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Portada > Noticias > 75 aniversario. VI Jornada de Caminos de Libertad a través de los Pirineos
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75 aniversario. VI Jornada de Caminos de Libertad a través de los Pirineos  Jornadas i Estudis    

Repasa las ponencias y todas las fotos del acto de la tarde

   

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La llegada del arzobispo de Urgell y el Prelado del Opus Dei para el inicio de la VI Jornada      

Palabras de Joaquim Manich, Presidente de la Associació d'Amics del Camí de Pallerols de Rialb a Andorra

Buenas tardes. En nombre de la "Associació d'Amics del Camí de Pallerols de Rialb a Andorra", doy la bienvenida y agradezco su presencia, a S.E. Mons. Joan-Enric Vives, Arzobispo de Urgell y Copríncipe de Andorra, y al Exmo. y Rvmo. Mons. Javier Echevarría, Obispo-Prelado del Opus Dei, a la Hble. Sra. Maria Rosa Ferrer, Cònsul Major del Comú d'Andorra la Vella, y a todos los presentes.

La Asociación nació en Andorra en el año 2002, con motivo del centenario de san Josemaría Escrivá, con el deseo de recuperar hechos, senderos y lugares del camino que siguió este santo en el año 1937, durante la Guerra Civil española, para poder desarrollar su labor sacerdotal con libertad.

 

Una de las actividades de la Asociación es organizar anualmente estas jornadas de Caminos de Libertad.  Hoy es la VI. Éstas tienen como finalidad recordar aquellos hechos y otros semejantes de otras muchas personas perseguidas. De esta forma, pretendemos promover en la sociedad el respeto a la libertad de las conciencias y al pluralismo de pensamiento, junto con el amor a la convivencia y al perdón, por encima de las diferencias de ideología, raza, religión… Son valores que siempre difundió y vivió san Josemaría y que siguen siendo muy actuales y necesarios.

 

Hoy, en estas VI jornadas bajo el lema: "El paso de san Josemaría por Andorra, en el año 1937", y coincidiendo con el 75º aniversario de este acontecimiento, gozamos de la presencia del Prelado del Opus Dei, a quien agradecemos sinceramente su desplazamiento desde Roma, así como a Mons. Joan-Enric Vives que tuvo la iniciativa de invitarle a bendecir la escultura de san Josemaria.

 

Somos una asociación civil, que modestamente intenta influir en la sociedad actual. Tenemos muchos amigos, pero necesitamos más socios para poder servir mejor a la sociedad con un mínimo de medios. Os animo a que forméis parte de la misma con vuestra contribución. En el hall de entrada encontrareis unas personas que os atenderán amablemente.

 

Finalment, agraïm als Comuns de Sant Julià de Lòria i d'Andorra la Vella, l'esforç i la dedicació de mitjans i de temps, així com a tota la societat andorrana pel seu acolliment.

 

También a todos los asistentes; especialmente, a aquellos que habéis tenido que madrugar y conducir muchas horas para poder asistir a estas jornadas.

 

Muchas gracias.

 

Parlamento de la Hble. Sra. Rosa Ferrer, Cònsol Major de Andorra la Vella

- Su Excelencia Monseñor Joan Enric Vives, Arzobispo y Copríncipe de Andorra

- Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor, Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei,

- Sr. Joaquim Manich, Presidente de la Associació d'Amics del Camí de Pallerols de Rialb a Andorra

- Muy Ilustre Señor Vicenç Mateu, Síndic General

- Ilustrísimos Vicarios Generales

- Excelentísimas y Honorables autoridades

- Señoras y señores

 

Mañana, día 2 de diciembre, celebramos el 75 aniversario del paso de sant Josemaría Escrivá por Andorra, camino hacia el exilio, huyendo de la persecución a la que era sometido por tiempos convulsos y de guerra en España.

 

Desde siempre, la imagen del camino nos ha servido para describir el transcurso de la vida. Junto con los ríos, los caminos son la metáfora perfecta para dibujar un concepto lineal de la existencia: todo tiene un comienzo, un desarrollo más o menos largo y, al final, llega un momento en que se acaba.

 

Con los caminos asociamos la temporalidad, el concepto del viaje, del periplo vital. Discurrir por caminos no es siempre fácil. Si son empinados, piden un esfuerzo y un compromiso. A veces perdemos el itinerario, y la alegría que sentimos cuando lo reencontramos es como la del marinero que ve el faro en la tormenta. Hay caminos empedrados -grabados, como decimos en Andorra- y otros que no están muy trillados. Caminos anchos y caminos estrechos, caminos de herradura y caminos entre barrancos.

