{"id":112720,"date":"2018-04-29T00:00:00","date_gmt":"2018-04-28T22:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/c69ee985-8446-4709-aac9-1db99b990513.xn--hek.dev\/lecturas-en-el-paso-de-los-pirineos-1-desde-el-puente-de-peramola-a-aubenc\/"},"modified":"2024-02-18T20:32:27","modified_gmt":"2024-02-18T19:32:27","slug":"lecturas-en-el-paso-de-los-pirineos-1-desde-el-puente-de-peramola-a-aubenc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pallerols-andorra.org\/es\/lecturas-en-el-paso-de-los-pirineos-1-desde-el-puente-de-peramola-a-aubenc\/","title":{"rendered":"Lecturas en el Paso de los Pirineos 1: desde el Puente de Peramola a Aubenc\u0327"},"content":{"rendered":"<p><strong><span>Textos para leer desde el Puente de Peramola a la subida del monte Aubenc\u0327<\/span><\/strong> <\/p>\n<p><strong><u>Documentos de referencia<\/u><\/strong><\/p>\n<p><strong>Libros<\/strong><\/p>\n<p>1. Para las lecturas del Paso de los Pirineos, de los di\u0301as 19 de noviembre al 10 de diciembre de 1937, ver los documentos histo\u0301ricos recogidos en el libro \u00ab<strong><a href=\"http:\/\/www.pallerols-andorra.org\/noticia.asp?ART_ID=715&amp;idioma=es\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong><span>Camino de Liberacio\u0301n<\/span><\/strong><\/a><\/strong>\u00ab, de Jordi Piferrer.<\/p>\n<p>2. Para caminar con seguridad por todos los caminos y pistas para coche todo terreno, ver el libro \u00ab<strong>Cami\u0301 d&#8217;Andorra<\/strong>\u00ab, de Jordi Piferrer. <\/p>\n<p>3. Para seguir la estancia de san Josemari\u0301a en Barcelona del 10 de octubre al 19 de noviembre, ver: \u00ab<strong>Di\u0301as de espera en guerra<\/strong>\u00ab, de Jordi Miralbell.<\/p>\n<p>4. Si se quiere leer algu\u0301n documento histo\u0301rico de san Josemari\u0301a en la iglesia de la Merce\u0300, de Barcelona, ver el libro \u00ab<strong>Escriva\u0300 de Balaguer a Catalunya, 1913-1974<\/strong>\u00ab, de Josep Masabeu. Tambie\u0301n es interesante ver las <a href=\"http:\/\/opusdei.org\/ca-es\/article\/18-rutes-de-sant-josepmaria-a-catalunya\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span>rutas de san Josemari\u0301a en Catalunya i Barcelona<\/span><\/a>. <\/p>\n<\/p>\n<p><em> <\/p>\n<p>                                                <strong><u>LECTURAS<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>Del Puente de Peramola a Peramola (19 noviembre 1937)<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>                           (Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 34-39 i 232-233)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas<\/strong> (recuerdos escritos en el an\u0303o <strong>1980<\/strong>) <\/p>\n<\/p>\n<p>Pedro, Paco y Miguel se habi\u0301an bajado en Sanahuja, unos treinta kilo\u0301metros antes. Los dema\u0301s superamos este control (de la Basella).             <\/p>\n<p>Pasado el pueblo de Oliana, a la salida de un puente sobre el Segre, sale la carretera a Peramola; paro\u0301 el autobu\u0301s y bajamos. Entonces habi\u0301a que estar pendiente del ma\u0301s mi\u0301nimo detalle que pudiera llamar la atencio\u0301n, y por eso sin vacilaciones, con toda naturalidad, y con mucha calma para dar tiempo a que se alejara el autobu\u0301s, comenzamos a andar por la carretera de Peramola. <\/p>\n<p>Por la contrasen\u0303a que nos habi\u0301an dado en Barcelona identificamos al que nos esperaba para llevarnos a Peramola. . . . Se presento\u0301 como Antonio Bach.  A lo largo de la marcha, y luego en el pajar, acabamos de saber que\u0301 clase de persona era. Le llamaban \u00abTonillo\u00bb. Funcionario del Ayuntamiento, cartero, era insustituible en el pueblo. Hombre ejecutivo y con valenti\u0301a que contribuyo\u0301 a salvar a muchos. (&#8230;) <\/p>\n<p>En animada conversacio\u0301n, llegamos al pueblo, ya de noche. Sin que nos viera nadie, dando un rodeo, nos metieron en un pajar -una \u00abpajera\u00bb deci\u0301a Tonillo- situado a las afueras del pueblo. Alli\u0301 teni\u0301amos que quedarnos, entre un enjambre de ratas, hasta que volvieran a buscamos. Era grande, pero estaba tan lleno de paja que de pie da\u0301bamos con la cabeza en el techo. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>El Diario de 1937<\/strong>, escrito el di\u0301a 19 por Jose\u0301 Mari\u0301a Albareda, dice: <\/p>\n<\/p>\n<p>Viaje en autobu\u0301s. De Barcelona a las tierras del Segre, del mar a las montan\u0303as. Hemos salido a la una. Algo distante, se aprecia la mole de Montserrat. Ma\u0301s alla\u0301 de Igualada, se ha dividido el grupo. Es noche completa, aunque bien alumbrada por los astros, cuando dejamos el vehi\u0301culo, junto al Segre, junto a montan\u0303as rocosas. Caminamos hacia Peramola. Quietud, silencio, a\u0301rboles, luna llena&#8230; y tra\u0301nsito de una a otra e\u0301poca: de la de \u00absin pan\u00bb, a la de pan, tocino, patatas. <\/p>\n<p>Noche en una casa, con la planta destinada a habitacio\u0301n de animales dome\u0301sticos, y el piso a almace\u0301n de pienso, a frente de invasio\u0301n del eje\u0301rcito ratonil y a dormitorio humano. Abajo, con luz de luna, cenamos. <\/p>\n<p>Y es una magna iniciacio\u0301n del nuevo peri\u0301odo gastrono\u0301mico: longaniza, morcilla, patatas fritas y pan. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Jose\u0301 Mari\u0301a Albareda<\/strong>, en una carta del di\u0301a 20.04.38 escrita a su amigo Domingo Di\u0301az Ambrona, dice:<\/p>\n<\/p>\n<p>Viernes 19 de noviembre. Autobu\u0301s  \u00bfDo\u0301nde se dejo\u0301? En un pueblo llama la atencio\u0301n el descenso de los desconocidos. En pleno campo se llama la atencio\u0301n de los viajeros. Pues se desciende en un desvi\u0301o. Se aparenta asi\u0301 que se va a un pueblo. Bajamos tres de los confabulados. Pero. . . bajo\u0301 otro viajero. Era de noche. \u00bfAdonde van? &#8211; dijo -; puedo acompan\u0303arles. Muchas gracias. \u00bfQue\u0301 hacer, Dios mi\u0301o? Esta\u0301bamos junto al Segre, entre rocas aparatosas, y habi\u0301a luna. \u00a1Que\u0301 hermoso! Deci\u0301amos. Pero aquel hombre no se creyo\u0301 que i\u0301bamos a ver el ri\u0301o, las rocas y la luna. Pronto salieron los que nos esperaban. Huyendo de los caminos, como bandidos, en silencio, anduvimos hasta unos corrales, junto a un pueblo, donde, en un pozal, como quien lleva agua a las caballeri\u0301as, se nos trajo una cena fuerte de morcillas y patatas. Dormimos en un mar de paja agitado de ratas.<\/p>\n<\/p>\n<p><a><strong><u>De Peramola a Vilaro\u0301 (di\u0301as 20 y 21.11.37)<\/u><\/strong><\/a><\/p>\n<\/p>\n<p>                                    <strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 39-43)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>Al dia siguiente, sa\u0301bado 20 de noviembre, el hijo del Tonillo, un chico de diecisiete an\u0303os (catorce segu\u0301n el <em>Diario, pero que se ha de corregir, porque habi\u0301a nacido el 20 de julio de 1920) que se llamaba Paco, los acompan\u0303o\u0301 hasta Vilaro\u0301 una masi\u0301a de la Baronia de Rialb que es una de las muchas casas dispersas por el bosque que forman parte de la Parroquia de Pallerols.<\/em><\/p>\n<p><em> <\/p>\n<p>Llegan a Vilaro\u0301 hacia las diez de la man\u0303ana y san Josemari\u0301a celebra la santa misa en la misma casa de Vilaro\u0301. Despue\u0301s pasan todo el di\u0301a en la casa esperando que lleguen los tres que habi\u0301an bajado en Sanau\u0308ja, y que por diversas circunstancias no llegaron a Vilaro\u0301 hasta el di\u0301a siguiente. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas<\/strong> (1980) lo recordari\u0301a asi\u0301: <\/p>\n<\/p>\n<p>Ya de di\u0301a llegamos a una masi\u0301a que llaman Vilaro\u0301 -en la comarca que se conoce como Baroni\u0301a de Rialp-, situada en un pequen\u0303o cerro, con un amplio radio de visibilidad que era un emplazamiento ideal para darse cuenta a tiempo de cualquier intempestiva visita de milicianos y poder escapar fa\u0301cilmente sin ser vistos. En Vilaro\u0301 nos recibio\u0301 Pere Sala, el <em>amo<\/em> de la casa que se encontro\u0301 muy agradablemente sorprendido de ver que uno de los que llegaba era sacerdote y queri\u0301a celebrar Misa. Se preparo\u0301 pronto una mesa en una habitacio\u0301n inmediata al comedor. Lo imprescindible lo lleva\u0301bamos en la mochila: un vaso de vidrio, que estaba destinado exclusivamente a servir de ca\u0301liz, unos pequen\u0303os corporales, como un pan\u0303uelo, el cuaderno con tres misas que Pedro habi\u0301a escrito en Barcelona, y un pequen\u0303o crucifijo. (&#8230;)<\/p>\n<p>Pasamos el di\u0301a metidos en un pajar, con buena temperatura, y dormimos en una habitacio\u0301n de la casa que tambie\u0301n estaba bien abrigada, por supuesto en el suelo.<\/p>\n<\/p>\n<p>Mientras tanto, el mismo di\u0301a 20 los tres que bajaron en Sanau\u0308ja llegaron al Pajar de Peramola en donde durmieron la noche del 20 al 21. Lo recuerda <strong>Francisco Botella<\/strong> (1975):<\/p>\n<\/p>\n<p>Alegri\u0301a, podi\u0301amos hablar a gusto y sobre todo supimos del Padre: habi\u0301an cenado como nosotros, estaban bien. Correteaba por alli\u0301 un nin\u0303o y jugaba con su padre. Eran gente buena y sencilla. Hablaron del Padre. Se vei\u0301a que les habi\u0301a producido un gran impacto su persona, porque hablaban y hablaban de e\u0301l. Y nos dieron una carta del Padre que nos dejo\u0301 alli\u0301. Un detalle tan entran\u0303able que era como tenerle un poco entre nosotros: la carta ambientada con lo que nos contaban de e\u0301l, nos hizo retroceder 24 horas y pareci\u0301a que es\u00adta\u0301bamos alli\u0301 con ellos o que el Padre se encontraba ahora con nosotros. En la carta se hilvanaban, como el Padre sabe hacerlo, las palabras de humor, con el carin\u0303o hacia nosotros y con el afecto hacia esa buena gente. Y deci\u0301a que nos alimenta\u0301ramos bien con el pan y el embutido, que elogiaba. Y que descansa\u0301ramos, anunciando que el descanso seri\u0301a amenizado por el juego deportista de muchas ratas que se deslizaban, como esquiando sobre la paja donde i\u0301bamos a descansar. Que las ratas nos vendri\u0301an sobre nosotros, partiendo de la parte alta del monto\u0301n de paja, que no nos asusta\u0301ramos.<\/p>\n<p>Y, como siempre, la carta trai\u0301a palabras llenas de sabor sobrenatural. Ya conocedores de nuestro Padre, las busca\u0301bamos con ilusio\u0301n de Dios. Y en efecto, nos escribi\u0301a que habi\u0301a pasado una noche tensa al ver que no llega\u0301bamos, fue una noche en vela diciendo miles de jaculatorias por nosotros. Que daba gracias a Dios, porque estaba seguro que acabari\u0301a bien nuestra aventura [<em>&#8230;<\/em>] <\/p>\n<p>Charlamos au\u0301n un buen rato, felices de saber co\u0301mo el Padre habi\u0301a llegado alli\u0301 bien, y recogiendo en nuestro corazo\u0301n la angustia que el Padre habi\u0301a pasado por nosotros y que se habi\u0301a hecho para e\u0301l oracio\u0301n continua toda la noche.<\/p>\n<p>Antes de acostarnos, Miguel hizo el retrato a aquel chico, que el Padre habi\u0301a encargado. Nos dormimos y sobre todo descansamos hasta el amanecer. Pudimos comprobar lo de las ratas esquiadoras, que no faltaron, como anuncio\u0301 el Padre.<\/p>\n<\/p>\n<p>Esta carta la recoge el <strong><em>Diario<\/em><\/strong> de 1937:<\/p>\n<\/p>\n<p>Por mediacio\u0301n de Paco Bach, que regresa a Peramola (el di\u0301a 20), el Padre hace llegar una carta a los 3 que la noche anterior no habi\u0301an llegado porque se perdieron. Esta es la carta.<\/p>\n<p>\u00abEn los montes de Rialp, a 20 de nov. de 1937.<\/p>\n<p>Os supongo hechos migas, despue\u0301s de la nochecita toledana que habre\u0301is llevado. Todo lo que vale cuesta: adema\u0301s, si quere\u0301is, ni un paso de los vuestros sera\u0301 infecundo.<\/p>\n<p>En fin: deje\u0301monos de filosofi\u0301as, y aprovechad bien la paja -nada de come\u0301rsela, \u00bfeh?- y dormid sin hacer caso del tropel de ratas que os saldra\u0301n a saludar.<\/p>\n<p>Estamos muy contentos: agradecidi\u0301simos a estos buenos amigos de aqui\u0301: y lamentando que no hayan venido nuestros buenos amigos de Madrid (Jose\u0301 Mari\u0301a, Alvaro y los dema\u0301s). <\/p>\n<p>Comed bien y no os olvide\u0301is de D. Manuel. <\/p>\n<p>Recuerdos de estos dos.<\/p>\n<p>Os abraza.<\/p>\n<p>Mariano.<\/p>\n<p>Hasta man\u0303ana.<\/p>\n<p>A Paco, el muchacho que os entregara\u0301 esta nota, a ver si le hace\u0301is un retrato, un dibujo, en el que este\u0301 bien majo.\u00bb<\/p>\n<\/p>\n<p>El domingo 21, los tres van de Peramola a Vilaro\u0301 a donde llegan hacia las 12 del mediodi\u0301a y asisten a la misa que celebra san Josemari\u0301a. <\/p>\n<\/p>\n<p>Lo recuerda <strong>Francisco Botella<\/strong> (1975):<\/p>\n<\/p>\n<p>Caminamos, hasta caer una hora lar\u00adga o dos horas despue\u0301s, delante de una casa de campo. Subimos por una escalera elemental y entramos: la puerta daba a la estancia principal con una mesa grande, algunas sillas, como un cuarto de estar campestre. El Padre estaba celebrando sobre una silla pequen\u0303a, era el di\u0301a 21 de noviembre, fiesta de la Presentacio\u0301n de la Virgen. Comulgamos. <\/p>\n<p>Despue\u0301s se guarda con mimo todo lo que el Padre ha utilizado en la Santa Misa, en un macuto especial. Desde Barcelona se preparo\u0301 el vasito que sera\u0301 el Ca\u0301liz de la San\u00adgre del Sen\u0303or, corporal, las formas, el vino, una pequen\u0303a palia y el Misal escrito a mano, fechado el 2 de noviembre en Barcelona. Y una cajita para llevar el Padre al Sen\u0303or, cuando fuera necesario y conveniente. Cada objeto va envuelto en papel de seda, que el Padre ha hecho comprar en Barcelona. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>En la rectori\u0301a de Pallerols, al atardecer del 21 de noviembre de 1937 <\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 44-58 i 235-243)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Francisco Botella<\/strong> (recuerdos de 1975):<\/p>\n<p>Procedimos luego a la tarea de atrancar la puerta, con una tranca que no tardamos en localizar. Rezamos las Preces. Se apagaron velas. Y Juan entro\u0301 con el Padre en el hor\u00adno, al tiempo que disponi\u0301a la colocacio\u0301n que i\u0301bamos a tener para acostarnos en el suelo un tanto mullido de aquella pie\u00adza. Pegado a la pared, en el lugar ma\u0301s lejano de la puertecita, Juan. Luego, a su lado, el Padre. Despue\u0301s yo, Pedro, Jo\u00adse\u0301 Mari\u0301a y Miguel, en este orden. Miguel estaba pro\u0301ximo a la puertecita, que se cerro\u0301. El Padre y Juan estaban un poco separados de nosotros, no pegados, porque habi\u0301a distancia, pero muy juntos todos, ya que no daba de si\u0301 aquel sitio.