El día 30 de noviembre de 1937, los componentes de la expedición en la que iba san Josemaría durmieron en una borda. Juan Jiménez Vargas le llama «el corral de Baridà». Leyendo los documentos históricos se llega a la conclusión de que desde esta borda se ve por una parte la Seu de Urgell (Antonio Dalmases, 1937) y por otra las edificaciones de Conorbau (Juan Jiménez Vargas, 1980).

Dice Antonio Dalmases (1937):

Estamos ahora a vista de Seo de Urgel y la claridad es ya grande; apretamos el paso y pronto llegamos a las siete de la mañana a una casa abandonada que ha de cobijarnos hoy. Entramos y vemos la casa que no tiene más que un standard de un piso abandonado. Cada uno busca un sitio donde tenderse; yo como un poco, cambio el calzado y me tiendo en un pesebre: no puedo moverme pero estoy relativamente bien, hay unas ramas que me sirven de colchón, la mochila para apoyar la cabeza y la manta y el pluma para taparme. Las órdenes para hoy son severísimas, no podemos hablar alto ni salir de la casa. Pronto el cansancio me vence y después de las catorce horas que hemos andado, mi lecho me parece una cama de verdad. Aquel día fue larguísimo, pues lo pasamos viviendo y durmiendo en un establo oscuro y con mal olor. Veíamos la luz del día sólo por una ventana que nos dejaba ver Seo de Urgel, con sus miles de carabineros vigilando y las cumbres nevadas de Andorra, nuestra tierra de promisión.

Y Juan Jiménez Vargas (1980):

Llegamos todavía de noche a un corral de ganado que parecía aislado en el campo. Cirera entró por la ventana y abrió la puerta desde dentro. No sabíamos dónde estábamos. Después nos hemos enterado de que lo llamaban el corral de Baridá. Ya de día vimos que estábamos en un sitio llano con praderas.

A menos de medio kilómetro se veía una casa, y un poco más cerca otra —Cornabau— y tapias de ganado. Al parecer, estábamos en uno de los núcleos de concentración de emboscados que reunía condiciones especialmente favorables para esconderse. Está en alto, a unos 1.200 metros. Hacia el oeste el monte alcanza altitudes de 1.700 a 1.800 metros, que seguramente eran un buen sitio para huir en caso de alarma. Adentrándose un poco en aquel bosque, se encuentra un dolmen bien oculto por el ramaje.

En el Diario (1937) se explica:

Son las seis y media. Ha sido una jornada larga y pesada. En la casa, nos acomodamos todos nosotros en un cuartito, que probablemente sería conejera, y nos tumbamos dispuestos a descansar. ¡Qué dura está la cama! sin paja, y sólo con unas ramas secas en el suelo, se está francamente mal.

Conclusión

Con estas informaciones pudimos localizar con certeza la borda donde descansaron el día 30 de noviembre de 1937, que sólo puede ser la Borda de Conorbau, que años más tarde se la llamó también «Bordeta estropeada de Baridà» para distinguirla de la «bordeta de Baridá» que hay más adelante, antes de llegar a la casa de Baridà.

El nombre le viene del hecho de que algunos años antes de 1937, los de Baridà compraron todas las propiedades de Conorbau. Cuando más adelante la borda de Conorbau se empezó a derrumbar, se la nombró también Bordeta estropeada de Baridà.

De todas las edificaciones de la zona de Conorbau-Baridà, la única borda desde donde se ve la Seu de Urgell y las casas de Conorbau es la Borda de Conorbau. A partir de este detalle ha quedado bien localizada.