 

Los caminos también son la imagen de la comunicación esencial, los hilos que cosen comunidades y pueblos. En Andorra, las montañas nos obligan a tener un cuidado especial de los caminos. La nieve, el mal tiempo, la a veces terrible orografía hace que nuestros caminos sean pequeñas obras de arte. Sant Ermengol, el antecesor de nuestro copríncipe actual, el arzobispo Joan Enric, entendió el papel que tenían los caminos. A comienzos del siglo XI tuvo la clarividencia de ver que tenía de asegurar unas comunicaciones fáciles. Hizo construir puentes en el desfiladero de Tresponts, para salvar un paso dificilísimo, encajado entre las peñas y con un río veloz. Proyectó el puente de Bar, y durante su construcción, el día tres de noviembre de 1035, encontró la muerte.

 

A veces, sin embargo, no es posible ninguna metáfora, y el camino es un sinónimo estricto de vida. Nuestras montañas están llenas de caminos que supusieron una nueva esperanza para mucha gente que sufrió persecución. Andorra, país de refugio, fue la tierra prometida para cientos de personas, víctimas del odio y de la intolerancia. Un año antes de la llegada de san Josemaría, había sido nuestro obispo y copríncipe, Justí Guitart, quien inició el camino del exilio hacia su amada Andorra. Es un capítulo de nuestra historia lleno de episodios de solidaridad, de sacrificios, de heroicidades. También de dolor y de momentos oscuros, de fracasos y grandes dificultades. Los pasos no son fáciles. El camino que siguió san Josemaría hace setenta y cinco años fue un periplo de salvación y, al mismo tiempo, iniciático. Hoy conmemoramos su culminación, con la misa que ofició aquí, en la iglesia de San Esteban. Su recuerdo, el esfuerzo y el cuidado con que ha sido dignificado y reconstruido el camino, es un recordatorio y un homenaje para todos los que, como él, buscaron la salvación en estos remotos valles del norte, a través de los caminos, caminos de vida, caminos que comunican, que nos hacen más humanos y más compasivos.

 

Nos honra que nuestra parroquia, la Capital del Principado de Andorra, sea la sede de la celebración de uno de los actos conmemorativos del paso por Andorra, camino del exilio, de sant Josemaría Escrivá. En nombre del Comú de Andorra la Vella les doy la bienvenida y les deseo que guarden un buen recuerdo del día de hoy. Estoy convencida que podremos mantener esta relación, que se inició con sant Josemaría Escrivá hace 75 años y que hoy cuenta con la presencia del Prelado, el Exlmo. y Rvdmo. Mons. Javier Echevarría. Sea bienvenido a Andorra.

 

Adjuntamos 3 vídeos con los audios de los 4 parlamentos:

   
     
 
 
   
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Parlamento del Sr. Joaquim Manich, Presidente de la "Associació d'Amics del Camí de Pallerols de Rialb a Andorra"
 - Parlamento del Sr. Joaquim Manich, Presidente de la
   
   
     
El Sr. Arzobispo de Urgell, Mons. Joan-Enric Vives en su discurso de apertura
 - El Sr. Arzobispo de Urgell, Mons. Joan-Enric Vives en su discurso de apertura
   
   
     
Palabras de la Hble. Sra. Rosa Ferrer, Cònsol Major de Andorra la Vella
 - Palabras de la Hble. Sra. Rosa Ferrer, Cònsol Major de Andorra la Vella
   
   
     
El Prelado del Opus Dei Mons. Javier Echevarría en su ponencia, que cerró el acto
 - El Prelado del Opus Dei Mons. Javier Echevarría en su ponencia, que cerró el acto
   
   
     

 

Parlamento del Arzobispo de Urgell y Copríncipe de Andorra, S.E. Mons. Joan Enric Vives

 

Excmo. y Rvdmo. Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei

Hble. Sra. Cónsul de Andorra la Vella

Querido Presidente

M.I. Sr. Síndic y autoridades eclesiásticas y civiles de Andorra

Amigos y amigas todos.

 

Tiempo de guerra, de persecución. La guerra siempre conlleva mucha destrucción y gravísimas heridas, unas materiales y otras morales y espirituales. Pensemos en los muertos, las destrucciones de bienes, los desplazados, los refugiados, las familias rotas para siempre, los huérfanos, los heridos; pensemos en los odios y venganzas que se generan y que perduran; las consecuencias de los conflictos que quedan siempre abiertas, que cuestan de curar como heridas mal cerradas.

Son las víctimas inocentes del mal, que estamos obligados a mirar de frente. La guerra siempre es un gran desastre para la humanidad.

