El grupo de Eslovenia en la Cabaña de San Rafael

Mn. Feliu Torra, un sacerdote del Opus Dei, de Sabadell, pero que lleva años en Eslovenia, estuvo en Pallerols acompañando a unos jóvenes de aquel país. Nos resume su estancia con ese escrito.

Durante nuestra visita a Cataluña, tres estudiantes y dos curas quisimos seguir de manera especial los pasos de San Josemaría. Un momento clave en su trayectoria vital y en el crecimiento de la Obra fue precisamente aquel de gran angustia interior, cuando, huyendo del azote de la guerra civil, encontró refugio en una pequeña iglesia de Pallerols de Rialb.

Ramón, que nos recibió, nos ayudó a vivir profundamente ese lugar. Sus explicaciones y el interior excelentemente restaurado y conservado del refugio nos permitieron entrar en la angustia que sufría el hombre español de ese tiempo y en el drama interior que vivía san Josemaría, del que brotó para él una flor dorada de confirmación en la gracia, que sigue transformando el mundo hoy en día.

La turbulencia de aquellos tiempos nos fue aún más palpable durante el trayecto vivo e intenso hasta una pequeña cabaña de carboneros en el bosque, donde el grupo pasó algunos días en condiciones muy precarias.

El grupo de Eslovenia en la Cabaña de San Rafael

Nos conmovió especialmente la historia de cómo, incluso en esa vivienda humilde, colocaron una imagen de la Virgen María en un lugar destacado, y con qué seriedad cuidaban su vida interior en esas circunstancias. Intentamos imitarlos y, allí –rodeados por el canto de los pájaros y el zumbido de los insectos– tuvimos la gracia de participar en la celebración de la santa misa.

Durante la celebración de la Eucaristía en la Cabaña de San Rafael

 

Durante la celebración de la Eucaristía en la Cabaña de San Rafael

Estamos agradecidos a san Josemaría y al grupo de sus amigos por su ejemplo de coraje y fe, agradecidos al guía y a la organización que vela para que la experiencia sea inolvidable, y agradecidos también a la Virgen, que también a nosotros nos permite encontrar rosas que nos fortalecen en la decisión de entregar nuestra vida a Dios y a los demás.