
Hacia a la Casa del Corb
Este fin de semana nos propusimos algo especial: recorrer parte del camino que muchas personas atravesaron durante la Guerra Civil Española para huir hacia Francia. En concreto, queríamos seguir los pasos de san Josemaría, quien cruzó los Pirineos hasta llegar a Andorra y, desde allí, continuar su misión.
Sin embargo, lo que parecía una ruta histórica se convirtió en una auténtica experiencia de superación, convivencia y descubrimiento.
Desde el inicio, el camino nos puso a prueba. Atravesamos zonas cubiertas por auténticas “cortinas” de hilos llenos de orugas, avanzamos entre el cansancio… y llegó un momento especialmente exigente: nos quedamos sin apenas agua. Lejos de generar tensión, fue una oportunidad para vivir algo valioso: compartir lo que teníamos, racionar, cuidar unos de otros. La amistad se hizo concreta en esos pequeños gestos.

A la vista de la montaña de Sant Honorat

Las señales del Camino d’Andorra

Camino de la Ribalera

Camino de la Ribalera
Finalmente, alcanzamos el barranco de la Ribalera, un lugar cargado de significado. Allí nos detuvimos para contemplar el sitio donde san Josemaría celebró Misa durante su camino hacia Andorra. Fue un momento de silencio, de conexión con la historia y de profundidad interior.

Hemos llegado al Barranc de la Ribalera
A la vuelta, ya sin agua, casi como un premio inesperado, terminamos llegando a una fuente natural en Peramola, donde pudimos recuperar fuerzas.
Otra de las grandes aventuras del fin de semana fue conseguir asistir Misa. Tras recorrer kilómetros por carretera buscándola sin éxito, compartimos nuestra experiencia con Mossèn Jordi. Al escucharnos, se ofreció generosamente a celebrarla y nos dijo algo que nos marcó profundamente: “Si estáis aquí, es porque valoráis la Misa.” Aquel gesto, unido a sus palabras, nos recordó lo esencial.
Además, nos dejó un mensaje cuando le fuimos a agradecer ese gesto, que sigue resonando en nuestro interior: «sois el futuro, buscad el verdadero tesoro. El trabajo más importante que podemos hacer es amar, sobretodo buscad el AMOR con mayúsculas.»
Durante el fin de semana también hubo espacio para la alegría: juegos, risas, cansancio compartido… y experiencias inesperadas, como asistir al campeonato mundial de motocross en Oliana, que añadió un contraste sorprendente a la vivencia.

Unos momentos de descanso

Unos momentos de descanso
También tuvimos el privilegio de escuchar a Ramon, quien nos explicó con detalle los acontecimientos de 1937 y nos ayudó a comprender mejor la historia que estábamos reviviendo.
El broche final fue una Misa cantada y especialmente cuidada en Pallerols, un lugar profundamente vinculado a este episodio histórico.
Este viaje ha sido mucho más que una excursión. Ha sido una escuela de fortaleza, una lección de amistad vivida en lo concreto y una experiencia donde la fe ha tomado forma en medio del esfuerzo y la convivencia.
Una vivencia que deja huella.





Gracias por compartir esta experiencia. Se te ponen ganas de intentarlo!
Me parece preciosa la experiencia y muy significativa en la vida de la Obra
A mi en especial siento muy dentro de mi lo que debió vivir aquellos días San Joesmaria