{"id":112722,"date":"2018-05-01T00:00:00","date_gmt":"2018-04-30T22:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/c69ee985-8446-4709-aac9-1db99b990513.xn--hek.dev\/lecturas-en-el-paso-de-los-pirineos-2-desde-aubenc-a-las-rocas-de-la-caubella\/"},"modified":"2024-02-18T20:32:26","modified_gmt":"2024-02-18T19:32:26","slug":"lecturas-en-el-paso-de-los-pirineos-2-desde-aubenc-a-las-rocas-de-la-caubella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pallerols-andorra.org\/es\/lecturas-en-el-paso-de-los-pirineos-2-desde-aubenc-a-las-rocas-de-la-caubella\/","title":{"rendered":"Lecturas en el Paso de los Pirineos 2: desde Aubenc\u0327 a las rocas de la Caubella"},"content":{"rendered":"<p><strong><font>Lee los documentos histo\u0301ricos en los lugares ma\u0301s significativos del Paso de los Pirineos<\/font><\/strong> <\/p>\n<p><strong><u>De Aubenc\u0327 a Fenollet (28-29.11.37)<\/u><\/strong><\/p>\n<p><strong>(Ver \u00ab<a href=\"http:\/\/www.pallerols-andorra.org\/noticia.asp?idioma=es&amp;ART_ID=715&amp;palabraClave=&amp;clave=&amp;menu1=NOTICIAS\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><font>Camino de Liberacio\u0301n<\/font><\/a>\u00ab, pp 83-91)<\/strong><\/p>\n<p>La bajada de Aubenc\u0327 es larga y dura. Bajan por senderos formados por los arrastres de troncos de a\u0301rboles de la explotacio\u0301n forestal de los bosques de la cara norte de la montan\u0303a de Aubenc\u0327. Muchos de aquellos troncos estaban atravesados y han de saltar por encima de ellos. Hay muchas cai\u0301das. Finalmente llegan a Fenollet hacia las seis de la man\u0303ana del di\u0301a 29.<\/p>\n<p>Diu <strong>Miguel Fisac<\/strong> en el <em>Diario<\/em> de l&#8217;any 1937: <\/p>\n<p>Estamos en terreno algo poblado por a\u0301rboles, sigue la hume\u00addad: algu\u0301n resbalo\u0301n, cai\u0301das, y tropiezos con ramas y troncos de a\u0301rboles que encontramos en el camino: una oscuridad casi absolu\u00adta, que hace muy difi\u0301cil distinguir y seguir al que camina delan\u00adte [<em>era la b<\/em><em>ajada hacia Auba\u0300s y les Masies de Nargo\u0301 por los carriles de arrastre de troncos del bosque<\/em>]. <\/p>\n<p>A media noche llegamos a una carretera [e<em>s l<\/em><em>a carretera que va de Coll de Nargo\u0301 a Isona<\/em>]. Dejamos la formacio\u0301n de fila india, en que de ordinario hemos hecho el recorrido, para formar en grupo compacto. Por la carretera andamos ma\u0301s de media hora a buena marcha, cruzamos varias veces un ri\u0301o que serpentea [<em>el <\/em><em>Ri\u0301o de Valldarques<\/em>]. A pesar de la escasez de luz, se nota que atravesamos una gargan\u00adta bastante fuerte [<em>el <\/em><em>Barranc de Valldarques<\/em>]: dejamos la carretera, y, a pocos metros de seguir un camino, hay que cruzar un riachuelo [<em>el <\/em><em>Ri\u0301o de Sallent<\/em>] con pasarelas de piedras poco seguras: los ma\u0301s se dan un pediluvio: en otras jor\u00adnadas, que habra\u0301 que darse cincuenta, esto ya no tendra\u0301 importan\u00adcia [<em>u<\/em><em>na nueva sen\u0303al que el Diario se escribio\u0301 unos di\u0301as despue\u0301s, durante la estancia en Andorra<\/em>]. <\/p>\n<p>Dejamos el camino desagradable y con piedras y barro para subir una cuesta sin una mala senda siquiera [s<em>ubida a Cases y a la ermita de Sant Jaume<\/em>]. Descansamos cerca de una hora. El gui\u0301a duerme, acurrucado en su manta. Los dema\u0301s nos helamos.<\/p>\n<p>Seguimos subiendo [<em>subida a Comalavall<\/em>]. Llevamos ma\u0301s de ocho horas andando.<\/p>\n<p>Mucho despue\u0301s de lo que hubie\u0301ramos deseado, llego\u0301 el pajar; mejor dicho, el aprisco techado [<em>Fenollet<\/em>]; y despue\u0301s de esperar un pequen\u0303o rato a que el gui\u0301a pidiera permiso a los duen\u0303os para poder parar alli\u0301 lo que quedaba de noche, que era bien poco, y todo el di\u0301a siguiente, entramos: tomamos un poco de morcilla y pan, de lo que lleva\u0301bamos de repuesto, y nos dispusimos a dormir al arrimo del ganado, que en otro departamento inmediato al nuestro estaba.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Antoni Dalmases<\/strong> escrivia al seu Diari (1937): <\/p>\n<p>Silenciosamente dejamos los prados y entramos en el bosque. La oscuridad es tan grande que no se ve ma\u0301s que la silueta del compan\u0303ero que va delante a un paso de distancia, luego tenemos que cogernos con los bastones para no perdernos. Cada hora paramos unos minutos para descansar y beber o, mejor, mojarnos la boca. Como no se ve do\u0301nde se colocan los pies, se colocan mal y duelen y se magullan terriblemente.<\/p>\n<p>Del bosque pasamos a unas regiones desoladas que no tienen ma\u0301s que piedras y que acaban de destrozar los pies. A lo lejos a nuestra derecha se ven las luces de un pueblo [<em>teni\u0301a que ser Les Masies de Nargo\u0301 o bie\u0301n Coll de Nargo\u0301<\/em>]. <\/p>\n<p>Se acaba el llano y descendemos por el bosque a un ri\u0301o [<em>el Ri\u0301o de Valldarques<\/em>]. Pasamos un puente y despue\u0301s de e\u0301l, paramos para comer un po\u00adco. Yo co\u0301mo un huevo y pan, y enseguida reemprendemos la marcha. Subimos por un declive suave hasta una carretera. Esto es algo peligroso. Al llegar nos reu\u0301ne el gui\u0301a y nos hace formar un peloto\u0301n de tres en fondo y avanzar a paso li\u00adgero por la carretera, prontos para saltar a la maleza si se ve algu\u0301n coche. Vamos casi corriendo. Pasamos un puente. Se ve una casa y silenciosamente nos acercamos a ella. Nuestros nervios esta\u0301n en tensio\u0301n hasta que dejamos la carretera y volvemos al monte. Lo que hemos hecho es muy peligroso pero con ello hemos salvado una montan\u0303a que, de haber tenido que escalar, habri\u0301amos tardado mucho tiempo. El ri\u0301o mete un rui\u00addo formidable y pronto llegamos a e\u0301l y nos avisan que nos descalcemos. Asi\u0301 lo hacemos todos y con alpargatas calceti\u00adnes y vendas colgando del cuello, pasamos el ri\u0301o con agua hasta la pantorrilla [<em>e<\/em><em>ra el Ri\u0301o de Sallent<\/em>].<\/p>\n<p>El agua esta\u0301 helada pero al pie le va muy bien pues los refresca y limpia, a pesar de que los guijarros se clavan como cuchillos.<\/p>\n<p>En el otro lado nos calzamos y, sin entretenernos, otra vez empezamos a andar. El cansancio se nota y la debilidad au\u0301n ma\u0301s. Deben ser las doce. Delante de nosotros se levanta una montan\u0303a enorme pero vieja [<em>Comalavall<\/em>], que nos promete una ascensio\u0301n pesada pero no peligrosa. Es todo matorral. Cuando nos para\u00admos la mayori\u0301a se duerme a pesar de hacer un fri\u0301o ma\u0301s que regular y llevar los pies mojados porque el suelo tambie\u0301n lo esta\u0301. Descansamos todos so\u0301lo unos minutos, pero los hay que llegan a son\u0303ar en voz alta. Yo lo hago pero sin llegar a dormir. Suen\u0303o cosas absurdas y estu\u0301pidas. Hace ya veinticuatro horas que no dormimos y diez que no comemos, y siete que andamos en las condiciones ma\u0301s penosas que pueden imaginar\u00adse.