Club Raier&Collvert

Todo el grupo en la Collada de la Torre
Toda esta expedición, se inicia, como todo en la vida, de forma providencial… Al final, se formó un grupo variado integrado por jóvenes que frecuentan los clubes del Opus Dei, Collvert y Raier, de Valencia y Lleida, dos sacerdotes (uno de ellos había hecho el Paso hace unos años como seminarista), varios padres de los chicos, un monitor del club…
En la primera noche visitamos la iglesia y la rectoría de Pallerols, magníficamente restaurada por la Asociación de Amigos del Camino de Pallerols de Rialb a Andorra. Hay mucho esfuerzo detrás de este magnífico lugar, por parte de mucha gente buena y generosa. Ramón nos explicó de modo detallado la aventura que vivieron san Josemaría y sus acompañantes, y nosotros queríamos emularla, aunque lógicamente, con otros medios.

Delante de la iglesia de Pallerols
Todos dormimos bien. Pensábamos en el contraste con aquella noche sufrida por san Josemaría, que nos ayudaba a interiorizar lo que comenzábamos a vivir.
En la primera jornada, nos levantamos a las 7 de la mañana. Hay que decir que los horarios se intentaban cumplir con exactitud. Esto era importante, para el desarrollo de nuestra aventura. Siempre empezamos con un Ofrecimiento de obras.
Nos reunimos todos, para estudiar la primera etapa en Pallerols, con instrucciones de nuestro inestimable amigo Toni Cucurull.
Comenzamos la marcha con un rato de oración. Imaginaos con un buen grupo (la mayoría adolescentes) en silencio, rezando. Sabemos que ésta no es una excursión más por la montaña porque rememoramos el camino hacia la libertad de un santo. La lectura del libro “Cruzando la noche” hace que no perdamos de vista lo que realmente estamos haciendo. En el trayecto piensas, qué pasaría por sus cabezas, ¡cuánto rezarían!, qué calzado llevarían, ¿tendrían suficiente abrigo y comida? Sabíamos las respuestas y lo afortunados que éramos, echando un vistazo a nuestros equipamientos.
Empezamos el camino, con mucha alegría y la dificultad del trayecto, se hizo patente rápidamente. Aún no éramos conscientes de lo duro de la aventura. No perdamos de vista la gran variedad de edades: desde los 12 hasta los 70 años. En total, un grupo de 16 personas.

En Peramola. Empezamos a caminar
Primera parada consistente, en la Casa del Corb. Las vistas eran espectaculares. La alegría era una constante.
Seguimos nuestro camino. Las subidas, parecían verticales. Nos parecía increíble, al mirar hacia arriba, que ese fuera nuestro destino.
Con un notable cansancio y no pocas heridas en nuestras piernas y brazos, llega lo mejor del trayecto: La santa Misa. Estábamos en La Ribalera. San Josemaría celebró misa allí el 28 de noviembre de 1937.
Los chavales, prepararon, con mucho cariño, el improvisado altar de piedra. Todo cuidado hasta el mínimo detalle. Las palabras del sacerdote nos ayudan mucho. Comulgamos sorteando árboles y piedras.
Comemos y partimos para terminar nuestra Segunda parte. Esta si que iba a ser dura.

Un descanso en el camino
Por fin, coronamos a 1450 metros. Nos esperaba con la intendencia, nuestro buen amigo Ilus. El paraje era maravilloso. Montamos tiendas, nos bañamos en una balsa contra incendios, que nos supo a gloria. Nos acicalamos y antes de cenar, tumbados sobre la hierba, un rato de oración.
Cenamos y a dormir. Hubo que callar al chavalerío, que aún tenía fuerzas para hacer un poco el cabra.
Segunda etapa. Nos levantamos a las 7. La noche ha sido fría (unos 10 grados de mínima). Aún así, todos contentos. Desayunamos y partimos, acompañados de un rebaño de ovejas. Camino suave, pero intuimos, que pronto, se convertirá el camino, en escarpadas montañas. Hay que decir, que algunos llevábamos bastones para caminar y en muchas partes del trayecto, había que prescindir de ellos y eran nuestras propias manos, las que nos ayudaban a ascender.
El sudor y el cansancio se hacen patentes. No hay muchas quejas, solo preguntas sobre la dificultad y el tiempo restante. Los veteranos, endulzaban un poco la respuesta….
Uno sabe que de este camino no va a volver a su casa igual. No es posible. Cada situación es un momento de agradecimiento. Piensas en el Señor en estos días: esto es El Gólgota y El Tabor. Salvando muchísimo las distancias, claro está.