En ese ambiente, hace 75 años, Andorra era un pequeño oasis de paz, de acogida, de vida cristiana, de vida de proximidad, de familiaridad.

El beato Juan Pablo II en su Mensaje para la Jornada Mundial de la paz del año 2000, decía: "Durante el siglo que dejamos atrás, la humanidad ha sido duramente probada por una interminable y horrible serie de guerras, conflictos, genocidios, 'limpiezas étnicas', que han causado indescriptibles sufrimientos: millones y millones de víctimas, familias y países destruidos; multitud de prófugos, miseria, hambre, enfermedades, subdesarrollo y pérdida de grandes recursos. En la raíz de tanto sufrimiento hay una lógica de violencia, alimentada por el deseo de dominar y de explotar a los demás, por ideologías de poder o de totalitarismo utópico, por nacionalismos exacerbados o antiguos odios tribales".

Este es el clima que hace 75 años vivía el país vecino, la patria de muchos de nosotros, el lugar donde nuestra diócesis sufrió 111 asesinatos entre los presbíteros. El Obispo, como ha dicho muy bien la Sra. Cónsul tuvo que exiliarse. Él era muy bueno, decía que no le harían nada ya que era persona aforada y que quería quedarse en el palacio episcopal. Sin embargo, escuchando el consejo de sus amigos, finalmente se trasladó a Andorra y poco después, a la vista del peligro que corría también en el Principado por la posible entrada de algún comando violento, tuvo que exiliarse en Italia. Justí Guitart fue también un mártir a su manera. No lo mataron cruentamente, pero sufrió mucho.

Este es el ambiente que había en el corazón de san Josemaría. Con una sufrimiento muy grande para la familia y los amigos que quedaban en Madrid.

Y este es el momento crucial: ¿me quedo?, ¿me voy? Si nos quedamos quizás se destruirá todo, si nos vamos lo podemos reconstruir desde la paz, la fraternidad y el amor.

Recuerdo también las palabras de otro gran santo, San Francisco: "Que donde haya odio, yo ponga la paz". Todo esto estaba en el corazón de san Josemaría.

Un viaje doloroso, del cual es acertadísima la idea, que se ha ido haciendo después realidad con acciones y también construcciones -con restauraciones- de este camino de Pallerols, lo que nosotros estamos celebrando hoy los 75 años, y que la Asociación

-junto con la Fundación- están haciendo que sea un lugar fantástico, muy bonito. Yo os felicito mucho a todos, y también os digo: ¡haceos socios!, porque es la manera de mantener vivo un pequeño camino de peregrinación que ya está haciendo mucho bien a todos los que lo transitan, porque une todo lo que es una peregrinación: un camino, como ha cantado tan bellamente nuestra cónsul, y también lo que supone caminar juntos, la fraternidad. Permite reencontrar las esencias de lo más profundo de la vida, que nunca pasarán: los valores, las virtudes. En el viaje, esto se hace siempre más presente, por eso es importante considerar que en todo viaje se debe tener claro la finalidad del camino. Aristóteles nos lo dice: "lo primero en la intención, es lo último en la ejecución". La intención, la finalidad, es lo que guía nuestra acción. Por eso debemos tener claras cuáles son nuestra intención, nuestra finalidad: queremos hacer apostolado, queremos mostrar el rostro de Cristo, porque sin Él que nos guíe y nos oriente, sí que caminaremos pero no sabemos hacia dónde. Nosotros caminamos hacia la vida eterna, hacia el amor al Señor. Y eso es lo que el camino de Pallerols a Andorra recuerda y recordará. Hacemos muy bien en mantenerlo vivo, en cuidarlo, en poner señales para que nadie se pierda, para facilitar que los peregrinos puedan volver a experimentar la vivencia de ese camino que hace 75 años hizo san Josemaría y sus acompañantes.

 

En Pallerols, María mostró a san Josemaría su amor de madre y él siempre tuvo un gran amor a ese lugar, porqué allí experimentó lo que el Señor quería de él, que era continuar, que era llevar a término aquella fundación que él había visto pocos años antes.

Andorra fue siempre un país de acogida y el final de un camino de liberación para personas de cualquier bando. Aquí llegaron los que huían de las hordas más duras, más feroces, del bando republicano; pero luego, Andorra acogió también a los que huían de la dictadura tan atroz. Y Andorra acogió a los que salían de Francia y venían de Europa a través de rutas larguísimas, huyendo de los nazis; y Andorra ha acogido a las personas que venían huyendo del comunismo feroz y de tantos otros fundamentalismos.

