Associació d'amics del camí de Pallerols de Rialb a Andorra
 
Acerca del guía Josep Cirera

 

     LA LLEGADA DEL GUÍA JOSEP CIRERA (1ª PARTE) 

 

    La mayoría de los testigos coinciden en que Josep Cirera aparece por primera vez en la Ribalera al mediodía o por la tarde del 28 de noviembre.

 

    Así lo dice Miguel Fisac ​​en el Diario de 1937:

 

Es media tarde del día 28. Comenzamos la primera jornada con el guía que nos llevará a Andorra, que, dicho sea de paso, es competentísimo en su oficio: se orienta con una facilidad asombrosa y en ésta y en todas las demás jornadas no le hemos visto ni un solo titubeo.

 

Lo mismo dice Antonio Dalmases, después de recordar con emoción la misa del día 28 en la Ribalera:

 

Los madrileños me dan pan, mientras esperamos a que nos traigan el nuestro (nosotros hemos dejado el paquete en la casa [Juncàs]) y así pasamos el rato, hablando, comiendo y reparando nuestro equipo, hasta que viene el guía. Es un muchacho joven y decidido. Pagamos la mitad del precio convenido, 7.000 pesetas en billetes antiguos, y nos manda estar preparados para las cuatro de la tarde.

[...] Comemos un poco más y, cuando a las cuatro más o menos viene el guía, nos halla ya cargados y con los bastones en las manos dispuestos para salir.

 

Francisco Botella da la misma versión:

 

Al atardecer [del día 28], apareció como por ensalmo, un chico fuerte, joven, simpático, con aire autoritario, que iba a ser el guía principal, el responsable de la aventura en la que estábamos empeñados. Dijo llamarse Antonio. Por supuesto, que ya se veía que era un nombre convencional.

 

El problema aparece cuando existen versiones diferentes. Juan Jiménez Vargas explica en sus recuerdos, escritos en 1980, que Josep Cirera se reunió con los de la expedición en la casa del Corb, hacia las doce de la noche del incipiente 28 de noviembre de 1937:

 

En la cueva estaba el nuevo guía, que se hacía llamar Antonio. Hasta que nos despedimos en Andorra no dijo su verdadero nombre: José Cirera. Era un hombre de 23 años, con traje de pana y abarcas, duro, autoritario, infatigable y audaz, como poco a poco fuimos comprobando.

Tenía, como cualquier contrabandista, una red de enlaces y señales a lo largo de su ruta; todo lo tenía muy amartillado y no daba un paso sin tener seguridad.

En lo más profundo de la cueva, a la luz de una vela —que no se podía proyectar al exterior—, pronto se vio que era el jefe:

—Aquí mando yo, y los demás a hacerme caso. Andaremos en fila, de uno en uno, y no hablar, nada de ruidos. Cuando yo tenga que avisar algo, lo diré a los primeros de la fila, y que se lo pasen de unos a otros. Nadie se separará de la fila y nadie se quedará en el camino. Si alguno se pone malo y no puede seguir, se quedará, y si alguno quiere acompañarle, que se quede.

La escena era tétrica, y más de uno se encogió un poco, temiendo lo que podrían ser las jornadas próximas. Todavía de noche, salimos de la cueva.

 

Octavio Rico y Dámaso Ezpeleta, citando a Juan Jiménez Vargas, recogen la misma versión en su libro Cruzando la noche. También Andrés Vázquez de Prada en El Fundador del Opus Dei, y otros libros que utilizan las mismas fuentes.

 

Por otra parte, Pedro Casciaro, en sus memorias escritas en 1975, llega a afirmar que Josep Cirera se une a la expedición incluso antes de la casa del Corb. Los datos no encajan, pero hay un comentario en estas memorias que nos advierten de estos posibles errores:

 

Perdí la noción del tiempo porque las caminatas nocturnas parecían interminables: el cansancio, el sueño y el hambre las alargaban desmesuradamente. Las alargaban también lo agreste del camino.

Al tratar de reconstruir ahora esos días, compruebo que bien pueden salir tres como seis: otros testimonios podrán ser más exactos cronológicamente que el mío. Trataré de relatar lo que me acuerde, prescindiendo casi siempre de las fechas y de las horas.

 

        Los últimos documentos reseñados contrastan con la información que nos ha transmitido Josep Cirera en las conversaciones que he mantenido con él a lo largo cinco años.

         Nota.- Dentro de 15 días publicaré la segunda parte del artículo con las conclusiones más probables. Ya adelanto que las investigaciones más seguras certifican que Josep Cirera no apareció en la Casa del Corb la noche del 27 de noviembre (como dicen algunos) sino en la Ribalera al final de la mañana y primeras horas de la tarde del día 28 de noviembre (según el mismo guía i la mayoría de testimonios).   


 
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