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Blog del Caminante    
 

Jordi Piferrer

A través de este Blog, todos los caminantes podrán intercambiar sus experiencias y exponer sus criterios y sugerencias sobre aspectos relacionados con el Camino de Andorra

Coordinará el Blog: Jordi Piferrer *


Todas las actividades, se visualizan por orden Cronológico

También pueden verse según los bloques temáticos:
Caminadas, Expediciones de evasión, Expedición de 1937, Cultura, fiestas y tradiciones.


 
29 de enero de 2017
La qüestión de la luna, en noviembre de 1937   

 

En este 4º artículo sobre cuestiones que requieren un análisis más profundo, trato hoy sobre el estado de la luna durante las 13 noches que duró la expedición desde Oliana hasta Andorra, los días 19 de noviembre al 2 de diciembre de 1937 

 

Analizaremos si hay alguna contradicción entre lo que escriben los expedicionarios sobre la cuestión de la luna: si en noviembre de 1937 había luna o no la había.

 

A través de Internet (1), consultando varias páginas web, se pueden comprobar las fases de la luna en noviembre de 1937, que son las siguientes:

 

- El 18 de noviembre de 1937, había luna llena.

- El 19, cuando salen de Barcelona y llegan a Peramola, es también casi llena.

 

Así lo dice José M. Albareda:

 

Estábamos junto al Segre, entre rocas aparatosas, y había luna. ¡Qué hermoso! Decíamos. Pero aquel hombre no se creyó que íbamos a ver el río, las rocas y la luna. Pronto salieron los que nos esperaban.

 

Y en el diario del mismo 19 de noviembre dice:

 

Abajo, con luz de luna, cenamos.

 

- A partir de este día la luna va decreciendo, de manera que los días que pasaron en la Cabaña de San Rafael iba disminuyendo hasta que el día 27 cuando salieron para la Ribalera ya estaba a la mitad, en fase decreciente. Suben la montaña de Aubenç con menos de la mitad de luna.

 

- Los días 29 de noviembre al 2 de diciembre, cuando entran en Andorra, la luna es muy escasa, prácticamente no hay. Precisamente el 2 de diciembre es luna nueva, es decir que no se puede ver.

 

Los guías intentaban organizar las expediciones de evasión cuando la luna estaba en cuarto menguante, como sucede en este caso que del 28 de noviembre -que llega el guía Josep Cirera a la Ribalera- hasta el 2 de diciembre -que llegan a Andorra- la luna está en fase decreciente.

 

Esto explica que algunos expedicionarios digan que no había, y otros que sí.

Lógicamente dependía también de si el día estaba muy despejado o si había nubes que dificultaban la visión.

 

 

(1) http://www.tutiempo.net/luna/fases_11_1937.htm

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15 de enero de 2017
El puente de Peramola   HistòriaPallerols
   
 
   

Continúo hoy con un tercer artículo que esclarece algunas cosas sobre el puente de Peramola, que la expedición en la que iba san Josemaría cruzó al atardecer del 19 de noviembre de 1937

         

En 1937, para ir de Oliana a Peramola había dos puentes sobre el río Segre. Uno era el puente medieval, del siglo XII, que estaba a las afueras de Oliana hacia el norte. Era el puente por donde pasaba el camino real que bajaba de la Seu de Urgell siguiendo el curso del río Segre. Más tarde se le llamó el "Pont Vell" i era un puente que por sus dimensiones no permitía el paso de carros ni vehículos pesados.

Por ello, en 1929 se construyó otro puente más ancho llamado "Pont Nou de Peramola" que permitía ir desde Oliana a Peramola a través de una nueva carretera también más ancha y moderna que el camino real existente anteriormente. Este otro puente se encuentra un poco más abajo del Pont Vell. En el año 1937 estaba prácticamente en el mismo lugar donde está el actual, que es conocido sencillamente como el Pont de Peramola.

