Octavio Rico nos desvela los secretos del subsuelo

Como sabéis por la noticia de la Caminata de febrero, en Ares hicimos parada y fonda: una buena barbacoa. Y después de la «costillada»… ¿qué mejor postre que un poco de Geología?

La caminada de hoy, entre el valle de Cabó y Noves de Segre se podría decir que es la despedida del Mesozoico. Y es que, en efecto, estamos llegando ya al contacto con los materiales que forman el zócalo de la sierra pirenaica, lo que equivale a decir los terrenos más antiguos de la sierra pirenaica: los materiales del Paleozoico (también conocido como Era Primaria).

Llegados a este punto, conviene destacar un hecho geológico importante: los materiales del Mesozoico pertenecen al llamado ciclo orogénico alpino y forman parte de lo que se conoce como cobertera, en la cual predominan las rocas carbonatadas y mixtas (margas, principalmente). O sea, las rocas que hemos ido encontrándonos por todas partes desde que dejamos el barranco de la Ribalera.

Los materiales del Paleozoico, en cambio, pertenecen al llamado ciclo hercínico y han actuado como substrato durante el ciclo alpino. Este substrato forma como un zócalo, encima del cual aparecen dispuestos los estratos de la cobertera sedimentaria mesozoica y cenozoica, que forma algo parecido a una manta o alfombra arrugada sobre su sustrato.

Las sierras de la cobertera que hemos dejado atrás (Aubenç, Santa Fe,…), y la que tenemos delante de Organyà (la sierra de Prada) son, como ya sabemos, las llamadas sierras prepirenaicas. Estas sierras comprenden, en realidad, un conjunto de láminas de cabalgamiento que, en conjunto, forman la parte más externa de las unidades geológicas del Pirineo que han sufrido importantes desplazamientos. La sierra del Montsec, más hacia el oeste, es quizás el ejemplo más ilustrativo de estos tipos de unidades.

Pero volvamos a situarnos en el valle de Cabó, desde donde se inicia nuestra caminada.

Para apreciar mejor la geología de la cuenca de Organyà y de las sierras limítrofes, es conveniente apartarse un poco de nuestro itinerario y contemplar el paisaje desde una cierta distancia. Un excelente mirador lo tenemos al otro lado del Segre, en las proximidades de Fígols. Desde allí, y mirando hacia el oeste, podemos admirar una magnífica estampa del valle de Cabó (v. fig. 1), que casi habla por sí sola de la historia geológica de esta parte de la sierra pirenaica. Un buen momento también para observar de nuevo el corte geológico de la zona.

Las calizas de la sierra de Santa Fe (Cretácico superior) forman una barra blanca que se puede reconocer bien en la topografía (v. fig. 2). Esa formación descansa sobre materiales más blandos: las margas del valle de Cabó, que pertenecen al Cretácico inferior.

En conjunto, las calizas de Santa Fe forman un sinclinal, o sea, una estructura de plegamiento de forma cóncava, en cuyo núcleo aun se conserva una pequeña cantidad de margas azules. Precisamente estos últimos materiales contienen abundantes fósiles, entre los que destacan los restos de equínidos (erizos de mar, para entendernos), y de rudistas, un tipo de moluscos con forma de cucurucho que habitaban en ambientes litorales de arrecife.

Al norte de la sierra de Santa Fe, en el valle de Cabó, afloran principalmente las margas y calizas del Cretácico inferior (v. fig. 3), pero como se nos hizo de noche no pudimos apreciarlas bien. Ahora, ya con la luz del día, vemos que son materiales, a menudo nodulosos, de colores más bien oscuros, y fáciles de reconocer por la presencia de una fauna fósil característica.

En el valle de Cabó, son abundantes los ammonites (v. fig. 4), un tipo de moluscos que, al igual que los dinosaurios y otras muchas especies, dieron en estas aguas sus últimos coletazos… Y es que, como ya dijimos en otra ocasión, al finalizar el Cretácico (o sea, el último período del Mesozoico) se produjo una extinción masiva de muchísimas especies, entre las cuales desaparecieron los grandes reptiles. De ellos solo ha quedado, como recuerdo, la presencia de lagartos, lagartijas y de otros pequeños reptiles que no por canijos son menos peligrosos que los dinosaurios: nos referimos, sobre todo, a la víbora áspid (Vipera aspis) (v. fig. 5) ¡Mucho cuidadito con ella en los días calurosos de verano! Con estos animales no se juega…

Los materiales más antiguos de la cobertera, o sea, de las sierras marginales sudpirenaicas son los del Triásico, el período (anterior al Jurásico) más antiguo del Mesozoico. Estos materiales (arcillas, yesos y dolomías), de colores fuertemente rojizos, afloran a la altura del río Pallerols, muy cerca de Noves de Segre (v. fig. 6), aunque, la verdad, de noche no se ven demasiado bien… (ni siquiera con la ayuda de las linternas). En la próxima caminada las veremos mejor.

Como en las anteriores caminatas, también en esta se han podido contemplar los magníficos bosques que adornan estas montañas, especialmente en la vertiente de umbría, donde el pino rojo, el boj y la sabina crecen perfectamente aclimatados al ambiente, ya netamente montano, de la sierra de Prada (v. fig. 7).

Estamos ya entrando, como aquel que dice, en la franja septentrional de la comarca. A partir de aquí comenzaremos a ver por todas partes los característicos materiales de colores grisáceos (pizarras, principalmente) que anuncian los dominios del Paleozoico y el comienzo de las sierras interiores del Pirineo. Pero esta es otra historia que nos obligará a ir mucho más atrás en la escala de los tiempos geológicos. Y es que, ciertamente, el Pirineo es una cordillera con mucha más historia de la que habíamos visto hasta ahora… ¡Hasta pronto!

Nota.- Conectad con la noticia de la Caminata de este tramo