<\/p>\n<p>                      <a><strong><u>Descanso en Fenollet<\/u><\/strong><\/a><strong><u> (29.11.37)<\/u><\/strong><\/p>\n<p><strong>Francisco Botella<\/strong> escribe en el <strong>Diario<\/strong> del an\u0303o 1937: <\/p>\n<p>El 29, pasado en el establo de la casa de campo, a donde llegamos bastante cansados y que espera\u0301bamos ver cerca con mucha ansiedad, fue aprovechado para dormir y descansar.<\/p>\n<p>Habi\u0301a poca paja, para acostarnos con alguna menor incomodidad, y se nos trajo ma\u0301s al cabo de unas horas. En el pesebre colocamos nuestras mochilas y sentados en el suelo, nos alimentamos con unas judi\u0301as que nos dieron, de las que tomamos bastantes. Tambie\u0301n tuvimos conejo y tortilla. Esto de la tortilla era una novedad: haci\u0301a mucho que habi\u0301amos gustado su sabor.<\/p>\n<p>Mientras dormimos, tuvimos el acompan\u0303amiento de las campanillas del ganado, que estaba en un establo separado por una tosca puerta de nuestro <em>dormitorio<\/em>; establo que adema\u0301s era retrete, por cierto, muy higie\u0301nico.<\/p>\n<\/p>\n<p>El mismo <strong>Francisco Botella<\/strong> (1975), despue\u0301s de resumir en muy pocas palabras el camino de Aubenc\u0327 a Fenollet, dice:<\/p>\n<p>Al amanecer, ya coronado el Obens y despue\u0301s de descender unas horas, llegamos cerca de unas casas. Otro paro\u0301n y a esperar, sentados en el suelo un rato, mientras se despla\u00adzan para investigar si lo previsto no tiene contratiempos. Nos llevaron luego a un establo, donde habi\u0301a animales dis\u00adtintos: caballeri\u0301as, ovejas, gallinas&#8230; Y a acomodarse en\u00adtre estos habitantes. Aqui\u0301 teni\u0301amos que pasar el di\u0301a y reponer fuerzas. Estamos en el di\u0301a 29 de noviembre. Antonio ha\u00adbi\u0301a desaparecido.<\/p>\n<p>El Padre llamo\u0301 a Juan y hablaron un poco. Lo primero que hizo, enseguida, fue comulgar y sumir las Sagradas Formas. Estaba preocupado, porque, aunque la gente que veni\u0301a con nosotros era buena, teni\u0301a poqui\u0301sima formacio\u0301n. Y se oi\u0301a alguna blasfemia. Decidio\u0301, por eso, que el Sen\u0303or Sacramen\u00adtado no nos acompan\u0303ase ma\u0301s. Luego Juan atendio\u0301 al Padre. Llevaba los pies y el calzado destrozado. Trajo agua y le dio algu\u0301n ban\u0303o con alguna medicina, y no faltaron los salicilatos. A continuacio\u0301n le arreglo\u0301 con un alambre que encontro\u0301, las suelas que ya estaban muy sueltas. Y tomo\u0301 unos alambres de reserva, para el resto del viaje.<\/p>\n<p>Cuando empeza\u0301bamos a descansar un rato, el Padre se puso a organizar los pocos enseres que trai\u0301amos y nos invito\u0301 a ayudarle: pareci\u0301a que i\u0301bamos a estar alli\u0301 muchos di\u0301as. Pedro con su buen humor y con esa gracia con la que lograba aunar el respeto al Padre con la confianza filial y carin\u0303osa, sostuvo uno de esos dia\u0301logos sabrosos, que nos divirtieron. El Padre se rei\u0301a y se referi\u0301a a esa actitud de confianza de Pedro, que el mismo Padre fomentaba. Pero estamos cansados y tratamos de dormir algo. No creo que llega\u0301ramos a dormir porque el mismo cansancio y los ruidos de nuestros vecinos del establo lo impidieron.<\/p>\n<p>Por lo menos conseguimos un poco de relajamiento, tumbados sobre aquel suelo sucio, como lo haci\u0301an a nuestro lado los animales. Hicimos las Normas. <\/p>\n<p>Nos dieron comida, de campo y elemental, pero es\u00adte di\u0301a comimos mejor que los anteriores y por supuesto que el resto que se avecinaba. Fue el u\u0301nico di\u0301a que comimos bien porque la prepararon las mujeres que vivi\u0301an en aquella masi\u0301a.<\/p>\n<p><strong>Antoni Dalmases<\/strong>, en su escrito de 1937, cuenta: <\/p>\n<p>Estamos cerca del final de esta etapa que es una casa [<em>Fenollet<\/em>], antes de llegar a la cual se adelantara\u0301 el gui\u0301a, como siempre en estos casos, y luego nos llamara\u0301. Nos conduce a un corral, nos tendemos en la paja y ahi\u0301 quedamos dormidos. Es el lunes 29 de noviembre.<\/p>\n<p>Hace trece horas que andamos. Alrededor de las diez em\u00adpezamos a despertar. Comemos un poco, alguien se fricciona y cura los pies. Otros salen a tomar el sol, sentados o tendi\u00addos en un patio que hay en la salida del corral. Este tiene unos ocho metros de ancho y otros tantos de largo y los 27 que vamos lo llenamos del todo. Para salir hay que cuidar de no pisar a los que todavi\u0301a duermen. El gui\u0301a ha tenido que traer unos cestos de paja para esparcirla por el suelo, lo que hace que no se encuentre tan dura la cama. La patrona viene a averiguar lo que cada uno quiere para desayunar, pues el gui\u0301a ha dicho que economicemos lo que llevamos, ya que despue\u0301s de esta casa ya no hallaremos otra para aprovi\u00adsionarnos. Unos comen patatas, otros tortillas, pan, agua y vino. Un gran banquete. Luego yo me tiendo otra vez a des\u00adcansar.<\/p>\n<p>Mis nuevos amigos madrilen\u0303os se entretienen en coger lo ma\u0301s indispensable de su equipo para tirar lo restante, que no pueden llevarlo. Camisas, calcetines, carteras, zapatos <em>&#8230;<\/em> todo queda alli\u0301. Algunas de estas prendas las aprovechamos, los que se ven con a\u0301nimo de llevarlas. El Padre da a\u0301nimos a todos. Su compan\u0303i\u0301a inspira confianza a todos nosotros pues parece como si Dios le hubiese mandado. Un extran\u0303o magnetismo sale de e\u0301l y a mi\u0301 me ha impresionado profundi\u0301simamente.<\/p>\n<p>A las dos aproximadamente traen la comida. Puestos en fila nos van repartiendo un enorme caldero de judi\u0301as, luego otro de conejo. Es una comida esple\u0301ndida, comemos con verdadera hambre. Afortunadamente todo es abundante, bueno y caliente. <\/p>\n<p>Luego otra vez a dormir hasta las seis de la tarde que es cuando empiezan los preparativos para la partida. Ya a punto, rezamos el rosario en el suelo, pero antes de acabar\u00adlo llega el gui\u0301a y nos manda salir. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<p>Siendo yo catala\u0301n, me toca a mi convencer a los de Le\u0301rida para conseguir que los madrilen\u0303os vayan delante, pues son los que se cansan ma\u0301s. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<\/p>\n<h5>    <a><u>Tercera noche: de Fenollet a Borda de Conorbau o Barida\u0300 (di\u0301as 29-30.11.37)<\/u><\/a><\/h5>\n<p><a><strong>La subida al pueblo de Ares<\/strong><\/a><strong> y Bordeta de Conorbau<\/strong><\/p>\n<p>                        <strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb, pp 91-103 i 253-258)<\/strong><\/p>\n<p>Salieron de Fenollet a les seis de la tarde. <strong>Paco Botella<\/strong> escribi\u0301a en el <strong>Diario<\/strong> del an\u0303o 1937: <\/p>\n<p>Hacia las cinco de la tarde, nos avisan para prepararnos para partir: pero se retraso\u0301 bastante, pues habi\u0301an llegado unas personas aje\u00adnas a la casa y habi\u0301a que esperar a que se fueran.<\/p>\n<p>Llevamos menos carga en las mochilas; para facilitar el viaje, que al final de las etapas era bastante pesado, hemos dejado en la masi\u0301a la mayor parte de la ropa, zapatos y dema\u0301s. Tenemos pues, solamente lo indispensable. Tambie\u0301n dio alli\u0301 Ricardo unas fricciones a las piernas y pies doloridos del Padre, despue\u0301s de un buen ban\u0303o de agua caliente y salada.