En 1937 el puente medieval no estaba en uso, porque no podían pasar coches ni camiones. Por lo tanto para ir de Oliana a Peramola la gente utilizaba normalmente el Pont Nou de Peramola.

En 1939, el ejército republicano en retirada voló los dos puentes, tanto el medieval como el construido en el año 1929. Después de la guerra se hizo un puente provisional en el lugar donde había estado el medieval, porque allí el río era más estrecho y la construcción más económica. Se aprovechó parte del puente viejo, haciendo una estructura más amplia y resistente.

Más adelante, al mismo tiempo que se construía la presa del embalse de Oliana (1943-1958), se hizo un nuevo puente (1953-1957) prácticamente en el mismo lugar que el anterior Pont Nou de Peramola (el que se construyó en el año 1929 y que había sido destruido durante la guerra), pero más elevado y ancho, para que la nueva carretera de La Seu de Urgell pudiera cruzar el río Segre y pasar desde la margen izquierda del río a la derecha, tal como está actualmente. En 1959 se inauguraron oficialmente las dos obras: la presa de Oliana y el Pont de Peramola, quedando fuera de servicio el puente medieval, que era provisional.

 

         Podemos concluir que los expedicionarios de noviembre de 1937 bajaron del autobús que había salido de Barcelona justo antes de cruzar el Pont Nou de Peramola, el del año 1929. Es decir, que no cruzaron el río por el puente medieval, como se ha dicho alguna vez, porque estaba en desuso. El autobús de línea continuó hacia La Seu de Urgell por la antigua carretera que seguía la margen izquierda del río Segre cruzando el río sobre un tercer puente, llamado el Pont Nou de Oliana, que se construyó en el año 1879, a la altura del Barranc de la Mora, un poco más abajo de La Penella[1].



[1] Esta información sobre los puentes de Peramola me la han facilitado diferentes personas de Oliana y de Peramola. En especial citaré a los siguientes. De Oliana: Enric Esteve, historiador local, nacido en el año 1935, y Josep Piqué, nacido en el año 1931. De Peramola: Joan Bonillo, nacido en el año 1939, que trabajó de sondista en la presa de Oliana; Modest Esteve, de la fonda la Masia, nacido en el año 1930, y Pere Junyent Molleví, nacido en el año 1930. Últimamente he obtenido una importante información de Antoni Selva, de Peramola.

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6 de enero de 2017
¿Quien era Pallarès?   Història
   
 
   

Continúo hoy con un segundo artículo para esclarecer quien podría ser Pallarès.

 

     2. ¿QUIÉN ERA PALLARÈS?

 

     En los escritos históricos que redactan los expedicionarios, la palabra "Pallarès" tiene dos interpretaciones: O bien se refiere a una contraseña o bien a una persona.

 

a) Como contraseña lo cita, entre otros, Juan Jiménez Vargas, Pedro Casciaro y Francisco Botella.

 

- Juan Jiménez Vargas, en sus recuerdos del año 1980, dice:

 

Cada día caíamos por la lechería, con la esperanza de encontrar el aviso decisivo, pero ya bien entrado noviembre, el parte diario seguía diciendo que aún no había llegado Pallarés, con lo que entendíamos que aún no había llegado la orden de marcha

 

- En el Diario que el día 19 de noviembre escribe Pedro Casciaro -en el que cuenta su aventura desde Sanaüja a Peramola- dice que la contraseña para reconocer al guía era "Pallarès". Escribe textualmente:

 

Al explicarnos el lechero, en Barcelona, lo que nosotros habíamos de hacer al llegar a Sanahuja, era decir ¡Pallarés! como palabra de identificación

 

- Francisco Botella recuerda en sus escritos del año 1975:

 

Ya oscurecía cuando se paró el hombre bajito, se volvió, dando tiempo a que nos encontrásemos con él, y dijo en catalán: ya ha pasado el peligro. No hubo necesidad de que Pedro pronunciase la palabra clave "Pallarés"

 

b) Como persona, son muchos los relatos de los expedicionarios en que aparece un hombre al que llaman Pallarès. Aparece muchas veces junto a Mateo el lechero en la zona de Peramola, Cabaña de San Rafael y Ribalera.

