Nos cuentan las experiencias de esta visita

Una de las expedicionarias nos cuenta su experiencia.

Desde Olabidea, colegio mayor del campus de la Universidad de Navarra,

decidimos hacer el paso de los Pirineos a finales de agosto para despedir el

verano antes de comenzar el curso. Cuando quieres a alguien, muchos de tus

deseos se dirigen a conocer más de cerca su vida. La ilusión de seguir los

pasos de San Josemaría en momentos clave de su vida nos hizo emprender

este camino, pero no imaginábamos la experiencia tan impresionante que

íbamos a vivir. Realmente ha sido muy especial andar por el monte sabiendo

que pisábamos donde antes había pisado él: Peramola, el refugio de Pallerols,

la cabaña de San Rafael, Ares, la llegada a Andorra… Entre otros momentos

emocionantes, sin duda nunca olvidaremos la Misa en la Ribalera que celebró

nuestro capellán justo antes de subir la montaña de Aubenç.

Para nosotras, «el Paso» han sido muchas cosas: ratos de caminar bajo el sol

o con lluvia, pendientes duras y etapas más llanas; compartir cansancio, risas,

música y rezos, conocerse sin tapujos; las señales en azul y amarillo —¡tan

deseadas!— que nos afirmaban en nuestro camino y que sin querer hemos

seguido buscando al volver cada una a su tierra…

Al querer transmitir lo que vivimos, lo que nos sale es un ¡Gracias!: con

mayúscula y entre exclamaciones. Gracias a Jordi, a sus orientaciones para

planificar nuestro día a día y a su fantástico libro; gracias a Ramón, ese ángel

de la guarda que junto a don Lucas hicieron posible que viviéramos los

mejores momentos del camino trayendo la presencia del que guiaba de verdad

los pasos de nuestro Padre. Sin duda alguna volveremos a hacer el Paso de los

Pirineos, aunque sabemos que éste que hemos vivido ha sido único.