16 Km y 1.100 m de desnivel acumulado

El 12 de febrero hicimos la caminata desde el Valle de Cabó hasta Cal Pallarès, de Noves de Segre, pasando por Ares y Baridà. En total unos 16 Km, con un desnivel acumulado de unos 1.100 m.

Salimos de la carretera de Cabó, cerca de la Oliva, a las 10,45 llegando a Ares sobre las 14.15 horas (un total de 3 horas y media).

Al llegar a Ares, Mn. Francesc Perarnau párroco de la iglesia de Montalegre de Barcelona, celebró la misa. A continuación hubo una buena barbacoa que organizaron Octavio Rico y Daniel Macià, de Igualada.

En total fuimos unas 45 personas de Barcelona, Sant Cugat, Igualada, Sabadell, Andorra, Sant Pol de Mar y Lleida.

A las 4 de la tarde salimos hacia Noves de Segre donde llegamos a las 19,45. En total empleamos 9 horas: 7,15 de camino y 1,45 de descanso.

Llegamos a la carretera de Noves de Segre ya de noche, lo que dio un ambiente más parecido a como debería ser la expedición de evasión del año 1937.

En dos tramos de la Caminata leímos unos documentos históricos que nos ayudaron a revivir la expedición en la que iba san Josemaría. A través de estos documentos pudimos comprobar que la subida a Ares fue especialmente dura para San Josemaría, al que tuvieron que llevar un rato prácticamente en brazos hasta llegar al pueblo de Ares: Estos hijos míos me subieron a empujones, arrastrándome, entre sus brazos, prácticamente en vilo, dijo San Josemaría años más tarde.

Y Francisco Botella recuerda: ¡Que última hora pasamos en esta subida al monte! Recuerdo que, fueron más de tres horas de subida dura, como estoy diciendo. Yo sentía deseos de llorar de pena al ver como subía el Padre, como un saco, materialmente llevado en nues­tros brazos. «Me subían mis hijos en brazos, yo no hubiera podido», decía el Padre años después y repetidas ve­ces, cuando se hacia referencia a estas horas de esfuerzo y de dolor.

La bajada por el Torrent de Baridà también tuvo sus complicaciones, ya que es muy empinado.

Recuerda Francisco Botella: Muchas caídas y muchos tropezones. Tenemos los pies magullados . . . el frío es muy intenso. El Padre cuenta sus caídas: ¡son muchas, muchas!; recibidas siempre con buen humor: «¡¡veintiséis!!, ¡¡veintinueve!!» Las vamos contando. Pensando en nuestra labor que se avecina, se lleva todo con tranquilidad y alegría. Pero es una paliza muy fuerte.

Nosotros pudimos revivir sólo una mínima parte de estas experiencias, pero nos hicimos cargo de lo que pudo ser en aquellas condiciones del año 1937 con poca comida, caminando de noche, perseguidos, mal calzados, con mucho frío y todos los inconvenientes que nos podamos imaginar.