Tuve la suerte de hacer un pequeño viaje a Pallerols el octubre pasado. Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida -quiero animar a tantas personas que viven cerca o lejos, es cuestión de organizarse-, de vivirlo.
¿Por qué afirmo esto? porque gracias a Dios (empezando por el clima que ya no debería de haber sol), a ambos los guías (Jordi y Ramón), que con pasión y cariño nos fueron explicando cada uno de los pasos y por el esfuerzo que supuso en algunos de los tramos, lo vivido fue inenarrable.
En mi caso, hubo dos cosas que ahí revivieron de un modo insospechado: el amor a la Santa Misa (ver como nuestro Padre arriesgó su vida pero no dejó de oficiar siempre que pudo, en aquellos peñascos, con la seguridad de que ahí estaba la fuerza para continuar, que movió no solo a gente de la Obra, sino aquel muchacho que afirmó «no se si por las circunstancias o porque ese sacerdote es un santo…») y, el amor a los sacerdotes (Josemaría en donde se detenían durante el paso de los Pirineos, preguntaba si había sacerdotes escondidos y los iba a buscar para ofrecerles su ayuda sacerdotal), a mi lo que me toca es rezar para que haya cada vez más sacerdotes fieles a Jesucristo.
Estar en la cabaña de San Rafael, ver el lugar donde apareció la rosa de Rialb o subir esos tramos del inicio del Pirineo, hasta llegar a Andorra donde por fin pudo celebrar revestido después de años, es vivir la historia que ha sido contada.
Tanto Jordi como Ramón y los voluntarios han hecho de ese paseo algo muy asequible que ojalá todos podamos aprovechar.
Jordi y Ramón, otra vez, muchas gracias.

En la Cabaña de San Rafael

La Virgen de Pallerols

Avanzando hacia la Ribalera

Hacia la Casa del Corb

En la Ribalera

En Sant Julià de Lòria