También hicieron el camino, unos chicos de Chicago (USA) y México

Toni Cucurull, el jefe de la expedición, nos envía esta crónica

La casi totalidad de los 35 participantes en la caminata integral 2012 nos reunimos en Pallerols entre el 25 por la noche y el 26 por la mañana.

El martes 26, tras considerar de buena mañana los hechos sucedidos en Pallerols hace 75 años, iniciamos la caminata desde Peramola. Aquel día finalizó la etapa cerca de la casa de Aubenç, donde algunos descubrieron la balsa forestal y disfrutaron de un fantástico baño después de un caluroso día donde visitamos lugares tan emblemáticos del camino como es la Roca del Corb, la Espluga de las Vaques en la Ribalera -donde Mn. Javier nos celebró la Eucaristía- y la ardua subida por la canal de la Jaça. La cena y la acampada en Aubenç nos rehicieron completamente, amenizados por las historias de las tribus nativas de México, tan bien explicadas por Alfredo.

El miércoles 27 la etapa era más suave: bajada de Aubenç, un agradable baño en el río de Valldarques, donde comimos, y por la tarde hacia la deseada casa de Fenollet, donde Rosa nos cuidó magníficamente, como es habitual, con unos macarrones extraordinarios y una tortilla que no fuimos capaces de terminar. Celebramos los 14 años de Andrew y a dormir pronto que al día siguiente nos esperaba la etapa más dura.

Iniciamos la caminata del jueves 28, a las 7 de la mañana para evitar el fuerte calor de esa semana. La subida a Santa Fe fue muy agradable, y en el collado paramos para leer los testimonios de la expedición del 37. La bajada fue de lo más divertido, ya que la fuerte pendiente permite bajar casi corriendo y afortunadamente nadie se hizo daño. Ferran sufrió un fuerte golpe en la subida y de bajada el dolor aumentó, de manera que ya no podía caminar. Después de comer, unas buenas cerezas que el camino nos regaló y a las 11 empezamos a subir la montaña de Ares, después de haber comido un poco para coger fuerzas para la larga ascensión. Aunque hacía mucho calor, hicimos cumbre muy enteros, e incluso un grupito de 9 valientes subieron los últimos 250 m. de desnivel casi corriendo. Arriba nos esperaba la furgoneta con la comida que nos habían preparado en la casa de Fenollet, mucha agua y mucha fruta. Se estaba muy bien porque pasaba un aire muy agradable. Por la tarde, hacia Noves de Segre después de parar un rato a la borda de Conorbau. Montse de Cal Castellins nos cedió amablemente el local -como cada año- y pudimos refrescarnos en una pequeña piscina. En la terraza de la casa, celebramos una cena de auténtica fiesta con las «chistorras» preparadas por Octavio. Algunos pasaron la calurosa noche durmiendo al aire libre.

El viernes 29 los ánimos estaban muy arriba ya que habíamos hecho mucho camino. Después de cal Pallarès, nos adentramos por la margen derecha del río Segre. Como es habitual, esta parte del camino estaba anegado pero tampoco fue un obstáculo y la mayoría lo atravesamos ¡descalzos! y tras un buen rato de embarrarnos nos limpiamos los pies en el canal. Cuando ya estábamos cerca del golf de Aravell -donde teníamos previsto almorzar- Pedrito, que celebraba su santo y que la víspera había corrido hasta la cima del Ares, se mareó y lo llevamos rápidamente al médico. Sólo fue un susto pero tuvo que volver a casa.

En el golf de Aravell nos dejaron comer en el magnífico césped bajo la sombra. Vino la madre de Mario y Joni, que tenían que irse, y comió con nosotros unos bocadillos campestres. Por la tarde, y cuando ya sabíamos que Pedro estaba mejor, iniciamos la subida al collado de la Torre, disfrutando de las espléndidas vistas sobre el valle del Segre. Impresiona ver tan lejos la sierra de Aubenç y darse cuenta de todo el trayecto recorrido y todas las montañas atravesadas.

Una vez en el collado, Oriol nos preparó una magnífica cena. Tuvimos suerte que Paco y Octavio nos ayudaron con unos coches todo terreno a subir todo el material de acampada hasta el collado.

Aquella noche, a pesar de estar en uno de los lugares más bonitos del camino y donde se duerme de maravilla, fue breve. A las 6 de la mañana del día 30 se tocó diana (literalmente, ya que Emilio llevaba unas canciones de época para despejarnos). Así, pudimos llegar hacia las 12 del mediodía en el Aplec de San Josemaría en los prados del Gastó, en Andorra. La bajada fue muy rápida, y en poco más de una hora ya estábamos a punto de subir el barranco de la Cabra Morta, muy animados después de comer unas maduras y frescas nectarinas. Ya sólo quedaba llegar al Mas Alins, y no se sabe cómo, siempre aparecen fuerzas para subir rápidamente. La satisfacción al llegar arriba es enorme.