El Principado de Andorra se ha distinguido pues por ser una tierra de acogida y de paz. Está inscrito en sus tradiciones de país de frontera. Las personas que habitan los lugares de frontera tenemos esta capacidad de acoger y al mismo tiempo de mezclarnos. La sociedad andorrana es hoy muy plural; una tradición que hemos de mantener viva y fecunda.

Hace 75 años era una Andorra modesta, bastante pobre, que acababa de sufrir unas riadas devastadoras en su historia, pero que los andorranos -en su modestia- supieron restar a punto para la solidaridad. El beato Juan Pablo II nos dijo en la sollicitudo rei socialis que "la solidaridad es el nombre nuevo de la caridad". La acogida de tanta gente que huía, de un bando o de otro, de un país o de otro, aquí encontraron paz, vida y fe cristiana vivida.

¿Os imagináis el gozo de un gran sacerdote -de un gran corazón sacerdotal, como era el de san Josemaría- poder adorar de nuevo al Santísimo i celebrar la Eucaristía? Yo estoy seguro -y vosotros conmigo estaréis de acuerdo- que en Sant Julià de Lòria, tenemos la mejor imagen de san Josemaría!, adorando al Señor, recién llegado de la travesía de evasión, vestido sencillamente, pobremente, con un jersey y unos pantalones de pana, aunque en la escultura lo hemos puesto con sotana. ¡Un corazón grande, sacerdotal, que puede celebrar de nuevo, con toda la liturgia de la Iglesia! Durante el camino había celebrado la Eucaristía, pero de otra manera, como fugitivo.

Tantas buenas personas -conocidas unas, y anónimas otras- que desinteresadamente le acogieron. Nos lo contaba esta mañana una señora andorrana, que en el año 1937 era una niña de ocho años -que estará aquí ahora, con algunos años más- que uno de los días que san Josemaría visitó a Mn. Lluís Pujol en la rectoría de Andorra la Vella, éste le mandó ir a comprar coca (un tipo de bollo con azúcar, típico de estas tierras) y chocolate, para fortalecer a aquellos que venían exhaustos.

¡Tantas personas que les dieron unos momentos de paz! Esta es la tradición de Andorra, que tiene sus raíces en el cristianismo. No se es solidario porque sí; no se abre la puerta de la casa porque sí; no se es abierto con el enemigo a quien perdonas porque sí; sino por la fe cristiana que vivifica tu estilo. Este es el auténtico humanismo cristiano, amplio, integrador, totalizante de la persona, que amaba san Josemaría y por el que luchó e hizo su gran apostolado en medio de la sociedad.

"Un santo de lo ordinario" lo calificó el beato Juan Pablo II. No resisto citaros otras palabras del Papa pronunciadas en la homilía de la canonización de san Josemaría en Roma, el 6 de octubre de 2002: "La vida habitual de un cristiano que tiene fe -solía afirmar Josemaría Escrivá-, cuando trabaja o descansa, cuando reza o cuando duerme, en todo momento, es una vida en la que Dios siempre está presente" (Meditaciones, 3 de marzo de 1954). Esta visión sobrenatural de la existencia abre un horizonte extraordinariamente rico de perspectivas salvíficas, porque, también en el contexto sólo aparentemente monótono del normal acontecer terreno, Dios se hace cercano a nosotros y nosotros podemos cooperar a su plan de salvación. Por tanto, se comprende más fácilmente lo que afirma el concilio Vaticano II, esto es, que "el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la construcción del mundo (...), sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber" (Gaudium et spes, 34). Como sabéis muy bien, el Concilio Vaticano II, en estos temas se inspiró en la espiritualidad de san Josemaría y del Opus Dei.

Don Javier; sepa que un servidor, nuestra diócesis, mis sacerdotes, nuestros religiosos y nuestros laicos, estamos trabajando en todas partes por una nueva evangelización. Y nos estimula también, tanto su persona como el carisma del Opus Dei. Creo que estamos en una comunión muy bella de la Iglesia, enriquecida por este gran don que es la Prelatura.

¡Felicidades y gracias!

¡San Josemaría protégenos! ¡Ayúdanos y haz que este camino nos lleve a todos a ser muy fecundos, cada uno en su vocación, cada uno donde Dios le ha puesto, para que el reino de Dios crezca!

¡Muchas gracias!

