Desde Munich a Pallerols
Transcribimos una crónica enviada desde Munich
A principios de agosto viajamos a Barcelona un grupo de 8 chicas alemanas de catorce a diecisiete años de edad. Durante diez días ibamos a disfrutar de la cultura en Barcelona, a descansar del curso escolar, a hacer deporte, etc. Una parte importante de nuestra estancia en España era conocer algunos lugares que tienen relación con la vida de San Josemaría Escrivá de Balaguer: la cripta de Montse Grases, la Iglesia de la Merced, el santuario de Torreciudad… Y, naturalmente, no podía faltar un día de excursión haciendo un tramo de «El paso de los Pirineos».
Llegamos el domingo 3 de agosto y el miércoles nos fuimos con dos coches a Peramola. Allí comimos el picnic que habíamos preparado para tener fuerzas en el camino. Despues repartimos botellas de agua para cada una, nos pusimos el gorro para protegernos del sol… y adelante!
Era un día con mucho sol y calor. Para unas alemanitas, aunque muy experimentadas en montaña, esto era una prueba bastante exigente. Sin embargo, lo logramos todo. Menos mal que llevábamos agua. Subimos y sudamos; de vez en cuando una pausa de refresco: Con agua cocida por el sol….
Nos habíamos llevado algunas fotocopias del libro sobre el fundador del Opus Dei, de Vázquez de Prada, en el que se explica la aventura de San Josemaría en el paso de los Pirineos. Qué impacto imaginarse que este camino lo recorrió un grupo de refugiados en pleno inverno. Ya nos cansábamos con solamente una botella de agua en la mano y unos zapatos de montaña. Cómo tiene que haber sido para unos hombres, débiles a causa de hambre y sueño, que habían tenido unas experiencias muy duras en la guerra, sin ropa adecuada ni zapatos buenos! Para darle al asunto aun más gracia nos imaginábamos que nos estaban persiguiendo.
Finalmente, llegamos a la Cova del Corb, donde los del grupo de refugiados pasaron unas horas de descanso en su camino hacia la Ribalera.
Disfrutamos de las vistas maravillosas que hay allí arriba, hicimos algunas fotos y bajamos otra vez al coche para ir a ver la iglesia en la que San Josemaría encontró la Rosa de Rialb. Antes recogimos el cacho trozo de llave en un bar de Peramola.
La iglesia está fuera del pueblo en el bosque. Nos sentamos encima del muro enfrente de la puerta y escuchamos el relato sobre La Rosa de Rialb: San Josemaría tenía varias veces dudas sobre si debería seguir el camino o volver a Madrid donde habían quedado algunos de sus hijos. Pidió una señal a la Virgen porque estaba muy desesperado. Entonces encontró en esta iglesia, destruida y quemada por unos milicianos, una rosa de madera que perteneció a una imagen de la Virgen. Era la prueba que había pedido San Josemaría para saber si tenía que continuar el camino hacía Andorra.
La puerta era muy vieja y pesada, y teníamos nuestros problemas para abrirla. Hacía falta que dos personas lo intentaran. Pero tambíen esta prueba la superamos. Visitamos la iglesia por dentro.
Al final devolvimos las llaves en Peramola y de allí a Barcelona. Esta noche dormimos como troncos, o piedras, como se dice en alemán.








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