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Blog del Caminante    
 

Jordi Piferrer

A través de este Blog, todos los caminantes podrán intercambiar sus experiencias y exponer sus criterios y sugerencias sobre aspectos relacionados con el Camino de Andorra

Coordinará el Blog: Jordi Piferrer *


Todas las actividades, se visualizan por orden Cronológico

También pueden verse según los bloques temáticos:
Caminadas, Expediciones de evasión, Expedición de 1937, Cultura, fiestas y tradiciones.


 
31 de enero de 2020
1ª etapa: Pont de Peramola-Pallerols   
   
 
   

Tramo 1: Del Puente de Peramola a Pallerols

Comienza el primer tramo del Camino de Andorra en el  Puente de Peramola, sobre el río Segre, a la salida del pueblo de Oliana (Km. 144,3 de la C-14).

Pasando el puente, hay que caminar por la carretera en dirección a Andorra unos 150 metros hasta encontrar, a nuestra izquierda, un caminito que sube hacia la ermita de la Virgen de Castell·llebre. Debido a las obras de ampliación de la carretera C-14, el inicio de este camino es muy empinado. Una vez superado este pequeño obstáculo se continua por el antiguo camino que lleva a la ermita (40 minutos).

En caso de querer entrar en la ermita, se tiene que pedir la llave en la Casa del Pont de Peramola: es la primera casa que se encuentra después del puente en dirección al pueblo de Peramola. Hay que preguntar por Josep Boix o por su esposa Concepció.

Tras visitar a la Virgen de Castell·llebre continuamos por la pista que nos lleva al Hotel Can Boix (55 minutos). De camino podemos visitar la ermita de la Virgen de la Grácia.

Can Boix se bordea atravesando la finca por detrás del edificio, siguiendo siempre las marcas azules y amarillas que señalan el camino.

Seguimos el antiguo camino en dirección a Peramola (35 minutos).

En Peramola podemos visitar el Pajar en el que el 19 de noviembre descansó la expedición de 1937. También se puede visitar Cal Mateu, casa de la que era Mateu Molleví Roca, "Mateo el lechero", que fue el contacto  que tuvieron los expedicionarios en Barcelona, para pasar la frontera.

Podéis tomar alguna cosa para reponer fuerzas en la Fonda La Masía. Preguntad por Josep.

Salid de Peramola pasando por la Fuente del Cané, un lugar magnífico para comer y reponer fuerzas.

Pasada la fuente hay que continuar en dirección a Cortiuda. A unos 250 metros se encuentra a la izquierda el desvío hacia la casa de Sant Marc y Pallerols. Hay que seguir la pista, que se deja a los 20 minutos para penetrar por el bosque que se extiende debajo del Roc de les Dues. Tras superar un collado se llega a la pista que lleva directamente a la casa de Sant Marc. Antes de llegar a la casa se encuentra un cruce de caminos (1 hora y 30 minutos):

a) Siguiendo la pista de la izquierda se va a la casa de Sant Marc (25 minutos) y continuando por la pista llegaremos a Pallerols (45 minutos).      

b) El camino de la derecha lleva a la Fuente de Comalpou o del Comapou (10 minutos), que es la fuente a la que muy probablemente los miembros de la expedición del 37 iban a por agua cuando estaban escondidos en la Cabaña, que queda a media hora de camino desde la fuente en dirección noroeste. Desde la fuente y en dirección suroeste, se baja rápidamente a Pallerols (30 minutos).


Resumen del Tramo 1

Del Puente de Peramola a Castell·llebre  40 min.
De Castell·llebre al Hotel Can Boix 55 min.
De Can Boix a Peramola 35 min.
De Peramola al cruce de Sant Marc 1 h. 30 min.
   
a)  
Del cruce a la Casa de Sant Marc 25 min.
De la Casa de Sant Marc a Pallerols 45 min.
   
b)  
Del cruce a la Fuente de Comalpou 10 min.
De la Fuente de Comalpou a Pallerols 30 min.

Total desde el Puente de Peramola a Pallerols por Sant Marc: 4 h. 50 min.
Total desde el Puente de Peramola a Pallerols por la Fuente de Comalpou: 4 h. 20 min.

Ver mapa aquí

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26 de junio de 2018
Más sobre la Rosa de Rialb   
   
 
   

San Josemaría, después de toda una noche de intenso sufrimiento interior y de llantos continuos porque dudaba si estaba haciendo o no la voluntad de Dios, suplicó al Señor que le diera una señal de que hacía bien continuando su camino hacia Andorra.

