el seu fill Josep; de Coll de Nargó, en Martí de Cal Guillot. En arribar al riu de Castellbò s’hi afegiren tres matrimonis d’Igualada: Manel Feliu i la seva esposa Leonor Martí, Alfons Ferrer amb Mercè Travesset i Jaume Escurín amb Elisa Santfeliu. En total fórem doncs 27 persones.

Començà la nostra caminada a la carretera de Noves de Segre, agafant el camí de Carrerada que paral·lel al riu Segre passa per Cal Pallarès. Continuàrem caminant per aquest camí ramader i en una hora i mitja arribàrem al riu de Castellbó. A causa de les pluges dels dies anteriors aquest riu baixava molt ple, cosa no usual. Alguns el passaren mullant-se els peus, altres saltant com podien per sobre les pedres i altres amb uns troncs que trobaren per allí. Cap a les 12,30 del migdia arribàrem al primer pont sobre el riu d’Aravell que havien col·locat recentment els d’Igualada. Mn. Xavier Pont el va beneir i juntament amb ell quedaren beneits els altres tres ponts que passàrem tot seguit.

Certament és un treball molt ben fet, ja que són uns ponts elegants, rústics, ecològics, . . . i tots els atributs que hi vulgueu afegir.

Quina diferència amb el que es trobaren els expedicionaris de l’any 1937!, que van tenir de travessar a peu tots els rius que trobaren. Escoltem el que ens diuen:

Del Diari (1937)

Hemos llegado al río: lo cruzamos descalzos y con agua hasta la rodilla.

Después de pasar el río -todo en gran silencio, pues estamos a unos veinte metros de la carretera-, pasamos a la otra parte de la carretera y nos internamos, tras una subida ligera, hacia el valle, que bajamos después con menos dificultas que de ordinario, pues no es abrupto.

Mucho andar y muchos tropezones y . . . las consabidas caídas, con los consiguientes rasguños, magullamientos, etc.

Escriu Paco Botella l’any 1975,

Esta noche fue la noche de los ríos. Debimos pasar el mismo río muchas veces, muchas. Unas en cauce hondo y estrecho nos llegaba el agua hasta los muslos, otras el río se ensanchaba y a veces tanto, que prácticamente el paso ofrecía sólo pediluvios.

Fuimos atravesando a pie corrientes de agua y el Padre con nosotros. Sin secarse, porque no había tiempo y sin pensar en más. (…) El agua había acabado de descuadernar el calzado del Padre: el agua entraba y salía como quería en las botas. Conservo el recuerdo de esta noche, como noche de ríos y con la risa y la broma del Padre, cada vez que nos encontrábamos con uno. ¡Que esfuerzo de ánimo tuvo que hacer el Padre para no sólo superar la dureza de aquella tortura, si no para le­vantar aún tanto su corazón que hasta reía por fuera y cantaba por dentro la voluntad de Dios! Nosotros cambiamos de alpargatas, cuando estaban ya deformadas por la humedad.

I Pedro Casciaro recorda a l’any 1975,

Cuando empezó a oscurecer reanudamos la marcha, esta vez de bajada. Cruzamos un río y nos acercamos a una carretera. Naturalmente, nos advirtieron que había que extremar la prudencia y no hacer ruido al caminar, y tampoco con los bordones que nos habíamos hecho con ramas de árboles. Finalmente cruzamos la carretera; pero lo duro vino luego: atravesar infinidad de veces otro río o el mismo río, no lo sé. Lo atravesábamos y volvíamos a atravesarlo; a ratos, caminábamos dentro del agua, cerca de la ribera. Ahí se demostró que las botas que Juan Jiménez Vargas le había conseguido al Padre para hacer la travesía del Pirineo, habían resultado un auténtico timo. Las vendieron como impermeables y entraba el agua como si fuera un colador; con el inconveniente de que el agua tardaba en salir, y mucho más tiempo se necesitaba para que pudieran secar. Podría decir que el Padre anduvo dos días, al menos, con los pies completamente mojados.

Passats els ponts continuàrem travessant el golf d’Aravell i de seguida dinàrem dins el bosc. Després de dinar férem la pujada cap a la Caubella, salvant un desnivell d’uns 450 metres, on arribàrem cap a les 4 de la tarda. Des de la Caubella poguérem veure les roques on descansaren el dia 1 de desembre els expedicionaris de l’any 1937 i des d’on es veu perfectament la Seu d’Urgell.

Diu Paco Botella que escriu el Diari l’any 1937,

Nos vamos ayudando, y el Padre sube muy bien la cuesta. A las tres horas de estar subiendo, hacia las seis, cuando empieza a clarear, nos introducen entre los árboles y arbustos de un bosque con mucha pendiente y cerca de una fuente. Allí hemos de pasar el día: y esperar al atardecer para reanudar el viaje.

Después de algunos trabajos, encontramos dos sitios próximos, rodeados de bosque: y en ellos nos acomodamos nosotros. Como está con mucha pendiente nos escurrimos mientras descansamos. Antes hemos comido, de lo poco que nos queda, y hemos dejado para la tarde lo demás. Nos liamos en las mantas y procuramos dormirnos y descansar algo, mientras se seca la ropa. Difícil es descansar: hace frío y el suelo está muy húmedo.

Francisco Botella escriu l’any1975,

Se oía el ruido lejano de Seo de Urgel y el viento en algún momento nos traía el ruido de tambores. Serán, pensamos, tropas rojas que hacen instrucción. Empezó a nevar, afortunadamente poco. Como si Dios quisiera recordarnos que teníamos que dar gracias, porque había detenido la nieve. Y nos trajeron comida, esta vez un poco de queso y de pan, para todo el día. Hicimos raciones para cada uno.

I Antoni Dalmases escriu en el seu Diari de l’any 1937,

La ascensión, cada vez más dura, sigue hasta el ama­necer. Estamos en un monte sobre un pueblo que se divisa perfectamente (la Seu d’Urgell). Se nos ordena formar grupos de tres o cuatro y acampar entre los matorrales, con el fin de pasar el día debajo de ellos, con la orden de no levantarnos ni movernos más que para mantener contacto con los otros grupos, y no hablar alto. Todo el día estuvimos, oyendo las cornetas de los carabineros de los pueblos vecinos y esto logró que no nos moviéramos de nuestro sitio durante todo el tiempo que allí permanecimos.

A continuació enfilàrem cap a Cal Roger, casa on vivien els pares d’en Josep Cirera. Tornàrem cap avall passant per les cases de Porredon i l’Edra, per acabar finalment a Cal Peret de Bellestar, on descansàrem una mica i on ens esperaven tres cotxes per tornar als caminants al punt de sortida.

Magnífica i llarga caminada, amb un dia ple de sol i amb l’al·licient d’estrenar els nous ponts sobre el riu d’Aravell, que hem d’agrair la seva construcció i col·locació a la gent d’Igualada.

En total caminàrem unes 6 hores, a les que s’hi ha d’afegir 1 hora de descans, totalitzant unes 7 hores.