<\/p>\n<p>Por fin, hemos salido a las seis y cuarto. Fri\u0301o sentimos al salir de nuestro dormitorio. Se forma la mono\u0301tona fila consabida, dispuestos a andar horas, \u00a1ya veremos cua\u0301ntas! En la dispo\u00adsicio\u0301n de la fila, nos colocamos convenientemente para que nos sirvamos de ayuda unos otros.<\/p>\n<p>A los pocos minutos de ir por un pomposamente llamado ca\u00admino por el gui\u0301a, -que en realidad es una mala senda-, hace el hombre una sen\u0303al y nos recomienda silencio extremado. <\/p>\n<p>Una vez de que el gui\u0301a se ha cerciorado de que no hay nadie, continuamos nuestra marcha, que tras una media hora de andar por la senda dicha, se transforma en una subida bastante violenta [<em>la <\/em><em>Canal<\/em><em> del Grau del Fangueret <\/em>] que dura una hora y durante la cual descansamos cerca de un riachue\u00adlo [e<em>l agua<\/em><em> que bajaba por la canal<\/em>], donde bebemos con bastante ansiedad.<\/p>\n<p>Hemos llegado a la cumbre del monte que escalamos [e<em>s el <\/em><em>Coll de Santa Fe<\/em>], y, tras un descanso, iniciamos la bajada. Esta bajada es molesta, pues los a\u0301rboles no dejan pasar luz alguna [<em>bajaban por el bosque<\/em>] y no se ve ningu\u0301n camino. Seguimos al gui\u0301a muy juntos unos a otros; y, au\u0301n asi\u0301, nos es muy difi\u0301cil andar por alli\u0301. Se ve un valle muy profundo; nos dice el gui\u0301a que hay que bajar hasta el ri\u0301o, que va por el fondo, y subir por el otro monte [<em>la montan\u0303a de Ares<\/em>] que es ma\u0301s alto que el que bajamos ahora. Nos asustamos un poco. Bajamos mucho y resbalamos mucho.<\/p>\n<p>Hacia las ocho menos cuarto divisamos, por entre los a\u0301rboles ya menos espesos, el pueblo de Fi\u0301gols [<em>en realidad debi\u0301a ser Organya\u0300<\/em>]. Despue\u0301s oi\u0301mos las ocho campanadas del reloj de ese pueblo.<\/p>\n<p>Continuamos la bajada del monte Cabo\u0301 y, a las diez llegamos al valle y muy cerca de un puesto de carabineros. Mucho silencio, y seguimos la carretera durante un cuarto de hora. Este trozo es bastante peligroso, segu\u0301n afirma el gui\u0301a. Despue\u0301s de dejar la carretera, nos internamos por unas sen\u00addas que, pasando por casas de campo, conducen al ri\u0301o. Tambie\u0301n ha sido peligroso este rato, pues los perros nos saludaban al pasar cerca de esas casas [<em>La Oliva de Cabo\u0301<\/em>].<\/p>\n<p>Iniciamos la subida al monte Ares, a las doce menos cuarto (noche); y empezamos a escalar una pendiente sin camino, que hay que subir a gatas. Pero a los veinte minutos [<em>e\u0301s exactament aixi\u0301<\/em>] llegamos a una senda [<em>el c<\/em><em>amino antiguo de Ares<\/em>], que nos llevara\u0301 hasta la cumbre. La ascensio\u0301n penosa dura tres horas. Es muy dura la ascensio\u0301n.<\/p>\n<p>Por espacio de tres horas, muchas veces nos parece que esta\u0301 la cumbre cerca; pero nos desilusionamos cuando, al llegar a la supuesta cumbre, aparece otra subida y se vislumbra otra cumbre ma\u0301s. Paciencia, y a continuar. En el fondo se ve el pueblo de Fi\u0301\u00adgols [<em>debe ser Organya\u0300<\/em>], que divisamos al bajar el monte Cabo\u0301, y ya vemos por debajo de nuestra altura a ese monte. Muy pronto no veremos nada, porque una niebla nos separa del valle.<\/p>\n<p>Por fin, divisamos una casa de campo [<em>l<\/em><em>a primera casa del pueblo de Ares es Cal Fiter; antes encuentran el corral de Cal Fiter<\/em>]. El gui\u0301a nos dice que esperemos, pues va a buscar a otro emboscado que por alli\u0301 esta\u0301 y que ha de venir con nosotros. Nos sentamos y liamos en las man\u00adtas. El fri\u0301o es muy intenso. A los veinte minutos, viene el gui\u0301a y nos entra en el establo de la casa, donde estamos hora y media y donde nos dormimos.<\/p>\n<p>Continuamos la subida, y, a la media hora, estamos en la cumbre. Iniciamos la bajada. El gui\u0301a nos dice que la casa a donde nos dirigimos esta\u0301 a media hora.[<em>&#8230;<\/em>] Son las seis y media. Ha sido una jornada larga y pesada. En la casa, [<em>la <\/em><em>Borda<\/em><em> de Conorbau o Bordeta espatllada de Barida\u0300<\/em>] nos acomodamos todos nosotros en un cuartito, que proba\u00adblemente seri\u0301a conejera, y nos tumbamos dispuestos a descansar. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas<\/strong> (1980) ho recordaria aixi\u0301: <\/p>\n<p>El lunes, 29, ya de noche, a las seis de la tarde, arrancamos de Fenollet. Muy cerca de la finca, empieza la subida a la montan\u0303a de Santa Fe. En poco ma\u0301s de una hora, remontamos un desnivel de unos 300 metros y cruzamos entre los dos picos principales de esta montan\u0303a. En el que quedaba a nuestra derecha, esta\u0301 la ermita de Santa Fe. Sigue una bajada fuerte, por el lado norte en un terreno de canto rodado muy inco\u0301modo. Dejamos el pueblo de Pujal a la derecha, atravesamos el camino de Organ\u0303a\u0301 a Cabo\u0301 -zona fa\u0301cil de vigilar- y, cerca de la masi\u0301a Oliva, que queda a la izquierda, pasamos el ri\u0301o Cabo\u0301 frente a la montan\u0303a de Ares. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<p>En lo alto de la montan\u0303a, a unos 1.500 metros de altitud junto al pueblo de Ares, paramos en un corral [<em>el <\/em><em>Corral de Cal Fiter<\/em>], esperando a uno que se uni\u0301a a la expedicio\u0301n o a alguno de los paqueteros del contrabando. Se pudo descansar como una media hora, que era imprescindible, porque la subida habi\u0301a sido una paliza, para muchos, ma\u0301s agotadora que la de la noche anterior. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<p>El camino del bosque era casi todo bajada, aunque muy inco\u0301modo. Primero un poco al norte -Sierra de Prada-, para bordear el barranco de Fontanella y luego hacia el este. Llegamos todavi\u0301a de noche a un corral de ganado que pareci\u0301a aislado en el campo. No sabi\u0301amos do\u0301nde esta\u0301bamos. Despue\u0301s nos hemos enterado de que lo llamaban el corral de Barida\u0301 [<em>la <\/em><em>Borda<\/em><em> de Conorbau o Bordeta espatllada de Barida\u0300<\/em>]. Ya de di\u0301a vimos que esta\u0301bamos en un sitio llano con praderas.<\/p>\n<p>A menos de medio kilo\u0301metro se vei\u0301a una casa, y un poco ma\u0301s cerca otra \u00ad-Conorbau- y tapias de ganado. Al parecer, esta\u0301bamos en uno de los nu\u0301cleos de concentracio\u0301n de emboscadas que reuni\u0301a condiciones especialmente favorables para esconderse. Esta\u0301 en alto, a unos 1.200 metros. Hacia el oeste el monte alcanza a1ti\u0301tudes de 1.700 a 1.800 metros, que seguramente eran un buen sitio para huir en caso de alarma. Adentra\u0301ndose un poco en aquel bosque, se encuentra un dolmen bien oculto por el ramaje. <\/p>\n<p>Con mucho detalle, <strong>Antonio Dalmases<\/strong> habi\u0301a escrito el an\u0303o 1937: <\/p>\n<p>Empieza la tercera etapa. [<em>&#8230;<\/em>] Frente nuestro, hay una gran montan\u0303a [<em>la montan\u0303a de Santa Fe<\/em>] que vamos subiendo lentamente por un caminito en zig-zag [<em>la <\/em><em>Canal<\/em><em> del Grau del Fangueret<\/em>]. <\/p>\n<p>Al pasar por debajo de una cascada, la mayori\u0301a se mojan los pies y el cuerpo. La pendiente es muy fuerte y llena de cantos rodados que la hacen muy peligrosa; hay que mirar muy bien do\u0301nde se ponen los pies, cosa que puede hacerse porque la noche es muy clara.