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LEugeni Coll, de Fenollet. Socio de Honor.    

Eugeni Coll - Soci d'Honor

A continuacin, Jordi Piferrer i Deu, autor del libro "Cam d'Andorra" hace un resumen de la vida de los tres socios de Honor de la Asociacin.
Con Josep Cirera mantiene frecuentes conversaciones que le han permitido conocer interesantes aspectos de su vida. Tambin habl muchas veces con Josep Boix de Juncs y con Eugeni Coll de Fenollet, estos dos ltimos ya fallecidos.

   

Eugeni Coll i Camp naci el 24 de enero de 1925. Con su esposa Carmen tuvieron una hija, Rosa, casada con Mart Bentanach, que le ha dado dos hijos: Mart y Rosa. Muri en Fenollet, el 10 de mayo de 2007 a los 82 aos.

Nos ayud mucho en el descubrimiento del camino que de Comalavall a Fenollet, as como para rehacer el que subiendo por la canal del Grau de Fangueret va al collado de Santa Fe. Siempre defendi que la expedicin de san Josemara subi por esta canal, por otra parte el camino habitual de la gente de la zona para ir de Fenollet al valle de Cab. Por sus muchas ayudas fue nombrado Socio de Honor el da 26 de febrero de 2005.

Tras mantener muchas conversaciones con Eugeni en los ltimos 5 aos, a continuacin se hace un resumen de ellas con el objetivo de facilitar algunos aspectos interesantes de la casa de Fenollet durante los aos 1936-39. De esos aos, con 14 aos, recordaba muy bien bastantes sucesos de inters.

En sus conversaciones nos explicaba que desde finales de 1936 hasta finales de 1938, prcticamente cada semana pasaba alguna expedicin de fugitivos en direccin a Andorra. Despus de 1939 tambin tuvieron en su casa algn grupo de refugiados.

La casa de Fenollet era muy conocida en la zona, por su situacin estratgica en el camino de Bixols a Organy y la Seu dUrgell. En el camino entre las comarcas del Pallars Juss al Alto Urgell s epasaba por esta casa. En tiempos de las famosas ferias de ganado de Organy y de Sals de Pallars, este era un camino muy transitado.

Al inicio de la guerra civil espaola, algunos milicianos de la FAI quisieron matar al dueo de la casa por considerar que era de derechas. Tena parientes sacerdotes y monjas, y tanto l como su mujer eran conocidos por su hombra de bien. Pero como la familia era muy conocida en la zona, especialmente entre la gente de Bixols, los cinco milicianos de este pueblo determinaron que nadie tocara a los habitantes de Fenollet. De forma que consiguieron una especial proteccin durante toda la guerra.

El camino que pasaba por Fenollet era un camino de herradura, apto slo para animales y para hacerlo a pie. Pasaba por encima de la carretera actual (de forma que hoy todava puede verse en algn punto) y al pasar por Fenollet en direccin a Montanissell, la casa quedaba a la izquierda, de forma que si no se quera entrar en la casa se poda pasar de largo, ms o menos como ocurre en la actualidad.

Entre la proteccin de las gentes de Bixols y las dificultades de acceso se entiende que no fueran objeto de inspecciones de los milicianos. Aunque es verdad que se encontraba en un lugar de paso. Durante la guerra vivieron en la casa unas 14 personas: 6 de la familia, dos monjas que estaban all escondidas, un pastor, dos mozos y 2 o 3 parientes tambin escondidos. Por all, cada semana o cada quince das pasaban expediciones de unas 20-40 personas, camino de Andorra. En los meses de invierno entre diciembre y febrero-, no solan pasar expediciones de fugitivos.

Para dar de comer a tanta gente, Eugeni iba a Organy y a Coll de Narg dos veces por semana a buscar vveres. Alternaba los dos pueblos para no levantar sospechas. En la casa adems tenan corderos, cerdos, conejos y gallinas.

La ermita actual fue construida despus de la guerra, en 1942.
  
Transcribimos algunos prrafos de los escritos y los diarios de la expedicin de 1937 referidos a esta casa y sus gentes.

a) Dice Miguel Fisac en el Diario del 28 de noviembre de 1937,

Mucho despus de lo que hubiramos deseado, lleg el pajar; mejor dicho, el aprisco techado; y despus de esperar un pequeo rato a que el gua pidiera permiso a los dueos para poder parar all lo que quedaba de noche, que era bien poco, y todo el da siguiente, entramos: tomamos un poco de morcilla y pan, de lo que llevbamos de repuesto, y nos dispusimos a dormir al arrimo del ganado, que en otro departamento inmediato al nuestro estaba.

