Para todos los gustos

El 10 de agosto de 2016, Luis Viñas y José García, hicieron una buena parte del camino de Andorra en moto de trial. Repetirán otro día para hacer la totalidad del camino.

Luis Viñas nos cuenta sus experiencias.

Esta expedición empieza en una tormentosa noche de agosto en el pre-pirineo catalán. Contamos con el inestimable e indispensable apoyo logístico (¡y paciencia!) de nuestras amadas esposas (y alguna que otra cuñada).

Es ya noche cerrada cuando llegamos a Oliana y pocos minutos más tarde estamos descargando las motos -y nos despedimos de nuestras esposas- en el puente de Peramola, sobre el río Segre, en el mismo lugar en que un 19 de noviembre de 1937 san Josemaría descendió del autobús que hacía el trayecto Barcelona – La Seu d’Urgell para iniciar a pie la odisea de su camino de evasión hacia Andorra, donde llegó el 2 de diciembre.

En esta noche oscura de verano, recorremos los primeros 20 km hasta Pallerols iluminados por los relámpagos que aparecen por todas direcciones, además de nuestras tenues linternas frontales (detalle técnico: las motos de trial no llevan faros).

La Virgen de Castell·llebre, cuya ermita domina el inicio del camino, nos evita la ducha no deseada y llegamos secos hasta Pallerols, donde otra virgen nos protege, la Mare de Déu del Roser de Pallerols.

Allí nos espera otro buen amigo: «lo tiburó d’Almacelles», también conocido en su casa como Toni Cucurull. Toni nos prepara una cena a base de medio kilo de pasta, medio más de carne, 1 litro de gazpacho y tres melocotones… por persona. La cena es inmejorable, y la compañía insuperable. Tras una agradable sobremesa Toni nos abandona para atender sus obligaciones profesionales del día siguiente. Los expedicionarios, por otra parte, nos vamos a descansar con la barriga llena y con toda la ilusión del mundo en el día de mañana.

La iglesia de Pallerols de Rialb está situada en un enclave privilegiado: las primeras montañas importantes del pre-pirineo catalán. A unos 800 m sobre el nivel del mar ofrece unas magníficas vistas sobre los valles del Segre y Rialb.

La Fundación Rialb ha restaurado y habilitado la antigua rectoría como un refugio de montaña (equipado con cocina, baños y algunas camas para poder pasar la noche). Dormir en Pallerols también ofrece la posibilidad de visitar la iglesia y la antigua rectoría (también restauradas), así como informarse sobre la expedición de 1937 y el conjunto del camino hasta Andorra.

Este primer día madrugamos para evitar el calor y asegurar la luz del día, y poco después de las 8 de la mañana estamos listos para emprender la marcha, habiendo desayunado y limpiado la rectoría.

Arrancamos las motos y el ruido del motor, junto con el olor a gasolina, activa nuestra adrenalina y nuestras ganas de empezar: por delante nos esperan más de 100 km de «trialeras», barrancos, senderos y pistas a través de uno de los parajes más salvajes de Cataluña.

En breve llegamos a la Cabaña de San Rafael. En ella vivieron emboscados durante cinco días los miembros de la expedición de 1937, entre los que se encontraba san Josemaría. Impresiona, y uno no puede dejar de imaginarse la situación y las experiencias de aquella expedición, a la vez que las de toda aquella gente que cruzó los pirineos en situaciones parecidas y que también estaban escondidos en condiciones similares por aquellos y otros bosques de la zona.

Dejamos atrás la cabaña de San Rafael y los bosques de Rialb y enfilamos hacia la Roca del Corb, en Peramola; un impresionante monte de conglomerado (como Montserrat). En una de las cuevas de sus laterales se halla la Casa del Corb, una antigua casa troglodítica y punto en el cual los guías que organizaban las expediciones de evasión concentraban a las personas que estaban escondidas por los bosques de los alrededores para hacer un grupo más numeroso.

Rápidamente transcurre la primera hora, y también rápidamente se hace evidente que la excursión no será precisamente una «romería» ni un paseo. A la dureza del camino (mucha más de la esperada) se suma el peso de la mochila y el creciente calor. Nuestras mochilas pesan más de 7 kilos cada una; en ellas llevamos comida, bebida, algo de ropa de abrigo, herramientas y 5 litros adicionales de gasolina por persona. Por otra parte, el sol aprieta cada vez más, y el camino requiere técnica y forma física para salvar todos los obstáculos.

La siguiente parada tiene lugar en el «Barranc de la Ribalera», un barranco a las faldas de la sierra de Aubenç, el primer gran obstáculo orográfico del pre-pirineo catalán (1.600 m aprox.). En este punto san Josemaría celebró su última misa antes de cruzar la frontera de Andorra, y nosotros 80 años después llenamos nuestros depósitos de gasolina en el mismo lugar, curiosidades de la vida. A partir de este punto es imposible continuar con las motos por las paredes verticales de la montaña de Aubenç, por lo que hacemos un rodeo por senderos de montaña (… y por montaña sin senderos) que nos lleva justo encima de la «canal de la Jaça», en lo alto de la sierra de Aubenç, dónde volvemos a enlazar con el camino original por el que transcurrió la expedición de 1937.