<\/p>\n<p>Cuando hemos llegado a la cumbre [<em>de la montan\u0303a de Santa Fe<\/em>], las cosas cambian del todo. Delante nuestro hay un gran valle [<em>el Valle de Cabo\u0301<\/em>] en cuya travesi\u0301a he\u00admos de invertir ocho horas. Pronto entramos en un bosque tan espeso, que para no perdernos tenemos que cogernos los unos a los otros. Al fondo se ven las luces de un pueblo [<em>Organya\u0300<\/em>]. Vamos en silencio, pues sabemos que hoy han visto carabineros por el valle. Pronto viene la orden, \u00a1arriba los bastones! y el silencio es mayor si cabe. Siento co\u0301mo la humedad me va subiendo por las piernas. El camino es bueno y blando. Asi\u0301 andaremos tres o cua\u00adtro horas siempre igual, con breves descansos, hasta el fondo del valle, con el correspondiente ri\u0301o [<em>el Ri\u0301o de Cabo\u0301<\/em>], que hay que an\u00addar descalzos. Luego a subir por un monte pelado [<em>la montan\u0303a de Ares<\/em>]. Empezamos, bien satisfechos de cambiar y haber salido de aquel bosque horrible, pero pronto el cansancio se nota. Parece que no ha de acabar nunca esta subida. El fri\u0301o del agua deja los pies ateridos. Nos paramos cada quince o veinte minutos. La sed nos tortura. Yo voy chupando mis manzanas, entreteniendo un trozo en la boca tanto tiempo como me es posible. <\/p>\n<p>Circulan las botas y la botella de con\u0303ac, pero el vino pronto se acaba y el sufrimiento aumenta, adema\u0301s a medida que vamos subiendo, el fri\u0301o es ma\u0301s fuerte; cuatro horas dura este calvario. En la cima hay una casa [<em>como hemos dicho antes, l<\/em><em>a primera casa que se encuentra en el pueblo de Ares es Cal Fiter y su corral<\/em>], donde hemos de reco\u00adger a un muchacho y, mientras le esperamos, entramos en la cuadra. Alli\u0301, sobre la paja y entre los animales dormidos, comemos un poco. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<p>Ahora si\u0301 que hace fri\u0301o. Nos estremecemos y tiritamos. Silba el viento. [<em>&#8230;<\/em>] Empieza a amanecer y el suelo esta\u0301 completamente blanco de escarcha; una balsa que encontramos tiene una capa de hielo que cuesta romper para poder beber en ella.Estamos ahora a vista de Seo de Urgel y la claridad es ya grande; apretamos el paso y pronto llegamos a las sie\u00adte de la man\u0303ana a una casa abandonada que ha de cobijarnos hoy [<em>la <\/em><em>Borda<\/em><em> de Conorbau, desde donde se ve la Seu d&#8217;Urgell<\/em>]. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<p>Entramos y vemos la casa que no tiene ma\u0301s que un standard de un piso abandonado. Cada uno busca un sitio donde tenderse, yo como un poco, cambio el calzado y me tiendo en un pesebre: no puedo moverme pero estoy relativamente bien, hay unas ramas que me sirven de colcho\u0301n, la mochila para apoyar la cabeza y la manta y el pluma para taparme. Las o\u0301rdenes para hoy son severi\u0301simas, no podemos hablar alto ni salir de la casa. Pronto el cansancio me vence y despue\u0301s de las catorce horas que hemos andado, mi lecho me parece una cama de verdad. [<em>&#8230;<\/em>] Aquel di\u0301a fue largui\u0301simo, pues lo pasamos viviendo y durmiendo en un establo oscu\u00adro y con mal olor. Vei\u0301amos la luz del di\u0301a so\u0301lo por una ven\u00adtana que nos dejaba ver Seo de Urgel, con sus miles de cara\u00adbineros vigilando[<em>&#8230;<\/em>] y las cumbres nevadas de An\u00addorra, nuestra tierra de promisio\u0301n. <\/p>\n<p><strong>Paco Botella<\/strong> (1975) recuerda:<\/p>\n<p>Antonio fue profundizando entre la maleza, y el terreno hasta ahora llano, fue hacie\u0301ndose empinado y cada vez ma\u0301s pendiente. Veni\u0301a el tiempo de subir, fueron tres horas de esfuerzo, siempre arriba. Estas horas dejaron huella en nuestra memoria. [<em>&#8230;<\/em>]<\/p>\n<p>El monte era alto, el ma\u0301s alto de nuestra caminata [<em>la mo<\/em><em>ntan\u0303a de Ares<\/em>]. \u00a1Que\u0301 u\u0301ltima hora pasamos, en esta subida al monte! Recuerdo que fueron ma\u0301s de tres horas de subida dura. Esta\u0301bamos en una planicie, sin proteccio\u0301n, haci\u0301a fri\u0301o. [&#8230;]<\/p>\n<p>Nos condujeron a una edificacio\u0301n baja, pequen\u0303a; dentro habi\u0301a restos de paja y de pienso. Era un depo\u0301sito de alimentos para el ganado [<em>el Corral de Cal Fiter, de Ares<\/em>]. Antonio habi\u0301a ido a ver si podi\u0301amos ocuparla, cuando nos dejo\u0301 sin explicacio\u0301n alguna y como siempre, luego daba luz verde para que pudie\u0301ramos seguir sus planes: ahora se trataba de descansar un rato. Creo que seri\u0301a una hora la que tuvimos de alivio, tumbados y con buena temperatura. Luego a continuar.<\/p>\n<p>Ahora bajamos por la otra ladera, fa\u0301cil, sin esfuerzo, pero descendi\u0301amos un tanto atontados por el fri\u0301o y el cansancio [<em>&#8230;<\/em>] La luna alumbraba bastante, nos senti\u0301amos seguros, porque no habi\u0301a bosque y se divisaba una zona amplia de terreno [<em>&#8230;<\/em>] Segui\u0301amos una senda tosca, pero era senda [<em>&#8230;<\/em>] Llegamos a una casita [<em>la <\/em><em>Borda<\/em><em> de Conorbau<\/em>], con la luz del nuevo di\u0301a, 30 de noviembre. La puerta estaba cerrada, pero para Antonio no habi\u0301a obsta\u0301culos: subio\u0301 a la ventana en un periquete, forzo\u0301 la madera y entro\u0301. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>       <u>Di\u0301as 29 &#8211; 30 de noviembre de 1937<\/u> <\/strong><\/p>\n<p><strong>Ares &#8211; Borda de Conorbau &#8211; Casa de Barida\u0300 <\/strong><\/p>\n<p><strong>                (Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb, pp 91-103 i 259-263)<\/strong><\/p>\n<p><em>                                  <\/em><\/p>\n<p><em>                                    <\/em><strong><u>En<\/u><\/strong><u><strong> la Borda de Conorbau<\/strong><\/u><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan J.V., 1980         <\/strong>            <\/p>\n<p>            El camino del bosque era casi todo bajada, aunque muy inco\u0301modo. Primero un poco al norte -Sierra de Prada-, para bordear el barranco de Fontanella y luego hacia el este. Llegamos todavi\u0301a de noche a un corral de ganado que pareci\u0301a aislado en el campo. No sabi\u0301amos do\u0301nde esta\u0301bamos. Despue\u0301s nos hemos enterado de que lo llamaban el corral de Barida\u0301 <strong>(Bordeta espatllada de Barida\u0300 o Borda de Conorbau)<\/strong>. Ya de di\u0301a vimos que esta\u0301bamos en un sitio llano con praderas.<\/p>\n<p>A menos de medio kilo\u0301metro se vei\u0301a una casa, y un poco ma\u0301s cerca otra \u00adConorbau- y tapias de ganado. Al parecer, esta\u0301bamos en uno de los nu\u0301cleos de concentracio\u0301n de emboscadas que reuni\u0301a condiciones especialmente favorables para esconderse. Esta\u0301 en alto, a unos 1.200 metros. Hacia el oeste el monte alcanza a1ti\u0301tudes de 1.700 a 1.800 metros, que seguramente eran un buen sitio para huir en caso de alarma. Adentra\u0301ndose un poco en aquel bosque, se encuentra un dolmen bien oculto por el ramaje.