 

De todas las citas se desprende que este Pallarès es el mismo que a veces llaman "el sacristán" o "el Tonillo"; es decir Antoni Bach Pallarès, de Peramola, que tenía el oficio de sacristán, campanero, cartero, etc.

 

Algunos de los escritos que avalan esta conclusión son los siguientes:

 

- En el Diario del día 19 de noviembre, que escribe Pedro Casciaro, éste cuenta su aventura desde Sanaüja a Peramola y dice textualmente que al llegar a Peramola conocen a Pallarès, el "exsacristán de Peramola". Dice así:

 

A las dos y media llegamos a las proximidades de Peramola. No era conveniente entrar de día, porque seríamos descubiertos por la gente. En un bosque esperamos … al oscurecer; entonces entramos en el pueblo, conducidos desde la mitad del camino por Pallarés, el exsacristán de Peramola, que brotó fantásticamente desde unos matorrales cuando estábamos ya muy próximos al pueblo. Tras un rodeo llegamos al establo de Pallarés y en la pajera nos alojó 

 

- Manolo Sainz de los Terreros, en el Diario del día 23 escribe:

 

A eso de las tres, viene otro refugiado de estos montes; es el hijo del sacristán de Peramola, que nos invita a tomar café en su choza … Se han reunido allí el sastre, el sacristán y otros personajes de Peramola

 

- Juan Jiménez Vargas escribe en el Diario del día 26:

 

Faltaría poco para el toque de diana, que corre a cargo de Tomás, cuando llegó Mateo con el hijo del sacristán

 

En ambos relatos el hijo del sacristán es Paco Bach.

 

- Manuel Sainz de los Terreros anotó en su agenda del año 1937:

 

Vino Mateo, y salida inesperada a las 6 de la tarde. Fuimos 23 y Mateo y Pallarés a un barranco al que llegamos a las 6 de la madrugada. Frío, andar a oscuras difícil, molesto y caídas. Dormimos 3 horas en gruta. Misa en barranco y comer algo y dormir (imposible, suelo todo inclinado con piedras)

 

-Pedro Casciaro escribe en el Diario del día 27:

 

A las seis y cuarto nos ponemos en marcha. Nos sirven de guías Pallarés y Mateo. Delante va el primero de estos y nos lleva a una velocidad terrible, en medio de la oscuridad más completa de esta noche sin luna ... Tan deprisa nos llevaba aquel sacristán que poníamos los pies sin saber donde … Pasamos muy próximos a Oliana (debería ser Peramola, ya que Oliana está muy lejos). Pallarés se separa de nosotros, para ir a este pueblo por víveres y unas alpargatas"

 

De todo lo anterior se deduce que "Pallarès" era Antonio Bach Pallarès, al que llamaban indistintamente: el sacristán, el Tonillo o Pallarès.

 

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15 de diciembre de 2016
Mateo ''el lechero''   
   
 
   

Empiezo hoy una serie de 17 artículos que intentan aclarar algunos aspectos de la expedición de san Josemaría en el paso de los Pirineos en el otoño de 1937.

Son 17 aclaraciones que figuran en el libro "Entre la noche y la esperanza", de Jordi Piferrer, Editorial Milenio, Lleida 2014, y que ahora resumo en este blog. Para leerlo en su totalidad ir al original del libro.

La versión en catalán se titula "El pas dels Pirineus", Jordi Piferrer, Pagès Editors, Lleida 2012.

Algunas de las aclaraciones son nuevas, producto de las preguntas que me han hecho algunos lectores.

Procuraré que cada 15 días se publique una de estas 17 aclaraciones.

Agradeceré que todos puedan ampliar algún aspecto de los que iremos tratando.

Comenzaré hoy con el primer aclaración, según el orden cronológico de aparición en escena:


1. ¿QUIÉN ERA MATEO "EL LECHERO"?