Una rosa de madera dorada que halló en el suelo de la iglesia de Pallerols, la mañana del 22 de noviembre de 1937, lo llenó de gozo y fue una señal para él de que estaba haciendo la voluntad de Dios.

La primera vez que San Josemaría escribe sobre este hecho, es el 22 de diciembre de 1937, justamente un mes después de haber encontrado la rosa en Pallerols. Estaba haciendo un curso de retiro en el Palacio Episcopal de Pamplona y escribe en sus "Apuntes íntimos", concretamente el que lleva el número 1440, fechado como se ha dicho el 22 de diciembre.

El punto 1440 comienza así:

Me estoy acordando de la rosa de oro -¡De madera dorada! - que me dio el Señor en Pallarols. Con el arcipreste de Pons, visitamos la iglesia profanada de Pallarols. Estuve mirando bien, con todo interés, por la iglesia y sacristía, para ver si habia alguna pequeña cosa que pudiera llevarme como recuerdo. No había nada.

Por lo que escribe San Josemaría, la primera vez que sube a la iglesia de Pallerols debía ser el 20 de noviembre, que es el día que llegaron a Vilaró procedentes de Peramola. En esta casa encontró a Mn. Nicolau Auger y Ortodó, arcipreste de Ponts, que estuvo escondido durante toda la guerra en esta casa. Juntos subieron a la iglesia de Pallerols para ver si encontraban algo para desagraviar y llevarse de recuerdo. No vieron nada.

También la noche del 21 de noviembre, antes de pasar la noche en una dependencia de la rectoría de Pallerols (que ellos pensaron que era un horno), San Josemaría bajó a la iglesia y tampoco vio nada.

Lo recuerda Francisco Botella en el año 1975:

"Nos enteramos que el sitio que estábamos ocupando había sido la casa del Rector de esta Parroquia. Pere nos indicó también por dónde se comunicaba sin salir fuera, con la Iglesia. El Padre y algunos fueron a verla. Yo no recuerdo haberla visto, por lo menos con detalle, era de noche por otra parte y la luz de la vela que teníamos era escasa.

El Padre y los demás dijeron —yo solo lo vi desde la puerta— que había sido, como tantas otras, quemada y destruida por dentro".

Aunque no había encontrado nada ni el día 20 ni el 21, la madrugada del día 22, después de suplicar al Señor una señal, en el número 1440 de los "Apuntes íntimos" continúa describiendo en primera persona lo que sucedió en la iglesia aquella mañana:

Entonces, con moción interior que coaccionaba mi voluntad, le dije al Señor: "si estás contento de mí, haz que encuentre algo", y pensé en una flor o adorno de madera de los desaparecidos retablos. Volví a la iglesia (estaba en la sacristía), miré por los mismos sitios donde había mirado antes..., y encontré en seguida una rosa de madera estofada. Me puse muy contento y bendije a Dios, que me dio aquel consuelo, cuando estaba lleno de preocupación por si estaría o no Jesús contento de mí.

En los "Apuntes íntimos" no hay otro punto que hable de la Rosa de Rialb. Este punto 1440 es el único que habla de ello.

Francisco Botella, en las testimoniales de 1975, recuerda:

"El Padre había pasado una prueba durísima, que le tuvo más que muerto en su sufrimiento. Sentía la seguridad de no estar en gracia de Dios y esto le tuvo angustiado y le dejó como una piltrafa: se sentía apartado del Señor, como si realmente lo estuviera y esto le rompía su alma de dolor. Duró toda la noche.

Pidió al Señor una prueba de Paz, "no sé si se puede hacer, no lo haré más", le oí al mismo Padre decir. Esta prueba que pidió quedó entonces en su alma. Inmedia­tamente avanzó hacia la Iglesia -cuando al salir del horno nos dejó por un tiempo-. Allí, lleno de gozo, que rebosaba su corazón, obtuvo la respuesta de Dios, de manos de la Virgen. Y en aquella rosa que trajo en su mano estaba encerra­da la paz de Dios y el consuelo de la Virgen".

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27 de diciembre de 2017
La Borda de Conorbau   
   
 
   

El día 30 de noviembre de 1937, los componentes de la expedición en la que iba san Josemaría durmieron en una borda. Juan Jiménez Vargas le llama "el corral de Baridà". Leyendo los documentos históricos se llega a la conclusión de que desde esta borda se ve por una parte la Seu de Urgell (Antonio Dalmases, 1937) y por otra las edificaciones de Conorbau (Juan Jiménez Vargas, 1980).