Subiendo a la sierra de Aubenç atravesamos bosques y parajes por los que ni siquiera hay un camino o sendero que seguir. Nuestros brazos y nuestras piernas parecen el mapa del tesoro: están cubiertos de arañazos y rascadas. Nuestras motos también padecen las condiciones y dureza del terreno: en una enganchada con un árbol me quedo sin freno delantero. Por un momento dudo si debo continuar o ir a buscar la carretera más cercana, pero mi compañero está atento para proveer el típico sabio consejo de amigo cuándo más lo necesitas: «San Josemaría estuvo por aquí en noviembre con un jersey de lana, sin comer y andando por la noche… vinga tiu, fotli gas!». Es evidente que tras tan sabia observación no cabía ninguna respuesta lo suficientemente sólida como para abandonar la marcha.

Después de bajar de la sierra de Aubenç (alguno con más dignidad que otros) nos desviamos de la ruta pocos km para acercarnos al pueblo de Coll de Nargó. Aquí reponemos gasolina e intentamos arreglar el freno averiado. Milagrosamente por allí anda el hijo del dueño de la gasolinera, quien dice que sabe «un poquito» de motos y quizás nos pueda ayudar. Efectivamente, sabe «un poquito bastante» y en menos de 15 minutos tenemos la moto arreglada. Le agradecemos y tras un buen apretón de manos nos despedimos… Pocos minutos después nos enteramos de que se trata de Jaume Betriu, campeón de España de enduro y 4o en la clasificación mundial este año. Un aprendiz, vamos.

Volvemos a buscar nuestras queridas marcas azules y amarillas que indican el camino de Andorra y comenzamos a subir el barranco de Comalavall. Este es posiblemente el momento más duro de toda la excursión. Corrijo, es el momento más duro de toda la excursión, sin duda. Son las 2 del mediodía y el sol está en su punto álgido. Además, la naturaleza y calidad del terreno ha cambiado, dando paso a muchas piedrecitas sueltas que no permiten una buena tracción: resbalamos mucho y cuesta horrores subir. Hace calor, mucho calor.

Después de envejecer por lo menos cinco años en el barranco de Comalavall llegamos finalmente a Fenollet, una casa rural en la falda de la montaña de Santa Fe y único punto del camino en el que la expedición de 1937 pudo descansar y comer en ciertas condiciones. Sin quitar mérito a los expedicionarios de 1937, quien esto escribe cree que él mismo también llegó a Fenollet en unas condiciones físicas que no diferirían demasiado de las de los fugitivos.

Esto de utilizar las motos como cabras montesas también vuelve a pasar factura… Cruzando la última riera antes de encarar la subida final a Fenollet en una caída sin importancia la moto de José, el otro expedicionario, se queda sin palanca de freno trasero. Todo indica que hoy la cosa va de frenos. Sin embargo, en esta ocasión, no hay margen ni para plantearse abandonar, el piloto no quiere ni oír hablar de eso. Por mi parte, por el contrario, ya hace rato que me he abandonado, pues con mis solas fuerzas hace rato que me habría tirado a la sombra de un árbol (se entiende que en esta última frase nos referimos al santo abandono).

Tras compartir una magnífica comida en Fenollet con algunos amigos (entre ellos Jordi Piferrer) y con Rosa, la encantadora «mestressa», proseguimos nuestra marcha. Subimos a la montaña de Santa Fe, donde hay una ermita que preside el pueblo de Organyà y el valle del Segre. Eso sí, durante la subida ya nos han advertido de no molestar a las vacas y bueyes «d’en Jaume».

La bajada desde la ermita de Santa Fe es impresionante: un antiguo sendero que baja haciendo eses por la ladera de un barranco. Tras llegar al fondo del valle, sumando unos cuantos rasguños más, cruzamos el río de Cabó y encaramos la subida al antiguo pueblo abandonado de Ares.

Sin embargo, el antiguo camino de subida a Ares ha quedado sepultado por los continuos desprendimientos de tierra de la montaña y no queda rastro de él. En su lugar, la ladera de la montaña está cubierta de una mezcla de piedrecitas sueltas, arena y pinaza que impide la tracción de las motos. Tras avanzar poco más de 100 m en 1 hora y con el sol ya escondiéndose por el horizonte (y un servidor que no puede con su alma), nos convencemos de que ha llegado el momento de llamar a la asistencia (léase, nuestras queridas esposas).

Poco después nos plantamos en la gasolinera de Organyà, donde nos esperan nuestras esposas con el remolque y un merecido Aquarius de 2 litros, bien frío. Aquí termina nuestro entrañable e ingenuo intento de completar el camino de Andorra en moto de trial en un solo día.

A pesar del esfuerzo y de no haber terminado, nos volvemos a casa con una más que grande sonrisa. Conocer la historia del camino, dormir en Pallerols, visitar la ermita, la cabaña de San Rafael, Fenollet… además de recorrer el camino que en sí mismo es una preciosidad, han valido absolutamente la pena. Si además añadimos compartir el día con un buen amigo y disfrutar de una pasión común, el gozo es total. Esperamos volver pronto, con más gente, más experiencia, pero con las mismas ganas. Y, sobre todo, con dos días reservados en el calendario, haciendo noche en Pallerols y en Fenollet, para completar la totalidad del camino.