 

 

Ponència de Mons. Javier Echevarría, Obispo-Prelado del Opus Dei

Preámbulo

Antes de empezar, quería decir, que estoy un poco aturdido por el afecto que me habéis mostrado. He podido superar esa confusión pensando que era agradecimiento a nuestro Padre, a san Josemaría; que vuestro afecto lo dirigís a san Josemaría, a quien le debe tanto, no solamente el Opus Dei, como es lógico, sino toda la humanidad, porque es verdad, con su respuesta fiel ha abierto los caminos divinos de la tierra para que las personas, allí donde se encuentren, sepan que son preferidos de Dios, amadas y amados por Dios, buscadas y buscados por Dios. Y que está esperando nuestra respuesta.

Saludos protocolarios y agradecimientos

Su excelencia, Mons. Joan-Enric Vives y Sicilia, Copríncipe episcopal de Andorra.

Honorable Sra. María Rosa Ferrer Obiols, Cònsol Major de Andorra la Vella.

Sr. Joaquim Manich, Presidente de la Associació d'Amics del Camí de Pallerols de Rialb a Andorra.

Y Excelentísimas autoridades todas. Y vosotros, Señoras y Señores, y algunos pequeños y pequeñas.

Introducción

Pienso que si quisiera hacer un testimonio de este aniversario como debería, me alargaría suficientemente como para cansaros. A la vez, sí que os digo que ese camino hacia Andorra ha tenido trascendencia no solamente para la vida de nuestro Padre sino para la vida también, en la Iglesia, de tantos millones de personas. Esta tierra abrió la posibilidad a san Josemaría de poder llevar a cabo aquel paso por su alma que el Señor verificó cuando todavía era un muchacho joven, que le concretó en 1928. Paso al que respondió con entera delicadeza y siempre pensando que se quedaba corto ante el amor de Dios, que es verdad: nunca podremos igualar esa mano que nos tiende, y que nos la tiende constantemente.

Paso ahora a leeros lo que tenía preparado.

Exposición

Hace 75 años, el 2 de diciembre de 1937, de madrugada, san Josemaría entraba en Andorra junto con los otros miembros de la expedición. Había cruzado la frontera aún de noche, sin conocer el momento exacto en que pasaban de un país al otro. Cuando los guías les comunicaron que ya estaban en tierras de este querido principado, al que tanto habían ansiado llegar, san Josemaría -como era costumbre en su vida- elevó el corazón a Dios, y no me cabe la menor duda, rezó ya también por esta tierra, por los ciudadanos de esta tierra y por los que vendrían a lo largo de los años.

Esos pasos primeros, ya en tierras de Andorra, eran los primeros que daban en libertad después de un larguísimo año y medio de todo tipo de peligros y penalidades; tantas veces pasando la noche en la calle, en el bordillo de la acera, sin documentación, con el riesgo de ser detenidos y llevados directamente a la cárcel o al paredón. Ahora, después de tanta espera, ya en Andorra, exultaban al poder hacer algo tan sencillo y tan necesario como rezar o cantar en voz alta.

 

He tenido el privilegio de acompañarle en muchos viajes. Puedo deciros que no eran viajes nunca monótonos, aunque fueran extenuantes, porque hacía recorridos largos. Eran viajes de auténtica familia, porque junto a la piedad que procuraba fomentar en su alma y en la de los que le acompañábamos, de cuando en cuando cantábamos. Y por eso decía con sinceridad que había llenado las carreteras y las calles de esta Europa y del mundo con oración y con canciones; canciones de amor a Dios y amor a la Humanidad. Aquel momento de la pasada a Andorra quedó fijado para siempre en el corazón y en la mente de san Josemaría, pues para él supuso el comienzo de una nueva etapa en el cumplimiento de aquello que le pedía Dios: la fundación del Opus Dei y su expansión por todo el mundo. En muchas ocasiones pude oír de labios de san Josemaría los recuerdos de aquellas duras jornadas y de aquel final feliz; sin quejarse, dando gracias a Dios, porque precisamente en el dolor es donde cuaja el amor, donde se enrecia la respuesta de un seguimiento.

 

Aquella madrugada del día 2, al tiempo que se adentraban en Andorra, las primeras luces del día les fueron revelando la belleza y grandiosidad del valle. Cuando San Josemaría contaba cómo se acercaron al pueblo, mientras rezaban el rosario, se podía notar la fuerza con que se grabó en su memoria el sonido de las campanas de Sant Julià de Lòria tocando a Misa, que escuchaba por primera vez desde que empezó la guerra.