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>Pallerols, noche del 21 al 22 de noviembre. La Rosa de Rialb<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Francisco Botella <\/strong>(recuerdos de 1975):<\/p>\n<p>Nos abrigamos un poco con las mantas, pero al poco tiempo no haci\u0301a falta. Habi\u0301a un silencio lleno de palabras calladas dirigidas a Dios. Al cabo de un rato me parecio\u0301 que dormi\u0301a Jose\u0301 Mari\u0301a. Note\u0301 que e1 silencio se rompi\u0301a a mi lado, la respiracio\u0301n del Padre era ma\u0301s fuerte y observe\u0301 que Juan se movi\u0301a y abri\u0301a el venta\u00adnuco situado en lo alto. Pense\u0301 entonces que el Padre no se encontraba bien, por el ambiente poco oxigenado. Pero pronto se vio que no era eso.<\/p>\n<p>Del Padre sali\u0301a, primero un ruido tenue que se hizo doloroso gemido. Luego, era un sollozo suave, que fue en au\u00admento. Se oyo\u0301 que Juan hablaba con el Padre. No entendi\u0301 nada, le pregunte\u0301 a Juan y no contesto\u0301. Pedro me dijo al oi\u0301do que volviese a preguntar y asi\u0301 lo hice, pero Juan tampoco dijo nada. Se quedo\u0301 quieto, como querie\u0301ndonos decir que no era cosa nuestra, que no podi\u0301amos hacer nada. Fue muy clara su contestacio\u0301n, sin palabras. El sollozo del Padre se hizo intenso y la respiracio\u0301n angustiosa y nos quedamos impresionados, mudos, sin hablar porque no haci\u0301a falta. Nos di\u00admos cuenta que era asunto entre Dios y el Padre.<\/p>\n<p>(&#8230;) Haci\u0301amos oracio\u0301n, pegados al Padre, era natural. Lo comprobamos, al comentar esta noche sobrenatu\u00adralmente oscura y dolorosa del Padre. Daba gemidos cada vez ma\u0301s profundos y teni\u0301a un sollozo de dolor insoportable. Nunca habi\u0301a visto llorar asi\u0301 a nadie. Y tampoco, desde entonces, he vivido una cosa igual. No era el sollozo de mi madre, cuando murio\u0301 mi padre o mi abuelo. No lloraba asi\u0301 mi padre, cuan\u00addo me dio la noticia de que mi hermana Fina estaba desahucia\u00adda. Era como lloraba mi madre en alguna ocasio\u0301n especial, pe\u00adro con ma\u0301s fuerza, con ma\u0301s angustia. No, no era tampoco eso, era totalmente distinto. Era una angustia que estremeci\u0301a, era una pena hondi\u0301sima, que le haci\u0301a temblar. Duro\u0301 mucho, ho\u00adra tras hora, hasta el amanecer. Tuve tiempo para que se me quedase grabado para siempre. Pareci\u0301a atenuarse y se rompi\u0301a aquel sollozo contenido, con una violencia seca, sin consue\u00adlo. Era evidente que el Padre haci\u0301a esfuerzos para contener aquella manifestacio\u0301n de lo que sucedi\u0301a en su alma. Y gran\u00addes esfuerzos, porque cuando pareci\u0301a bajar la violencia del dolor en su alma, se rompi\u0301a con ma\u0301s fuerza, como salta en cascada el agua contenida. Sufri\u0301amos, pero teni\u0301amos concien\u00adcia de que solo podri\u0301amos rezar. Temi\u0301amos que el corazo\u0301n del Padre, no pudiera contener tantas horas de sufrimiento, pero \u00a1\u00a1que\u0301 hacer!! <\/p>\n<p>Descarte\u0301 por mi cuenta -y luego vi que cada uno habi\u0301a seguido la misma reflexio\u0301n- que aquel dolor fuese motivado por una causa humana, fi\u0301sica o moral. Eso era imposible. Ya se vei\u0301a que el Padre solo podi\u0301a sufrir y llorar asi\u0301 y angustiarse de esa manera, lo que nos daba una pena indescriptible, por motivos sobrenaturales. Era cosa de Dios.<\/p>\n<p>(&#8230;) <\/p>\n<p>Pasaron las horas, se aquieto\u0301 el Padre y era ya de di\u0301a. Por el ventanuco entraba la luz. El Padre se levanto\u0301 y nosotros con e\u0301l. Esta\u0301bamos vestidos, asi\u0301 nos acosta\u00admos. Se abrio\u0301 la puertecilla del horno y nos miramos con expectacio\u0301n, en silencio. Y au\u0301n tengo en mi imaginacio\u0301n el aspecto que el Padre presentaba al entrar la luz de la otra habitacio\u0301n. Ya no lloraba, ni respiraba con aquella angustia, pero su rostro reflejaba el mismo dolor que habi\u0301a invadido su alma en aquella noche del horno. Sus rasgos eran serenos, pero doloridos, profundamente doloridos. Su actitud reconcentrada, hacia adentro. El, tan volcado siempre hacia nosotros, pareci\u0301a no mirar sino hacia su interior.<\/p>\n<p>Le dijo a Juan que no iba a Celebrar, que recogie\u0301semos lo que habi\u0301amos preparado sobre la mesa para la Santa Misa. Y desaparecio\u0301 de aquella estancia. Alrededor de la mesa, en el suelo, estaban los macutos y dema\u0301s ba\u0301rtulos para el viaje. Y preparamos las cosas, para continuar la marcha, cuando llegara Pere. Juan no hizo ningu\u0301n comentario ni tam\u00adpoco los dema\u0301s.<\/p>\n<p>Habi\u0301a pasado un rato, no mucho tiempo, el que se tarda en hacer cuanto he dicho. Y aparecio\u0301 el Padre entre nosotros. Veni\u0301a de la iglesia, mostraba una cara radiante, su semblante respiraba felicidad: el contraste entre las facciones que mostraban su dolor, al dejarnos unos minutos antes, y el gozo que trai\u0301an sus ojos, que inundaba su cara, era impresionante. Era evidente que en su alma habi\u0301a sucedido algo extraordinario.<\/p>\n<p>(&#8230;) En la mano apretaba con delicadeza una rosa de madera estofada, que el Padre miraba con contemplacio\u0301n acariciadora. \u00abJuan, gua\u0301rdala con cuidado\u00bb, dijo mientras la envolvi\u0301a en papel de seda, \u00aben el macuto donde traemos los objetos para la Santa Misa\u00bb. A continuacio\u0301n nos di\u00adjo: \u00abPreparadlo todo, porque voy a Celebrar\u00bb.<\/p>\n<p>Volvimos a sacar lo necesario para la Santa Misa y a los pocos minutos estaba el Padre Celebrando. Su alegri\u0301a se nos pegaba fi\u0301sicamente, esta\u0301bamos exultantes, porque el\u00ad Padre, sonrei\u0301a lleno de recogimiento y profundamente embebi\u00addo en el Misterio del Altar.<\/p>\n<p>Despue\u0301s de dar gracias, lo recogimos todo, como procedi\u0301a. Hablamos con naturalidad del viaje que i\u0301bamos a seguir. El Padre no hizo ningu\u0301n comentario entonces, a todo lo ante\u00adrior: estaba sencillamente alegre  y con el buen humor de siempre. <\/p>\n<p>(&#8230;) Llego\u0301 Pere, estaba el di\u0301a avanzado, un di\u0301a de sol y de luz de montan\u0303a. Iniciamos el trayecto hacia la Caban\u0303a, para vivir emboscados unos di\u0301as, en fila india.<\/p>\n<\/p>\n<p>Ma\u0301s adelante continu\u0301a:<\/p>\n<p>El Padre habi\u0301a pasado una prueba duri\u0301sima, que le tuvo ma\u0301s que muerto en su sufrimiento. Senti\u0301a la seguridad de no estar en gracia de Dios y esto le tuvo angustiado y le dejo\u0301 como una piltrafa: se senti\u0301a apartado del Sen\u0303or, como si realmente lo estuviera y esto le rompi\u0301a su alma de dolor. Duro\u0301 toda la noche.<\/p>\n<p>Pidio\u0301 al Sen\u0303or una prueba de Paz, \u00abno se\u0301 si se puede hacer, no lo hare\u0301 ma\u0301s\u00bb, le oi\u0301 al mismo Padre decir. Esta prueba que pidio\u0301 quedo\u0301 entonces en su alma. Inmedia\u00adtamente avanzo\u0301 hacia la Iglesia -cuando al salir del horno nos dejo\u0301 por un tiempo-. Alli\u0301, lleno de gozo, que rebosaba su corazo\u0301n, obtuvo la respuesta de Dios, de manos de la Virgen. Y en aquella rosa que trajo en su mano estaba encerra\u00adda la paz de Dios y el consuelo de la Virgen. El Padre qui\u00adso que lo supie\u0301ramos, sin comentarios, como siempre haci\u0301a.