Associació d'amics del camí de Pallerols de Rialb a Andorra
 
Caminata enero 2013
La primera Caminata del año 2013

 

El sábado 12 de enero hicimos la ruta desde el Pont del Codó, sobre el río de Valldarques -cerca las Masies de Nargó- hasta el Valle de Cabó, cerca de la casa de la Oliva.

 

En total fuimos 26 personas:

De Barcelona: Teo, Javier y Chus, José Juan, dos Jordis, Enrique, dos Nurias, Victoria, Emilio y Bea con su hija pequeña.

De Andorra: Francesc y Eloïsa,

Del Papiol: Albert y Gemma,

De Girona: Ramon, Josep, Pere, Eusebio, Antonio y Andrés,

De Lleida: Jordi, Mercè y su hija pequeña.

 

Hacia las 10:45 salimos del Pont del Codó, siguiendo la misma ruta que hizo la expedición de 1937 durante la noche del 29 de noviembre.

Esta expedición, en la que iba san Josemaría Escrivá de Balaguer, llegó al puente del Codó a las 12 de la noche del 28 de noviembre y llegó al Valle de Cabó hacia las 12 de la noche del 29, habiendo descansado en Fenollet desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde del mismo día 29. En total 24 horas, 12 andando y 12 de descanso.

Lo mismo hicimos nosotros, pero con otro horario: 6 horas de caminar y una de descanso en Fenollet, donde pudimos descansar y alimentarnos bien: un buen plato de macarrones, morcilla y ensalada, que Rosa nos preparó magníficamente.

En total anduvimos unos 13 Km, con un desnivel positivo de 750 metros y negativo de otros 750 metros.

             Una magnífica caminata: por la variedad del paisaje, los recuerdos de la historia que hay detrás de este camino, la buena compañía y el tiempo favorable que tuvimos.

 

              Adjuntamos unas descripciones de esta etapa que hacen Francisco Botella y Antoni Dalmases en sus diarios del año 1937. Están extraídas del libro "El pas dels Pirineus", de Jordi Piferrer, pp. 89 a 94. Pagès edicions, 2012.

 

Francisco Botella escribe:

El 29, pasado en el establo de la casa de campo, a donde llegamos bastante cansados y que esperábamos ver cerca con mucha ansiedad, fue aprovechado para dormir y descansar.

Había poca paja, para acostarnos con alguna menor incomodidad, y se nos trajo más al cabo de unas horas. En el pesebre colocamos nuestras mochilas y sentados en el suelo, nos alimentamos con unas judías que nos dieron, de las que tomamos bastantes. También tuvimos conejo y tortilla. Esto de la tortilla era una novedad: hacía mucho que habíamos gustado su sabor.

Mientras dormimos, tuvimos el acompañamiento de las campanillas del ganado, que estaba en un establo separado por una tosca puerta de nuestro dormitorio.

 

Y Antoni Dalmases explica:

Estamos cerca del final de esta etapa que es una casa [Fenollet], antes de llegar a la cual se adelantará el guía, como siempre en estos casos, y luego nos llamará. Nos conduce a un corral, nos tendemos en la paja y ahí quedamos dormidos. Es el lunes 29 de noviembre.

Hace trece horas que andamos. Alrededor de las diez em­pezamos a despertar. Comemos un poco, alguien se fricciona y cura los pies. Otros salen a tomar el sol, sentados o tendi­dos en un patio que hay en la salida del corral. Este tiene unos ocho metros de ancho y otros tantos de largo y los 27 que vamos lo llenamos del todo. Para salir hay que cuidar de no pisar a los que todavía duermen. El guía ha tenido que traer unos cestos de paja para esparcirla por el suelo, lo que hace que no se encuentre tan dura la cama. La patrona viene a averiguar lo que cada uno quiere para desayunar, pues el guía ha dicho que economicemos lo que llevamos, ya que después de esta casa ya no hallaremos otra para aprovi­sionarnos. Unos comen patatas, otros tortillas, pan, agua y vino. Un gran banquete. Luego yo me tiendo otra vez a des­cansar.

Mis nuevos amigos madrileños se entretienen en coger lo más indispensable de su equipo para tirar lo restante, que no pueden llevarlo. Camisas, calcetines, carteras, zapatos [...] todo queda allí. Algunas de estas prendas las aprovechamos, los que se ven con ánimo de llevarlas. El Padre da ánimos a todos. Su compañía inspira confianza a todos nosotros pues parece como si Dios le hubiese mandado. Un extraño magnetismo sale de él y a mí me ha impresionado profundísimamente.

A las dos aproximadamente traen la comida. Puestos en fila nos van repartiendo un enorme caldero de judías, luego otro de conejo. Es una comida espléndida, comemos con verdadera hambre. Afortunadamente todo es abundante, bueno y caliente.

Luego otra vez a dormir hasta las seis de la tarde que es cuando empiezan los preparativos para la partida. Ya a punto, rezamos el rosario en el suelo, pero antes de acabar­lo llega el guía y nos manda salir [...].

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