Desde Zagreb al camino de Andorra

Los días 27 y 28 de agosto un grupo de 12 chicos croatas, procedentes de Zagreb, estuvieron en Pallerols y Andorra siguiendo las huellas de san Josemaría en su dolorosa travesía del paso de los Pirineos.

Son muchas las expediciones que vienen a visitarnos desde otros países de Europa y del mundo entero, por lo que Pallerols es ya una clara referencia para muchas personas que quieren visitar los lugares donde estuvo san Josemaría los meses de noviembre i diciembre de 1937.

El grupo de Croacia llegó a Barcelona la tarde del 26 de agosto y el 27 por la noche se instalaron en Peramola.

Al día siguiente, acompañados por Toni Cucurull, hicieron el tramo final del camino de Andorra, desde el río de Civís hasta Sant Julià de Lòria.

No les dio para más su corta estancia en esta zona, por lo que han decidido volver el año próximo para hacer todo el recorrido.

Los expedicionarios fueron: Ángel González, Íñigo Cortés, Vladimir Slipčević, Nikola Bartulica, Jura Milković, Ivo Šegota, Fran Ušurić, Leo Jurinić, Andro Žamboki, Lovro Ivković, Križan Cvitan i el sacerdote Josep Peguera.

Brevemente nos cuenta su experiencia unos de los expedicionarios.

La noche en Peramola fue una buena preparación para la etapa que haríamos al día siguiente. Los 12 que veníamos de Croacia cenamos en el pueblo y nos acostamos con ganas de la excursión del día siguiente.

Por la mañana del día 28, guiados por Toni, comenzamos la travesía a los pies del collado de la Cabra Morta, junto al río de Civís. La subida inicial nos sorprendió por lo cuidado del trazado -lleno de reflectantes de luz y de indicaciones- y por lo empinado del camino. De vez en cuando nos paramos para descansar, beber agua, y disfrutar de las vistas. Fran aprovechó esos ratos para hacer unas cuantas fotografías.

Y así, parando de vez en cuando, continuamos con la marcha atravesando valles y cimas, disfrutando de los paisajes y recordando aquellos días tan penosos de San Josemaría y de sus acompañantes.

Tras atravesar Mas d’Alins y andar unos cuantos metros más llegamos a una ermita de la Virgen de Canòlich, patrona de Sant Julià de Lòria, flanqueada por varios letreros de santuarios marianos y mesas para comer bajo los árboles. Allí paramos a reponer fuerzas a base de pan y de auténtica kobasice croata, de donde sacamos fuerzas para continuar hasta Sant Julià de Lòria. Tan fuertes andábamos que en la bajada Krizan se cayó en una de las últimas cuestas, y se hizo una herida sin importancia en la mano al intentar recuperar el equilibrio. Al llegar al final del recorrido todos coincidimos en que había sido una excursión estupenda.

El plan acabó horas más tarde en la iglesia de Pallerols, donde pudimos asistir a la Santa Misa y recorrer los lugares en los que se sucedieron momentos tan importantes de la vida de San Josemaría.

Como solo hicimos una etapa nos quedamos con ganas de más. Esperamos poder repetir de nuevo la experiencia. Gracias!