Misa en La Ribalera recordando la misa que celebró san Josemaría en el año 1937

Los días 26 al 28 de noviembre un grupo de cuatro personas procedentes de Madrid, bajo el entusiasta impulso de Manuel Fuertes, pasaron unos días en Pallerols.

Fue Manuel quien tuvo la idea de organizar esta expedición en la que irían amigos suyos entre los que habría el sacerdote del Opus Dei, Tomás Alvira, hijo de Tomás Alvira, uno de los expedicionarios que en el año 1937 acompañaron a san Josemaría en el paso de los Pirineos. La idea fundamental era que D. Tomás celebrara la Eucaristía en el mismo lugar en que su padre había asistido a la misa celebrada por san Josemaría un 28 de noviembre de hacía 84 años, que además coincidía en que en ambas fechas era domingo 1o de Adviento. Así fue como se formó la expedición que desde Madrid llegaría a Pallerols.

Los expedicionarios fueron: Manuel Fuertes, D. Tomás Alvira, Pele Postigo y Santiago Torras. Por parte de la Asociación de Amigos de Pallerols les acompañaron en diferentes ocasiones Jordi Piferrer, Octavio Rico y Ramon Camats.

El grupo de visitantes salió de Madrid el viernes 26 de noviembre a las 9 de la mañana y llegaron a Peramola a las 3 de la tarde. Lo primero fue el almuerzo en la Fonda la Masia. A continuación visitamos el Pajar y la casa de Tonillo, Antonio Bach Pallarès, que fue guía de esta zona. Seguidamente nos dirigimos a Pallerols subiendo directamente a la Cabaña de San Rafael. Allí se leyeron los escritos históricos que narran los 5 días que pasó en este lugar el grupo en el que iban san Josemaría y los siete que le acompañaban, entre los que estaba Tomás Alvira. (Ver «Camino de Liberación» págs. 58 a 70).

A continuación bajamos a la iglesia y rectoría de Pallerols visitando los lugares más emblemáticos: el «horno», el lugar donde san Josemaría encontró la rosa que le confirmó en su decisión de continuar hacia Andorra, el sitio donde celebró la santa Misa, etc. leyendo en estos lugares los escritos históricos correspondientes (Ver «Camino de Liberación» págs. 44 a 57).

Ya de noche nos dirigimos a Coll de Nargó, en la Fonda del Llac, que fue el campamento base desde donde realizamos las visitas de los próximos días 27 y 28.

El sábado 27, D. Tomás Alvira celebró misa en la iglesia de Organyà y a continuación partimos para Andorra en donde visitamos algunos lugares en los que, de los días 2 al 10 de diciembre de 1937, estuvo el grupo de san Josemaría. Allí visitamos la iglesia de Sant Julià de Lòria y la casa del Mas d’Alins en la frontera, a continuación los lugares que recorrieron en Andorra la Vella y Escaldes. (Ver «Camino de Liberación» págs. 136 a 191).

Finalmente el día 28, nos dirigimos a la Ribalera para celebrar la santa Misa que había sido el motivo principal que había movido a D. Tomás Alvira a desplazarse a Pallerols. Allí se volvieron a leer los escritos históricos (Ver «Camino de Liberación» págs. 71 a 79).

Celebrada la misa en la Ribalera volvimos a Pallerols para despedirnos, saliendo a las 15:00 h. hacia Madrid, a donde llegaron a las 20:30.

Los visitantes quedaron profundamente conmovidos por las vivencias experimentadas durante estos 3 días, con el propósito de regresar pronto acompañados de sus parientes y amigos.

Para terminar esta pequeña crónica adjuntamos uno de los muchos escritos que aparecen en el citado libro «Camino de Liberación«. En este caso es un escrito de Tomás Alvira referente al paso de la frontera andorrana la noche del 1 al 2 de diciembre de 1937, que podéis encontrar en la pág. 128 del citado libro:

«La última noche, sobre la una de la madrugada, estábamos ya muy próximos a la línea de la frontera, cuando el guía —a quien se habían unido dos más— nos dijo que rápidamente nos echásemos en tierra, pero cada uno debajo de un árbol. Esto nos produjo gran susto, porque suponíamos que habían visto a alguien. La alarma se produjo porque los guías vieron una hoguera precisamente por el lugar donde nosotros íbamos a pasar, alejándonos de la casa de carabineros que había en las proximidades muy bien iluminada. Ante esta complicación se decidió pasar entre esa casa y la hoguera donde indudablemente había gente de vigilancia (entonces se ponían gentes diversas para vigilar la frontera) calentándose, porque la noche (del uno al dos de diciembre) era enormemente fría. Nos dio instrucciones nuestro guía:

No debíamos apoyar los palos en el suelo, para evitar ruidos; procuraríamos no apoyar los pies en piedras movedizas, para que no rodasen, e iríamos lo más ligeros posible. Así comenzamos a andar, con bastante temor, cuando de pronto se oyó el ladrido fuerte y seguido del perro que debían tener en el puesto de carabineros.

Yo creí que allí había terminado todo, porque el perro, con sus ladridos, indicaba claramente que pasaba alguien. Seguimos nuestra marcha; siguió ladrando el perro y, por fin, se calló. ¡No salió nadie! ¿Qué pasó? Es inexplicable. Aun cuando la línea de la frontera estaba al comienzo de la montaña, seguimos caminando en silencio hasta llegar a la vertiente norte. Después de las manifestaciones de alegría, nuestro grupo nos quedamos en silencio y rezamos el Santo Rosario».