Siguiendo las huellas de San Josemaría Escrivá de Balaguer

La Caminata integral del Camino de Andorra que desde hace 4 años organiza el club juvenil Raier de Lleida, se inició la víspera de San Juan en Pallerols, para pasar la noche y empezar la ruta al día siguiente por la mañana. Los primeros en llegar fueron Pedro Júdez con Oriol Palet, de Terrassa, y Javier Jover, de Badalona. Llegaron también Carlos Royo con sus amigos del club Aneto de Zaragoza: José Ruíz de Temiño, un hermano suyo, Jesús Camín y Álvaro Palacio. Del club Raier, estábamos en Santi Arribas, su hijo Andreu, Fernando Abizanda, Àlex Gratacòs, los hermanos Jaureguízar, Javi y Tomy, Mn. Carlos Palos y Toni Cucurull. Cenamos juntos, después de que varios fueran a la cabaña de San Rafael, y celebramos San Juan con unas magníficas tortas llevadas por Santi y una buena petardada pactada con el vecino hasta las 11.00 de la noche.

El jueves 24, Misa pronto en la iglesia de Pallerols, y a caminar. Tomy se levantó con mucha fiebre y le dejamos en casa de unos buenos amigos de Organyà, Mariano y Luisa, que lo cuidaron espléndidamente hasta que lo recogieron sus padres. La salida la hicimos desde Peramola para evitar los problemas de acceso al coto de caza de la Arçosa y Montlleví. No nos paramos hasta la roca del Corb, donde nos explicaron los sucesos de la expedición de San Josemaría. Y nueva caminata hasta Santpou, donde comimos antes de iniciar el acceso a la Ribalera y la famosa canal de la Jaça, que nos hizo sudar de lo lindo. Una vez en Aubenç, encontramos bastante agua en la fuente del Prat y acampamos justo al lado, preparando una magnífica cena y una buena tertulia de campo con juegos y repasando los acontecimientos más significativos del día.

El viernes, la etapa fue mucho más suave. Bajamos Aubenç con mucha facilidad, contemplando las magníficas vistas de Valldarques, Organyà y hasta Ares. Una vez en la carretera de les Masies de Nargó, nos esperaban los vehículos para ir a comer y pasar la mañana en el río Rialb, donde Mn. Carlos nos llevó río arriba por unos lugares preciosos, con un agua cristalina y fresca que ayudó a recuperar fuerzas para el día siguiente. Por la tarde ya llegamos a Organyà, donde este año nos alojamos en el albergue de Santa Fe porque Fenollet estaba lleno. Como era viernes, se incorporaron un buen número del club Raier que subieron aquella noche: Jordi Ferraz con su hijo Marc, los hermanos Martí, Lluís y Carles, Gerard Roigé, Antonio Galicia y Pipo Margalef. La cena del albergue fue magnífica, así como el desayuno del día siguiente, después de la Misa que celebramos en la misma iglesia de Organyà. A todo esto tuvimos otra baja: Álvaro estaba con fiebre y sus padres le vinieron a buscar el sábado por la mañana desde Zaragoza.

Nos esperaba el día más duro. Era la fiesta de San Josemaría y teníamos que coronar el Coll de Santa Fe y la montaña de Ares, para luego bajar hasta Noves de Segre. La subida a Santa Fe se hizo con muy buen humor y bromas entre todos puesto que nos empezábamos a conocer. Una vez en el collado, leímos los sucesos más relevantes de la expedición de San Josemaría cuando emprendieron esta etapa y que están descritos en el libro Cruzando la Noche. La bajada hasta el río de Cabó fue muy divertida y algunos incluso hicieron una carrera. En el río, como había mucha agua, nos mojamos las camisetas, gorras, etc, y comimos algo de fruta y alimentos energéticos antes de emprender la dura ascensión a Ares. Hacía mucho calor y se hicieron muchas paradas. Finalmente, después de un duro y prolongado esfuerzo, lo conseguimos. Arriba, nos esperaba Pipo con unos impagables bocadillos y mucha fruta fresca. La bajada de Ares fue también muy dura, ya que pronto se puso a llover y durante tres horas no paró, hasta que llegamos bien empapados a Noves de Segre, donde nos pudimos duchar y secar la ropa en Cal Castellins, donde vive Montserrat Fusté, una buena amiga nuestra. Santi nos volvió a obsequiar con una magnífica cena, acabada la cual nos fuimos rápidamente a dormir para recuperar fuerzas.

Después de la Misa, que tuvimos en la misma iglesia de Noves, iniciamos la etapa de los ríos, y nunca mejor dicho, ya que la margen derecha del Segre estaba totalmente inundado y tuvimos que andar un buen rato descalzos entre el barro y el agua del río. Cruzamos los puentes del río de Aravell y atravesaremos el golf, para ir a comer en una zona con sombra y sobre un magnífico césped, delante del Golf, donde Jesús, Carlos y Pipo nos habían preparado unos bocadillos perfectos. El grupo de Lleida regresó a su casa después de comer, con un recuerdo imborrable del día y medio de travesía. Los otros emprendimos la marcha hasta el Collado de la Torre, a pesar de la tormenta que amenazaba. Muchos se encomendaron a San Josemaría, que nos dejó una tarde agradablemente fresca y viendo como llovía a todo nuestro alrededor (Ares, Sierra del Cadí, San Joan de l’Erm, …) y en cambio a nosotros no nos cayó ni una gota. En el collado, el ambiente era de fiesta. Pipo tenía las tiendas preparadas y como era la última noche tuvimos una tertulia muy larga, cantando canciones acompañadas a la guitarra por Pedro y Andreu.

El lunes, después de recogerlo todo, bajamos hacia el río de Civís con muy buen ritmo y sin dejar de contar chistes: Javi y Oriol nos sorprendieron con un inacabable repertorio. Nos esperaba la Cabra Morta, que después de todo lo que hemos hecho, es más fácil y entretenida. La subida hasta Mas d’Alins algunos la hicieron casi corriendo, emulando los fugitivos de la expedición del 37. Álvaro fue el más rápido. En Mas d’Alins nos esperaba Pipo con la furgo, que nos acompañó hasta el lugar donde Jesús nos tenía preparada la comida. Tuvimos que ir a toda prisa porque ya volvía a llover.

Finalmente, una vez en Andorra, tomamos unos refrescos para celebrar el éxito de la expedición, e incluso hicimos un canto de despedida en Organyà, donde teníamos algunos vehículos y demás material.

Pienso que no se puede empezar el verano de mejor manera.