Tot el Camino de Andorra desde Valencia

Del 10 al 15 de julio, una expedición de 16 persones procedentes de Valencia recorrieron la totalidad del Camino de Andorra.

Organizaba esta expedición un sacerdote que se llama Javier Santos, a quien acompañaron tres sacerdotes más: Fernando Yarza, Benjamín García y José Vicente Calabuig. Juntamente con ellos vinieron doce chicos de diferentes parroquias y centros de formación cristiana de Valencia y Alicante. Los nombres de estos chicos son: José Ma González Ivars, Juan Marín, Nacho Vilanova, Álvaro Martí, Edu Ballester, Jesús Ballester, Jesús Sotos, Ariel Pedrazas, Javier Deiros, Rafa Monterde, Javier Jiménez i José Ma Dobón.

D. Javier Santos nos hace un resumen de esta expedición:

10 de julio

Jueves, salimos de Valencia, después de la Santa Misa, que tuvimos a las 8 de la mañana. Viajamos en una furgoneta y dos jeep de apoyo, que resultaron fundamentales.Comimos pasado Balaguer, y a las 16.30 h. llegamos a Peramola. Visitamos el pajar, donde leímos los testimonios de los protagonistas de la expedición del año 1937, que pasaron allí la noche.

Desde allí, comenzamos a caminar hasta Pallerols, después de refrescarnos en la fuente del pueblo. En menos de tres horas llegamos a Pallerols y visitamos los lugares más interesantes: la iglesia, el «horno», la escuela y rememoramos los acontecimientos en torno a la rosa encontrada por San Josemaría, por la intercesión de la Virgen. Tuvimos la meditación en la ermita dirigida por don Fernando, y nos dispusimos a preparar la cena. A continuación a dormir: unos dormimos en el «horno», otros a la intemperie, contemplando el cielo estrellado, y otros en la escuela.

11 de julio

Viernes, nos levantamos a las 7.30 am. Después de lavarnos, tuvimos la meditación y la Santa Misa -emocionante- en la iglesia. Desayunamos, recogimos todo, cargamos tiendas, mochilas más pesadas y material de cocina en los jeep, conducidos por don José Vicente y Jordi, y el resto, a caminar hacia la cueva del Corb. Antes de llegar al Corb cruzamos por primera vez el coto de caza de la Arçosa-Montlleví, acompañados por Bruno Rosich, dueño de la explotación. Con ello pudimos seguir el mismo camino que hizo la expedición de 1937.

Poco antes de llegar al Corb, a las 13.30 h., almorzamos y repusimos fuerzas. En la Casa del Corb leímos los testimonios y descansamos una hora, para reemprender la marcha hacia Santpou. Rezamos el Rosario por el camino. Como había ganas de llegar y fuerzas, apretamos el paso y acampamos a las 18 h. en el bosque que hay después de Santpou, en dirección a la Ribalera. Plantamos las tiendas, tuvimos una buena cena y un rato de tertulia. Hicimos el examen de conciencia, ya con el cielo amenazando tormenta. Por la noche, cayó un buen aguacero con gran profusión de rayos y truenos. Se inundó más de una tienda, se mojó bien más de uno y se asustaron algunos. Fue una noche intensa.

12 de julio

Sábado, al despertar aún llovía. Se preparó un buen desayuno a pesar de las condiciones adversas. Recogimos las tiendas como pudimos y cargamos en los jeeps. Continuamos hacia la Ribalera donde, resguardados por la enorme roca, leímos los testimonios de la expedición de 1937.

A continuación emprendimos la fuerte subida de la Canal de la Jaça, en medio de una gran niebla, providencial porque así no veíamos el precipicio que dejábamos atrás. Una vez arriba, aún muy nublado y con frío, disfrutamos de una buena fuente (la Font del Prat), donde leímos más testimonios, haciéndonos perfectamente cargo de lo sufrido por los expedicionarios del 37.

