Desde el Puente de Peramola, sobre el río Segre, hasta Sant Julià de Lòria (Andorra)

Adjuntamos una crónica de uno de los participantes

Primer día

Salimos de Toulouse a las 10 horas, a bordo de dos vehículos: el minibús del club Estarac y un 4×4 Land Rover. El grupo era de 8 personas: Antonio Paradies, Jean-clément Zobler, Samuel Derwael, Daniel Lenique, Damien Godron, Louis-marie Babilotte, César Sanchez llamado «Santiez» y el sacerdote Gérard Thieux.

El viaje hacia España duró cinco horas, con varias pausas, incluyendo un picnic en el pequeño pueblo de La Tour de Carol.

Llegamos a Oliana, el punto de partida de este senderismo, con una hora de retraso.

La marcha comenzó con una abrupta subida de doscientos metros de desnivel y una pendiente del 65%. La temperatura ambiente era de 35 ° C, el sol caliente, y una ligera brisa de aire abrasador.

Esta pequeña descripción del inicio del camino ya nos da una idea de lo que va a ser esta ruta siguiendo las huellas de san Josemaría.

Después de cinco horas de caminata a lo largo de hermosos paisajes llegamos a Pallerols y entramos en la iglesia donde san Josemaría recibió un regalo de la Santísima Virgen, la rosa de Rialb. Pasamos la noche en la rectoría.

La conclusión de esta primera e intensa caminata de medio día es que no hay que llevar encima una mochila de quince kilos a la espalda, a lo largo de un duro camino, bajo un intenso calor y con un terreno accidentado. L’Abbé Gérard Thieux -que es un experto- nos exhortó, para los siguientes días, liberarnos de muchos objetos, que colocamos en el Land Rover que conducía él.

Segundo día

Después de una noche de viento, un buen desayuno y la Misa, empezamos a andar a las 8:30.

Pensábamos que la caminata de hoy sería de 8 horas a través de hermosos paisajes, atravesando frescos ríos para poder bañarse, aunque -eso sí- bajo un sol abrasador.

No obstante la realidad fue que caminamos más de 12 horas, los primeros ríos que cruzamos no eran aptos para el baño, porque estaban sin agua, por la sequedad de estos días!! Subimos en total 900 m de desnivel con pendientes del 65%.

Lo primero que descubrimos fue la cabaña de San Rafael, donde san Josemaría pasó 5 días esperando la salida definitiva hacia Andorra. Vimos la cabaña y el altar de madera donde cada día celebrara misa san Josemaría. 4 horas después llegamos al Barranc de la Ribalera, donde san Josemaría celebró la última missa antes de llegar a Andorra.

Las anécdotas de esta marcha son numerosas:

Tuvimos que escalar una valla que nos cerraba el paso en una reserva de caza, poblada de ciervos, venados y otros animales de caza mayor.

El último tramo de la canal de la Jaça, en Aubenç, está equipado con cuerdas fijas para facilitar el ascenso final. La fresca temperatura de 35 ° C nos ha acompañado fielmente durante todo el día. Finalmente -a las 22h- llegamos a la Casa de Aubenç, donde acampamos en unos magníficos prados.

Cerca de las 23h llegó el grupo de Rennes acompañados por los bomberos de la Generalitat de Catalunya, ya que se habían perdido al subir a Aubenç des de la cara oeste y no por la cara sur, como hicimos nosotros. El grupo de Rennes había salido de Francia un día después que nosotros y subió Aubenç desde el pueblo de Gavarra.

Este grupo estaba formado por: Pierre Belloir, Charles D’Ogny, Augustin Ermeneux, Benoit Bourgeois «el Bûche», François Ferrieu et Etienne Briend.

Para resumir este día, sin entrar en detalles extraordinarios que cada uno experimentó personalmente, solo puedo decir: Gracias san Josemaría!

Tercer día

El accidentado día de ayer terminó alrededor de la medianoche, pero no acabó aquí la fiesta, puesto que durante toda la noche tuvimos un constante concierto de un rebaño de cabras que se instalaron enfrente mismo de nuestras pequeñas tiendas de campaña.

Habíamos previsto iniciar la caminata a las 8 de la mañana, pero después del concierto de la noche y el cansancio del día anterior empezamos a caminar a las 10.

Este día resultó de sorprendentes resultados, a todos los niveles.

1) el conocimiento mutuo de los dos grupos (Toulouse y Rennes).

2) Un río idílico digno de una película bajo los trópicos ecuatoriales después de 3 horas bajo un ardiente sol, digno del desierto del Sahara!!

3) El descubrimiento del senderismo más duro por parte de los de Rennes: los que creían que los Pirineos eran como el macizo de Armórica, (son lindos, pero un poco… Brittany ‘!!)

4) Una capilla perdida en la naturaleza en lugar bien conservado, a lo largo de nuestro camino!!

5) El conocimiento profundo de lo que sucedió a san Josemaría durante esta gran travesía.

6) Y, por supuesto, el hermoso paisaje, la noche alrededor de las 19h, sublime con luz rasante.

Después de estos descubrimientos, en torno a las 19:30, tuvimos la alegría de ver a Antonio que con su minibús nos recogió para terminar el día en el camping de Organyà, donde la presencia de una piscina, duchas, y electricidad revivió nuestro corazón. El cansancio acumulado por todos los caminantes se disipó rápidamente: montamos las tiendas de campaña en 5-10 minutos (el récord de la hora!), puesto que queríamos ir a la piscina. Por desgracia cuando llegamos hacía 5 minutos que habían cerrado!