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Mons. Alvaro del Portillo<\/strong> que fue el sucesor de san Josemari\u0301a, y primer prelado del Opus Dei, y durante muchos an\u0303os confesor del santo, escribe que en aquellos momentos sant Josemari\u0301a:<\/p>\n<\/p>\n<p>Senti\u0301a como dividido el corazo\u0301n, entre la necesidad -de una parte- de llegar al otro lado, donde tendri\u0301a libertad de movimientos para seguir con la Obra y ejercer su ministerio sacerdotal; y de otra, la conveniencia de regresar a Madrid donde nos habi\u0301a dejado a unos cuantos, en la ca\u0301rcel o escondidos . . . En esa situacio\u0301n, hizo algo que nunca nos ha recomendado, porque no debemos tentar a Dios pidiendo cosas extraordinarias. (&#8230;) Fue una mocio\u0301n del Espi\u0301ritu Santo. El caso es que decidio\u0301: si, en el te\u0301rmino de unas horas, encuentro una rosa de madera estofada, esto significa que la Virgen quiere que vaya al otro lado. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Pedro Casciaro<\/strong> (recuerdos de 1975):<\/p>\n<\/p>\n<p>Me limito a dar gracias a Nuestra Sen\u0303ora de todo corazo\u0301n porque aquella noche confirmo\u0301 a nuestro Fundador en el camino que debi\u0301a de seguir, hacie\u0301ndole superar aquellas amargas incertidumbres. Asi\u0301 como nunca habi\u0301a visto al Padre tan afligido como la noche pasada, tampoco lo vi nunca tan gozoso como aquella man\u0303ana.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Andre\u0301s Va\u0301zquez de Prada<\/strong> en el libro \u00abEl Fundador del Opus Dei\u00bb, Tomo II, pa\u0301gs. 191 a 196, escribe:<\/p>\n<\/p>\n<p> \u00abLa primera vez que (san Josemari\u0301a) hizo memoria  expli\u0301cita y por escrito de lo ocurrido en Rialp fue una anotacio\u0301n de los Apuntes i\u0301ntimos, del 22 de diciembre de 1937\u00bb. Escribio\u0301 san Josemari\u0301a: \u00abEntonces, con mocio\u0301n interior que coaccionaba mi voluntad, le dije al Sen\u0303or: \u00absi esta\u0301s contento de mi\u0301, haz que encuentre algo\u00bb, y pense\u0301 en una flor o adorno de madera de los desaparecidos retablos. Volvi\u0301 a la iglesia (estaba en la sacristi\u0301a), mire\u0301 por los mismos sitios donde habi\u0301a mirado antes. . . , y encontre\u0301 en seguida una rosa de madera estofada. Me puse muy contento y bendije a Dios, que me dio aquel consuelo, cuando estaba lleno de preocupacio\u0301n por si estari\u0301a o no Jesu\u0301s contento de mi\u0301\u00bb. <\/p>\n<\/p>\n<p>En otra ocasio\u0301n dice sant Josemari\u0301a: <\/p>\n<\/p>\n<p>\u00abCuando estaba comido de preocupaciones, ante el dilema de si debi\u0301a pasar, o no, durante la guerra civil espan\u0303ola, de un lado a otro, en medio de aquella persecucio\u0301n (&#8230;) viene otra prueba externa: esa rosa de madera. Cosas asi\u0301: Dios me trata como a un nin\u0303o desgraciado al que hay que dar pruebas tangibles, pero de modo ordinario\u00bb. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>La Caban\u0303a de San Rafael, <\/u><\/strong><strong><u>22-27 de noviembre de 1937 <\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 44-58)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas<\/strong> (recuerdos 1980)<\/p>\n<p>En media hora, llegamos a una caban\u0303a hecha con troncos, y un poco hundida en el suelo, que era lo justo para ocho personas. El Padredesde el primer momento la llamo\u0301 \u00abCaban\u0303a de San Rafael\u00bb. Estaba situada al noroeste de Vilaro\u0301, a una hora de camino y con unos 200 metros ma\u0301s de altitud. El lugar estaba debajo de una rasante pro\u0301xima, de modo que quedaba bastante camuflado. Sin embargo desde la caban\u0303a, fa\u0301cilmente podi\u0301amos situamos en sitios desde donde habi\u0301a mucha visibilidad. Ma\u0301s al norte se vei\u0301a el monte Aubens. Aquel era el lugar donde permaneceri\u0301amos emboscados hasta que comenzaran las caminatas. (&#8230;)<\/p>\n<p>Ya nos habi\u0301amos convertido en emboscados, y habi\u0301a que organizarse. El Padre empezo\u0301 por hacer el horario para el di\u0301a siguiente. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Diario del 23 de noviembre de 1937<\/strong>, que este di\u0301a escribe <strong>Manolo Sa\u0301inz de los Terreros<\/strong>:<\/p>\n<\/p>\n<p>Se reparten encargos y se hace un horario. <\/p>\n<\/p>\n<p>Levantar                                                   7<\/p>\n<p>Oracio\u0301n                                                    7,1\/4<\/p>\n<p>Santa Misa                                               7,3\/4<\/p>\n<p>Preces                                           <\/p>\n<p>Desayuno y primera parte del sto. Rosario.<\/p>\n<p>Recogida de len\u0303a, paseo, etc.<\/p>\n<p>A\u0301ngelus y 2a parte                                   12<\/p>\n<p>Comida, Estacio\u0301n del Ssmo., Paseo.<\/p>\n<p>Oracio\u0301n y lectura del diario                      17<\/p>\n<p>Conferencia                                             19<\/p>\n<p>Cena y 3a parte del Sto. Rosario<\/p>\n<p>Examen, puntos, retiro                             22<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Pedro Casciaro<\/strong> (recuerdos 1975):<\/p>\n<p>En aquellos di\u0301as funcionamos exactamente como si estuvie\u0301ramos en un Centro del Opus Dei; en una Casa de retiros y convivencias de las que dirige la Obra. Juan Jime\u0301nez Vargas veni\u0301a a desempen\u0303ar las funciones del Director. El Padre elaboro\u0301 un horario tan completo que no nos sobraba ni un minuto. Diariamente predicaba la meditacio\u0301n; celebraba la Santa Misa sobre un altar que construimos con grandes piedras, unos troncos de pino horizontales y otro ma\u0301s delgado donde colgaba su crucifijo de bolsillo; se establecio\u0301 un turno para ayudar a Misa, dirigir el Santo Rosario, leer en voz alta el Evangelio y dema\u0301s normas de piedad y costumbres de la Obra; tambie\u0301n diariamente alguno daba una charla incluyendo temas culturales -el profesor Albareda, por ejemplo, nos hablaba de sus experiencias en diversas universidades europeas-; se llevaba un diario, que los estudiantes de arquitectura ilustra\u0301bamos con dibujos; finalmente, no faltaba un rato dedicado al deporte. Algunos de los ma\u0301s valientes o mortificados, incluido el Padre, lo aprovechaban para ban\u0303arse en una pequen\u0303a laguna cercana -un \u00abestany\u00bb- de agua muy fri\u0301a. Yo no me atrevi\u0301: aquella escena del ban\u0303o me recordaba a los Ma\u0301rtires de Tebaste, porque la temperatura de su estanque no debi\u0301a ser ma\u0301s baja que la de nuestro \u00abestany\u00bb.\u00bb<\/p>\n<\/p>\n<p>Ma\u0301s adelante escribe:<\/p>\n<\/p>\n<p>En los di\u0301as que pasamos en la Caban\u0303a de San Rafael no llegue\u0301 a entender por que\u0301 emplea\u0301bamos tanto tiempo en el aseo de nuestra caban\u0303a y sus alrededores; por que\u0301 nos afana\u0301bamos tanto en mantener tan pocas cosas en tan meticuloso orden y, en general, por que\u0301 esta\u0301bamos tan atareados en ocupaciones que, a veces, me parecieron innecesarias. A la vuelta del tiempo comprendi\u0301 la serenidad, fortaleza y cordura del Siervo de Dios, que supo mantenernos ocupados aquellos di\u0301as, alejando de nosotros cualquier atisbo de impaciencia, pereza o desa\u0301nimo, y, al comprenderlo, me llene\u0301 de agradecimiento y de admiracio\u0301n.