Coincide con lo que nos dijo Eugeni Coll, los animales estaban en una zona de los corrales y los refugiados en otra zona contigua
           
b) Dice Juan Jimnez Vargas en un escrito del ao 1980:

La casa donde tenamos que pasar el da -Fenollet- estaba muy aislada en el monte, a poco menos de 1.000 metros de altitud. Era grande y tena unos corrales relativamente amplios. All, por su situacin estratgica, hacan escala expediciones conducidas por diversos guas. Paraban grupos de 10, 20, 30 y aun ms, aproximadamente una vez a la semana. Aquella familia se portaba con los fugitivos con una generosidad que era muy de agradecer, y Eugenio Coll, que an no tena 14 aos, para hacer el suministro, necesitaba valor. Tena que arreglrselas para comprar por los pueblos sin despertar sospechas, cosas, como el pan, que en su casa no podan tener en reserva para tanta gente. Compraba un da en Coll de Narg y otro da en Orga.
Al llegar, con rdenes autoritarias, el gua nos encerr a todos en el corral. El Padre, que lleg agotado, daba nimos con una frase amable a los que acusaban ms la fatiga. No habamos tomado nada desde las doce de la noche, como corresponda al ayuno eucarstico de entonces. Lo primero fue comulgar, sin que se dieran cuenta de nada la mayora. (. . . )
El Jefe, entonces, advirti que era necesario ahorrar las provisiones que llevbamos, porque despus no encontraramos otra casa donde nos pudiesen preparar algo para comer, y faltaban tres das. Y desapareci. Pasamos todo el da metidos en aquel corral, sin asomamos fuera de la puerta para no ser vistos.
A media maana, cuando casi todos dormamos en el corral, se presentaron en la casa dos milicianos, preguntando si haban visto gente. Andaban recorriendo aquel camino a la caza de fugitivos. La mestresa -en un alarde de serenidad-, les convenci de que estaba dispuesta a colaborar con ellos en la persecucin de facciosos, mientras les serva unos buenos vasos de vino y unas buenas tajadas de pernil. Y cuando acabaron su almuerzo se marcharon sin investigar ms. El Padre se dio cuenta porque no estaba dormido. Quiz esta visita intempestiva no fue excesivamente peligrosa. ().

La mestresa y otras que la ayudaban -una de ellas, familia de la mestresa, era monja y estaba refugiada all- se preocupaban de todo y todo lo tenan previsto. Por la maana, antes de nuestra llegada que esperaban, naturalmente, degollaron una oveja para preparamos la comida.
Repasaron la ropa de algunos. A Toms le cosieron los desgarros que se haba hecho en el pantaln en la bajada de Aubens.
A las dos comimos judas con cordero, que sirvieron en unas cantidades que superaban el hambre que tenamos todos al despertar. Nuestro gua, dice que ha olvidado muchas cosas pero que aquella comida la recuerda siempre.

Eugeni Coll nos deca que este relato sobre milicianos era un poco exagerado ya que como se ha explicado antes, la gente que pasaba por Fenollet era gente de paso, camino de Organy, i no milicianos. A esto se aada la ayuda mutua, la amistad y el pacto de defensa mutua, fruto de una amistad de aos entre las familias de los pueblos circundantes. Es lgico el planteamiento realista de Eugeni, ya que si tenan personas escondidas a 30 pasos de su casa, no podan exponerse a ser descubiertos ya que eso hubiera supuesto su ejecucin por encubridores y facciosos. En resumen, deban estar muy seguros de que era prcticamente imposible que fuera nadie a investigar por la finca. En caso de que aparecieran milicianos sera como gente de paso. Otra cosa es como viera el tema los refugiados, ya que por su natural estado de ansiedad perciban los peligros con mucha ms intensidad. Este relato de Juan Jimnez Vargas est hecho en el ao 1980, cuando ya haban pasado ms de 40 aos, y l mismo dice que esta visita no fue excesivamente peligrosa.

c)Paco Botella en el Diario del ao 1937 dice,

El 29, pasado en el establo de la casa de campo, a donde llega­mos bastante cansados y que esperbamos ver cerca con mucha an­siedad, fue aprovechado para dormir y descansar.