El sobrenombre de 'lechero' se lo pusieron en Barcelona para entenderse entre ellos, puesto que no conocían su verdadero nombre y habitualmente conectaban con él en un bar, que les pareció una lechería.

 

Datos de los documentos históricos escritos por los expedicionarios

En estos documentos, se cita por primera vez a un tal Mateo en Barcelona el 14 de octubre de 1937. Se vuelve a hablar de él en la zona de Peramola, los días 21, 26, 27 y 28 de noviembre.

 

El 14 de octubre, escribe Juan Jiménez Vargas (1937) en el Diario:

Por fin Rafaela nos presenta a un lechero llamado Mateo, por medio de una señora a quien éste arregló la salida de su marido. La señora a su vez ha conocido a Rafaela por intermedio de la señora Mercedes, como dicen los catalanes. Nos reunimos con ellas y con Mateo para hacer planes.

 

Años después, el mismo Juan Jiménez Vargas (1980) recordaba:

Cada día caíamos por la lechería, con la esperanza de encontrar el aviso decisivo; pero, ya bien entrado noviembre, el parte diario seguía diciendo que aún no había llegado Pallarés, con lo que entendíamos que aún no había llegado la orden de marcha. Suponíamos que la retransmisión de noticias estaba a cargo de alguno del pueblo, que tenía recursos para ir y venir a Barcelona sin despertar sospechas. Aun convencidos de que todo iba bien —Mateo, el lechero de Peramola, cada día se mostraba más optimista— y de que la salida era inminente, la espera seguía poniendo a prueba nuestra paciencia […].

A mediados de noviembre —el 15 ó 16—, Mateo, por fin, nos dio indicaciones en firme para la salida inmediata de Barcelona con contraseñas, detalles de las paradas de autobús, y otros avisos para prevenir en lo posible los imponderables del viaje.

El Padre se despidió de Mateo con profundo agradecimiento, ese agradecimiento que sentía y manifestaba siempre por el menor favor que le hacían. Mateo había salvado a muchos, pero sus posibilidades se habían agotado. Después de la expedición nuestra, parece ser que, por esta vía, sólo pudo pasar un grupo más, como luego nos contó su hijo. Mateo pudo darse cuenta a tiempo, no se sabe cómo, de que le buscaban —habíamos estado en la boca del lobo—, y pudo huir a Argentina [1], a un pueblo donde tenía familia y buenos amigos; y allí pudo seguir hasta el final de la guerra.

La expedición nuestra salió el 19 de noviembre, ya en una fecha muy crítica, porque el refuerzo de la vigilancia persiguiendo fugitivos, más numerosos de día en día, hacía cada vez más difíciles las marchas hacia la frontera. En la expedición nuestra iba Mateo Molleví Serra —entonces no le conocíamos [2]—, un sobrino de Mateo, lechero.

 

Otro expedicionario, José María Albareda, escribía en una carta de abril de 1938:

Desfile de personas equívocas, que un día parecían héroes que lo arriesgaban todo por liberarnos, y otro, informales mercaderes de nuestra inquietud. Por fin pasó un hombre bueno. Respiraba seriedad y honradez. Tenía claridad de juicio. Era lechero, y estoy seguro que de los que no echan agua a la leche. Trazó un plan. Ecuánime, seguro en el decir. Marchó a su pueblo; dijo volver a los pocos días y ... nada. Inundaciones del Segre a principios de noviembre. Desbordamientos. Y había ríos que cruzar. Al principio, no pensaba resistir tanto sin volver a Madrid. Pero ... mientras se vislumbraba una posibilidad, ¿quién daba marcha atrás? Y una tarde, a las seis —visita inolvidable— se presentó el lechero. ¡Si aquel hombre no podía engañar! Había que salir enseguida; tenía varios en Barcelona, y nos distribuyó en tres o cuatro envíos. Yo salía en el primero.