Llegamos con tiempo para celebrar el Aplec de San Josemaría. A muchos nos emocionó cuando al empezar la celebración, el arzobispo de Urgell -JoanEnric Vives- mencionó nuestra expedición que emulaba la de san Josemaría. Es muy difícil hacerse cargo de lo que pasaron aquellos fugitivos del año 37 si no se siguen sus huellas, aunque ellos lo hicieron en unas condiciones mucho más difíciles que nosotros ahora.

Al despedirnos, sólo la mirada refleja las intensas experiencias pasadas en tan sólo unos días y que crean lazos de auténtica amistad: suficientes como para valorarlas como uno de los recuerdos por los que vale la pena vivir. El año que viene nos volveremos a encontrar.

Los asistentes fueron:

De Lleida: Toni Cucurull, Francisco Arribas, Javier Blavia, Pedro Gómez, Alex Gratacós, Octavi Quintana, Carlos Llovera, Oscar Lucas, Piero Serrano, Juan Carlos Pujol y los hermanos José, Jesús y Vicente Montserrat

De Barcelona: El sacerdote Carlos Palos, Emilio Fernández y su hijo Juan Carlos

De Terrassa: Pedro Júdez, Alex Caballé y los hermanos Oriol y Marc Palet

De Valencia: El sacerdote Javier Santos, Andrés Rey, Vicente Peris y Roman Mill

De Badalona: Javier Jover y Fernando Melero

De Chicago (EEUU): Donovan Kelly, Charlie y Andrew

De México: Alfredo y Daniel

De Madrid: Javier Jaureguízar

De Sant Cugat: los hermanos Mario y Juan Pérez Calvo

En tareas de avituallamiento: Adolfo Ortega, Paco Penella y Octavio Rico

Adjuntamos la versión que nos ha enviado Juan Carlos Fernández, un chico de 15 años:

Todo empezó el lunes 25 de junio por la noche montando la tienda de campaña. La montamos bastante bien para ser el primer día, cenamos y nos fuimos a la cama.

Al día siguiente, 26 de junio, desayunamos y fuimos a meditación. A las 10:00 empezamos a caminar. Parábamos para descansar cada 30 minutos. A la hora de comer comimos bocatas traídos de casa. Después de comer nos quedaba un buen tramo en el cual no hubo fuente para rellenar agua, así que llevábamos medio litro de Acuarius y un litro y medio de agua para dos personas. Al llegar al descampado donde íbamos a dormir acampamos y llenamos las cantimploras y montamos la tienda. Nos separaron por grupos y cenamos. Después hicimos tertulia, rezamos un rosario y nos fuimos a dormir.

El día 27, ya nos conocíamos entre nosotros e íbamos conversando. Aquella etapa fue todo liso y bajada hasta la hora de comer que fuimos a unas pozas a bañarnos. Por la tarde caminamos hasta una granja de una señora muy maja que se llamaba Rosa. Nos dio de comer hasta reventar y utilizamos sus instalaciones para dormir.

El día 28, subimos una etapa muy dura llamada Ares que la subimos en 2 horas y media. Después de comer fue todo bajada hasta un bar que es donde dormimos y cenamos.

El penúltimo día, 29 de junio, comimos en un sitio muy chulo, en un campo de golf. Después de comer se fueron una familia porque tenían un torneo de golf. Después de una buena siesta salimos a subir ya la última montaña. Al subirlo nos llamo Pedro el conductor de la furgoneta que la furgoneta no subía, así que llamamos a unos amigos para que vinieran con sus coches todoterreno y subieron las maletas en unos cuantos viajes, acampamos por última vez y cenamos con una buena barbacoa.

El último día, 30 de junio, subimos la última montaña llamada Cabra Morta que fue un paseo. Y al final acabamos en un descampado con una misa presidida por el arzobispo de Urgell Mons. Joan-Enric Vives, y así acabamos la ruta de Pallerols a Andorra.

A mí me ha parecido una experiencia inolvidable con ganas de repetirla. Es verdad que hay montañas largas y empinadas, pero cuando llegas arriba y ves el descampado desde donde has empezado a caminar te quedas orgulloso de haberte superado.

Ir a esta caminata me ha hecho reflexionar, así que si eres un hombre con mucho trabajo, te animo a que hagas con nosotros la ruta Pallerols-Andorra.

– Puedes ver un vídeo de la TV andorrana que entrevista a uno de los chicos de la Caminata

– Puedes ver el recorrido íntegro desde helicóptero