Resumen de la ponencia del señor arzobispo Joan Enric Vives, obispo de Urgell

Estas jornadas son importantes porque permiten poner de manifiesto las últimas investigaciones sobre este tema tan necesario como es la convivencia y el perdón. Tiene que haber estudios serios realizados cuando ya han pasado unos años, hechos con más poso, con más objetividad. Quizá todavía faltan más elementos de estudio para llegar a ser más objetivos, pero vale la pena analizar el tema a fondo.

Para perdonar tenemos que tener memoria de lo que ha pasado, si no sería un perdón superficial.

La Iglesia católica se siente portadora de un mensaje de perdón, reconciliación y paz. La Iglesia es santa, pero sus miembros tenemos que pedir perdón, porque hacemos cosas mal. El Papa Juan Pablo II pidió perdón en diversos lugares y en diferentes ocasiones por las cosas que los miembros de la Iglesia han hecho mal a lo largo de los siglos. Ciertamente que la Iglesia ha sufrido mucho, pero también es cierto que algunos miembros de la Iglesia han hecho sufrir a otros.

Me parece muy acertado el título de esta IV Jornada: Libertad, convivencia y perdón. Sin la libertad no podemos convivir ni perdonar. Convivencia quiere decir que somos plurales, diferentes y con estas diferencias tenemos que saber convivir.

Por otra parte, no podemos olvidar que el perdón es un don divino. Lo más grande que puede hacer una persona es perdonar, ya que así nos parecemos a Dios. Citando un documento de la Conferencia Episcopal Española añadió: «Que todos nos propongamos rechazar siempre la violencia y la muerte como medio de resolución de las diferencias políticas y sociales».

Recuperemos por tanto la memoria histórica, pero sin ira. Hay muchos ejemplos de esta actitud que saldrán seguramente a lo largo de esta jornada. Recordó a Mosén Joan Domènec i Domènec que en el años 1936 tuvo que huir por la frontera de Puigcerdà llevando a cuestas al rector de la parroquia y que, una vez acabada la guerra, ayudó a muchos evadidos de Francia durante la ocupación nazi.

Tuvo también unas palabras de agradecimiento hacia Andorra, a la que calificó como tierra de acogida, tan necesaria en aquellos tiempos de la guerra civil española, en la represión posterior y durante la 2a guerra mundial.

Finalmente elogió la finalidad y los trabajos de la Asociación de Amigos del Camino de Pallerols de Rialb a Andorra, de quien se considera un admirador y protector. Alabó las jornadas que promueve, como la presente, de gran nivel cultural y nos animó a seguir transitando por el camino que hizo San Josemaría el año 1937, animándonos a que no sea solamente un camino de excursionismo, ni siquiera un camino de recuerdo de un santo, sino que llegue a ser como un Camino de Santiago -en pequeño-, de reencuentro personal, de interrogación sobre uno mismo, de manera que lo pudiéramos llamar Camino de la Reconciliación, para aprender a ser pacíficos y pacificadores, y se pueda aplicar a todos los que lo caminen aquellas palabras de Jesús: felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.