 

Pasemos ahora a los testimonios de la zona de Peramola. El 21 de noviembre, según el Diario de 1937 que aquel día escribía Pedro Casciaro, Tonillo y Mateo acompañaron desde Peramola hasta Vilaró a los tres que acababan de llegar de Barcelona. En Vilaró estaban esperándolos san Josemaría y los otros dos que habían llegado el día anterior:

 

A la mañana siguiente vinieron a buscarnos Pallarés y Mateo, y nos condujeron con las precauciones de siempre a la masía en que se encontraban desde el día anterior el Padre, Juan y José María.

 

El 26, el Diario, escrito aquel día por Juan Jiménez Vargas, dice:

Faltaría poco para el toque de diana, que corre a cargo de Tomás, cuando llegó Mateo con el hijo del sacristán [...]. Cuando salí de la casa, estaban todos junto a la puerta rodeando a Mateo y su acompañante, que les daba instrucciones para la partida que será el lunes por la tarde. Mateo no ha podido portarse con más generosidad.

 

El 27, otra vez el Diario, ahora a cargo de Pedro Casciaro, dice:

Los guías piden por pasarnos dos mil pesetas a cada uno, en lugar de las mil doscientas que antes habían fijado. No hay dinero para pasar todos, y el Padre habla con Mateo, que acaba de llegar, de este asunto. Mateo dice que intercederá él con los guías, para arreglarlo [...]. A las seis y cuarto nos ponemos en marcha. Nos sirven de guías Pallarés [Antoni Bach Pallarés, el Tonillo] y Mateo. Delante va el primero de éstos, y nos lleva a una velocidad terrible, en medio de la oscuridad más completa de esta noche sin luna [pero Antonio Dalmases dice que había luna [3]. Tan deprisa nos llevaba aquel sacristán [el Tonillo], que poníamos los pies sin saber dónde; y más de una vez, fui a ponerlo en un punto tan inseguro que, resbalándome, me doblé el pie, teniéndolo resentido durante toda la jornada.

Pasamos muy próximos a Oliana [debe querer decir Peramola, ya que Oliana está muy lejos]. Pallarés se separa de nosotros, para ir a este pueblo por víveres y unas alpargatas para Manolo y para otros expedicionarios que carecen de ellas, mientras nosotros esperamos agazapados en un terraplén cercano al camino. La espera se hace larga: tenemos frío y desenrollamos nuestras mantas, para abrigarnos, estando todos hechos un pelotón de carne rubeniana, pero vestida. Por fin, al cabo de más de una hora, regresa Pallarés con aprovisionamiento para los pies por lo menos. Nos ponemos en marcha; pero al poco rato, una vez alejados del pueblo, volvemos a detenernos para que los favorecidos se calcen las alpargatas.

Caminamos muchas horas, por los bosques espesísimos. Algunas veces Mateo, que es el que ahora marcha a la cabeza, se detiene o retrocede para buscar el camino imaginario. Casi siempre vamos apartados de las sendas, por malas que sean [...].

A las once y media aproximadamente, llegamos después de escalar un monte a unas cuevas: eran extensísimas, y se cerraban por una puerta de pequeñas dimensiones, medio escondida entre las rocas. Tumbados en el suelo descansamos los unos y velaron los otros hasta las tres de la madrugada, en que proseguimos la caminata por lugares bastante difíciles. Empieza a amanecer cuando llegamos al pie del Aubens.

 

Llegaron a la Espluga de les Vaques, en la Ribalera, en donde permanecieron desde las siete de la mañana hasta más allà de las cuatro del domingo 28, según el Diario que aquel día escribía Pedro Casciaro:

Apenas llegar, el Padre decide celebrar la santa misa en unas peñas. Celebrada la santa misa desayunamos, aunque no muy abundantemente: pan y embutido con algo de vino. A eso de las tres de la tarde, cominos conejo frito que Mateo trajo después de su ausencia [...]. A las cuatro y pico nos pusimos de nuevo en marcha, mal comidos y peor dormidos. La voz de partida del guía me sorprendió llenando la bota en un chorro de agua que corría por lo más hondo del escarpado.

