Días de niebla y frío

Entre las 10 y 10,30 de la mañana llegamos a Oliana los 30 participantes a la Caminata del día 12 de diciembre de 2009. Un día que se esperaba frío y con niebla, como así fue.

Con 4 coches todo-terreno nos dirigimos a Juncàs y a la casa de la Ribalera, siguiendo la ruta que hizo Josep Cirera, cuando la tarde del 28 de noviembre recogió al grupo de San Josemaría en la Ribalera para iniciar el camino que en cuatro noches les llevaría a Andorra. Uno de los coches que nos acompañó fue el de Josep Finestres, de la Fonda del Llac, de Coll de Nargó. Los otros coches fueron los del grupo de Igualada y Luis, que iba con sus hijos pequeños. Después de dejarnos en la casa de la Ribalera subieron por la pista de Coll de Nargó hasta la casa de Aubenç para preparar la comida.

Al llegar a la cadena que cierra el paso de Juncàs, nos encontramos que alguien había inutilizado el candado, de manera que estuvimos cuarenta y cinco minutos para arreglarlo y poder pasar. Llegamos casi a las doce de la mañana a la casa de la Ribalera, final del trayecto de los coches todo-terreno y inicio de la Caminata.

Comenzamos a caminar en dirección a la Espluga de les Vaques y continuamos hacia Picalt Roig y la Canal de la Jaça. Uno de los caminantes tuvo problemas para subir las fuertes pendientes del Picalt Roig y de la Canal y se formaron dos grupos: el primero de 10 expedicionarios y el segundo de 8. Toda la subida la hicimos en medio de una espesa niebla que nos impedía contemplar las magníficas vistas desde Aubenç, pero que en cambio daba un ambiente misterioso, de auténticos fugitivos.

El primer grupo llegó a la casa de Aubenç, hacia las tres y media de la tarde, y el segundo hacia las 4 de la tarde. Al llegar, ya estaban allí la gente de Igualada y de Lleida que nos invitaron a una excelente paella de arroz. Los principales protagonistas de la paella fueron los de Igualada: Manel, Mateo y otro Manel. Mientras tanto los de Lleida montaron un belén que se había subido desde el colegio Canigó, de Barcelona. Después de la suculenta paella llegaron las butifarras, fruta, coca, café, algún licor, etc, etc.

Hacía frío, pero al rato nos reanimamos completamente con tan exquisitos manjares. Antes de despedirnos cantamos villancicos delante del Pesebre, en un ambiente festivo y familiar.

A les 16 horas, un pequeño grupo de 9 caminantes comenzamos a bajar en dirección a las Masies de Nargó por caminos antiguos que atraviesan el denso bosque de la cara norte de Aubenç, mientras el grueso de la expedición esperaron a los que faltaban por llegar, bajando después juntos en los coches todo-terreno. Llegamos a la carretera de las Masies de Nargó pasadas las seis de la tarde, cuando ya oscurecía, de manera que pudimos comprender mejor lo que fueron aquellas expediciones de fugitivos que empezaban a caminar precisamente hacia las seis de la tarde.

Esta vez los expedicionarios fuimos 30 personas: Nueve hicieron toda la Caminata, desde la Ribalera hasta les Masies de Nargó; otros nueve hicieron solo una parte; y los doce restantes fueron en coche todo-terreno para hacer tareas de avituallamiento. También subió a la Casa de Aubenç, Pere Ramoneda, de Cal Guillot de Coll de Nargó. Todos colaboraron en el éxito de la Caminata: algunos se sacrificaron esperando a los más lentos, otros atendiendo a los niños pequeños o bien en tareas de avituallamiento. Hay que resaltar que Belén Jaureguízar es la niña más pequeña, tiene ahora 7 años, que ha subido hasta el momento la canal de la Jaça.

Caminamos un total de 5 horas, hicimos unos 12 Km, y un desnivel positivo de 670 metros y negativo de 850 metros.

El contacto con la naturaleza, la lectura de los documentos históricos de la expedición de 1937, la observación de los árboles, las plantas, las aves, la geología, los fósiles, la conversación con los amigos, . . . hace que estas caminatas sean una espléndida ocasión para reencontrarnos a nosotros mismos y volver a casa con gozo y paz de espíritu.

Para finalizar querría contar una anécdota simpática. Ya al inicio de la Caminata recordamos la experiencia de Tomás Alvira, uno de los expedicionarios de 1937, que tuvo muchos problemas al subir la Canal de la Jaça. De hecho ya no podía más, de manera que el guía Josep Cirera lo quería abandonar, puesto que en la Ribalera había un grupo de gente que le podrían atender y pasar más tarde con otra expedición. Ante la insistencia de San Josemaría, permitió continuar a cambio de que no llevasen tanto peso, dejando por el camino parte de lo que llevaban.

Tomás Alvira y su mujer, Paquita Domínguez, están ahora en proceso de beatificación y por esto les encomendamos que todos los caminantes superasen la Canal de la Jaça y que la Caminata fuese un éxito. Ciertamente que su intercesión se notó ampliamente, ya que superamos todos los problemas que surgieron a lo largo de la Caminata. El primero, cuando llegamos al candado de Juncàs, que alguien lo había estropeado y pudimos arreglarlo al cabo de 45 minutos de paciente trabajo; después algún expedicionario sufría mucho subiendo la canal, que finalmente pudo superar; y para acabar una anécdota simpática: Josep Finestres, que nos acompañó amablemente hasta la Ribalera en un coche todo-terreno, perdió unas gafas en la pista de Juncàs, subiendo y bajando del coche trasladando caminantes. Al día siguiente volvió para ver si las encontraba y naturalmente así fue. Allí estaban intactas al lado de la pista. Otros jeeps habían pasado por allí con el claro peligro de romperlas. Algunos caminantes habían pedido concretamente este favor. Animamos desde aquí a acudir a la intercesión de este matrimonio que está en proceso de beatificación, ya que en este caso no dudamos de los favores que nos hicieron, puesto que a ellos les encomendamos que todo saliera bien. Y ciertamente no podía salir mejor!!!