Octavio Rico nos desvela los secretos geológicos de la sexta Caminata

Como ya avanzaba en la anterior crónica, más allá de la sierra de Ares -hacia el norte- el paisaje empieza a cambiar de manera bastante evidente.
En los alrededores de Noves de Segre, volvemos a encontrarnos con los materiales (margas, yesos, areniscas y conglomerados) -fuertemente rojizos- del Pérmico (último período del Paleozoico) y del Triásico (primer periodo del Mesozoico). Se trata de sedimentos que se depositaron en ambientes fluviales en la época de transición entre las dos Eras: los geólogos hablamos del «permotrías» cuando nos referimos a esta época geológica. Al lado mismo del puente que hay encima del Segre, en el cruce que enlaza con la carretera de Noves de Segre, tenemos una buena muestra de estos materiales permotriásicos (v. fig. 1). Enseguida se puede ver que no se parecen nada a los materiales predominantemente calcáreos, grisáceos y resistentes, que hemos encontrado por todas partes en las anteriores caminatas.
Poco después de comenzar la caminata de hoy, un poco más allá de Cal Pallarès, se llega al contacto geológico del «permotrías» con los materiales grisáceos del Paleozoico inferior. Estos nuevos terrenos (de composición predominantemente pizarrosa) son los más antiguos de todo nuestro itinerario. Corresponden a los períodos Cámbrico y Ordovícico, es decir, los primeros períodos del Paleozoico (o Era Primaria). Estamos hablando, por tanto, de sucesos geológicos que, según los geólogos, tuvieron lugar hace unos 500 millones de años. Sucesos, en cualquier caso, que se relacionan con las etapas iniciales de la historia geológica de los Pirineos. A derecha e izquierda, a lo largo del camino que discurre paralelamente al río Segre, podemos ver estos materiales paleozoicos y ya no los perderemos de vista hasta que lleguemos a Andorra. Y es que nos estamos metiendo de lleno en las sierras interiores del Pirineo, en el corazón de la cordillera.
A lo largo del recorrido, se pueden divisar, hacia el norte, estas imponentes sierras de la zona axial pirenaica. Gracias a las nevadas caídas recientemente, tenemos la suerte de contemplar las cumbres como si se hubiera puesto en el horizonte un manto blanco y reflectante (v. fig. 2). Son las primeras montañas del Principado de Andorra.
La entrada en la zona axial del Pirineo está marcada por un hecho significativo: el cambio de color del sustrato geológico. En efecto, de los colores rojizos se pasa en seguida a un paisaje monótono, en fuerte contraste con lo que podíamos contemplar en las anteriores caminatas. Ahora contemplamos un paisaje de color gris oscuro, con tonalidades marrones. Esta es una de las consecuencias del cambio brusco en la composición del terreno que hoy hemos empezado a pisar. Hasta Noves de Segre, los materiales son todos de naturaleza calcárea, de origen sedimentario; a partir de ahora, hacia el norte, prácticamente todo el terreno pasa a estar dominado por rocas mayoritariamente pizarrosas (v. fig. 3), y bastante deformadas, como consecuencia de los procesos metamórficos que experimentaron durante los movimientos hercinianos del Paleozoico.
Las pizarras son muy visibles a lo largo del río de Aravell. El cauce del río, en efecto, se encuentra lleno de este tipo de rocas (v. fig 4). La erosión fluvial ha dejado al descubierto la fina laminación (llamada pizarrosidad) que caracteriza este tipo de rocas, evidentemente muy metamorfizades (v. fig 5).

Otro aspecto que debemos resaltar en esta zona es de tipo tectónico. En la Seu d’Urgell, gracias a las fuerzas que actuaron en la formación de la cordillera pirenaica, se formó una pequeña cubeta tectónica, llamada l’Urgellet. Esta pequeña depresión se llenó de sedimentos durante el período Mioceno, o sea muy recientemente, durante los últimos tiempos del Cenozoico. Los afloramientos del Mioceno llaman la atención por el fuerte color marrón que muestran, especialmente en las cercanías de los pueblos de Aravell y Bellestar (v. fig 6). Por encima de estos afloramientos marrones, surcando el cielo del pequeño valle de Aravell, es frecuente ver ejemplares de milano real, con su elegante y característica silueta.
Aunque nos quede un poco apartado del camino que seguimos, creo que vale la pena mencionar otro accidente que, no sólo geológicamente sino también desde otros puntos de vista, podemos juzgar como muy remarcable. En el borde sur de la pequeña cuenca del Urgellet destaca, en efecto, la impresionante sierra del Cadí (v. fig de la portada). El día de la caminata no se podía apreciar nada, ya que aparecía rodeada de una gran nube. Por suerte estuve en ese lugar unos días antes, con un tiempo esplendido, que me permitió hacer las fotografías que ahora puedo compartir con vosotros.
Para los que no conocéis el Cadí, os diré que esta sierra, junto con algunas sierras vecinas, constituye el conjunto montañoso más alto (con elevaciones de más de 2.600 m) y más extenso del Pirineo Oriental, y una de las zonas montañosas más notables , sin duda, de todo el Pirineo catalán. Fijaos bien en la fotografía de la portada: se trata de una sierra, fuertemente asimétrica, de composición caliza y margosa, que se extiende de Este a Oeste a lo largo de unos 40 kilómetros. ¡Qué maravilla de sierra! ¿No os parece? Pues vista en la realidad, lo es mucho más.

A medida que nos acercaremos a tierras andorranas, los bosques de pino rojo y los robledales, que dominaban el ambiente en las etapas anteriores, irán dando paso poco a poco a ambientes dominados por vegetación típica del piso subalpino, como los bosques de abedul o de pino negro. Empezaremos a ver también la presencia de una fauna adaptada a estos ambientes típicamente montañosos. Pero de eso hablaremos después de la próxima caminata.
Así pues, ¡hasta el mes de abril!

Nota.- Para información de la Caminata del 9 de abril, clicar aquí.