 

Sainz de los Terreros, en una narración telegráfica que empieza la tarde del día anterior, el 27, decía:

Vino Mateo y salida inesperada a las 6 de la tarde. Fuimos 23 y Mateo y Pallarés a un barranco al que llegamos a las 6 de la madrugada. Frío, andar a oscuras difícil, molesto y caídas. Dormimos 3 horas en gruta. Misa en barranco y comer algo y dormir (imposible, suelo todo inclinado con piedras).

 

Datos facilitados por parientes de Mateu Molleví Roca

En los relatos sobre la intervención de Mateo el lechero en la expedición de noviembre de 1937 hay alguna confusión. Las conversaciones que he tenido con Juan Molleví Viladoms, un pariente cercano, nos han revelado algunos datos muy esclarecedores.

Según Joan Molleví, los principales protagonistas de la organización de fugitivos de Barcelona hacia Andorra, en que participaban los de Cal Mateu, fueron:

Josep Molleví Roca, de 57 años, dueño de Cal Mateu de Peramola; Mateo Molleví Serra, de 31 años, hijo del anterior y heredero de la casa, que Joan considera el coordinador de la organización de fugitivos; Baldiri Viladoms Valls, de 52 años, financiero, y Mateo Molleví Roca, de 48 años, que era el contacto permanente en Barcelona. Se pueden añadir los que colaboraban desde Peramola, como Antoni Bach Pallarès, de Cal Tonillo, su hijo Paco y otros.

Nos da más luz sobre los protagonistas un diario que escribió Francesc Molleví Serra [4], que sigue día a día sus peripecias desde que salió de Barcelona el año 1937, hasta que volvió en 1939, incluyendo su paso hasta Andorra entre el 15 y el 19 de julio de 1937.

Comienza el Diario cuando el hermano mayor, el heredero de Cal Mateu de Peramola, Mateo Molleví Serra, baja a Barcelona a principios de julio de 1937 y avisa a sus dos hermanos gemelos (Francesc y Pau, de 26 años) para que pasen a la otra zona de España para evitar que les incorporen, de un momento a otro, al ejército republicano. Con ellos se pasaron otro hermano (Miquel, de 28 años) y dos primos (Miquel Serra Molleví, de 28 años, y Josep, de 26, hijos de Ramona Molleví Roca). El heredero, Mateo, se quedó de momento en casa y no pasaría a la otra zona hasta más adelante, en mayo de 1938, por el frente de Tremp.

 

El Diario de Francesc Molleví Serra empieza así:

Estamos trabajando con mi hermano Pablo en la lechería de mis padres, y en compañía de mi prometida Carme, junto con sus hermanos y la yaya; estando en la lechería con mi hermano Pablo, eran las 12 del mediodía y viene mi hermano Mateo procedente de Peramola y nos avisa que teníamos que partir inmediatamente hacia Peramola porque nos vendrían a coger para llevarnos a la guerra.

 

Queda claro que las lecherías son propiedad de Josep Molleví Roca -el heredero de Cal Mateu- padre de Francesc y Pau, y no Mateo Molleví Roca, que como hemos dicho tenía un bar restaurante y no una lechería.

Según nos dice Joan Molleví Viladoms, la lechería donde trabajaban los hermanos gemelos Francesc y Pau estaba en la calle Tamarit, 189, que estaba muy cerca del bar restaurante Bonavista, en la Ronda de Sant Antoni, 84. Esta proximidad facilitaba ir de un edificio a otro.