 

Y ahora os digo una pequeña interrupción. Le he podido ayudar a Misa muchos años. Puedo aseguraros que ningún día era igual al anterior; era el momento culminante de su jornada, y ahí nos ponía a todos. Llevaba a la patena a toda la Iglesia, a toda la humanidad, para que estuviésemos muy pegaditos al Cuerpo y a la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

 

San Josemaría recordaba, como hemos visto, que un chico de la zona les guió hasta Sant Julià. Una vez en el pueblo estuvieron con el sacerdote, que les abrió la iglesia para que pudieran rezar la visita al Santísimo. Aunque breve, esta visita a Jesús sacramentado en el primer sagrario que encontraron fue un momento muy intenso en su corazón. Sus palabras: Los hombres y las mujeres hemos aprendido del Padre esa piedad eucarística, que fue uno de los apoyos, por no decir el apoyo fundamental para hacer la Obra tal y como la vemos ahora, y tal como la verán los que vengan detrás. Siempre se esforzó para que ese tiempo de encuentro real con el Señor tuviera todas las características de una vida enamorada.

 

            A Andorra llegaron agotados, después de las largas caminatas nocturnas, con hambre y frío, y con la tensión del peligro. ¡Con qué agradecimiento recordaba san Josemaría la acogedora hospitalidad que Andorra les ofreció! Por fin, -y no solamente por la parte material, sino por el afecto- comidas decentes y noches reparadoras, de las que tenían una necesidad urgente. Pero Andorra principalmente brindó a san Josemaría la libertad que le permitía saciar ansias no menos acuciantes: la libertad de vivir la propia fe y de desarrollar la misión sobrenatural a la que se sabía llamado por Dios.

 

            San Josemaría -pensémoslo así- no estaba simplemente huyendo de un peligro. Lo había afrontado el tiempo que había estado en Madrid, y luego en Valencia y luego en Barcelona. Por otra parte, peligro que era muy real. Bien sabían sus acompañantes cómo se debatió durante todo el viaje entre seguir adelante y volver a Madrid, donde quedaban tantas personas necesitadas de su atención pastoral. La urgencia por salir del país era provocada, precisamente, por la imposibilidad de ejercer su afán de servicio a las almas, por el deseo de trabajar en libertad por la Obra que Dios le había encomendado. Para el Padre, Andorra fue un breve tramo de camino, por el que anduvo en libertad y hacia la libertad, esa que necesita cualquier persona para vivir con la dignidad que le corresponde. Él mismo lo predicó tantas veces. Decía: Se ve claro que, en este terreno como en todos, no podríais realizar ese programa de vivir santamente la vida ordinaria, si no gozarais de toda la libertad que os reconocen -a la vez- la Iglesia y vuestra dignidad de hombres y de mujeres creados a imagen de Dios. La libertad personal es esencial en la vida cristiana. Pero no olvidéis, hijos míos, que hablo siempre de una libertad responsable. Interpretad, pues, mis palabras, como lo que son: una llamada a que ejerzáis -¡a diario!, no solo en situaciones de emergencia- vuestros derechos; y a que cumpláis noblemente vuestras obligaciones como ciudadanos -en la vida política, en la vida económica, en la vida universitaria, en la vida profesional, en la vida de trabajo-, asumiendo con valentía todas las consecuencias de vuestras decisiones libres, cargando con la independencia personal que os corresponde. Y esta cristiana mentalidad laical os permitirá huir de toda intolerancia, de todo fanatismo -lo diré de un modo positivo- os hará convivir en paz con todos vuestros conciudadanos, y fomentar también la convivencia en los diversos órdenes de la vida social". (San Josemaría Escrivá, Conversaciones con Monseñor Escrivá, n. 117).

 

            ¡Cómo amaba San Josemaría la libertad! Hasta tal punto que muchas veces decía, aunque hubiese motivo: antes que hablar mal de nadie me cortaría la lengua con los dientes y la escupiría lejos. Hasta ahí llegaba su amor a la libertad.

 

            Es para mí una gran alegría, y resulta muy oportuno, que a partir de su particular viaje hacia la libertad, en esas circunstancias excepcionales que le llevaron a Andorra, se vengan organizando estas jornadas.

 

            Sí, yo acompaño al Presidente: ¡que vengan muchos socios! (aludiendo a comentario del Presidente de la Asociación a hacerse socios)

 

            Aquí, en Andorra, san Josemaría pudo experimentar de nuevo la emoción de volver a celebrar la Santa Misa, con ornamentos y en un altar. En los nueve días de estancia en Andorra celebró el Santo Sacrificio en varias iglesias y capillas de Andorra la Vella y Escaldes, con una unción que siempre impresionaba a los asistentes. Me gusta imaginarme cómo serían las misas durante ese paso de los Pirineos: en los bosques de Rialb, cómo sería la Misa en La Ribalera, cómo sería la Misa todos esos días en que pudo celebrarla en Andorra; con qué interés, con qué fuerza, y con qué recurso de auxilio se agarraría a esa Hostia en la que estaba presente Jesucristo, con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad.