Bajamos por el precioso paraje, muy verde y con pinos, de la cara norte del Aubenç y llegamos al río de Valldarques hacia las 14.30 h. Allí nos bañamos ? = ART_ID ART_TITULO_ES ? ÿ ART_TITULO_CA ? ÿ ART_TITULO_EN ? ÿ ART_ENTRADILLA0_ES ? ?? ART_ENTRADILLA0_CA ? ?? ART_ENTRADILLA0_EN en las pozas. Un baño verdaderamente reparador tras el cansancio de la marcha. Comimos allí mismo unos bocadillos y fruta que habían traído don José Vicente y Jordi en los jeeps.

Aún quedaban tres horas de camino. Hacia las 16 h, salimos para subir el barranco de Comalavall. Duro, porque volvió a llover fuerte. Llegamos a Fenollet empapados, sobre las 20.00 h. Vimos el lugar donde durmieron San Josemaría y sus acompañantes. En comparación, el sitio donde íbamos a descansar, una casa rural, era un auténtico palacio, con camas para dormir que nos supieron a gloria. Tuvimos la Santa Misa en la capilla de San Miguel, después de duchados, con una homilía. La cena, preparada con cariño y esmero por doña Rosa, un festín. Los más jóvenes devoraban las viandas que nos sacaban y aplaudían el cariño y atenciones de Rosa al servir la cena. La noche, durmiendo a pierna suelta, supo a poco.

13 de julio

El domingo levantamos a las 7 a.m. Después de ducharnos, la Santa Misa. Agradecimos ahorrar el trabajo de recoger las tiendas. Un muy buen desayuno nos dio fuerzas para emprender la ruta a Baridà, hacia las 9.30 de la mañana. Hicimos una buena caminata, casi siempre subiendo, hasta llegar a Ares, donde comimos alrededor de las 14.30 h., siempre con los jeeps a punto en su sitio con todo dispuesto. Otra vez, leímos -como cada día- los testimonios de esa jornada. Tras descansar un poco, tomamos la decisión de alargar el camino hasta Can Pallarès. Bajamos el torrente de Baridà. Llegamos a Can Pallarès, alrededor de las 20 h., muy cansados. Tuvimos primero la meditación, bajo un pequeño pórtico que tiene la casa, sobre el mensaje del Papa a los jóvenes, y uniéndonos a los que ya se encontraban en Sidney. Después, sobre el césped, plantamos las tiendas para dormir. El día amenazaba otra vez lluvia. Densos nubarrones oscurecían el cielo desde el mediodía. Pedimos a San Josemaría, que no rompiese hasta después de haber plantado las tiendas, por lo incómodo y difícil que resulta el montaje con lluvia. Y así fue: nada más plantar las tiendas, alrededor de las 21 h., comenzó a llover, aunque no mucho. Después de cenar una sopa caliente que entró de maravilla, tuvimos una breve tertulia y a dormir.

14 de julio

El lunes nos levantamos a las 7.30 h. Celebramos la Santa Misa en el pórtico de la casa, desayunamos, recogimos tiendas y mochilas, que cargamos en los jeeps, y alrededor de las 10 de la mañana comenzamos a andar, atravesando los ríos de Castellbó y de Aravell. Hicimos una parada para leer los apuntes de los integrantes de la expedición de 1937. Los puentes que cruzan el río Aravell han quedado muy bonitos, pintados con el azul y amarillo que señalan todo el camino. Pensábamos en San Josemaría y sus acompañantes, que cruzaron varias veces el río, sin puentes, expuestos a las frías aguas.

Llegamos a comer sobre las 14.30 h. al inicio del bosque de Caubella, pasadas las granjas de Cal Tamborino, después del golf de Aravell. Estábamos muy cansados, pero contentos, aun pensando que nos quedaba una dura subida.