<\/p>\n<p><strong>Francisco Botella <\/strong>(recuerdos de 1975):<\/p>\n<p>En el suelo se levanta, como un metro escaso, una caban\u0303a, pero esta\u0301 construida sobre una zona excavada, y al entrar se encuentra uno de pie, sin tener que estar agacha\u00addo, como parece al contemplarla desde afuera. Este es el cobijo donde hemos de pasar unos di\u0301as. A pocos metros de la caban\u0303a se levanta una tabla, que descansa sobre unas made\u00adras del bosque, ofreciendo una mesa breve de Altar. (&#8230;)                          <\/p>\n<p>Nos organizamos alli\u0301, como si fue\u0301semos a vivir mu\u00adcho tiempo. Nos daba risa a Pedro y a mi\u0301, porque las noti\u00adcias que teni\u0301amos abri\u0301an la esperanza, de que al cabo de pocos di\u0301as, podi\u0301amos salir de alli\u0301. Antes de cenar el Padre trazo\u0301 un plan para tener el di\u0301a lleno y ordenado. (&#8230;)<\/p>\n<p>Juan organizo\u0301 la colocacio\u0301n para la noche. Era asi\u0301: el suelo de la caban\u0303a estaba cubierto de yerbas secas y no se\u0301 si de algo de paja; a lo largo, en el borde un tronco de a\u0301rbol haci\u0301a las veces de almohada. En el fondo se coloco\u0301 Juan, luego el Padre, luego yo, a mi lado Pedro, Miguel a continuacio\u0301n, y Jose\u0301 Mari\u0301a, Toma\u0301s y Manolo segui\u0301an hasta la puerta. . . . . . Teni\u0301amos una manta para cada dos y una para el Padre. Asi\u0301, todas las no\u00adches nos situa\u0301bamos como he dicho.<\/p>\n<\/p>\n<p>(&#8230;) \u00bfQue\u0301 recuerdos saltan a mi mente de estos di\u0301as? En las tertulias, el Padrenos hablaba de la Obra, ya de cuestiones muy sobrenaturales, ya de detalles pequen\u0303os, llenos de sabor de la vida de familia y bromas que se refieren a los que estamos entonces con e\u0301l y recuerdos de los que andan lejos. Como siempre, la vida del Padre estaba embebida en Dios y en su Obra. Aqui\u0301 en este ambiente, que favoreci\u0301a que se sintiera miedo, aunque con alguna libertad -teni\u0301amos la posibilidad de gritar, de cantar, lo que se quisiera, sin peligro-, era fa\u0301cil que las circunstancias, siempre hermanadas con el dolor y el miedo, pesaran has\u00adta frenar algo el recuerdo de nuestra entrega. Pero teni\u0301amos patente delante de nosotros la obsesio\u0301n santa, saludable y serena y tambie\u0301n tensa del Padre: siempre pensando, hablando de Dios, haciendo la Obra de Dios.<\/p>\n<p>Proyectos inmediatos de futura expansio\u0301n, esperanza apoyada en el vaci\u0301o: locura de Dios. \u00ab\u00a1Si nos escucharan, creeri\u0301an que estamos locos!\u00bb, deci\u0301a el Padre. Canta\u0301bamos, el Padre cantaba mucho. Le oi\u0301a encantado cantar jotas. El Padre haci\u0301a que la conversacio\u0301n se centrase, a menudo en los te\u00admas culturales que interesaban tanto al Profesor A1bareda, o los de pedagogi\u0301a de Toma\u0301s.<\/p>\n<p>Se me revelo\u0301 el Padre como un gran conocedor de la literatura cla\u0301sica. Recordaba muchos pasajes de autores del Siglo de Oro y de otros ma\u0301s recientes, maestros de la pluma. Y maravillas de los siglos primeros de la edad media. Habi\u0301a tiempo y se llenaba, levantando la inteligencia y el corazo\u0301n.<\/p>\n<p>Habi\u0301a que dar alguna novedad al di\u0301a. Una jornada despue\u0301s de contemplar Jose\u0301 Mari\u0301a las estribaciones lejanas de los Pirineos, con su mirada puesta en el norte, que se adivinaba con ansiedad de saltar distancias, propuso que nos lanza\u0301ramos a buscar setas -bolets en catala\u0301n-. Y aquel di\u0301a pudimos romper la monotoni\u0301a del dichoso arroz con pollo,  que cada vez se haci\u0301a ma\u0301s difi\u0301cil de comer. Se ve que las ardillas se haci\u0301an mayorcitas. Jose\u0301 Mari\u0301a descubrio\u0301 a unos tres o cuatro kilo\u0301metros una laguna. Haci\u0301a alguna excursio\u0301n geo1o\u0301gica por los alrededores y situo\u0301 nuestra caban\u0303a entre las sierras y montan\u0303as que conoci\u0301a.<\/p>\n<p>El Padre teni\u0301a una gran preocupacio\u0301n por los sacerdotes de aquellos contornos, que hubieran podido salvarse. Un di\u0301a aparecio\u0301 a lo lejos un moceto\u0301n fuerte, que avanzaba decidido. Algo mal hablado, con mirada noble, pregunto\u0301 por el Padre: se entero\u0301 de que con nosotros veni\u0301a un sacerdote y anduvo unos ki1o\u0301metros para confesarse y hablar con e\u0301l. Era un sacerdote que habi\u0301a podido escapar y estaba camufla\u00addo entre aquella gente, haciendo su labor del campo con los otros. Teni\u0301a ansias de vivir su sacerdocio. Salio\u0301 reconfor\u00adtado y muy contento; el Padre le dio formas y vino para ce\u00adlebrar y le animo\u0301 a Celebrar la santa Misa y vencer las dificultades. El Padre se acordo\u0301 siempre de e\u0301l.<\/p>\n<p>Otro di\u0301a, nos dijeron que a unos kilo\u0301metros de la Caban\u0303a de San Rafael, bajando un tanto hacia Peramola, en el bosque, habi\u0301a un grupo de sacerdotes, que habi\u0301an salvado la vida hasta esas fechas y vivi\u0301an escondidos en una caban\u0303a.<\/p>\n<p>Aquella zona cobijaba a unas cuantas caban\u0303as para emboscados y una de ellas era esta de los sacerdotes. Fuimos alli\u0301, de \u00abexcursio\u0301n\u00bb, y comimos con ellos. \u00a1Se pusieron ma\u0301s contentos! Nos invitaron a un menu\u0301 menos tosco que el que nos servi\u0301a Pere. Hasta nos dieron tabaco, no lo olvidare\u0301. \u00a1Haci\u0301a mucho que no habi\u0301amos fumado Pedro y yo -e\u0301ramos entonces los u\u0301nicos fumadores-\u00a1 Bueno, la verdad es que hojas secas y algo ana\u0301lo\u00adgo ya habi\u0301amos intentado fumar, antes.<\/p>\n<p>El Padre les dio a\u0301nimos en la tertulia que tuvimos y les aumento\u0301 la visio\u0301n sobrenatural. Luego, hablaron con e\u0301l algunos, paseando entre los pinos que nos rodeaban. <\/p>\n<p>El Padre dormi\u0301a poco, pasaba las noches en vela. Haci\u0301a fri\u0301o y teni\u0301a fiebre. No quiso que le die\u0301ramos nuestras mantas. Y lo que paso\u0301 ma\u0301s de una vez es, que cuando habi\u0301a transcurrido un tiempo despue\u0301s de acostarnos, Pedro y yo nos poni\u0301amos de acuerdo para ir pasando al Padre la manta que los dos disfruta\u0301bamos. Habi\u0301a que proceder despacito, para no despertarle -crei\u0301amos que estaba dormido- y cuando ya esta\u0301ba\u00admos a punto de cantar victoria y tener a nuestro Padre con las dos mantas, el Padre sacudi\u0301a la manta que tan trabajosa\u00admente habi\u0301amos logrado situar sobre e\u0301l y la dichosa manta se posaba otra vez sobre nuestros cuerpos. Habi\u0301a que volver a empezar. Pero sin duda alguna, era evidente que la estancia en los bosques de Rialp, no habi\u0301a hecho sino empeorar la sa\u00adlud del Padre. Se vei\u0301a muy cansado, cuando Juan nos haci\u0301a recorrer kilo\u0301metros para entrenar los mu\u0301sculos.<\/p>\n<p>Varias veces tuvimos que presenciar, que acompan\u0303ar ma\u0301s bien, con el corazo\u0301n y con la oracio\u0301n, el tiro\u0301n que el Padre pareci\u0301a recibir, con direccio\u0301n a Madrid: queri\u0301a volverse a Madrid. Las razones las de siempre: A\u0301lvaro estaba en su pensamiento y a menudo en su boca, y la Abuela, como otras veces y todos los otros. Pero ahora, adema\u0301s, a la vista de la debilidad de su cuerpo, volvio\u0301 con ma\u0301s fuerza el temor que se habi\u0301a presentado ante e\u0301l en Barcelona, de que al no poder seguir hacia adelante en plena marcha por los Pirineos, nos expusiera a lo peor. Se senti\u0301a incapaz de poderse mover apenas, especialmente en algunos momentos del di\u0301a.