\u00bb  <\/p>\n<p><strong>            <\/strong><\/p>\n<p><strong>Antoni Dalmases, 1937<\/strong><strong>            <\/strong>            <\/p>\n<p>           Estamos ahora a vista de Seo de Urgel y la claridad es ya grande; apretamos el paso y pronto llegamos a las sie\u00adte de la man\u0303ana a una casa abandonada que ha de cobijarnos hoy (<strong>Borda de Conorbau, des d&#8217;on es veu la Seu d&#8217;Urgell<\/strong>). Entramos y vemos la casa que no tiene ma\u0301s que un standard de un piso abandonado. Cada uno busca un sitio donde tenderse, yo como un poco, cambio el calzado y me tiendo en un pesebre: no puedo moverme pero estoy relativamente bien, hay unas ramas que me sirven de colcho\u0301n, la mochila para apoyar la cabeza y la manta y el pluma para taparme. Las o\u0301rdenes para hoy son severi\u0301simas, no podemos hablar alto ni salir de la casa. Pronto el cansancio me vence y despue\u0301s de las catorce horas que hemos andado, mi lecho me parece una cama de verdad. Aquel di\u0301a fue largui\u0301si\u00admo, pues lo pasamos viviendo y durmiendo en un establo oscu\u00adro y con mal olor. Vei\u0301amos la luz del di\u0301a so\u0301lo por una ven\u00adtana que nos dejaba ver Seo de Urgel, con sus miles de cara\u00adbineros vigilando y las cumbres nevadas de An\u00addorra, nuestra tierra de promisio\u0301n.\u00bb <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Fco. Botella, 1975<\/strong>       <\/p>\n<p>            Ahora bajamos por la otra ladera, fa\u0301cil, sin esfuerzo, pero descendi\u0301amos un tanto atontados por el fri\u0301o y el cansancio. . .  La luna alumbraba bastante, nos senti\u0301amos seguros, porque no habi\u0301a bosque y se divisaba una zona amplia de terreno. . .  Segui\u0301amos una senda tosca, pero era senda. . .  Llegamos a una casita (<strong>Borda de Conorbau<\/strong>), con la luz del nuevo di\u0301a, 30 de noviembre. La puerta estaba cerrada, pero para Antonio no habi\u0301a obsta\u0301culos: subio\u0301 a la ventana en un periquete, forzo\u0301 la madera y entro\u0301.\u00bb <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Francisco Botella<\/strong> &#8211; <strong>Diari, 1937<\/strong><\/p>\n<p><strong>            <\/strong>Son las seis y media. Ha sido una jornada larga y pesada. En la casa <strong>(Bordeta espatllada de Barida\u0300, o Borda de Conorbau)<\/strong>, nos acomodamos todos nosotros en un cuartito, que proba\u00adblemente seri\u0301a conejera, y nos tumbamos dispuestos a descansar. \u00a1Que\u0301 dura esta\u0301 la cama! sin paja, y so\u0301lo con unas ramas secas en el suelo, se esta\u0301 francamente mal. El <strong>Padre<\/strong> no duerme nada.<\/p>\n<p>            No tenemos comida tampoco: para dos di\u0301as el gui\u0301a trae pan (uno solo); un queso pequen\u0303o, para todos; y un chorizo tambie\u0301n pequen\u0303o. Total, ochenta y seis pesetas. El queso es del taman\u0303o de un plato de cafe\u0301. Nos distribuimos equitativamente las vituallas y resulta ridi\u0301cula la cantidad de que disponemos para dos di\u0301as. \u00a1Paciencia y a\u0301nimo! \u00a1Con las energi\u0301as que se gastan con tantas horas de marcha!<\/p>\n<p>           Muchas cai\u0301das y muchos tropezones. Tenemos los pies magullados; y solo ante el cansancio enorme nos dormimos algunos un poco. El vino es lo que nos calienta un tanto, pues el fri\u0301o es muy intenso. El <strong>Padre<\/strong> cuenta sus cai\u0301das: \u00a1<strong>son muchas, muchas<\/strong>!; recibidas siempre con buen humor: \u00ab\u00a1\u00a1<strong>veintise\u0301is<\/strong>!!, \u00a1\u00a1<strong>veintinueve<\/strong>!!\u00bb Las vamos contando. Pensando en nuestra labor que se avecina, se lleva todo con tranquilidad y alegri\u0301a. Pero es una paliza muy fuerte.<\/p>\n<p>           Comemos parcamente y nos calentamos tambie\u0301n parcamente. En estas jornadas llenas de molestias, cansancio, suen\u0303o&#8230; y hambre, es muy difi\u0301cil poder seguir nuestra Normas. Pero se siguen. Si no puede ser dedicar el tiempo acostumbrado, se hace ma\u0301s corto todo; pero se hace. Muchas veces, durante una marcha de una hora. se reza una sola parte del Rosario: y es que los tropezones, las cai\u0301das y la atencio\u0301n puesta en la oscuridad que nos rodea, y la vista quiere seguir, sin lograrlo, el bulto del que va delante de nosotros, distrae enormemente. Otras veces, muchas tambie\u0301n, nuestra cara es azotada por las ramas bajas de los pinos; y la voz queda de \u00ab\u00a1cuidado!\u00bb se oye de\u0301bilmente, entre el ruido acompasado de nuestro caminar.<\/p>\n<p>           Manolo y Toma\u0301s sienten muchas molestias en los pies. Se aprovecha el descanso para que Juan les cure. El <strong>Padre<\/strong> sigue, sostenido por su voluntad. Su pierna derecha esta\u0301 resentida y Ricardo le da fricciones con salicilatos. \u00a1Parece mentira que, con tanta humedad fri\u0301o y cansancio, no se le acentu\u0301e el reuma! El dice que debe estar curado, cuando se encuentra asi\u0301. Nosotros instintivamente pensamos en la proteccio\u0301n del Sen\u0303or y en la influencia de los Custodios&#8230;<\/p>\n<p>           Al <strong>Padre<\/strong> se le ha estropeado el calzado; y la suela descosida deja entrar ma\u0301s humedad. Ricardo, con un alambre, se lo arregla un poco. Una contrariedad ma\u0301s.\u00bb <\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>A la vista de Noves de Segre (noche del 30.11.37)<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Fco. Botella. Diario, 1937  <\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>A las cinco menos cuarto, salimos de nuestra \u00abmansio\u0301n de re\u00adposo\u00bb (<strong>Borda de Conorbau<\/strong>); salimos de di\u0301a, pues hemos de bajar una pendiente mala y sin camino <strong>(Torrente de Barida\u0300)<\/strong>, desde donde se divisa Seo de Urgel. Esta visio\u0301n nos anima, porque nos recuerda la proximidad de la frontera.<\/p>\n<p>A la media hora de andar, empezamos las paradas fri\u0301as e in\u00adterminables. El gui\u0301a ha ido a traer las botas llenas de vino, a una casa pro\u0301xima <strong>(Barida\u0300)<\/strong>, y tarda treinta y cinco minutos en venir. Se oye el ladrido de los perros, al llegar a la casa; y esperamos con ansiedad oi\u0301r los ladridos, que nos indicara\u0301n la salida de nuestro hombre con  el vino.<\/p>\n<p>Continuamos la marcha, en una bajada ra\u0301pida <strong>(Torrente de Barida\u0300)<\/strong>. Andamos por el bosque, y hay muchos a\u0301rboles cortados en el suelo, y tropezamos muchas veces con ellos.   <\/p>\n<p>A las seis menos cuarto, divisamos la carretera que va a Seo de Urgel, y, por ella, pasan unos coches, entre ellos el correo; como vamos por caminos paralelos a la carretera <strong>(Camino antiguo de Barida\u0300)<\/strong>, cada vez que pasa un coche extremamos el silencio y nos inclinaos hacia el suelo.