Resumen de la Ponencia presentada por Mn. Josep Maria Martí Bonet

Estoy muy agradecido a los organizadores de esta IV Jornada de Caminos de Libertad a través de los Pirineos por poder participar en ella y también por estar en la Seu d’Urgell, lugar de paso de tanta gente. Es bonito hablar aquí de reconciliación.

En el título de la IV Jornada, Libertad, convivencia y perdón, falta: la Verdad, porque «la Verdad os hará libres». Libres de prejudicios, de desengaños y de envidias.

Tenemos que saber lo qué pasó. Cuanto más conozcamos más libres seremos de prejuicios.

Nací en Terrassa en 1937. Mi padre, que era un hombre bueno, tenía escondido en casa a mosén Lluís Ubach, que era el más buscado en Terrassa para matarle. Con esta acción mi padre se jugaba la vida. Estuvo escondido un año y dos meses. Durante este tiempo celebraba misa todos los días, confesaba y, a mi, me bautizó. Muchos otros sacerdotes también lo hicieron.

Acabada la guerra, con el triunfo de los nacionales, muchos de estos sacerdotes perseguidos, avalaron a muchos republicanos que les habían perseguido. Por otra parte, también hubo milicianos de la FAI que avisaban a sacerdotes para que se marcharan porque los iban a buscar para matarlos. Esta es la verdad. A pesar de esto, más de 1.000 sacerdotes fueron asesinados en Cataluña durante el gobierno de la República, entre los años 1936-39. Todas las diócesis de Cataluña tienen su martirologio, de manera que sabemos exactamente todos los que fueron mártires.

Faltaba «el martirologio de los templos» y por eso escribí un libro que lleva este título y habla de la destrucción de los templos, retablos, etc.

De las más de 500 iglesias importantes que había en Cataluña en 1936, se salvaron sólo unas siete: la catedral de Barcelona, Sant Just i Pastor, Sant Sever, el Monasterio de Pedralbes, el Monasterio de Montserrat. Todas las otras fueron totalmente derruidas (Sta. Maria de Sants, la Bonanova. . .), o quemadas (Betlem y muchas otras).

Se destruyeron 464 retablos de primera magnitud artística. Casi 2 Km. de retablos quemados. Tendríamos el museo de retablos más importante del mundo. La guerra civil española fue una guerra salvaje, de odio contra odio, de casa contra casa (en una misma casa había gente de un bando y del otro), de calle contra calle.

Superaremos todo este odio si organizamos conferencias, jornadas, reflexiones y encuentros como el que hacemos hoy, para saber la verdad sin odios ni apasionamientos.

Es falso lo que dice el Presidente Companys en un discurso, que está publicado en «La Vanguardia» del día 27 de setiembre de 1937 sobre que la Iglesia fue beligerante. Él dice: «La Iglesia ha sido beligerante y como beligerante la hemos tratado», continúa diciendo que en las iglesias había armas escondidas, y esto es mentira, ¡no es verdad! Los pobres sacerdotes lo que hacían era salvar el Santísimo y marchar; esconderse para que no les mataran. No contestaron nunca con la violencia. Sólo hay una excepción: el convento de los carmelitas de Barcelona, en el que se encerraron unos nacionales y contestaban al fuego de la República.

Pasaron unas diapositivas que mostraban muchas iglesias y retablos destruidos y quemados.

En resumen, insistió en que no tenemos que tener miedo a la verdad de las cosas que pasaron, porque sólo conociendo la verdad podremos ser libres, convivir en paz todos juntos y ejercer el perdón cuando sea necesario.