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Toma\u0301s Alvira<\/strong> recuerda en 1976:<\/p>\n<\/p>\n<p>Sen\u0303alare\u0301 solamente algunos aspectos de nuestra vida en el bosque. Uno de ellos, la Misa que el Padre celebraba todos los di\u0301as, en las primeras horas de la man\u0303ana, sobre el altar que ya he mencionado. El Padre vesti\u0301a con un pantalo\u0301n de panilla de color marro\u0301n y un jersey de lana de color azul marino con cuello alto y doblado (del tipo que llevan los marineros). Utilizaba un vaso de cristal y deci\u0301a la Misa de la Virgen. La llevaba copiada en unas octavillas, escritas a mano, que servi\u0301an de Misal. La Misa era dialogada. No olvidare\u0301 nunca aquellos Santos Sacrificios: por templo el bosque; el celebrante con el ma\u0301ximo recogimiento, muy despacio, se le vei\u0301a poner su alma entera y todo su amor en aquello que haci\u0301a y sobre todo en el momento de la Consagracio\u0301n. Cientos de pa\u0301jaros, al despertar con los primeros rayos de sol, cantaban sin cesar y ayudaban a dar encanto a las Misas del Padre en el bosque de Rialp. Siempre dejaba una Forma consagrada, que era guardada con gran recogimiento por alguno del grupo. <\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Habi\u0301a Meditaciones, Santo Rosario, largos paseos en los cuales cogi\u0301amos abundantes \u00abboletos\u00bb que nos ayudaban a alimentarnos. Cada di\u0301a escribi\u0301a uno el diario que era lei\u0301do en la tertulia del di\u0301a siguiente. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>                      <u>Casa del Corb, 27 de noviembre (Salida de los bosques de Rialb)<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>       (Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 58-70 i 247-251)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>En el <strong>Diario <\/strong>de este di\u0301a, anota <strong>Pedro Casciaro<\/strong>:<\/p>\n<\/p>\n<p>Llegamos a San Rafael y nos encontramos con que hay bastante confusio\u0301n: los gui\u0301as piden por pasarnos dos mil pesetas a cada uno, en lugar de las mil doscientas que antes habi\u0301an fijado. No hay dinero para pasar todos, y al Padre se le ocurre una cosa muy suya y que, segu\u0301n e\u0301l, facilitari\u0301a el apuro: e\u0301l se va a Barcelona sin dinero; alli\u0301 pide prestado y regresa a Madrid. (Madrid: los nuestros que alli\u0301 esta\u0301n son su obsesio\u0301n).<\/p>\n<\/p>\n<p>Esta idea como es natural, hace coger un berrinche fenomenal a Juan, que hasta con tacos mayu\u0301sculos y le dice por lo bajo cosas terriblesalPadre<strong>. <\/strong>Por fin, el Padreaccede y consiente en ponerse en marcha; hay quien cree que lo hace para no armar esca\u0301ndalo delante de los dema\u0301s emboscados, que se han concentrado para la marcha en San Rafael; pero yo creo que no fue por eso. . .<\/p>\n<\/p>\n<p>A las seis y cuarto nos ponemos en marcha. Nos sirven de gui\u0301as Pallare\u0301s y Mateo. . . . . De cuando en cuando, elPadreinsiste en quedarse en Peramola, para regresar a Madrid. Juan va detra\u0301s de e\u0301l, y, en estas ocasiones, le dice cosas como e\u0301stas: \u00abA Ud. lo llevamos a Andorra, vivo o muerto\u00bb. Y es que el Padre pone como argumento que se encuentra tan flojo que se cree incapaz de llegar andando hasta la frontera. De esta incapacidad material estamos todos seguros; pero tambie\u0301n lo estamos de que Dios nuestro sen\u0303or no nos va a dejar solos, despue\u0301s de haber nosotros quemado las naves.<\/p>\n<\/p>\n<p>Caminamos muchas horas, por los bosques espesi\u0301simos. Algunas veces Mateo, que es el que ahora marcha a la cabeza, se detiene o retrocede para buscar el camino imaginario.<\/p>\n<\/p>\n<p>A las once y media aproximadamente, llegamos despue\u0301s de escalar un monte a las cuevas. . . . .: eran extensi\u0301simas y se cerraban por una puerta de pequen\u0303as dimensiones, medio escondida entre las rocas. Se encendio\u0301 fuego en el interior y, para alumbrarnos, unas buji\u0301as. A su luz se distingui\u0301a el techo completamente ahumado y el suelo suci\u0301simo. Debieron servir algu\u0301n tiempo de vivienda a payeses <strong>(estuvo habitada hasta finales de 1934. Se la llama Casa del Corb)<\/strong>, porque teni\u0301a pesebres, cocina y departamentos. Tumbados en el suelo sobre un par de mantas los ocho, y tapados por las tres restantes, descansamos los unos y velaron los otros hasta las tres de la madrugada, en que proseguimos la caminata por lugares bastante difi\u0301ciles.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>                                   <u>Misa en La Ribalera, 28 de noviembre<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 74-79)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Francisco Botella (1975)<\/strong>:<\/p>\n<p>El Padre penso\u0301 Celebrar la Santa Misa en aquel rinco\u0301n, al pie de la sierra Obens. Cerca de la cascada, en una parte abrupta, pero con piedras grandes, y una de ellas hizo de Altar. El Padre teni\u0301a preocupacio\u0301n de que los que veni\u0301an con nosotros, no estuvieran correctos o que las cir\u00adcunstancias con que se Celebraba, sin ornamentos, sin los detalles del culto, les hiriera en una fe que podi\u0301a ser de\u0301bil. Pero al fin, despue\u0301s de encomendarlo al Sen\u0303or, se dis\u00adpuso a Celebrar. Me parece que antes les dijo unas palabras de preparacio\u0301n.<\/p>\n<p>Haci\u0301a viento. El Padre Celebro\u0301 arrodillado, no po\u00addi\u0301a ser de otra forma. Con una punta del corporal tapa\u0301bamos las formas consagradas, cuando el viento se haci\u0301a ma\u0301s fuerte y con un corporal pequen\u0303o, que haci\u0301a de palia, presionando un poco asegura\u0301bamos el ca\u0301liz de la Sangre del Sen\u0303or, para que no se cayera. Miguel y yo, por indicacio\u0301n del Padre, hicimos cuanto acabo de decir. El Padre Celebro\u0301 con la uncio\u0301n y el recogimiento de siempre, sin distraerse por el viento, sumergida su mirada sobre las especies sacramentales que descansaban sobre la piedra. Todos asistieron a la Santa Misa con devocio\u0301n y respeto. Era emocionante sentirse asi\u0301, en aquel lu\u00adgar y rodeados de peligros, incorporados al Sacrificio de la Cruz.<\/p>\n<p>Cuando acabo\u0301 de Celebrar el Padre, estaba muy con\u00adtento y feliz del comportamiento de todos. Nos lo comunico\u0301 enseguida. Y quiso que lo celebra\u0301semos. Lleva\u0301bamos una bote\u00adlla de con\u0303ac para emergencias posibles y sin esperar a la hipote\u0301tica situacio\u0301n cri\u0301tica, prefirio\u0301 celebrar lo bien que se habi\u0301an comportado aquellos compan\u0303eros de peligro, en la Celebracio\u0301n de la Santa Misa. Le rebosaba del corazo\u0301n el agrade\u00adcimiento y el consuelo que habi\u0301an dado a su alma. No teni\u0301a\u00admos sacacorchos y uno decidio\u0301 abrir la botella con un golpe seco, que salio\u0301 tan poco preciso, que acabo\u0301 con todo el li\u0301\u00adquido o casi todo, porque se rompio\u0301 la botella. Lo terminamos celebrando a carcajadas, que inicio\u0301 el Padre, y con alegri\u0301a repleta de buen humor. El Padre reservo\u0301 unas formas consagradas que guardo\u0301 en una cajita y llevaba consigo para po\u00adder comulgar en el camino. Desde entonces, hasta el di\u0301a si\u00adguiente, el Sen\u0303or Sacramentado viajo\u0301 con nosotros, en coloquio amoroso con nuestro Padre. <\/p>\n<p>Pasamos el di\u0301a 28 de noviembre en aquel lugar. Haci\u0301a sol y se estaba a gusto. Por la tarde se nos unio\u0301 ma\u0301s gente. Creo que todos eran payeses -gente del campo- menos un estudiante de Ingenieri\u0301a, Antonio Dalmases. Con e\u0301l continuamos en contacto desde Burgos y luego en Barcelona, al acabar la guerra. Es ahora de la Obra. Ya e\u0301ramos unos cuarenta y tantos.