<\/p>\n<p>Hemos llegado al ri\u0301o <strong>(Ri\u0301o de la Guardia)<\/strong>: lo cruzamos descalzos y con agua hasta la rodilla.      <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas, 1980<\/strong>            <\/p>\n<p>Siguiendo la bajada pasamos muy cerca de la casa Barida\u0301, por un camino a lo largo de un barranco -Torrente de Barida\u0301- en direccio\u0301n al Segre. Junto a una curva del camino, en un pequen\u0303o cortado no haci\u0301a mucho que los milicianos habi\u0301an asesinado al duen\u0303o de la finca que esta\u0301bamos atravesando. <strong>(Al duen\u0303o de la finca que se llamaba Francesc Bentanachs Oliba lo mataron en el antiguo camino de Barida\u0300, cerca de Noves de Segre. Actualmente hay una placa que dice: \u00abFrancisco Bentanachs Oliba murio\u0301 asesinado por las hordas rojas, a cien metros de este lugar el 28 del I de 1939, a la edad de 58 an\u0303os. Duen\u0303o de la casa Barida\u0301\u00bb. Por tanto, en noviembre de 1937 estaba vivo. Tambie\u0301n se dedicaba a pasar gente)<\/strong>.<\/p>\n<p>Pronto, ya a muy poca distancia del Segre -como medio kilo\u0301metro- rodeamos la montan\u0303a Creueta y, cruzamos el ri\u0301o Pallerols <strong>(Ri\u0301o de la Guardia)<\/strong>. Nos aproxima\u0301bamos a la carretera que va de Noves de Segre a la carretera general.<\/p>\n<p><strong>Antoni Dalmases, 1937 <\/strong>       <\/p>\n<p>Hoy (martes 30 de noviembre), al salir, se nos juntan otros dos gui\u0301as. Sa\u00adlimos como de costumbre al atardecer y vamos por un bosque, bajando hacia la carretera hasta que de e\u0301sta solo nos separa el ri\u0301o y unos setecientos metros.<\/p>\n<p>Aca\u0301 y alla\u0301 se ven los fuegos que hacen los carabineros para no helarse. Llega un momento peligrosi\u0301simo. Nos hemos acercado tanto al pueblo <strong>(Noves de Segre)<\/strong> que parece que vamos a entrar en e\u0301l, pero torcemos a la derecha y llegamos al ri\u0301o <strong>(Ri\u0301o de la Gua\u0300rdia)<\/strong>. En silencio nos descalzamos y lo vadeamos. El Sr. viejo <strong>(Jose\u0301 Mari\u0301a Albareda)<\/strong>, que esta\u0301 desecho, no puede ma\u0301s y, para pasar, tengo yo que llevarlo abrazado, cogidos los dos andando poquito a poco, pues pesa mucho y es difi\u0301cil apoyar los pies en las piedras del ri\u0301o. Es algo serio, muy serio oi\u0301r como gime de dolor el pobre se\u00adn\u0303or. La corriente es muy fuerte y el agua nos llega hasta las rodillas; y con tanto follo\u0301n pierdo mis calcetines y otras cosas que el agua se lleva, pues casi no puedo con tanta carga. Llegamos de milagro, pero gracias a Dios, lle\u00adgamos los dos.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>La etapa de los ri\u0301os<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>            <strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 104-115)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Paco Botella (1975)<\/strong><\/p>\n<p>Esta noche fue la noche de los ri\u0301os. Debimos pasar el mismo ri\u0301o muchas veces, muchas. Unas en cauce hondo y estrecho nos llegaba el agua hasta los muslos, otras el ri\u0301o se ensanchaba y a veces tanto, que pra\u0301cticamente el paso ofreci\u0301a so\u0301lo pediluvios. Debio\u0301 dar muchas vueltas el gui\u0301a, buscando la trayectoria apropiada para la seguridad de nuestras vidas.<\/p>\n<p>No sabi\u0301amos lo que nos esperaba, pero al ir sucedie\u0301ndose este caminar por el agua, nos entro\u0301 una gran preocupacio\u0301n de que al Padre le diera un ataque de reuma (haci\u0301a tiempo hubo precedentes). Empezamos con sumo cuidado la primera vez que nos dimos de narices con un cauce apretado y hondo. No se nos pasaba por la cabeza dejar que el Padre se mojara. Por eso se organizo\u0301 el paso del ri\u0301o, contando que a lo ma\u0301s, se repetiri\u0301a alguna vez. Miguel llevaba al Padre sobre sus espaldas, como haci\u0301amos de pequen\u0303os, imitando los juegos de montar a caballo. Se apoyaba Miguel a la derecha en el hombro de uno y a la iz\u00adquierda en el de otro. Y estos haci\u0301an fuerza ayuda\u0301ndonos del palo que lleva\u0301bamos desde la salida de la Caban\u0303a de San Rafael. En el centro del cauce un titubeo, pero acabo\u0301 bien. El agua nos habi\u0301a llegado a los muslos y algo se mojo\u0301 el Padre, a pe\u00adsar de los cuidados que pusimos.<\/p>\n<p>Au\u0301n creo que otra vez se hizo lo mismo al volver a tropezar con el ri\u0301o. Pero ya a partir de ese momento, el Padre, rie\u0301ndose, dijo que habi\u0301a que hacerse a andar por el agua. Y fuimos atravesando a pie corrientes de agua y el Padre con nosotros. Sin secarse, porque no habi\u0301a tiempo y sin pensar en ma\u0301s. El agua estaba fri\u0301a. Para nosotros yo creo que un pediluvio que otro no vendri\u0301a mal, porque los pies estaban congestionados de tanto andar, \u00a1pero ya eran demasiados! Para el Padre esto era un fuerte peligro. \u00a1Lo que rezamos para que no le pasase nada! Pensamos que sin la ayuda de Dios, el Padre se quedari\u0301a ri\u0301gido y sin poder moverse por el ataque de reuma.<\/p>\n<p>En todo este tiempo el cielo esta\u0301 sin nubes. El Sen\u0303or nos protegi\u0301a de manera descarada, abierta: porque el pensar que lloviera o nevase esto era lo propio de la e\u0301poca y del lugar nos poni\u0301a preocupados. Al final de aquella noche hu\u0301meda y molesta, alguna pequen\u0303a nube se paseaba por el cielo. Rezamos para que se contuviesen los vientos y las nubes.<\/p>\n<p>El agua habi\u0301a acabado de descuadernar el calzado del Padre: el agua entraba y sali\u0301a como queri\u0301a en las botas. Conservo el recuerdo de esta noche, como noche de ri\u0301os y con la risa y la broma del Padre, cada vez que nos encontra\u0301bamos con uno. \u00a1Que esfuerzo de a\u0301nimo tuvo que hacer el Padre para no so\u0301lo superar la dureza de aquella tortura, si no para le\u00advantar au\u0301n tanto su corazo\u0301n que hasta rei\u0301a por fuera y cantaba por dentro la voluntad de Dios! Nosotros cambiamos de alpargatas, cuando estaban ya deformadas por la humedad. El Profesor Albareda era el que caminaba seguro, sus botas se por\u00adtaban muy bien.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Diario 1937      <\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>Hemos llegado al ri\u0301o: lo cruzamos descalzos y con agua hasta la rodilla. <\/p>\n<\/p>\n<p>Despue\u0301s de pasar el ri\u0301o -todo en gran silencio, pues estamos a unos veinte metros de la carretera-, pasamos a la otra parte de la carretera y nos internamos, tras una subida ligera, hacia el valle, que bajamos despue\u0301s con menos dificultas que de ordinario, pues no es abrupto. <\/p>\n<\/p>\n<p>Mucho andar y muchos tropezones y . . . las consabidas cai\u0301das, con los consiguientes rasgun\u0303os, magullamientos, etc. El camino ha empeorado, y andamos por la vertiente del valle, por una senda mala.<\/p>\n<\/p>\n<p>Muchas veces se rompe la li\u0301nea, porque, como esta\u0301 tan oscu\u00adro, en perder la sombra del que va delante, ya no se atreve uno a dar un paso. Para Jose\u0301 Mari\u0301a y Manolo esto es muy desagradable. Pasan delante, ponie\u0301ndose inmediatamente despue\u0301s del gui\u0301a, y asi\u0301 van mejor.