 

Conclusión

Los apelativos Mateo y lechero han originado confusiones que conviene aclarar. De lo que acabamos de exponer se puede deducir que:

Los lecheros eran: Josep Molleví Roca, de 57 años, y su hijo y heredero, Mateo Molleví Serra, de 31 años. Mateo Molleví Roca, hermano de Josep y tío de este otro Mateo, no era lechero, sino que tenía un bar, en el que -evidentemente- podía vender la leche que sus sobrinos le suministraban desde la lechería. Mateo Molleví Serra bajaba frecuentemente a Barcelona por los negocios de las lecherías y podía establecer fácilmente contacto entre los fugitivos y la organización de Peramola.

Probablemente el que hablaba con ellos era Mateo Molleví Roca, que permanecía en Barcelona al frente de su bar de la Ronda de Sant Antoni. En 1937 tenía 48 años, edad que es más acorde con la que se deduce de las descripciones que hemos ido viendo. Vivía con su mujer e hijos en el primer piso del mismo edificio, encima del bar.

Los lugares de contacto con los fugitivos podrían ser la lechería de la calle Tamarit o bien el bar de la Ronda, si bien los documentos históricos hacen siempre referencia al bar, que ellos llaman lechería.

 

Juan Jiménez Vargas aclara definitivamente esta qüestión en un documento (Testimonial del año 1976) donde dice textualmente:

Por su aspecto -mostrador de mármol y mesas de mármol con patas de hierro- le llamamos la lechería, aunque más bien era un bar donde incluso servían comidas. Preguntamos por Mateo, que resultó ser el que estaba en el mostrador, y nos atendió muy bien desde el primer momento. No nos había dicho más que Mateo, a secas, por aquel miedo instintivo generalizado a levantar pistas. Mucho después supimos que se llamaba Mateo Molleví Roca. Tenía una finca en el término de Peramola (Lérida). Se veía que, por su edad, como de unos 50 años, estaba fuera de las quintas movilizadas. Tenía un hijo -Mateo Molleví Ribera- que había pasado la frontera con alguna de las últimas expediciones. Éste, después, volvió a la zona roja, en misión de espionaje, y acabó la guerra en zona nacional, de enlace motorista a las órdenes del alto mando.

 

Juan Jiménez Vargas no volvió a la zona de Peramola hasta finales de los años 1960. Mateo Molleví Roca había muerto en 1955, a los 66 años, y Mateo Molleví Serra murió en 1966 a los 60 años. Por tanto, no pudo hablar con el primero, y con el otro no nos consta que lo hubiera hecho. Las identificaciones se deberían basar en lo que le comentaron otras personas de Peramola que conocían perfectamente a la familia Molleví llegando a la conclusión de que Mateo el lechero era Mateo Molleví Roca, aunque podía haber sido también su sobrino Mateo Molleví Serra, que era propiamente el lechero, y estaba más a menudo en Peramola que su tío.

Ya que Juan Jiménez Vargas, de los años sesenta a los setenta, investigó a fondo este tema y pudo hablar con mucha gente que conocía bien la familia de Cal Mateu, pienso que sus conclusiones son correctas y que Mateo el lechero citado en los diarios era efectivamente Mateo Molleví Roca.



[1] "Argentina" es una mala lectura de la palabra "Argentona", una villa próxima a Mataró de donde era su esposa. La errata es fácil de comprender.

[2] Aquí hay una confusión, porque Mateu Molleví Serra se quedó en Peramola y no pasó a la otra zona, por el frente de Tremp, hasta el mes de mayo de 1938. Así lo dice claramente el Diario de Molleví. Véanse las conclusiones que se citan más adelante.

[3] Ver el apartado: "La cuestión de la luna, en noviembre de 1937".

[4] Padre de Joan Molleví Viladoms.

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30 de diciembre de 2015
Reconstrucción de la Rectoría de Pallerols   PallerolsReconstrucció de la Rectoría de Pallerols

        

         Iniciamos la reconstrucción de la rectoría en octubre de 2011 y la hemos terminado en septiembre de 2015. La inversión total ha sido de 420.000 €.

 

         Necesitamos tu ayuda para devolver los créditos que pedimos.

 

         Colabora con lo que puedas:  ¡Gracias por tu ayuda! Clica aquí

 

                   

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