<\/p>\n<p>Al atardecer, aparecio\u0301 como por ensalmo, un chico fuerte, joven, simpa\u0301tico, con aire autoritario, que iba a ser el gui\u0301a principal, el responsable de la aventura en la que esta\u0301bamos empen\u0303ados. Dijo llamarse Antonio. Por supuesto, que ya se vei\u0301a que era un nombre convencional.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas (1980)<\/strong><\/p>\n<p>Amanecio\u0301 durante la u\u0301ltima parte del camino. Llegamos a la Espluga de las Vacas, en el barranco de la Ribalera, a unos 800 metros de altitud, el 28 de noviembre, completamente de di\u0301a, con sol. Era domingo. Aunque haci\u0301a fri\u0301o, el sol ya calentaba un poco. Aquel sitio no puede estar ma\u0301s cubierto. Orientado a la solana, como dicen alli\u0301, con un alto paredo\u0301n detra\u0301s que protege por completo del viento norte, muy soleado, y defendido al sur por unos cerros como unos 50 metros ma\u0301s altos que la Espluga, es un circo que, adema\u0301s de ser inexpugnable, pareci\u0301a ideal para invernar. Lo primero fue la Misa.<\/p>\n<p>Josep Boix ayudo\u0301 a colocar la piedra, que iba a servir de altar, sobre otra grande, muy cerca de la pared de aquel cortado, para quedar bien a cubierto del viento.<\/p>\n<p>Para e\u0301l, es un recuerdo imborrable:<\/p>\n<p>-\u00abSi llegaron a las ocho, a las ocho y cuarto estaba empezando la Misa. Yo me sente\u0301 en un banco que teni\u0301amos hecho con piedras, muy cerca del sacerdote. Por la noche habi\u0301an encendido fuego en aquel mismo sitio. Quedaban unas brasas que pareci\u0301an apagadas, pero estaban encendidas y al arrodillarme me pegue\u0301 un quemazo y me puse de pie de un salto\u00bb.<\/p>\n<p>Ayudaron Miguel y Paco, arrodillados a los lados de la piedra para sujetar los pequen\u0303os corporales, y para evitar que pudiesen volar las Sagradas Formas, extremando las precauciones, aunque no pareci\u0301a necesario, porque el viento no era fuerte. Yo me puse a un lado del \u00abaltar\u00bb, lo ma\u0301s cerca que pude, apoyado en el paredo\u0301n y no perdi\u0301a una palabra.<\/p>\n<p>Alli\u0301 habi\u0301a ma\u0301s de veinte personas que no habi\u0301an oi\u0301do misa ni pisado una iglesia desde julio del an\u0303o anterior, y al enterarse de lo que se preparaba, la expectacio\u0301n fue general. Todos asistieron a la Misa atentos a las palabras del Padre, que se podi\u0301an oi\u0301r, aunque no hablaba alto. Atendi\u0301an sin entender el lati\u0301n. La gente, entonces, sabi\u0301a el significado de muchas oraciones y segui\u0301an la Misa con atencio\u0301n. Resulto\u0301 verdaderamente emocionante y algunos comulgaron. Uno de los estudiantes del grupo -Antonio Dalmases-, a quien entonces no conoci\u0301amos de nada, escribio\u0301 en su diario:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abDurante la Misa no se oye ma\u0301s que al Padre\u00bb. \u00abNunca he oi\u0301do Misa como hoy, no se\u0301 si por las circunstancias o porque el sacerdote es un santo\u00bb.<\/p>\n<p>El Padre quedo\u0301 tan contento de aquel grupo que decidio\u0301 invitarlos a algo, y sugirio\u0301 que abrie\u0301ramos la botella de con\u0303ac que lleva\u0301bamos para el fri\u0301o. Despue\u0301s, podri\u0301a hacemos mucha falta, pero en a aquel momento era ma\u0301s importante tener una atencio\u0301n con ellos. Lo grave fue que al abrir la botella se rompio\u0301, se pudo aprovechar muy poco y nos quedamos sin nada.<\/p>\n<p>Aunque procura\u0301bamos hacer poco ruido, nos desenvolvi\u0301amos con despreocupacio\u0301n, porque, como Boix deci\u0301a, alli\u0301 no era necesario vigilar. Los de Junca\u0301s, no daban un paso en falso, y no era de temer que nos descubriesen. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Antoni Dalmases<\/strong> (1937)<\/p>\n<\/p>\n<p>Andamos hasta que se asoma el sol indiscreto, que es cuando llegamos al sitio donde descansaremos hoy. <\/p>\n<p>Nos cobijamos bajo una roca enorme de unos 30 m. de altura, de cuyo punto ma\u0301s alto cae una cascada que pasa delante de nosotros.<\/p>\n<p>Aqui\u0301 tiene lugar el acto ma\u0301s emocionante del viaje: la Santa Misa. Sobre una roca arrodillado, casi tendido en el suelo, dice un sacerdote, que viene con nosotros, la Misa. No la reza como los otros sacerdotes de las Iglesias. Habla las oraciones en voz alta, llora casi y nosotros le imitamos, unos tendidos, otros arrodillados (. . .) Nunca he oi\u0301do Misa como hoy, no se\u0301 si por las circunstancias o porque el celebrante es un Santo.           <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Diari<\/strong> <strong>(1937)<\/strong>, escribe <strong>Pedro Casciaro<\/strong>.<\/p>\n<\/p>\n<p>Empieza a amanecer cuando llegamos al pie del Aubens.            <\/p>\n<p>Apenas llegar, el Padre decide celebrar la Sta. Misa en unas pen\u0303as, altar hecho por el Todopoderoso sin haber servido de instrumento la mano del hombre. Es indudable que nuestros compan\u0303eros de expedicio\u0301n debieron quedarse sorprendidos de esta ceremonia augusta: todos estuvieron muy respetuosos y algunos emocionados. <\/p>\n<p>A eso de las tres de la tarde, comimos conejo frito que Mateo trajo despue\u0301s de su ausencia. Y, entre rezar el rosario y enredar por las rocas, se fue el tiempo hasta las cuatro y pico; . . . . .  La voz de partida del gui\u0301a me sorprendio\u0301 llenando la bota en un chorro de agua que corri\u0301a por lo ma\u0301s hondo del escarpado.<\/p>\n<\/p>\n<p><strong><u>Subida a Aubenc\u0327, 28.11.37<\/u><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>(Ver \u00abCamino de Liberacio\u0301n\u00bb pp 79-83)<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p>Hacia las cinco de la tarde del di\u0301a 28, llego\u0301 el gui\u0301a principal de la expedicio\u0301n, Josep Cirera. Con e\u0301l empezaron la nueva etapa: la subida a la montan\u0303a de Aubenc\u0327.