Del río de Valldarques a Cabó, pasando por Fenollet

A las 10,15 de la mañana del sábado 14 de febrero nos encontramos en el Puente del Codó, sobre el río de Valldarques para iniciar la Caminata, que nos llevará desde este punto hasta el Valle de Cabó, pasando por Fenollet.

Las intensas nevadas de los días anteriores hicieron que muchos de los que habían decidido venir, no lo hiciesen. Un numeroso grupo de Lleida quedó reducido finalmente a una sola persona: Josep Maria. De Barcelona vinieron Ignasi, Pau Maria y Jordi; de las Masies de Nargó, Antoni, Lourdes y Oscar; y de Solsona vino Josep. En total éramos 8 personas y 4 perros, que trajo Antoni que es veterinario.

Empleamos seis horas en hacer todo el camino: tres desde el Puente del Codó hasta Fenollet, pasando por el Barranc de Comalavall (1), y tres desde Fenollet al Valle de Cabó (pasando por la canal del Grau del Fangueret y el Coll de Santa Fe).

(1) Para ir desde el Puente del Codó a Fenollet, primero hay que llegar hasta Cases y desde aquí hay tres posibilidades:

a) Subir por el Barranc de les Grases, situado más al este y empalmar con la pista que viene de Coll de Nargó.

b) Subir por el Barranc de Comalavall, el del medio, pasando por la ermita de Sant Jaume.

c) Subir por el Barranc de Culles, más al oeste, pasando por las casas del Pui y del Barró.

El más directo, el que hacían normalmente la gente de las Masies de Nargó, y el que seguramente hizo la expedición de 1937, es subir por el Barranc de Comalavall. I así lo hicimos nosotros.

Al llegar a Fenollet tomamos una ligera comida, ya que teníamos que continuar caminando aun un largo trecho, y descansamos hasta las 14,45 horas. Después visitamos el corral en el que descansó la expedición de 1937 (2).

(2) Antonio Dalmases, en su Diario de 1937, escribe:

Estamos cerca del final de esta etapa que es una casa [Fenollet], antes de llegar a la cual se adelantará el guía, como siempre en estos casos, y luego nos llamará. Nos conduce a un corral, nos tendemos en la paja y ahí quedamos dormidos. Es el lunes 29 de noviembre.

Hace trece horas que andamos. Alrededor de las diez em­pezamos a despertar. Comemos un poco, alguien se fricciona y cura los pies. Otros salen a tomar el sol, sentados o tendi­dos en un patio que hay en la salida del corral. Este tiene unos ocho metros de ancho y otros tantos de largo y los 27 que vamos lo llenamos del todo. Para salir hay que cuidar de no pisar a los que todavía duermen. El guía ha tenido que traer unos cestos de paja para esparcirla por el suelo, lo que hace que no se encuentre tan dura la cama. La patrona viene a averiguar lo que cada uno quiere para desayunar, pues el guía ha dicho que economicemos lo que llevamos, ya que después de esta casa ya no hallaremos otra para aprovi­sionarnos. Unos comen patatas, otros tortillas, pan, agua y vino. Un gran banquete. Luego yo me tiendo otra vez a des­cansar.

Mis nuevos amigos madrileños se entretienen en coger lo más indispensable de su equipo para tirar lo restante, que no pueden llevarlo. Camisas, calcetines, carteras, zapatos [] todo queda allí. Algunas de estas prendas las aprovechamos, los que se ven con ánimo de llevarlas. El Padre da ánimos a todos. Su compañía inspira confianza a todos nosotros pues parece como si Dios le hubiese mandado. Un extraño magnetismo sale de él y a mí me ha impresionado profundísimamente.

A las dos aproximadamente traen la comida. Puestos en fila nos van repartiendo un enorme caldero de judías, luego otro de conejo. Es una comida espléndida, comemos con verdadera hambre. Afortunadamente todo es abundante, bueno y caliente.

Luego otra vez a dormir hasta las seis de la tarde que es cuando empiezan los preparativos para la partida. Ya a punto, rezamos el rosario en el suelo, pero antes de acabar­lo llega el guía y nos manda salir. []

Con estas reflexiones, iniciamos también nosotros la misma ruta que hicieron ellos el día 29 de noviembre, subiendo en primer lugar por la empinada canal del Grau del Fangueret, en dirección a Santa Fe. Al llegar al collado descansamos un rato y bajamos directamente por el bosque de la cara norte hasta llegar, hacia las 17,45 horas, a la carretera de Cabó, cerca de la Oliva, en donde nos esperaban los coches.

Pudimos gozar de un magnífico día, de una buena compañía y revivir la expedición de 1937.

(*) Adjuntamos dos vídeos que ayudarán a conocer el tipo de terreno que atravesamos en esta Caminata:

Un vídeo muestra la ruta que va desde el Puente del Codó hasta Fenollet y el otro desde Fenollet al Valle de Cabó.