Pallerols, el Corb, la Ribalera, la Cabra Morta y Argolell

El lunes 28 de junio, salimos una expedición desde el Club Olalde, de Bilbao. Días antes habíamos celebrado la fiesta de San Josemaría con una Misa solemne en una de las iglesias míticas de la ciudad.

Un grupo de 7 personas, cinco chicos, un preceptor y un sacerdote, nos embarcamos en la aventura de revivir el paso de San Josemaría por los Pirineos en el año 37. Juan Ignacio, Ciro, Xabi, Guillermo, otro Guillermo, Tirso y don Jose María formábamos el grupo. Desde tiempo atrás habíamos preparado toda la travesía con Jordi, que en todo momento nos facilitó todo y nos sirvió mucho que a lo largo de todo el trayecto nos iba narrando lo sucedido en aquel invierno de 1937.

Todo empieza con un día de excursión bastante caluroso, cuando llegamos a Pallerols hacia las siete de la tarde. Allí pudimos hacernos cargo de todo lo sucedido el 22 de noviembre de 1937: las dudas de San Josemaría, y cómo una caricia de la Virgen le alentó a seguir el camino para poder expandir la Obra desde el otro lado del frente.

Ese mismo día nos acercamos a la famosa cabaña de San Rafael, donde San Josemaría y sus acompañantes pasaron 5 días mientras esperaban a los guías de Peramola que los llevarían al Barranco de la Ribalera. Con la ayuda de voluntarios se ha reconstruido esta cabaña que ha quedado más o menos similar a la que podría haber en el año 37. Lo que más nos llamó la atención fue el orden con que vivieron su plan de vida espiritual y de formación en aquellas circunstancias tan difíciles.

El martes 29 fuimos al Corb y la Ribalera. Tras tres horas largas pero amenas de caminata, llegamos al Barranco de la Ribalera. La verdad es que el cansancio nos asfixiaba, pero pensar que San Josemaría recorrió eso con la angustia de los milicianos, el frío del invierno y el cansancio acumulado de largas horas pasando por caminos pedregosos, nos hizo verlo con otros ojos.

Después de descansar un poco y leer algunos textos históricos del año 1937, don Jose María inició la celebración de la Misa, recordando cómo lo hizo San Josemaría. La verdad es que fue intensa y como telón de fondo un espectacular paisaje que hacía merecer la pena lo que habíamos andado.

Tras finalizar la misa estuvimos charlando un poco, haciendo bromas y disfrutando de donde nos encontrábamos y lo que significaba. Emprendimos el viaje de regreso bajando el barranco por otro camino en dirección a la casa de Juncàs, en donde teníamos la furgoneta. El recuerdo de aquella misa y aquel lugar será recordado por nosotros con alegría.

El día 30 nos levantamos a las 8 de la mañana y emprendimos el viaje hacia la última etapa, antes del paso por la frontera con Andorra. Tuvimos que superar el Barranco de la Cabra Morta, desde donde se divisaba la frontera. Fue una subida relativamente breve, pero no por eso menos dura. Hacía calor, pero a pesar de eso, era sencillo imaginarse esos parajes en un duro invierno. Tuvimos el acierto de llevar un calzado adecuado, pues las piedras que pisábamos se desprendían con facilidad.

Una vez arriba, hicimos un breve descanso antes de comenzar, ahora sí, el último tramo antes de llegar a la frontera. La bajada fue intensa. Ya se divisaban aquellas casas desde donde los milicianos vigilaban con intensidad la zona en el año 1937. El ladrido de unos perros nos hicieron revivir con más intensidad aquellos momentos.

Antes de llegar al pueblo de Argolell, asistimos a la misa que celebró don José María en la ermita romànica de Santa Maria de Feners, que actualmente está derruida. Para dignificar el altar y los restos de los muros de la ermita tuvimos que quitar las malas hierbas, que abundaban, y colocamos unas flores en el altar. Fue una Misa emocionante. Después de la Misa, emprendimos el camino hacia Barcelona, donde pudimos descansar de todo lo andado. Fueron pocos días, pero vividos intensamente. En definitiva, una gran manera de combinar el conocimiento de algo importante como fue el paso de san Josemaría a través de los Pirineos y de hacer una caminata larga pero llena de buenos ratos.

Todo ello nos ha ayudado a conocer más la vida de San Josemaría y a ser un poco más conscientes de los muchos favores que recibió de Dios y de su madre Santa María a lo largo de su vida. Esperamos poder repetir el año que viene.