Sobre las 16 h. comenzamos el ascenso, hasta llegar a las Rocas de la Caubella, donde descansó la expedición de 1937. La vista, magnífica. Allí repusimos fuerzas, volvimos a leer los testimonios y seguimos subiendo hasta la Collada de la Torre. El camino, precioso, se hizo ameno al encontrar una buena fuente y fresas silvestres.

Llegamos a la Collada sobre las 19.30 h. Después de plantar las tiendas en un paraje muy bonito, tuvimos la meditación, y la cena, siempre con el fogón que don José Vicente traía en el jeep. Hacía frío. Por la noche, cinco grados.

15 de julio

Cuando nos levantamos al día siguiente a las 6 de la mañana, martes, siete grados de temperatura. Desayunamos rápido y recogimos las tiendas. Tras volver a cargar los jeeps, emprendimos el hermoso descenso entre pinos majestuosos en dirección al río de Civís. Al llegar allí, alrededor de las 9.30, volvimos a leer los apuntes de la expedición de San Josemaría. Iniciamos la dura ascensión del Barranc de la Cabra Morta, y finalmente llegamos a Mas d’Alins hacia las 12. Allí descansamos un rato y repusimos fuerzas al amparo de los jeeps, que habitualmente nos traían fruta y líquidos.

La última etapa, hasta Sant Julià la hicimos acompañados por Jordi, pues está menos señalada y es más fácil perderse.

Como los de 1937, rezamos la Salve al divisar Sant Julià, en acción de gracias, y volvimos a leer sus apuntes. Aligeramos el paso y a las 14.30 h. celebramos la Santa Misa en la parroquia de Sant Julià. Después, comimos en una pizzería.

Después de comer, algunos fueron a recoger los coches que habían quedado en Peramola y llegamos a les Escaldes para pasar la noche en un hotel. Fue gratificante la estancia allí por la tarde-noche y el buen desayuno.

16 de julio

El día siguiente, Virgen del Carmen, viajamos a Lourdes. Comenzamos así la segunda etapa de la convivencia, con la ruta mariana Lourdes-Torreciudad-El Pilar. Comimos en ruta para llegar a la «Ciudad de los Jóvenes», donde nos alojamos con las tiendas de campaña, sobre las 17 h. Coincidía con el 150 aniversario de la última aparición de la Virgen a Bernardette de Soubirous. Nos unimos a las celebraciones, consistentes en una recreación de las apariciones, el Santo Rosario con la procesión de antorchas, y solemne Concelebración, con una veintena de obispos y unos 200 sacerdotes en la explanada del santuario. Terminamos sobre las 11 de la noche. Enseguida fuimos a los alojamientos y a dormir.

17 de julio

Jueves, recogimos todo, desayunamos y fuimos a la gruta para hacer la oración allí y despedirnos de la Virgen de Lourdes. Cogimos los vehículos y pusimos rumbo a Torreciudad, penúltima etapa del viaje. Comimos en El Poblado y nos alojamos en El Grado. Pasamos la tarde en el Santuario, donde vimos una proyección de la explicativa de Torreciudad, tuvimos la meditación y Santa Misa. Cuando cerraron fuimos a cenar y tuvimos una buena y larga tertulia musical, en la que se exteriorizó la alegría y las emociones vividas hasta entonces.

18 de julio

Viernes, al Pilar de Zaragoza. Celebramos la Misa en la Santa Capilla, visitamos la Catedral de La Seo y el Rosario de Cristal. Tuvimos tiempo de hacer algunas compras para llevar algún recuerdo a casa. Después, comimos en el chalet de la familia de don Javier, donde nos bañamos e hicimos una paella, como buenos valencianos.

Por la noche, a las 21 h., llegamos a Valencia, extenuados pero felices.

En total han sido nueve días inolvidables, duros y recios, que han ayudado a crecer en virtudes humanas. Y llenos de gracia, por la intercesión de Nuestra Señora y de San Josemaría. Ciertamente, se ha hecho fácil para cada uno, «encontrar y hacer su propio camino».

Esperamos repetir al año que viene.