Reviviendo las emociones de cruzar la frontera andorrana

El día 14 de mayo hicimos la Caminata desde el río de Civís a Sant Julià de Lòria (Andorra), terminando así la totalidad de la ruta del Camino de Andorra.

Empezamos en el Pont de Peramola el mes de octubre y hemos acabado en Sant Julià de Lòria en el mes de mayo.

Hicimos un recorrido de unos 14 Km, con un desnivel positivo de unos 700 metros y negativo de otros 700 metros.

Los caminantes fueron unas 35 personas, venidas de Lleida, Solsona, Igualada, Andorra y Barcelona. Como en otras ocasiones nos acompañó Stefan de Polonia con su esposa Julia y su hija Koko.

Tuvimos la visita de un equipo del programa «30 minuts» de TV3. Un equipo formado por Mireia, Esther y Walter, que nos sorprendió gratamente por su profesionalidad y dedicación, a pesar de la dureza de la travesía de esta jornada. La filmación será retransmitida en el programa «30 minutos» del mes de septiembre. Informaremos de la fecha exacta con suficiente antelación.

Hay que señalar la magnífica barbacoa que nos prepararon Octavio y Daniel, de Igualada. No faltaron los excelentes embutidos andorranos con que nos obsequió Marc -de Sant Julià de Lòria- como ya es tradicional de cada año en esta última etapa.

En definitiva, un día espléndido, que acabó con una fuerte lluvia poco antes de llegar a Sant Julià de Lòria, pero que en lugar de ser un contratiempo fue una aventura más dentro de esta magnífica caminata del mes de mayo.

En junio acabaremos las caminatas de este curso 2010-2011, con la visita a Andorra, repasando los principales lugares donde estuvo San Josemaría del 2 al 10 de diciembre de 1937.

¡Os esperamos con vuestra familia y amigos!

Terminamos esta crónica transcribiendo un relato de Juan Jiménez Vargas, escrito en 1980, recordando el paso de la frontera andorrana el día 2 de diciembre de 1937.

Después de aquella espera interminable, que quizá no pasaría de media hora, pero se nos hizo un siglo, cuando se aseguraron de que podíamos seguir, comenzamos a bajar encorvados sin tocar el suelo con los bastones. Parecía imposible que treinta hombres en fila pudieran moverse así, pero el silencio era absoluto. Pasamos muy cerca de una casa, nuestra izquierda -la borda de Llusá-, que tenía luz encendida, con el aspecto de una lámpara de carburo. Otra vez los endiablados perros -que sin duda estaban encerrados en la borda para guardar el ganado-, ladraban como locos, pero los guías no hacían ningún caso a los ladridos, seguros de que en el paso que teníamos que cruzar no había nadie. A muy poco distancia de la borda dejamos a nuestra izquierda la ermita de Santa María -no la vimos y no sabíamos que existiese-, y en unos quince minutos desde que empezamos a bajar cruzamos el arroyo de Argolell y atacamos una subida muy fuerte hacia Mas d’Alins, que es la primera casa de Andorra. La frontera está muy por encima del arroyo. Ya habríamos pasado la frontera cuando oímos unos disparos de fusil desde la parte de Argolell. Se habían dado cuenta tarde, quizá les parecía que todavía estábamos por la subida y querían batir la cola de la expedición, pero no estábamos a su alcance.