<\/p>\n<\/p>\n<p>Cuando se resbala, se rueda sobre la pendiente, y hay que sacar las manos arropadas en los bolsillos (yo teni\u0301a las manos siempre agarradas al basto\u0301n), para utilizarlas agarra\u0301ndose al ce\u0301sped y arbustos. <\/p>\n<\/p>\n<p>Vamos cogidos unos a otros: y es esta la u\u0301nica forma de andar. Tras un rato de mejor camino, llegamos a una casa de campo, donde entra el gui\u0301a y donde sale un paye\u0301s que nos conduce a un pajar, en el que descansamos tres cuartos de hora: llegamos a las once menos cuarto, y salimos a las once y media. Como siempre, estos descansos en los establos saben a gloria, y se abandonan con gran disgusto.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>                                            <u>A la entrada del ri\u0301o de Aravell<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Pedro Casciaro (1975)  <\/strong><\/p>\n<p>           Cuando empezo\u0301 a oscurecer reanudamos la marcha, esta vez de bajada. Cruzamos un ri\u0301o y nos acercamos a una carretera. Naturalmente, nos advirtieron que habi\u0301a que extremar la prudencia y no hacer ruido al caminar, y tampoco con los bordones que nos habi\u0301amos que nos habi\u0301amos hecho con ramas de a\u0301rboles. Finalmente cruzamos la carretera; pero lo duro vino luego: atravesar infinidad de veces otro ri\u0301o o el mismo ri\u0301o, no lo se\u0301. Lo atravesa\u0301bamos y volvi\u0301amos a atravesarlo; a ratos, camina\u0301bamos dentro del agua, cerca de la ribera. Ahi\u0301 se demostro\u0301 que las botas que Juan Jime\u0301nez Vargas le habi\u0301a conseguido al Padre para hacer la travesi\u0301a del Pirineo, habi\u0301an resultado un aute\u0301ntico timo. Las vendieron como impermeables y entraba el agua como si fuera un colador; con el inconveniente de que el agua tardaba en salir, y mucho ma\u0301s tiempo se necesitaba para que pudieran secar. Podri\u0301a decir que el Padre anduvo dos di\u0301as, al menos, con los pies completamente mojados.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>A la salida del Golf de Aravell<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Diario 1937 <\/strong><\/p>\n<p>            Dos hora dura este caminar. Hemos dejado al Sur Seo de Urgel,  y empezamos a subir las estribaciones del Pirineo. Hace mu\u00adcho fri\u0301o. Estamos muy cansados. Son las doce de la noche. Ha aumentado el nu\u0301mero de los expedicionarios, hasta unos cuarenta o cuarenta y seis: y algunos, muchos, van con contrabando. <\/p>\n<\/p>\n<p>Los gui\u0301as, pues ahora son varios los gui\u0301as que vienen con nosotros, ven fuego en lo alto del monte que subimos, y esta\u0301n un rato cuchicheando y deliberando sobre si sera\u0301n sen\u0303ales o no. Manolo, en medio de este peligro, enciende la la\u0301mpara para ver el reloj: se arma bastante protesta.<\/p>\n<\/p>\n<p>Con gran silencio, caminamos un cuarto de hora ma\u0301s: luego, descansamos una media hora. Esta etapa es mono\u0301tona y larga: la subida hasta el monte, donde dormiremos tardara\u0301 tres horas, \u00a1tres horas de caminar pesado y con cansancio! El camino regular, pero con mucha pendiente. La media hora de descanso la hemos aprovechado para comer, pues llevamos mucha hambre: pero esta\u0301 la comida muy tasada, y aprovechamos hasta las migajas del pan. El P. se ayuda con el vino y el azu\u0301car que la amabilidad de Mateo nos proporciono\u0301. Con el movimiento de la comida, hemos llevado mejor el intenso fri\u0301o y estamos apurando la bota. Desde la altura donde nos encontramos, vemos otra vez La Seo de Urgel, que hasta pasar a la otra parte del monte que nos dirigimos no perderemos de vista. <\/p>\n<\/p>\n<p>Continuamos la etapa. Mucho subir, mucho cansancio y mucho tiempo de andar. Tanto tiempo llevamos, que pensamos si esta noche nos llevara\u0301n a Andorra. \u00a1Que\u0301 ilusos! Au\u0301n faltaban, segu\u0301n nos enteramos despue\u0301s, doce horas. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>En la Caubella<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>            (Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb, pp 104-115 i 263-266)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas (1980) <\/strong><\/p>\n<p>Cuando salimos del ri\u0301o, aproximadamente a la altura del pueblo de Arabell, seguimos en direccio\u0301n norte por un camino que va a Can Rogier. La subida no es muy pendiente, pero el suelo es malo y con muchas piedras. (&#8230;)<\/p>\n<p>Pasamos el di\u0301a entre las piedras y escondidos en los matorrales sin poder movemos para no llamar la atencio\u0301n. Se oyeron cornetas muy cerca, porque habi\u0301a acuartelamientos a poca distancia.<\/p>\n<p>En la marcha a lo largo del ri\u0301o nos habi\u0301amos quedado chorreando agua. Algo nos fuimos secando en la subida por el propio calor animal. A primera hora de la man\u0303ana, a ratos hizo sol y se consiguio\u0301 superar bastante los efectos de la mojadura. Pero haci\u0301a mucho fri\u0301o. Pronto se nublo\u0301 del todo, y al mediodi\u0301a amenazaba nevada. Por la tarde, antes de empezar la marcha, cai\u0301an copos.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Diario (Paco Botella &#8211; 1937)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>Nos vamos ayudando, y el Padre sube muy bien la cuesta. A las tres horas de estar subiendo, hacia las seis, cuando empieza a clarear, nos introducen entre los a\u0301rboles y arbustos de un bosque con mucha pendiente y cerca de una fuente. Alli\u0301 hemos de pasar el di\u0301a: y esperar al atardecer para reanudar el viaje. <\/p>\n<\/p>\n<p>Despue\u0301s de algunos trabajos, encontramos dos sitios pro\u0301ximos, rodeados de bosque: y en ellos nos acomodamos nosotros. Como esta\u0301 con mucha pendiente nos escurrimos mientras descansamos. Antes hemos comido, de lo poco que nos queda, y hemos dejado para la tarde lo dema\u0301s. Nos liamos en las mantas y procuramos dormirnos y descansar algo, mientras se seca la ropa. Difi\u0301cil es descansar: hace fri\u0301o y el suelo esta\u0301 muy hu\u0301medo.<\/p>\n<\/p>\n<p>Varias veces tenemos que volver a subir, pues nos encontramos en el fondo de la pendiente. Estamos en dos grupos: el P., Ricardo, Miguel y Jose\u0301 Mari\u0301a, en uno; en el otro, Pedro, Manolo, Toma\u0301s Y yo. El P. no duerme. Pasamos bastante hambre, pues, con el ejercicio que hemos hecho, se nos ha abierto mucho el apetito, pero&#8230; no hay comida. Ya comeremos. <\/p>\n<\/p>\n<p>Lo primero que hicimos fue cambiarnos de calcetines; no, de alpargatas, porque no tenemos. Ricardo veni\u0301a tan mojado que para secar su ropa, durmio\u0301 en calzoncillos. Pasamos el di\u0301a con los calcetines secos y sin alpargatas. Por cierto que los calcetines son muy graciosos: hemos aprovechado lo que nos quedaba, y lleva\u00admos uno de cada clase rotos, hu\u0301medos, etc. y menos mal que hemos encontrado esto.