Haba poca paja, para acostarnos con alguna menor incomodi­dad, y se nos trajo ms al cabo de unas horas. En el pesebre co­locamos nuestra mochilas y sentados en el suelo, nos alimentamos con unas judas que nos dieron, de las que tomamos bastantes. Tambin tuvimos conejo y tortilla. Esto de la tortilla era una novedad: haca mucho que habamos gustado su sabor.
Descansamos bien, y nos supo la parada a maravilla. Haca las cinco de la tarde, nos avisan para prepararnos para partir: pero se retras bastante,pues haban llegado unas personas aje­nas a la casa y haba que esperar a que se fueran.

Llevamos menos carga en las mochilas; para facilitar el viaje, que al final de las etapas era bastante pesado, hemos  dejado en la masa la mayor parte de la ropa, zapatos y  dems. Tenemos pues, solamente lo indispensable. Tambin dio all Ricardo unas fricciones a las piernas y pies doloridos del Padre, despus de un  buen bao de agua caliente y salada.

Por fin, hemos salido a las seis y cuarto. Fro sentimos al salir de nuestro dormitorio. Se forma la montona fila consabida, dispuestos a andar horas, ya veremos cuntas! En la dispo­sicin de la fila, nos colocamos convenientemente para que nos sirvamos de ayuda unos otros.

Como se ve, tambin habla de que tuvieron visitas, cosa normal en una casa situada en las inmediaciones de un camino muy frecuentado.

d) Finalmente, el Diario de Antoni Dalmases escrito el mismo 1937, nos dice:

Nos conduce a un corral, nos tendemos en la paja y ah quedamos dormidos. Es el lunes 29 de noviembre.

Hace trece horas que andamos. Alrededor de las diez empezamos a despertar. Comemos un poco, alguien se fricciona y cura los pies. Otros salen a tomar el sol, sentados o tendidos en un patio que hay a la salida del corral. ste tiene unos ocho metros de ancho y otros tantos de largo y los 27 que vamos lo llenamos del todo. Para salir hay que cuidar de no pisar a los que todava duermen. El gua ha tenido que traer unos cestos de paja para esparcirla por el suelo, lo que hace que no se encuentre tan dura la cama. La patrona viene a averiguar lo que cada uno quiere para desayunar, pues el gua ha dicho que economicemos lo que llevamos, ya que despus de esta casa ya no hallaremos otra para aprovisionarnos. Unos comen patatas; otros, tortillas, pan, agua y vino. Un gran banquete. Luego yo me tiendo otra vez a descansar.

Mis nuevos amigos madrileos se entretienen en coger lo ms indispensable de su equipo para tirar lo restante, que no pueden llevarlo. Camisas, calcetines, carteras, zapatos,. . .  todo queda all. Algunas de estas prendas las aprovechamos, los que se ven con nimos para llevarlas. El Padre da nimos a todos. Su compaa inspira confianza a todos nosotros pues parece como si Dios le hubiese mandado. Un extrao magnetismo sale de l y a m me ha impresionado profundsimamente. ()

A los dos aproximadamente traen la comida. Puestos en fila nos van repartiendo un enorme caldero de judas, luego otro de conejo. Es una comida esplndida, comemos con verdadera hambre. Afortunadamente todo es abundante, bueno y caliente.

Luego otra vez a dormir hasta las seis de la tarde que es cuando empiezan los preparativos para la partida.

Este relato de Antoni Dalmases nos da algunas pistas para saber el lugar en el que descansaron. Dice que salieron un momento al patio que hay delante de los corrales que, efectivamente, tiene unos 8 x 8 metros. Todos los escritos coinciden en lo fundamental: durmieron en un corral al lado de otro en el que estaban los animales; delante haba un patio al que salieron para estirar las piernas; comieron muy bien y les recosieron la ropa Todos recordaban, aos despus, que en Fenollet les trataron especialmente bien. Hoy sucede exactamente igual. Se ve que viene de familia.

Un ltimo recuerdo es del 30 de noviembre de 2005. Hablando con toda la familia de la expedicin de 1937, Carmen, la esposa de Eugeni coment que seguramente la duea de la casa, que era muy religiosa, de haber sabido que Josemara Escriv era sacerdote le habra preparado un colchn para dormir. Pero Eugeni replic inmediatamente:

- No digas esto. Se ve que no conocas a Josemara Escriv. No lo habra permitido. Habra hecho que otros lo usaran y no l. Si tena un trozo de pan se lo dara a los dems antes de comrselo l.

Y aadi:

- Recuerdo perfectamente su cara. Me impresion mucho. Todava veo como era.



   
   
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