Como cada año, un grupo de chicos hacen la caminata desde Pallerols hasta a Andorra, en 5 días

Uno de los caminantes, Marc Pujol, nos cuenta cómo fue su travesía desde Pallerols hasta Andorra siguiendo las pisadas de san Josemaría en el otoño de 1937

Un año más hemos decidido seguir los pasos de san Josemaría atravesando los Pirineos, más conocido entre nosotros como el Paspi. Una vez preparados, el grupo de Lleida más un par de barceloneses, salieron hacia Pallerols para empezar la propia expedición de los Pirineos. Allí, antes de que llegara el resto del grupo desde Málaga, Mn. Xavi Pont nos contó dónde estábamos y lo que íbamos a hacer. Realmente estábamos en un lugar histórico y decisivo para que el Opus Dei pudiera llegar a miles de personas. Un lugar milagroso, donde el fundador de la Obra, recibió una señal de que lo que estaba haciendo es lo que realmente Dios quería.

Ya por la noche, antes de cenar, llegaron los malagueños y pudimos conocer a los nuevos integrantes del grupo: tres padres, tres hijos y el famoso Spasky que con 65 años también lleva tres Paspis. Con ellos pudimos disfrutar y compartir la cena y justo después rápido a la cama, que mañana comienza la caminata.

Por la mañana, misa y desayuno en Pallerols, y a continuación hacia Peramola desde donde empezamos a andar. Hoy tocaba una etapa dura por ser muy larga, también por los fuertes desniveles y sobre todo por el calor. Sin embargo, este año hemos tenido bastantes nubes durante varios días, que nos han protegido del sol. Ahora bien; cuando llovía, llovía en serio.

Una vez pasada la “Casa del Corb” llegamos al lugar donde San Josemaría celebró su última misa de la expedición junto a un barranco, donde aprovechamos para comer y descansar un poco. Ya por la noche, terminada la etapa de hoy llegamos a un prado rodeado de bosque, en la cima de Aubenç; sabíamos que allí no contaríamos ni con agua para lavarse ni mucha cobertura para el móvil. Pero a esto le encontramos solución bañándonos en un punto de recogida de agua de los bomberos, y con buena música de guitarra y juegos en los momentos en que no llovía. La sensación de hacer esto abandonando el móvil, perdido en la montaña y con buena gente es algo que todo el mundo debería probar.

El segundo día, con nubes en el cielo, empezamos la segunda etapa. Por el grupo ya se empezaba a hablar de los famosos macarrones de Can Fenollet. Una casa donde cada año, Rosa nos prepara un almuerzo que es buenísimo. Terminamos todos bien servidos y cargados para continuar nuestro camino. Durante ese día pudimos conocer mejor algunas capacidades de los de nuestro grupo. La capacidad de dormir en todas partes del Spasky y el buen vestir de Jesús que lleva camisa en todo momento. Una vez llegado al camping pudimos disfrutar de una buena piscina y ducha y el tan deseado baño. Ya por la noche asistimos a la Misa del pueblo y nos preparamos para la tercera etapa. Durante estos días también nos cogió un clima bastante lluvioso, pero que no detuvo el gozo de seguir caminando y de presenciar las maravillosas vistas que Dios nos permitía contemplar todos los días. En estas últimas etapas ya se empezó a observar los diferentes ritmos que había en el grupo y cómo la expedición iría tirando en el ritmo a toda prisa y el de quiero llegar vivo a casa. El último día en el camping aprovechamos los últimos momentos de piscina y relax. Y finalmente, como todos los días, nos fuimos a dormir pronto ya que mañana, como siempre, tocaría madrugar. Aquí espero que sirva el dedo de “a quien madruga Dios le ayuda”.

La cuarta etapa es de las más cortas, pero como siempre, las subidas con pendiente no son algo que se deje pasar. Ya a la hora del almuerzo llegamos al lugar donde íbamos a meter las tiendas. Para mí, el mejor sitio de acampada de toda la expedición. Gracias a la imaginación de algunos, dos palos, unas piedras y una cuerda pudimos hacer un partido de voleivol que acabó con una barbacoa y unas cuantas partidas “al lobo”.

Ya es la última etapa del PasPi, con Andorra como objetivo y nos quedaba superar la gran temida “Cabra Morta” justo después de haber recorrido dos bajadas y una subida que no eran poca cosa. Una vez llegados a Andorra, terminamos con una misa de san Josemaría en Sant Julià de Lòria, y con un McDonald’s para despedirnos de nuestros amigos malagueños.

Estos días son de agradecer. Ante todo, a las personas que hacen el avituallamiento y que con un coche todo terreno nos llevan nuestras cosas y la comida donde sea necesario. También a nuestros guías, que a pesar de a veces no estén algunos presencialmente, sí que los tenemos encima de nosotros procurando que vayamos por el buen camino. Y por último a todos los integrantes del grupo que hacen de esta convivencia una muy buena experiencia con sus formas de ser. Gente auténtica diría yo.