<\/p>\n<\/p>\n<p>Son las cinco, au\u0301n de di\u0301a, cuando empezamos la ascensio\u0301n otra vez. Es la u\u0301ltima etapa. Antes, Juan da fricciones de salicilato al P. y cura los pies de Toma\u0301s y Manolo: e\u0301ste tiene adema\u0301s la rodilla estropeada y Toma\u0301s el pie completamente llagado.<\/p>\n<\/p>\n<p>La idea de que nos queda solo la u\u0301ltima etapa nos alienta. Aseguran que es muy corta. Ya veremos despue\u0301s que es . . . larga y  pesada. \u00a1Co\u0301mo nos engan\u0303an! <\/p>\n<\/p>\n<p>Nuestra estancia en el campamento, formado por a\u0301rboles y ar\u00adbustos, fue de descanso, pero sin  comodidad alguna; para pasar de un sitio a otro, hay que ir escondie\u0301ndose entre el bosque. Hace un tiempo bueno, y pensamos en la gran dificultad que seri\u0301a que hiciese un tiempo malo y lluvioso. Dentro de las molestias \u00a1que\u0301 bien dispone Dios todo!<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Paco Botella (1975) <\/strong><\/p>\n<p>Unas luces de ciudad a lo lejos, esto era nuevo desde haci\u0301a di\u0301as. Dijo Jose\u0301 Mari\u0301a que era Seo de Urgel. Las lu\u00adces se aproximaban con el tiempo para quedarse luego detra\u0301s. Despue\u0301s, la luz del di\u0301a nos fue dando la idea de la situacio\u0301n que habi\u0301amos logrado: lejos, hacia abajo, estaba Seo de Urgel y nosotros en lo alto, a media ladera, empinada, en un bosque poco espeso y joven.<\/p>\n<p>Antes de llegar a este sitio, cuando divisamos las luces de Seo de Urgel, se hizo el camino seco, nos adentramos en bosque claro y fuimos subiendo, sin excesivo cansancio, hasta que se nos presento\u0301 descolgada alli\u0301 abajo, la Seu, como dicen los catalanes.<\/p>\n<p>Poco despue\u0301s de nuestra parada, Antonio desaparecio\u0301. Queri\u0301a decir que este di\u0301a lo teni\u0301amos que pasar al raso, en el Pirineo fri\u0301o, y sin ma\u0301s proteccio\u0301n que unos pequen\u0303os pinos, que no nos protegi\u0301an demasiado de ser descubiertos.<\/p>\n<p>Nos tapamos con las mantas y era insuficiente para defendernos del fri\u0301o. Esta vez no hubo lugar a que el Padre dispusiera ordenar las cosas. El suelo no se prestaba, estaba fri\u0301o y hu\u0301medo y la inclinacio\u0301n no permiti\u0301a reposar dema\u00adsiado, porque se deslizaba uno poco a poco. Sin un milagro de Dios nos queda\u0301bamos sin llegar al e\u0301xito. Y estamos cer\u00adca de Andorra. Rezamos ma\u0301s que nunca. No pudimos dormir absolutamente nada. El Padre estaba muy cansado.<\/p>\n<p>Hicimos las Normas con dificultad, porque esta\u0301ba\u00admos muy lejos del mi\u0301nimo de comodidad para poder pensar y hablar con un poco de continuidad con Dios. So\u0301lo me sali\u0301an pa\u00adlabras sueltas de unio\u0301n con el Sen\u0303or, de peticio\u0301n, de accio\u0301n de gracias. Me acorde\u0301 de Ferraz: un di\u0301a al cruzarme con el Padre en el pasillo, me pregunto\u0301 si iba aprendiendo a hacer oracio\u0301n y antes que yo le dijera nada, siguio\u0301 diciendo ma\u0301s o menos, \u00abes muy fa\u0301cil, Paco, se reduce a peticiones, acciones de gracias y actos de amor\u00bb. Pense\u0301 aqui\u0301 entre estos pinos fri\u0301os, que si\u0301, que me sali\u0301a la oracio\u0301n. No era difi\u0301cil, por\u00adque el Padre, cansado como he dicho, deci\u0301a en nuestra intimi\u00addad, como pensando en voz alta, esas frases cortas, jaculato\u00adrias, que haci\u0301amos nuestras, junto a e\u0301l.<\/p>\n<p>Se oi\u0301a el ruido lejano de Seo de Urgel y el viento en algu\u0301n momento nos trai\u0301a el ruido de tambores. Sera\u0301n, pensamos, tropas rojas que hacen instruccio\u0301n. Empezo\u0301 a nevar, afortunadamente poco. Como si Dios quisiera recordarnos que teni\u0301amos que dar gracias, porque habi\u0301a detenido la nieve. Y nos trajeron comida, esta vez un poco de queso y de pan, para todo el di\u0301a. Hicimos raciones para cada uno. Algunos las hicimos desa\u00adparecer enseguida en nuestro esto\u0301mago. Manolo, ingeniero, buen calculista, hizo un estudio que le llevo\u0301 a distribuir esa miseria de comida para todo el di\u0301a: nos rei\u0301mos y salto\u0301 la broma. Casi se quedaba el buen humor a medio salir, como congelado por el fri\u0301o. <\/p>\n<p>Por la tarde nos levantamos para desentumecernos. Caminamos entre los pinos, encorvados, para que no nos des\u00adcubriesen. Y asi\u0301 paso\u0301 y paso\u0301 el tiempo se nos haci\u0301a largo\u00ad deseando ver de nuevo a Antonio: seri\u0301a la sen\u0303al de liberacio\u0301n en aquel di\u0301a primero de diciembre, tan fri\u0301o y tan molesto. Y por fin aparecio\u0301 Antonio. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Diario de Antoni Dalmases &#8211; 1937<\/strong><\/p>\n<p><em>        <\/em><\/p>\n<p>Pronto se estrecha el valle y no deja sitio ma\u0301s que para que pase el ri\u0301o que lo surca; de modo que pasamos de lado a lado cruzando el ri\u0301o muchas veces <strong>(Ri\u0301o de Aravell)<\/strong>, y an\u00addando con alpargatas dentro del agua. Sera\u0301 malo despue\u0301s, pe\u00adro de momento es ma\u0301s fa\u0301cil: creo que descalzo no habri\u0301a po\u00addido ma\u0301s. Esto hace muy penosa la marcha. Por esto nos ale\u00adgramos al dejar el valle y subir por la montan\u0303a. Pero pronto Divisamos en nuestro camino un puesto de v\u00adigilancia. Tenemos que mandar exploradores para ver por donde podemos pasar. Asi\u0301 nos quedamos cosa de una hora, muertos de fri\u0301o, tendidos entre unos arbustos. Luego, variando un poco la ruta  prevista, ascendemos por una montan\u0303a no muy escarpa\u00adda, pero llena de piedras que hacen pesadi\u0301simo el camino. Adema\u0301s, ahora casi no descansamos pues es sitio de peligro y hay que forzar la marcha para que el di\u0301a no nos sorprenda en sitio descubierto.<\/p>\n<\/p>\n<p>La ascensio\u0301n, cada vez ma\u0301s dura, sigue hasta el ama\u00adnecer. Estamos en un monte sobre un pueblo que se divisa perfectamente <strong>(la Seu d&#8217;Urgell)<\/strong>. Se nos ordena formar grupos de tres o cuatro acampar entre los matorrales, con el fin de pasar el di\u0301a debajo de ellos, con la orden de no levantarnos ni movernos ma\u0301s que para mantener contacto con los otros grupos, y no hablar alto. Todo el di\u0301a estuvimos, oyendo las cornetas de los carabineros de los pueblos vecinos y esto logro\u0301 que no nos movie\u0301ramos de nuestro sitio durante todo el tiempo que alli\u0301 permanecimos<\/p>\n<\/p>\n<div class=\"fusion-image-carousel fusion-image-carousel-auto fusion-image-carousel-1 fusion-carousel-border\"><div class=\"awb-carousel awb-swiper awb-swiper-carousel awb-carousel--carousel awb-swiper-dots-position-bottom\" data-layout=\"carousel\" data-autoplay=\"yes\" data-autoplayspeed=\"4000\" data-autoplaypause=\"no\" data-loop=\"yes\" data-columns=\"3\" data-columnsmedium=\"1\" data-columnssmall=\"1\" data-itemmargin=\"13\" data-itemwidth=\"180\" data-touchscroll=\"no\" data-freemode=\"no\" data-imagesize=\"auto\" data-scrollitems=\"0\" data-centeredslides=\"no\" data-rotationangle=\"50\" data-depth=\"100\" data-speed=\"500\" data-shadow=\"no\" data-pagination=\"bullets\" style=\"--awb-columns:3;--awb-border-width:1px;--awb-border-color:#e9eaee;\"><div 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