Nos fuimos a la cama a las 21:45 bajo una temperatura de alrededor de 35 ° C y con pequeños insectos, los mosquitos, que nos acompañaron.

Cuarto día

Como que hoy teníamos que subir la montaña de Ares, la de más desnivel de toda la caminata, decidimos levantarnos tan pronto como fuera posible (alrededor de las 5:30) para iniciar la marcha sin sol. Finalmente nos levantamos a las 6 am. Entre desayunar, recoger tiendas y acercarnos en coche hasta el inicio del camino que sube a Ares, empezamos a caminar a las 8:30 am, en lugar de las 7:30 como estaba previsto. Jordi Piferrer, de la asociación de amigos del camino, nos acompañó en el inicio del camino, hasta pasar el río de Cabó. A partir de este punto iniciamos solos la subida a Ares (unos 900 m de desnivel).

Habíamos pensado que la subida nos llevaría 3:30 h, pero por una feliz coincidencia se hizo en 2:45 h. Es un antiguo camino en constante subida. El punto final resultó ser una pequeña aldea en ruinas bastante encantadora (prado, capilla, corrales, 4 casas derruidas…). En la iglesia del pueblo tuvimos la santa misa y después una comida fría que contrastaba con el calor del lugar!!

Después bajamos durante 2 horas por el otro lado de la montaña y acampamos al pie de una cabaña completamente restaurada pero que estaba cerrada y no pudimos utilizar. Era la Borda de Conorbau (en los prados de Baridà), donde san Josemaría pasó el día 30 de noviembre de 1937.

Llegamos alrededor de las 17h, e hicimos el siguiente plan:

• Merienda y bebidas

• Charla sobre la templanza

• Preparación de fuego

• Montar tiendas de campaña

• Rezo del Rosario

• Preparación de la cena y encendido del fuego (tipo fuego de San Juan)

• Meditación

• Cenar y por la noche (juegos de hombre lobo)

• Puesta de sol alrededor de la fogata

El juego de la vigilia es un juego increíble, ya que crea un ambiente muy animado. El principio es simple: dos opuestos campamentos de aldeanos y de hombres lobo. El objetivo es que uno de los dos bandos ha de sobrevivir matándose entre sí. Cada persona tiene un papel, pero él no sabe el papel de las otras personas. Para eliminar a alguien del juego, se vota después de un discurso realizado por uno de los participantes del juego!! Se trata de un juego muy divertido.

Quinto día

Hoy será otro día duro. Los más pequeños y jóvenes piden continuamente:

«¿Dónde estamos? Cuando llegamos? Durante cuánto tiempo más vamos a sufrir? Hace mucho calor! Cuando esté en casa, me quedaré en el sofá para siempre…».

La marcha de este día comenzó en silencio mientras se bajaba por el torrente de Baridà en dirección al río Segre. Mientras avanza el día el calor va en aumento. Mucho sudor y mucho que ofrecer a Dios… Una vez en la parte inferior de la montaña después de una descenso increíble caminamos a lo largo del río Segre para alcanzar el minibús que estaba repleto de bebidas azucaradas!!

Durante estas caminatas he bebido más refrescos como nunca bebí en mi vida. En promedio bebimos cada uno más de 2 litros de zumos de mejor o peor calidad, pero que para nosotros fue una bendición recibir a diario estas bebidas.

Hicimos un picnic cerca de un río, donde nos bañamos y lavamos. Esto nos deleita a todos y especialmente a nuestros queridos amigos de la Bretaña que allí gozan de un temperatura digna de los veranos más calurosos de Gran Bretaña, es decir, 15 grados!

El resto del día terminó con otra pequeña subida de 800 m hasta llegar a la Collada de la Torre.

Ahora, después de cuatro días acostumbrados a estas saludables caminatas incluso apreciamos estas fuertes subidas que nos permiten descansar luego en las cumbres. La llegada a la Collada de la Torre es muy hermosa: un pequeño claro rodeado de grandes robles y pinos, el canto de los pájaros, una borda en ruinas y una ubicación de fogatas anteriores.

La noche se cernía entre la alegría y el buen humor de los caminantes y una comida digna de los más grandes chefs de cocina. Nuestros queridos jóvenes scouts, que eran la mayoría, nos sorprendieron con otro fuego de San Juan, mayor que el de ayer.

Orgullosos de haber realizado la mayor parte del trayecto del paso de los Pirineos, solo nos queda la última etapa. Con esta idea nos fuimos a la cama alrededor de este fuego ardiente que ilumina nuestros pensamientos.

Sexto día

El último día fue atacado por todos como la guinda del pastel. Nos advirtieron que tendríamos una suave pendiente cuesta abajo con una pequeña subida fácil, con un total de 3 horas, y que al final tendríamos un río para bañarnos.

La realidad no fue exactamente así. El «pequeño descenso» fue una larga bajada de 700 m con pendientes muy pronunciadas, mientras que el ascenso -el Barranc de la Cabra Morta- es una abrupta subida de otros 700 m, con algunos tramos de «escalada»!

Una vez terminada la caminata de más de 5 horas (no de 3 horas como pensábamos), encontramos el minibús cerca de una casa de campo, junto a un cerezo bien aprovisionado de cerezas negras, como el color de nuestra piel. Fue un placer!!!

Terminamos nuestro recorrido en Andorra y como buenos occidentales americanizados hicimos una comida tipo McDonald, y a continuación nos despedimos con un peso en el corazón (y el estómago lleno) muy contentos de haber vivido juntos esta apasionante aventura.