<\/p>\n<p>En total caminaron ma\u0301s de doce horas. Fue una jornada muy dura, sobre todo el ascenso por la canal de la Jac\u0327a, que es muy empinada. <\/p>\n<\/p>\n<p>En el <strong>Diario<\/strong> de 1937, <strong>Miguel Fisac<\/strong> describi\u0301a asi\u0301 la marcha de esta primera jornada: <\/p>\n<\/p>\n<p>Es media tarde del di\u0301a 28. Comenzamos la primera jornada con el gui\u0301a que nos llevara\u0301 a Andorra, que, dicho sea de paso, es competenti\u0301simo en su oficio; se orienta con una facilidad asombrosa y en esta y en todas las dema\u0301s jornadas no le hemos visto ni un solo titubeo. <\/p>\n<p>Lo primero que tenemos que hacer es la escala de un monte muy alto, que resulta duri\u0301sima por no poder utilizar sendas y por trepar en algunos momentos por rocas casi verticales y apoyados con frecuencia en una tercera parte del pie: precipicios inverosi\u0301miles, descansos muy breves, pues hay que estar en la cumbre antes que termine de cerrar la noche: si no nos da ve\u0301rtigo es porque no se puede uno entretener en esas cosas, que motivos hay ma\u0301s que suficientes. <\/p>\n<p>Esta\u0301 anocheciendo cuando terminamos de subir. Pasamos por sitios encharcados: no hay a\u0301rboles, ni arbustos; solo una hierba fuerte cruje; a nuestro paso, ladra un perro [<em>el perro de la casa de Aubenc\u0327]. <\/em><\/p>\n<p><em> <\/p>\n<p>Tambie\u0301n en el an\u0303o 1937, <strong>Antonio Dalmases<\/strong> escribe en su diario: <\/p>\n<\/p>\n<p>No podemos pararnos, pues esta\u0301 oscureciendo y estamos al pie del acantilado que hay que escalar y es preciso hacerlo con luz, pues sin ella nos matari\u0301amos por e\u0301l. Su altura es enorme y desde su pie, donde estamos ahora, parece imposible subirlo. Pronto dejamos de serpentear en su falda para atacarlo de frente, agarrados a sus rocas. Ya no andamos, gateamos. La ascensio\u0301n es lenta y penosi\u0301sima, arrastra\u0301ndonos pegados a la roca para no caernos. Ma\u0301s que nunca, siento el peso de mi mochila que tira de mi espalda para arrojarme al abismo. Paramos muchas veces a descansar, y entonces lo hacemos medio tendidos en la roca, cara al cielo y a las montan\u0303as que se pintan a lo lejos. Otra vez subir, por este camino casi vertical. Parece que nunca hemos de llegar. Ya hay muy poca luz y esto hace ma\u0301s penosa y difi\u0301cil la subida. Horroriza pensar lo que ocurriri\u0301a si resbalara un poco, seguro que moriri\u0301a. Sudamos a mares y en nuestro afa\u0301n de agarrarnos a los salientes de las rocas no reparamos en destrozarnos las manos. <\/p>\n<p>Cuando por fin, despue\u0301s de una hora y cuarto que parece un siglo, llegamos a la cumbre, sin hablar nos tendemos en el suelo [&#8230;]. Van llegando los rezagados y caen ma\u0301s que se tienden en el suelo. A pesar de la oscuridad, el panorama que se ve es magni\u0301fico. Vemos media Catalun\u0303a. Es esto un mirador u\u0301nico [&#8230;]. <\/p>\n<p>Reemprendemos la marcha ya en plena noche. Siempre hacia el Norte. Estamos ahora sobre unos campos de hierba de suaves ondulaciones que alivian nuestros pies. El gui\u0301a hace correr la voz, que pasa de unos a otros silenciosamente, de que alcemos los bastones y no hablemos, pues pasamos cerca de una casa [<em>la casa de Aubenc\u0327]. <\/em><\/p>\n<p><em> <\/p>\n<\/p>\n<p> <strong>Francisco Botella<\/strong> (1975) recuerda estos momentos que empiezan en la Ribalera con la llegada del nuevo gui\u0301a: <\/p>\n<\/p>\n<p>Pasamos el di\u0301a 28 de noviembre en aquel lugar. Haci\u0301a sol y se estaba a gusto. Por la tarde se nos unio\u0301 ma\u0301s gente. Creo que todos eran payeses \u2014gente del campo\u2014, menos un estudiante de Ingenieri\u0301a, Antonio Dalmases [&#8230;]. <\/p>\n<p>Al atardecer, aparecio\u0301 como por ensalmo un chico fuerte, joven, simpa\u0301tico, con aire autoritario, que iba a ser el gui\u0301a principal, el responsable de la aventura en la que esta\u0301bamos empen\u0303ados. Dijo llamarse Antonio. Por supuesto, que ya se vei\u0301a que era un nombre convencional. <\/p>\n<p>Y cuando ya habi\u0301a poca luz y se aproximaba la noche, empezamos la jornada de camino que habi\u0301a de durar hasta que clarease y tuvie\u0301ramos que escondernos de nuevo. El horario era fundamental, porque habi\u0301a que llegar a determinada hora a un particular sitio, donde estaba previsto que podi\u0301amos escondernos. Por eso, la marcha de noche era, adema\u0301s de dura, subordinada al implacable reloj, que era intransigente. <\/p>\n<p>Al cabo de un tiempo, poco, nos encaramos con un repecho corto, pero muy empinado, que era un difi\u0301cil pedregal. La luz del di\u0301a au\u0301n nos permiti\u0301a subir aquel obsta\u0301culo, que no hubie\u0301semos podido salvar de noche. Es cierto que, a menudo, nos teni\u0301amos que sujetar con las manos y trepa\u0301bamos como podi\u0301amos. Llegamos a lo alto del agudo repecho [&#8230;]. Y luego a seguir, ya de noche, por montes y ma\u0301s montes, siempre en fila india [&#8230;]. A veces adivina\u0301bamos que nuestra marcha era por bordes de precipicios. <\/p>\n<\/p>\n<p>Mientras subi\u0301an por la canal de la Jac\u0327a, hubo un momento de crisis: Toma\u0301s Alvira sufrio\u0301 un grave desfallecimiento que paro\u0301 la marcha de la expedicio\u0301n. <strong>Francisco Botella<\/strong> (1975) lo describe asi\u0301: <\/p>\n<\/p>\n<p>Toma\u0301s hizo crisis fuerte y se quedo\u0301 casi sin poder continuar. El Padre, ante nuestro asombro, iba detra\u0301s del gui\u0301a sin perder terreno. Y aun fue charlando y hacie\u0301ndose amigo de Antonio. Asi\u0301, cuando Antonio percibio\u0301 que Toma\u0301s no podi\u0301a seguir el ritmo que e\u0301l marcaba y determino\u0301, sin contemplaciones, dejarlo abandonado y que los dema\u0301s continua\u0301semos, el Padre pudo conseguir de Antonio que cambiase de parecer [&#8230;]. <\/p>\n<p>Se arreglo\u0301 lo de Toma\u0301s, \u00bfy co\u0301mo? El Padre convencio\u0301 a Antonio, ponie\u0301ndonos la condicio\u0301n de abandonar pra\u0301cticamente todo lo que lleva\u0301bamos, para aligerar el peso y las piernas, y ayudamos a Toma\u0301s entre todos, para que casi a rastras llegara a lo alto del agudo repecho [&#8230;]. <\/p>\n<p>\u00bfQue\u0301 le dijo el Padre a Antonio? Ma\u0301s que con palabras y argumentos, creo que le convencio\u0301 con su simple presencia y su mirada, que le domino\u0301 sin violencia, con el Amor. <\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Juan Jime\u0301nez Vargas<\/strong> (1980) dedica menos palabras a este intenso episodio, pero nos ayuda a situar en su contexto la difi\u0301cil decisio\u0301n de continuar hacia Andorra: <\/p>\n<\/p>\n<p>Toma\u0301s, que en aquel momento se senti\u0301a incapaz de aguantar lo que faltaba, todavi\u0301a recuerda la escena despue\u0301s de tantos an\u0303os como si lo estuviera viviendo: <\/p>\n<p>El Padre cogio\u0301 del brazo al gui\u0301a, hablo\u0301 con e\u0301l unos momentos, y me dijo: \u00abNo hagas caso. Tu\u0301 seguira\u0301s con nosotros como los dema\u0301s, hasta el final.\u00bb <\/p>\n<p>Decidir que teni\u0301a que continuar, con lo mal que se encontraba, pareci\u0301a humanamente una barbaridad, y so\u0301lo era explicable por la fe y la fortaleza del Padre, muy fuera de lo corriente, que trascendi\u0301a, y por eso impresionaba aun a los que en aquel momento no eran capaces de comprenderlo. <\/p>\n<\/p>\n<p> <\/em><\/em><\/em><\/em> <div class=\"fusion-image-carousel fusion-image-carousel-auto fusion-image-carousel-1 fusion-carousel-border\"><div class=\"awb-carousel awb-swiper awb-swiper-carousel awb-carousel--carousel awb-swiper-dots-position-bottom\" data-layout=\"carousel\" data-autoplay=\"yes\" data-autoplayspeed=\"4000\" data-autoplaypause=\"no\" data-loop=\"yes\" data-columns=\"3\" data-columnsmedium=\"1\" data-columnssmall=\"1\" data-itemmargin=\"13\" data-itemwidth=\"180\" data-touchscroll=\"no\" data-freemode=\"no\" data-imagesize=\"auto\" data-scrollitems=\"0\" 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