Associació d'amics del camí de Pallerols de Rialb a Andorra
 
La ermita románica de Sant Salvador del Corb
El patrimonio cultural del Camino de Andorra, guiados por Josep Espunyes

 

Sant Salvador del Corb

 

El camino que al atardecer del 27 de noviembre de 1937 emprendió el entonces sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer desde Pallerols de Rialb a Andorra -hoy recuperado-, pasa justo enfrente de la casa del Corb, un espacio natural abierto en la roca que fue aprovechado como vivienda desde tiempos prehistóricos hasta mediados del siglo XX.

A unos diez minutos de la casa del Corb, yendo hacia el coll de Mur, encontraréis a la izquierda, un sendero que sube hacia la cima de la roca. Si lo seguís, os llevará a los restos de lo que fue la capilla románica de San Salvador, la más pequeña de Catalunya en este arte: interiormente mide -centímetro más o menos- 3,35 metros de ancho por 5,30 de largo, con el ábside a levante y la puerta de entrada al norte, debido al barranco que tiene al lado mismo de la pared de mediodía. En el campo de la mitología, la creencia popular cuenta que una víbora guardaba la capilla todo el año de ladrones y malhechores, salvo el día de Navidad, fecha en que este reptil se volvía inofensivo y no picaba.

En el ámbito eclesiástico, la capilla de Sant Salvador dependía, cuando se practicaba el culto, de la parroquia de San Miguel Arcángel de Peramola, aunque fue «erijida por la Universidad (comunidad vecinal) de Peramola y la misma Universidad cuida de ella», según consta en el Libro de Visita, del año 1758, de la diócesis de Urgell. También leemos, en este documento diocesano, que «todas las mencionadas Capillas (con referencia a cuatro más que dependían de la parroquia de San Miguel Arcángel) están con decencia, con los ornamentos Necesarios y cerrados con llave».
A mediados del siglo XVIII, el pueblo de Peramola celebraba misa en la capilla de San Salvador cada 6 de agosto, día del santo, como consta en un pliego de dieciséis hojas de un «Libro de Cuentas», del Ayuntamiento de Peramola, del año 1754: «Día 6 de Agosto, de antigua costumbre va el pueblo en la capilla de Sn. Salvador decir misa (ab) lo Sr. Rector ». Un acto de culto, pues, que provenía de tiempos remotos -como pone de manifiesto la frase «de antigua costumbre»- y que se practicaba sistemáticamente cada año. No es extraño, por otra parte, que la citación se extraiga del documento de operaciones contables antes mencionado: en aquellos días, el consistorio Peramola entregaba seis sueldos al rector de la parroquia de San Miguel Arcángel para compensar las molestias que le suponía el desplazamiento a la encaramada capilla de San Salvador.
Salvo esta síntesis, no sabemos nada más de la pequeña capilla de San Salvador, si no es que fue construida hacia finales del siglo XI, según muestran las arcuaciones lombardas que conserva en la fachada absidal, con una ventana doble. Sí que sabemos muy bien, en cambio, que debería rehacerse, a partir de las paredes actuales, si no queremos que dentro de unos años no quede ningún resto de la capilla.


El Corb

 

La roca del Corb forma parte de lo que podríamos llamar el macizo de Sant Honorat, compuesto por la misma roca del Corb y la roca de Sant Honorat, un conjunto constituido por conglomerados de origen fluvial, es decir, material transportado por un río al mar que cubría la Depresión Central Catalana después de haberse levantado el Pirineo, con un perfil parecido al de Montserrat. Sin embargo, la figura de la roca del Corb es propia, con una estampa diferente de la que presenta la roca de Sant Honorat, separadas una y otra por el collado de Mur.

En efecto, la roca del Corb presenta una figura semejante al de una muela gigantesca, bien redondeada, con paredes verticales y aplanada en la cima. Así se ve, por ejemplo, desde la espléndida plaza del Lledoner de Oliana, enmarcada por la roca de Nerola, a la izquierda, y por la roca de Rombau, a la derecha; o desde el lugar abandonado de Cortiuda (Peramola), o desde el collado de Clarà (Solsonès). Y de ahí le viene el nombre, pensamos, de Corb: del latín curvu, «curvado».

Hasta llegamos a creer que en la raíz del topónimo Peramola está la roca del Corb. La primera mención que tenemos de Peramola es en la persona de Arnallus de Petramola, que el año 997 firma como testigo en la escritura en que el conde de Urgell, Ermengol I, otorga la villa de Sallent (Nargó) a la catedral de Urgell. Un Petramola -o Petram Molam, en el año 1024- que es de origen latino -petra (piedra, roca) y muelas (voluminosa: mola)- y que significa «piedra voluminosa», «masa de piedra», «piedra en forma de muela», justo la imagen que presenta la roca del Corb desde las diversas perspectivas del país que hemos enumerado anteriormente: la olianesa plaza del Lledoner, el lugar de Cortiuda y el collado de Clarà.

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