Octavio Rico nos hace un resumen geológico de la primera parte del Camino de Andorra: desde Oliana a Noves de Segre

Cuando los geólogos queremos conocer la historia geológica de un lugar, una de las primeras cosas que hacemos es ir al campo, a ver el terreno “in situ”. Allí comienza el trabajo de campo de verdad: recorremos el terreno, hacemos observaciones, recogemos muestras y datos diversos, muchos de los cuales quedan inmediatamente reflejados en los mapas que solemos llevar en la mochila. De ahí salen, como una síntesis de informaciones, los llamados mapas geológicos. A partir de los mapas geológicos y del trabajo de campo, elaboramos los llamados cortes geológicos, que son como una especie de “radiografías” de la Tierra, y que nos permiten interpretar como es la geología del subsuelo. A partir de estos cortes, intentamos reconstruir la historia geológica del lugar que nos interesa o, incluso, de toda una sierra.

El párrafo anterior viene a cuento de que quizás ya es hora de decir algo en relación con la geología que hemos dejado a nuestras espaldas, desde que salimos de Oliana. Es por ello por lo que quiero comenzar la reflexión de hoy presentando un corte geológico.

En él he querido mostrar la estructura geológica del terreno entre dos puntos representativos de nuestro itinerario: la Cuenca de Oliana, al sur, y los alrededores de Noves de Segre, en el extremo septentrional. Estamos hablando de una distancia en línea recta de unos 25 kilómetros, lo cual está nada mal. En todo caso, una distancia más que suficiente para poder avanzar ya alguna conclusión, con una cierta perspectiva espacio-temporal, de la historia geológica de los terrenos que hemos estado pisando hasta ahora.

El corte geológico que se puede apreciar en el esquema que se adjunta, no es más que un perfil perpendicular a la superficie i, a la vez, una interpretación gráfica, en ese plano vertical, de la geología del subsuelo. Este perfil muestra con bastante claridad la distribución de los terrenos y sus edades respectivas: la estructura geológica, en otras palabras.

Si observamos el corte con atención, quizás nos llame la atención un detalle relevante: los terrenos que hemos estado pisando hasta la cuenca de Organyà son los más modernos del camino en su conjunto. En efecto, comenzamos las caminadas con los materiales sedimentarios del Cenozoico (Eoceno y Oligoceno) de la Cuenca de Oliana y alrededores, para pasar después a pisar terrenos, también sedimentarios, un poco más antiguos, del Mesozoico (Jurásico y Cretácico). De hecho, desde que dejamos atrás la Roca del Corb hemos estado caminando prácticamente siempre sobre terrenos calcáreos del Mesozoico, y más concretamente del Cretácico, que son los que forman las grandes sierras (Aubenç, Nargó, Santa Fe,…) que hemos dejado a nuestras espaldas. Pero todo tiene su fin en esta vida, incluso (¡quien lo iba a decir!) el Mesozoico.

Nota.- En la caminata del próximo día 12 de marzo, iniciaremos la segunda parte del Camino de Andorra