Más descanso
Una de las situaciones más festivas y reconfortantes, fue la llegada a Can Fenollet, donde san Josemaría tuvo su primera comida decente en muchas semanas. Nos atendió Rosa (hija del matrimonio que ayudó a san Josemaría) en su propia casa. Nos sentimos como en la nuestra. Todos a la mesa. ¡Esto era como estar en el cielo! Comida sencilla, pero muy rica. El pollo que nos comimos hacía poco que correteaba por el corral…Lo despachamos con un buen porrón (solo para adultos), y de postre… crema catalana.
Después de una cariñosa despedida, nos esperaba una etapa muy dura y con el estómago bien lleno.
Después de la segunda parte (dura por la pronunciada inclinación y porque nuestros estómagos necesitaban más sangre de lo normal), hicimos cima y medio exhaustos, rematamos la faena con un buen Rosario. Habíamos llegado al monte Santa Fe.
Como bien nos repetía nuestro “mosén” (así llaman en Lleida a los sacerdotes), la vida contemplativa se componía de oración, plan de vida, etc., pero, luego había que materializarla. Llevar lo sobrenatural a lo natural de cada momento. Eso intentaba el grupo.
El tercer y cuarto día, tuvimos la gran suerte de pernoctar en un Camping de Organyà. Un sitio magnífico, rodeado de montañas, donde tuvimos oportunidad de tomar un buen baño, aunque breve. Primero había que celebrar Misa. Nos recibió Mariano para abrir, la preciosa Iglesia Santa María de Organyà. Momento sublime. Nos parecía magnífico celebrar La Santa Misa en medio de la naturaleza, pero en un lugar consagrado, con bancos y todo lo necesario para la Eucaristía, tampoco estaba mal.
Montamos las tiendas en una parcela del Camping y tras una buena ducha, nos vamos a cenar al restaurante.
La tercera etapa era muy intensa, pero terminaba antes. Ilus nos esperaba al final de la etapa, para recogernos y llevarnos de nuevo a pasar nuestra segunda noche en el Camping. Nuestros cuerpos, se acostumbraban a las marchas de 6 a 8 horas diarias.
Por la tarde fuimos de nuevo a celebrar Misa a la pequeña y muy bien conservada Iglesia de Noves de Segre. La responsable de abrirnos y cerrar la Iglesia, nos atendió maravillosamente. A la salida, nos esperaba una magnífica merienda.
Esa tarde, llegamos mucho antes, de lo que solíamos hacerlo, de nuevo al Camping. Aprovechamos para lavar algo de ropa, alguna tertulia y un buen chapuzón. Nos esperaba de nuevo un cena estupenda.
Nos acostamos como de costumbre, bastante cansados, los días eran ajetreados y cansados. Esta noche, además, nos acompañó una buena tormenta. A las 3 de la mañana hubo que meter, de cualquier forma, todo el equipo, dentro de nuestras tiendas. El ruido dentro de una tienda, mientras llueve con intensidad, es ensordecedor. Gracias a Dios, salvo a algunas cosas que olvidamos por la oscuridad, no nos afectó la lluvia.
Cuarta jornada. A pesar de la incomodidad del suelo mojado, había que recoger las tiendas y todo el equipo y a desayunar.
Esta mañana, se despedía de nosotros Don Jonatan. Tenía que celebrar Misa en los pueblos que atiende en El Rincón de Ademuz (Valencia) y su marcha era necesaria, pero triste para todos los integrantes. Lo despedimos con una buena canción que sonaba así: “adiós con el corazón, que con el alma no puedo…”
Qué suerte tener nuestros magníficos sacerdotes en las travesías: Eucaristía, Confesión, acompañamiento espiritual, …. ¡médicos del alma!
Partimos hacia nuestra última pernoctación.
En esta etapa hicimos una larga ascensión, que culminaba a 1600 metros. El lugar era precioso y estábamos rodeados de vegetación y de pinos del lugar. Había una zona despejada para pernoctar y plantamos las tiendas, unas alejadas de las otras, por los peligrosos ronquidos de la noche.

Acampando en la montaña
Hubo descanso, dirección espiritual y juegos. Se rezó el santo Rosario, pero al aquí presente, no le quisieron despertar de la siesta….
Sobre las 8 de la tarde, la Santa Misa, unos sentados en el suelo, otros sobre troncos y con un Altar, perfectamente preparado por los chavales. ¡Que alegría daba verlos preparar y participar en las lecturas!
Después de la acción de gracias y cantarle la salve Regina a la Virgen, nos esperaba en plena montaña, ¡una magnífica barbacoa! Chistorra, hamburguesas, cerveza fría, … Todo un festín, en plena montaña. Lo malo, es que cenamos y nos fuimos pitando a la cama. Tocaba levantarse a las cinco de la mañana, para cumplir con el horario previsto hacia Andorra.
Recogemos totalmente a oscuras y partimos hacia el final de nuestra singladura.
La bajada era espectacular, estábamos en una zona norte de la montaña rodeados de musgo y vegetación. Parecía totalmente una selva. La vista no paraba de disfrutar cada momento del trayecto. Quizá el más hermoso de todos. Comenzamos con un rato de oración.

Volvemos a caminar
Llegamos al final de la bajada y tocaba de nuevo subir. Mirando hacia arriba, se nos hacía imposible poder llegar hasta arriba. El cansancio acumulado y el nombre de la cima no nos alentaba mucho: “La Cabra Morta”. Entre cansancio y cansancio, bromeábamos sobre la cabra, si a estas alturas, ya habría muerto…
Tras una muy dura subida y atravesando algo de civilización, llegamos por fin a nuestro destino: ¡Andorra!

Cerca de Andorra
Estaban nuestros amigos de la Asociación del Camino, con una buena barbacoa y con mucha, mucha alegría de vernos para celebrar el Aplec.
Tras numerosas muestras de cariño, celebraríamos nuestra última Eucaristía rodeados de las majestuosas montañas de Andorra. De nuevo muy emocionante. Nuestro querido D. Javier Santos, nos dio una última homilía, que nos ayudó mucho.

La misa en la Borda del Gastó
Acabamos despachando, un buen cordero, longaniza, pan con tomate, bebida y un postre que sus sobras, nos sirvieron de ayuda para engañar el cuerpo en nuestra vuelta.

Preparando el fuego para la barbacoa

Las butifarras a la brasa
Tras una calurosa despedida, subimos el equipo a las furgonetas y partimos hacia nuestros hogares. Todos, cansados, pero muy felices.
Doy gracias a Dios, por esta magnífica aventura, por conocer más a fondo los comienzos del Opus Dei y por haber compartido muchas cosas, con gente maravillosa.





Una gran experiència!!!
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