 

            En ese clima de añorada libertad, por fin recuperada, san Josemaría también buscó el trato con sus hermanos en el sacerdocio. Mossèn Lluís Pujol -lo acabamos de oír-, que entonces era el arcipreste de Andorra la Vella, recibió habitualmente aquellos días la visita del Padre y del grupo de hijos suyos que le acompañaban. Por las tardes, charlaban al calor del fuego, junto al hogar.

 

            Puedo testimoniar, porque lo he oído muchas veces: tengo que escribir a mi querido hermano mossèn Lluís Pujol. Y estoy seguro que, mientras escribía a mossèn Lluís Pujol, rezaba por esta tierra; rezaba por todas las personas de esta tierra.

 

            Dios ha querido en su providencia que yo acompañara a san Josemaría durante muchos años. He tenido el privilegio y la responsabilidad de tocar a diario los frutos que la vida santa de san Josemaría dejó en la Iglesia, que van llegando cada vez a más personas y a más lugares. Resulta clara la trascendencia que algunas decisiones en la vida de un hombre pueden tener en la sociedad entera. San Josemaría siempre nos animó a vivir de tal manera que diéramos a cada instante "vibración de eternidad". En los momentos excepcionales, cuando lleguen, pero sobre todo en el quehacer diario. En los episodios de esos pocos días del paso de los Pirineos, en su breve estancia en Andorra, es posible descubrir las virtudes que san Josemaría vivía cotidianamente, y que con naturalidad le llevaron a responder generosamente en circunstancias tan excepcionales como las del paso por las montañas que rodean a este país.

 

            Como hemos oído, mossèn Lluís Pujol quedó impresionado por la humilde aceptación del dolor y de las penalidades que descubrió en san Josemaría: vio el estado en el que llegaron a Andorra, y le oyó decir que había sufrido tanto, que había hecho el propósito de no referirse nunca a los sufrimientos que había padecido durante el paso. Los que convivimos con el Padre en años posteriores sabemos que cumplió ese propósito, ya que esa fue siempre su actitud. En tantas ocasiones como le escuchamos narrar sus recuerdos de esos días, nunca le vimos quejarse o referirse con acritud a esas circunstancias históricas. Siempre le oímos hablar de la necesidad de la reconciliación, pues san Josemaría era un hombre que sabía perdonar, porque sabía perdonar por Dios. Y por eso fue un gran paladín, un gran predicador del sacramento de la Confesión, al que llamaba, con toda razón, el sacramento de la alegría.

 

            El arcipreste de Andorra también se sorprendió del constante desvelo por los demás, que pudo percibir en muchos detalles en esas pocas tardes junto al fuego. Para todos los que hemos compartido un tiempo con san Josemaría, ya sean años o unas pocas horas, eso no constituye ninguna sorpresa, pues era un hombre que sabía querer, en detalles grandes y en detalles pequeños, que el verdadero amor siempre valora. Ese mismo cariño le llevaba también a agradecer con magnanimidad: es de justicia que recuerde hoy la gratitud que san Josemaría guardó siempre, durante toda su vida, por la acogida que recibió en Andorra. Y yo os doy gracias, sabiendo que desde el cielo os mira complacido y pide por vosotros.

 

            Este agradecimiento, especialmente visible en la emotiva correspondencia que mantuvo durante muchos años con mossèn Lluís Pujol, era para todo el pueblo Andorrano y su hospitalidad.

 

            También recordaba a menudo san Josemaría cuando volvió a Andorra años después, para acompañar en la toma de posesión al nuevo Obispo d'Urgell y Copríncipe de Andorra, su amigo Monseñor Ramón Iglesias Navarri, como ha mencionado el querido Arzobispo, en gesto propio de la lealtad  con que trataba a sus amigos. Con afecto entrañable, nos habló muchas veces de ese segundo viaje. Le acompañaba su hermana Carmen, una mujer recia, con un gran sentido del humor, pero un sentido del humor un poco seco. Y nos refería Carmen, a la que llamábamos familiarmente Tía Carmen por ser hermana de nuestro Padre, nos dijo que cuando vino reaccionó con verdadera incredulidad a propósito de que san Josemaría hubiese cruzado a pie esas montañas. Y le decía, ¿que tú has pasado por ahí? ¡Imposible! Pues fue posible por la gracia de Dios y por el tesón de san Josemaría, muy entregado a grandes caminatas porque muchas veces no tenía dinero y atravesaba todo Madrid de un lado a otro sin tomar ningún medio público porque no tenía ni esos céntimos. También solía referirse con simpatía al tratamiento con el que el nuevo Obispo se dirigía a los Andorranos, "mis fieles y vasallos". Es seguro que ese Obispo, como todos los que le han sucedido, bien ve en los Andorranos, fieles y vasallos leales, que le ayudan, le empujan y sostienen.

