Associació d'amics del camí de Pallerols de Rialb a Andorra
 
El pueblo de Ares

En 1937 en el pueblo de Ares había cuatro casas: Cal Nadal, Cal Duric, Cal Rei y Cal Fiter, con sus correspondientes corrales para el ganado. Estaba, además, la iglesia y la rectoría. Por aquellos años, en Cal Fiter vivían los Bullich que rebautizaron la casa como Ca l'Esparrica. Los Fiter vivían desde el año 1711 en Cal Marqués, de La Seu d'Urgell. Manuel Fiter pasó a Andorra el 21 de julio de 1936, acompañado precisamente por el mismo Josep Cirera.

En enero de 2007 pude hablar con Paco Bullich y Bentanachs, que el año 1937 vivía en Cal Fiter. Había nacido allí el 11 de noviembre de 1917, hijo de los caseros

de aquella casa. Los Bullich procedían de la Guardia de Ares y fue el abuelo de Paco quien se había trasladado a Ares hacía años, como casero de Cal Fiter. El padre de Paco se llamaba Albert Bullich y Llach y la madre María Bentanachs y Oliva; era hermana del dueño del Baridà, Francesc Bentanachs y Oliva. Los de Cal Baridà también pasaban gente hacia Andorra.

Cal Fiter es la casa más grande del pueblo. Tiene unos corrales y un pajar delante, hacia poniente, que son los primeros edificios que se encuentran viniendo del Valle de Cabó y, por tanto, los primeros que encontraban las expediciones que venían de allí.

Paco Bullich recuerda perfectamente que en el año 1937 a menudo pasaban fugitivos por delante de su casa. Cuando llegaban a Ares, la mayoría descansaban en el corral que hay delante de la casa, fatigados por la fuerte subida desde el Valle de Cabó, y algunos pedían algo de comer. Recuerda que en una ocasión eran más de treinta los que había que alimentar, y que se dividieron entre las otras casas del pueblo. Tenían corderos, gallinas, etc. Por la zona de Ares se recolectan unas patatas de muy buena calidad, como también nos lo ha recordado Josep Cirera.

En el mes de septiembre de 1937, Paco fue llamado a filas, y desde entonces hasta que acabó la guerra pasaba casi todo el día escondido por los bosques de Ares. Tuvo la oportunidad de observar el paso de muchas expediciones y recuerda especialmente al guía el Bitllà de les Anoves, famoso por su profesionalidad y honradez.

 

Escribe Juan Jiménez Vargas (1980):

 

En lo alto de la montaña, a unos 1.500 metros de altitud —Sierra de Prada—, junto al pueblo de Ares, paramos en un corral, esperando a uno que se unía a la expedición o a alguno de los     paqueteros del contrabando. Se pudo descansar como una media hora, que era imprescindible,     porque la subida había sido una paliza, para muchos, más agotadora que la de la noche anterior.   Entre los más jóvenes ya los había tan descompuestos que tenían ganas de abandonar. Y no    digamos cómo iban los que ya habían empezado a fallar en las primeras jornadas.

 

Y Francisco Botella (1975):

 

Nos condujeron a una edificación baja, pequeña; dentro había restos de paja y de pienso. Era un depósito de alimentos para el ganado. Antonio había ido a ver si podíamos ocuparla, cuando nos dejó sin explicación alguna y, como siempre, luego daba luz verde para que pudiéramos seguir     sus planes: ahora se trataba de descansar un rato.

Creo que sería una hora la que tuvimos de alivio, tumbados y con buena temperatura. Luego, a continuar.

 

Y Antonio Dalmases (1937):

 

En la cima hay una casa, donde hemos de recoger a un muchacho y, mientras le esperamos, entramos en la cuadra. Allí, sobre la paja y entre los animales dormidos, comemos un poco.

 

 

Conclusión.- De todo ello podemos deducir que, muy probablemente, los componentes de la expedición de noviembre de 1937 descansaron en el primer corral que se encuentra al entrar al pueblo de Ares viniendo de la Oliva de Cabó, y que corresponde a la casa de Cal Fiter.

 

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