Octavio Rico nos transmite sus observaciones geológicas mientras recorre el Camino de Andorra

Geología Tramo 1: Oliana-Peramola-Pallerols

El primer tramo del Paso de los Pirineos, entre Oliana y Pallerols, pasando por la ermita de Castell·llebre y por Peramola, transcurre enteramente por terrenos geológicamente modernos, del Mesozoico y del Cenozoico, que es tanto como decir las Eras Secundaria y Terciaria, que nos trasladan atrás en el tiempo hasta unos 180 millones de años, a lo sumo. Ver Fig. 1: Tabla de los tiempos geológicos

El primer tramo del recorrido, entre el puente de Peramola y el pueblo de Peramola, pasando por la ermita de Castell·llebre discurre sobre las margas de Oliana y sus alrededores. Las margas son materiales de composición arcillosa y carbonatada, como corresponde a los ambientes mixtos o de transición, es decir, a medios sedimentarios sometidos a la influencia tanto del mar como del continente. Y es que la cuenca de Oliana, durante el Cenozoico, hace unos 40 millones de años, se hallaba en la mismísima línea de costa de un mar que llenaba con sus aguas la llamada cuenca pirenaica (lo que actualmente son los Pirineos) y recibía continuos aportes de sedimentos de los relieves circundantes, entre los que destacaba el llamado macizo del Ebro.

Paradójicamente, los relieves pirenaicos que contemplamos ahora en aquellos tiempos cenozoicos eran algo bien diferente: una cuenca marina receptora de una ingente cantidad de sedimentos. Muchos de esos sedimentos provenían del macizo del Ebro, que, cuarenta millones después, desde luego ya no conserva ni rastro de lo que fue. La línea de costa de aquellos ambientes, tan difíciles de imaginar, se hallaba precisamente en Oliana. Ver Fig. 2.

Las margas que llenan la Cuenca de Oliana son las mismas que pueden verse, por ejemplo, en las tierras de Igualada o de Vic. Son materiales sedimentarios de un característico color entre azul y gris, bastante ricos en fauna fósil (moluscos marinos, parecidos a los actuales mejillones y caracoles), y muy similares a los que, por ejemplo, podemos ver actualmente en el delta del Ebro. Pero de todo eso hace ya unos 35-40 millones de años, y las cosas por supuesto han cambiado mucho desde entonces.

Más al norte de Oliana, conforme se va trepando por las empinadas cuestas rocosas que van hacia la ermita de Castell·llebre, el avance sobre el terreno es paradójicamente un retroceso en el tiempo geológico. De hecho, en el corto recorrido que se hace entre el puente de Peramola y la ermita de Castell·llebre, hay que ajustar la hora del reloj geológico, pues se ha retrocedido nada menos que unos ¡140 millones de años! Las rocas calcáreas que se pueden ver en los alrededores de la ermita son, en efecto, mucho más antiguas que las margas de Oliana, que ahora se pueden contemplar estupendamente desde los espléndidos miradores que ofrece este privilegiado enclave mesozoico y románico. Ver Fig 3.

Contemporáneamente con esos sucesos, solo unos kilómetros más hacia el norte, a la altura de Coll de Nargó, los gigantescos dinosaurios corrían y chapoteaban a sus anchas en los ambientes costeros que había en torno a ese mar pirenaico del que hablábamos antes. Afortunadamente, ahora ya solo es posible encontrar las huellas fósiles de esos enormes reptiles. Pero, a juzgar por el rastro que dejaron, debieron ser bastante numerosos y variados en especies. De eso ya hablaremos cuando llegue el momento. Ver Fig 4.

Entre los derrubios rocosos que dejamos a derecha e izquierda a lo largo del camino que baja de la ermita, no es raro encontrar de vez en cuando algunos restos fosilíferos (conchas de diversas clases de moluscos). Pero por lo general están bastante triturados, debido a las intensas deformaciones que sufrieron las rocas jurásicos en esta zona, a causa de los cabalgamientos y procesos de fracturación ligados a la formación de los Pirineos. Ver Fig 5.

Entre Castell·llebre y Peramola se recorre de nuevo un tramo en el que reaparecen los materiales terciarios del Eoceno, de entre unos 40 y 35 millones de años de antigüedad. Entre ellos, abundan las areniscas, conglomerados, margas y rocas arcillosas. De modo que, en unos pocos kilómetros, entre la ermita y el pueblo de Peramola, recuperamos unos 5 millones de años. Es normal que algunos se entretengan un rato en el camino cogiendo higos, moras o unas almendras. Es tiempo de frutos ya maduros. A partir de Peramola, el reloj geológico seguirá avanzando con normalidad hasta el final de la excursión, en Pallerols.

En el tercer tramo, entre la fuente del Cané y Pallerols, se camina un rato, al principio, sobre arcillas, areniscas y margas del Eoceno superior (de unos 35-40 millones de años de antigüedad), para pasar después a encontrarnos con materiales algo más modernos, del siguiente periodo del Cenozoico (el Oligoceno), de unos 30 millones de años de antigüedad. Los conglomerados, areniscas y arcillas son de tonos rojizos característicos, debido al alto contenido en metales, como el hierro y el aluminio. Estas rocas se ven aflorar ampliamente en Pallerols y sus alrededores, donde forman salientes rocosos, entre pequeños montes y collados. Ver figuras 6 y 7.

En el camino que va a la llamada Cabaña de San Rafael, a media distancia entre Cal Ampurdanés y la Cabaña, volvemos a dar un salto atrás en el tiempo. De nuevo nos encontramos con materiales rocosos característicos del Mesozoico, como son las calizas del Jurásico y del Cretácico que pueden verse poco antes de llegar a la balsa. Las panorámicas de Pallerols y sus alrededores, desde estos lugares, son verdaderamente extraordinarias.

Enlace con la Noticia de la Caminata correspondiente