 

            Los santos, en su paso por la tierra, dejan un rastro. Los caminos que ellos han transitado no debemos considerarlos como una gesta inimitable o una reliquia que venerar. Dios ha querido dejarnos esas vidas como ejemplos cercanos, que vieron los mismos paisajes y anduvieron por la misma tierra que nosotros vemos y pisamos cada día. Considerar los episodios de su vida, como estamos haciendo hoy, gracias al cariño que guardáis a ese paso de san Josemaría por Andorra, ha de servirnos para imitar a los santos en aquellas cosas que nos acercan a Dios y a los demás. Los pocos días pasados en Andorra por san Josemaría contienen muchas lecciones. Las enseñanzas de un hombre de oración, que con tanta piedad aprovechó esa libertad de creer y rezar que Andorra le brindó. El ejemplo de un hombre amante de la libertad de todos, el ejemplo de un santo que sabía querer, que sabía perdonar, que sabía agradecer.

 

            Estoy seguro de que desde el cielo bendice a todas las personas de este pequeño pero hospitalario país, que le acogió tan generosamente, e intercede por sus gobernantes y por todos sus habitantes, para que el Señor llene de alegría todos los hogares y a cada uno de los hombres y mujeres de Andorra.

 

            Muchas gracias.




   
 
 
   

 8 Comentarios
   
  Autor M. Àngels Bartrolí | 24/12/2012
   Comentario Soc "amiga" de l''Associació des de fa uns anys. Agrair-vos de TOT COR la grandíssima celebració de l'altre dia!!! MOLTES FELICITATS!! M'agradaria moltíssim que pengéssiu a la web els dos actes del dia, si pot ser més o menys íntegres: el del matí, no cal dir-ho, perquè va ser el rovell de l'ou, i tant les paraules del Pare com les del Sr. Arquebisbe, així com les imatges... poden arribar a molta gent. Però és que l''acte de la tarda, considero que també va ser MAGNÍFIC!! i m'agradaria molt tenir les paraules del Pare, però també i amb molt d'interès les del sr. Arquebisbe, parlant d'aquella manera tant emocionada i carinyosa del Pare i de l''Opus Dei (poden ajudar a molta gent). Per altra banda, considero que la Cònsol Major d''Andorra la Vella, es va lluïr, i apart de l''interès de tenir la seva intervenció, s''hi trobo el seu mail, voldria enviar-li una carinyosa felicitació. No us entretinc més que prou feina heu fet i encara teniu. Una altra vegada, moltes gràcies per tot i felicitats.
   
  Autor Jose Luis Fernandez  | 18/12/2012
   Comentario Moltissimes gracies. Vaig estar present i ara tenim aquests documents que ens ajuden a reviure aquell magnific dia
   
  Autor MªTeresa | 18/12/2012
   Comentario Moltes gràcies pel tan complet reportage , un bon record . Os desitgo un Bon nadal i que els objectius i més ,que teniu a l' Associació pel Any 2013 els aconseguexiu plenament .
   
  Autor Xavier C, | 17/12/2012
   Comentario Ha estat un seguiment esplèndit. Gràcies
   
  Autor mercedes | 17/12/2012
   Comentario Muchisimas gracias por toda la información, ya que no pude asistir lo estoy viviendo con vuestros reportajes tan inmejorables.
Muchisimas gracias y gran y fuerte abrazo para todos los que habeis contribuido a este magnifico trabajo. mercedes.
   
  Autor Emilio | 17/12/2012
   Comentario Increìble! Para imprimirlo, encuadernarlo y tenerlo en la mesilla de noche. Gracias por darme la oportunidad de guardar este tesoro.
   
  Autor Joan Forrellat | 17/12/2012
   Comentario
Un reportatge fantàstic! Moltes gràcies una vegada més i ... moltes felicitats, Jordi !
   
  Autor Lluís Inclan | 17/12/2012
   Comentario Moltes gràcies, Jordi pels reportatges tan detallats. Els que no van poder ser-hi ens fem l'idea.
Bon Nadal!
   
   
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Andorra la Vella, 12 de diciembre de 2012
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