Vàrem reviure el dia 29 de novembre de 1937

El dissabte 8 de gener férem la ruta des del Pont del Codó, sobre el riu de Valldarques -prop les Masies de Nargó- fins a la Vall de Cabó, prop de la casa de l’Oliva.

En total fórem 43 persones: de Lleida, Igualada, Barcelona, Solsona i Andorra. Moltes famílies amb els seus fills.

Sortírem del Pont del Codó a les 10,45 -després de llegir alguns documents històrics- i arribàrem a Fenollet a les 14,15. Tardàrem 3,5 hores. A Fenollet menjàrem pa amb tomata i embotits, que la Rosa ens preparà magníficament.

Després de dinar, llegírem alguns documents històrics davant el corral on el dia 29 de novembre de 1937 descansaren els components de l’expedició en la que hi anava sant Josepmaria Escrivà.

A les 15,15 sortírem cap a Santa Fe, on arribàrem a les 16,45, emprant 1,5 hores per superar la forta pujada del Grau del Fangueret i arribar al Coll de Santa Fe. Aquí descansàrem i llegírem de nou alguns documents històrics que ens fan rememorar el que foren aquelles dures jornades, caminant de nit, superant barrancs i travessant rius.

Després d’una forta baixada per la cara nord de la muntanya de Santa Fe, arribàrem a la Vall de Cabó a les 18,15.

En total caminàrem uns 13 Km, amb un desnivell positiu de 750 metres i negatiu d’uns altres 750 metres, caminant unes 6,5 hores.

Magnífica caminada, per la companyia, el temps favorable, les explicacions geològiques de l’Octavio Rico, la segura guia d’en Toni Cucurull i l’assistència en tot moment de Lluís Jaureguízar.

Adjuntem una descripció que fa Antoni Dalmases en el seu Diari de l’any 1937:

Silenciosamente dejamos los prados y entramos en el bosque. La oscuridad es tan grande que no se ve más que la silueta del compañero que va delante a un paso de distancia, luego tenemos que cogernos con los bastones para no perdernos. Cada hora paramos unos minutos para descansar y beber o, mejor, mojarnos la boca. Como no se ve dónde se colocan los pies, se colocan mal y duelen y se magullan terriblemente.

Del bosque pasamos a unas regiones desoladas que no tienen más que piedras y que acaban de destrozar los pies. A lo lejos a nuestra derecha se ven las luces de un pueblo [havia de ser Les Masies de Nargó o bé Coll de Nargó]. Se acaba el llano y descendemos por el bosque a un río [el Riu de Valldarques]. Pasamos un puente y después de él, paramos para comer un po­co. Yo como un huevo y pan, y enseguida reemprendemos la marcha. Subimos por un declive suave hasta una carretera. Esto es algo peligroso. Al llegar nos reúne el guía y nos hace formar un pelotón de tres en fondo y avanzar a paso li­gero por la carretera, prontos para saltar a la maleza si se ve algún coche. Vamos casi corriendo. Pasamos un puente. Se ve una casa y silenciosamente nos acercamos a ella. Nuestros nervios están en tensión hasta que dejamos la carretera y volvemos al monte. Lo que hemos hecho es muy peligroso pero con ello hemos salvado una montaña que, de haber tenido que escalar, habríamos tardado mucho tiempo. El río mete un rui­do formidable y pronto llegamos a él y nos avisan que nos descalcemos. Así lo hacemos todos y con alpargatas calceti­nes y vendas colgando del cuello, pasamos el río con agua hasta la pantorrilla [el Riu de Sallent].

El agua está helada pero al pie le va muy bien pues los refresca y limpia, a pesar de que los guijarros se clavan como cuchillos.

En el otro lado nos calzamos y, sin entretenernos, otra vez empezamos a andar. El cansancio se nota y la debilidad aún más. Deben ser las doce. Delante de nosotros se levanta una montaña enorme pero vieja [Comalavall], que nos promete una ascensión pesada pero no peligrosa. Es todo matorral. Cuando nos para­mos la mayoría se duerme a pesar de hacer un frío más que regular y llevar los pies mojados porque el suelo también lo está. Descansamos todos sólo unos minutos, pero los hay que llegan a soñar en voz alta. Yo lo hago pero sin llegar a dormir. Sueño cosas absurdas y estúpidas. Hace ya veinticuatro horas que no dormimos y diez que no comemos, y siete que andamos en las condiciones más penosas que pueden imaginar­se.

Esta subida parece que no ha de acabar nunca [el Barranc de Comalavall]. Ya casi en la cumbre el Sr. viejo [José Ma Albareda] que va con nosotros cae desfallecido y nos cuesta reanimarle. Mi coñac hace el milagro, y sus compañeros lo cuidan como hermanos. Si la subida can­sa, la bajada rompe las piernas. Ahora vamos más rápido. Llegamos a un desmonte por el que hay que bajar a rastras [el Barranc de la Muntanya]. Caen piedras, barro y hombres juntos y luego otra vez a su­bir. Ahora poco, pues según dice el guía estamos cerca del final de esta etapa que es una casa [Fenollet], antes de llegar a la cual se adelantará él, como siempre en estos casos, y luego nos llamará. Nos conduce a un corral, nos tendemos en la paja y ahí quedamos dormidos. Es el lunes 29 de noviembre.

Us recomanem vivament la propera sortida -dissabte 12 de febrer- que anirem des de la Vall de Cabó fins a Noves de Segre, passant per Ares i Baridà.

Podeu conectar amb la geologia de la ruta