Resumen de la ponencia de Joan Pous

El Pirineo es una barrera que separa prácticamente dos continentes: las antiguas Galia i Hispania romanas. La Cerdaña, de la que me ocuparé principalmente en mi ponencia, ha sido desde siempre como una calle mayor transitada en las dos direcciones. En tiempos de persecución, las personas han ido pasando de un lado al otro.

La persecución contra los cátaros produce un éxodo desde Francia hacia la Corona de Aragón. También los hugonotes, en la famosa noche de san Bartolomé, tuvieron que salir de Francia e instalarse en Cataluña. La tolerancia de la iglesia en Cataluña hace que con el tiempo todos estos advenedizos acaben convirtiéndose al catolicismo y se integren en las costumbres catalanas.

La revolución francesa produce también un éxodo importante de nobles y clérigos de Francia a Cataluña. Y en el siglo XIX, recorren el camino en las dos direcciones, conservadores o liberales, según quién gane en cada momento.

Durante los años de la guerra civil española y de la 2a guerra mundial, la Cerdaña es un caso particular. Como es bien sabido, hay un flujo de gente importante a través de los Pirineos, en los dos sentidos. No obstante, puesto que la orografía pirenaica es complicada mucha gente intenta pasar por la Cerdaña que no tiene ningún problema orográfico importante. Lo que puede parecer una ventaja constituye muchas veces un inconveniente ya que es más fácil la vigilancia. A pesar de todo, paso mucha gente.

Durante la guerra civil española, mucha gente huyó de Barcelona con la intención de pasar a Francia por Puigcerdà. Algunos lo consiguieron pero muchos otros fueron asesinados en la Collada de Tosses, antes de llegar a la Cerdaña.

Curiosamente, en verano de 1936, la gente que veraneaba en la Cerdaña -por tanto personas con mucho dinero- pudo prácticamente escapar, lo que muestra el grado de corrupción que había entre los dirigentes anarquistas de la zona.

Desde siempre, la Cerdaña ha sido una comarca claramente burguesa; el 90% de la población era propietaria del terreno. Son personas progresistas con ideas liberales adquiridas por el contacto cultural con Francia. En 1936, la fuerza política dominante era Esquerra Republicana de Catalunya. A pesar de estos rasgos sociológicos, muy pronto los anarquistas se hicieron amos de la situación. Eran pocos y venidos de fuera, ya que eran trabajadores de la frontera, y se hicieron amos de la comarca a través del terror, en un momento de vacío de poder.

Como he tratado en mi libro, «Anarquia i república a la Cerdanya», escrito conjuntamente con Josep Maria Solé Sabaté, el pueblo de Bellver de Cerdaña se levantó contra los anarquistas y el 27 de abril de 1937 pudieron matar a su líder, Antonio Martín «el Cojo de Málaga». A partir de este momento y sobre todo después de los hechos de mayo de 1937 en Barcelona, es puso fin a la supremacía anarquista en Cataluña, disminuyendo la represión que había sido muy intensa hasta aquel momento.

En Bellver de Cerdaña la gente estuvo siempre protegida por los dirigentes republicanos del ayuntamiento. No hubo ningún muerto; únicamente uno al inicio de la guerra por la falta de control inicial. Sí en cambio que hubo destrucción masiva de templos, retablos, archivos y documentos valiosos. A pesar de esto, el ayuntamiento de Bellver salvó la imagen de la Virgen de Talló, de mucha devoción en la zona. La guardaron en el ayuntamiento junto a otros objetos de culto.

Hubo casos de gente corriente heroica que se jugaba la vida por salvar a otras personas. Al acabar la guerra hubo otro tipo de represión, la franquista. En esta época destaca mosén Joan Domènech, del que ya se ha hablado. En combinación con unos frailes franceses, creó una red de evasión católica -desde Francia a Cataluña- que ayudó sobre todo a militares polacos, aviadores ingleses abatidos en Francia y judíos.

Algunos miembros de la jerarquía de la iglesia católica dejaron perder una ocasión de oro de convertirse en motores de reconciliación entre todos, en momentos decisivos para establecer esta reconciliación.

De todas formas hay algunos casos interesantes de promoción de esta reconciliación. Es el caso del rector de Bellver, que acabada la guerra organizó una procesión a la ermita de la Virgen de Talló, para devolver la imagen que fue salvada en 1936. Llevaban la imagen los antiguos dirigentes del ayuntamiento durante la república -que habían sido los que la habían salvado- con la oposición de los nuevos dirigentes franquistas. También asistió el obispo Iglesias Navarri como señal de aprobación de esta reconciliación.

En la Cerdaña no ha habido grandes dificultades para vivir la convivencia y el perdón, después de las guerras vividas durante el siglo pasado. De hecho, la guerra civil fue un choque entre dos extremos: por una parte el fascismo en España y el nazismo en el sur de Francia, y por otra, el anarquismo y el marxismo libertario. En conjunto, en opinión de Joan Pons, constituían un 5% de cada extremo, de manera que el otro 90% era gente normal que lo que querían era trabajar en paz y gozar de una vida familiar tranquila sin angustias y sobresaltos.