Siguiendo los pasos de la expedición del año 1937

El sábado 9 de enero, hicimos la Caminata desde el río de Valldarques hasta Fenollet y Cabó, rememorando la parte final de la ruta que la noche del 28 al 29 de noviembre de 1937, hizo la expedición en la que iba San Josemaría Escrivá de Balaguer. Precisamente el día 9 coincidía con el aniversario del nacimiento de San Josemaría, que fue el 9 de enero de 1902, lo que resultaba muy adecuado para hacer esta Caminata y que además nos proporcionaba una especial protección ante el mal tiempo de frío y nieve que estaba anunciado.

Los caminantes fueron 14. De Barcelona, la familia Jaureguízar-Gratacós: Luis y Gloria, con sus hijos, Luis, Tomi y Javi; la familia Manich-Gallemí: Joaquim y Montserrat, con su hijo Alex y su hija María; y Jordi Piferrer. De Lleida, Toni Cucurull, Isaac Mataró y Santi Arribas con su hijo Francesc.

Salimos de la Fonda del Llac, de Coll de Nargó, a las 10,30 de la mañana en dirección al puente del Codó, sobre el río de Valldarques, empezando a caminar a les 11 de la mañana.

Fue un día de nieve y frío. Esto hizo que muchos de los caminantes habituales no fuesen a esta Caminata. De todas maneras hizo un día con mucho sol, aunque frío y con un fuerte viento del norte.

Llegamos a Fenollet a las 14,30. Lo primero que hicimos fue visitar el corral en el que los expedicionarios del año 1937 pasaron escondidos el día 29 de noviembre.

Al final de esta crónica, adjuntamos algunos comentarios de aquella expedición. Años más tarde, todos aquellos fugitivos recordaban perfectamente la magnífica comida que hicieron en Fenollet.

También nosotros pudimos participar de estos buenos y apetitosos platos guisados por Rosa, la nieta de aquella buena mujer del año 1937. Los efectos de esta comida no se hicieron esperar, de manera que a la hora de continuar la Caminata, como hacía mucho frío y muchos tenían los pies mojados por el contacto con la nieve, la mayoría de los caminantes decidieron no continuar la Caminata y quedarse en Fenollet descansando un poco más.

Únicamente 4 valientes continuaron la marcha hacia Santa Fe y el Valle de Cabó. Éstos, salieron a las 4 de la tarde y llegaron a la carretera de Cabó (a la altura de la casa de la Oliva) a las 6 de la tarde, lo que pone de manifiesto el elevado ritmo que tuvieron que imprimir en este último recorrido. Estos 4 caminantes fueron: Toni Cucurull, Isaac Mataró, Luis Jaureguízar (hijo) y Alex Manich.

Como que a causa del mal tiempo y de la magnífica comida de Fenollet (todo hay que decirlo), la mayoría no hizo la totalidad de la ruta, decidimos hacer el itinerario Fenollet-Cabó un sábado antes de que termine el mes de enero.

A través de esta web lo anunciaremos oportunamente.

Antonio Dalmases, en su Diario del año 1937, explica:

Estamos cerca del final de esta etapa que es una casa [Fenollet], antes de llegar a la cual se adelantará el guía, como siempre en estos casos, y luego nos llamará. Nos conduce a un corral, nos tendemos en la paja y ahí quedamos dormidos. Es el lunes 29 de noviembre.

Hace trece horas que andamos. Alrededor de las diez em­pezamos a despertar. Comemos un poco, alguien se fricciona y cura los pies. Otros salen a tomar el sol, sentados o tendi­dos en un patio que hay en la salida del corral. Este tiene unos ocho metros de ancho y otros tantos de largo y los 27 que vamos lo llenamos del todo. Para salir hay que cuidar de no pisar a los que todavía duermen. El guía ha tenido que traer unos cestos de paja para esparcirla por el suelo, lo que hace que no se encuentre tan dura la cama. La patrona viene a averiguar lo que cada uno quiere para desayunar, pues el guía ha dicho que economicemos lo que llevamos, ya que después de esta casa ya no hallaremos otra para aprovi­sionarnos. Unos comen patatas, otros tortillas, pan, agua y vino. Un gran banquete. Luego yo me tiendo otra vez a des­cansar.

Mis nuevos amigos madrileños se entretienen en coger lo más indispensable de su equipo para tirar lo restante, que no pueden llevarlo. Camisas, calcetines, carteras, zapatos [] todo queda allí. Algunas de estas prendas las aprovechamos, los que se ven con ánimo de llevarlas. El Padre da ánimos a todos. Su compañía inspira confianza a todos nosotros pues parece como si Dios le hubiese mandado. Un extraño magnetismo sale de él y a mí me ha impresionado profundísimamente.

A las dos aproximadamente traen la comida. Puestos en fila nos van repartiendo un enorme caldero de judías, luego otro de conejo. Es una comida espléndida, comemos con verdadera hambre. Afortunadamente todo es abundante, bueno y caliente.

Luego otra vez a dormir hasta las seis de la tarde que es cuando empiezan los preparativos para la partida. Ya a punto, rezamos el rosario en el suelo, pero antes de acabar­lo llega el guía y nos manda salir [].

También se puede encontrar información sobre Fenollet en el libro «Cruzando la noche», de Octavio Rico y Dámaso Ezpeleta, Editorial Albada, 2004, en las páginas 51 a 53.