 

          Dice Antonio Dalmases (1937):

 

Estamos ahora a vista de Seo de Urgel y la claridad es ya grande; apretamos el paso y pronto llegamos a las siete de la mañana a una casa abandonada que ha de cobijarnos hoy. Entramos y vemos la casa que no tiene más que un standard de un piso abandonado. Cada uno busca un sitio donde tenderse; yo como un poco, cambio el calzado y me tiendo en un pesebre: no puedo moverme pero estoy relativamente bien, hay unas ramas que me sirven de colchón, la mochila para apoyar la cabeza y la manta y el pluma para taparme. Las órdenes para hoy son severísimas, no podemos hablar alto ni salir de la casa. Pronto el cansancio me vence y después de las catorce horas que hemos andado, mi lecho me parece una cama de verdad. Aquel día fue larguísimo, pues lo pasamos viviendo y durmiendo en un establo oscuro y con mal olor. Veíamos la luz del día sólo por una ventana que nos dejaba ver Seo de Urgel, con sus miles de carabineros vigilando y las cumbres nevadas de Andorra, nuestra tierra de promisión.

 

         Y Juan Jiménez Vargas (1980):

 

Llegamos todavía de noche a un corral de ganado que parecía aislado en el campo. Cirera entró por la ventana y abrió la puerta desde dentro. No sabíamos dónde estábamos. Después nos hemos enterado de que lo llamaban el corral de Baridá. Ya de día vimos que estábamos en un sitio llano con praderas.

A menos de medio kilómetro se veía una casa, y un poco más cerca otra —Cornabau— y tapias de ganado. Al parecer, estábamos en uno de los núcleos de concentración de emboscados que reunía condiciones especialmente favorables para esconderse. Está en alto, a unos 1.200 metros. Hacia el oeste el monte alcanza altitudes de 1.700 a 1.800 metros, que seguramente eran un buen sitio para huir en caso de alarma. Adentrándose un poco en aquel bosque, se encuentra un dolmen bien oculto por el ramaje.

 

         En el Diario (1937) se explica:

 

Son las seis y media. Ha sido una jornada larga y pesada. En la casa, nos acomodamos todos nosotros en un cuartito, que probablemente sería conejera, y nos tumbamos dispuestos a descansar. ¡Qué dura está la cama! sin paja, y sólo con unas ramas secas en el suelo, se está francamente mal.

 

Conclusión

Con estas informaciones pudimos localizar con certeza la borda donde descansaron el día 30 de noviembre de 1937, que sólo puede ser la Borda de Conorbau, que años más tarde se la llamó también "Bordeta estropeada de Baridà" para distinguirla de la "bordeta de Baridá" que hay más adelante, antes de llegar a la casa de Baridà.

El nombre le viene del hecho de que algunos años antes de 1937, los de Baridà compraron todas las propiedades de Conorbau. Cuando más adelante la borda de Conorbau se empezó a derrumbar, se la nombró también Bordeta estropeada de Baridà.

De todas las edificaciones de la zona de Conorbau-Baridà, la única borda desde donde se ve la Seu de Urgell y las casas de Conorbau es la Borda de Conorbau. A partir de este detalle ha quedado bien localizada.

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12 de diciembre de 2017
Aniversario de la muerte de D. Javier Echevarría   
   
 
   

Al cumplirse el año de la muerte de Mons. Javier Echevarría queremos hacer un breve recuerdo de su paso por Pallerols.

Como sabemos, todo lo que se refería a Pallerols le ilusionaba enormemente y prueba de ello fue cada dos o tres años hacía una escapada por aquella zona. En total, estuvo 5 veces en algún lugar del trayecto de Pallerols a Andorra.

- La primera vez fue el 4 de julio de 2002. Estuvo en Peramola, Pallerols y Fenollet.

- El 5 de septiembre de 2007, en el 70 aniversario del paso de san Josemaría por estas tierras camino de Andorra, estuvo por segunda vez en Pallerols y además visitó la Ribalera, el Corb, la Cabaña de San Rafael y la Balsa.

- El 2 de septiembre de 2010, volvió por tercera vez a Pallerols, visitando también la Cabaña de San Rafael, el pueblo de Ares, el río de Civís, el Barranco de la Cabra Morta y Argolell.

- El 1 de diciembre de 2012, en el 75 aniversario del paso de san Josemaría, fue a Andorra para bendecir una estatua de san Josemaría en la iglesia de Sant Julià de Lòria. Por la tarde del mismo día participó en la VI Jornada de Caminos de Libertad a través de los Pirineos, y fue recibido por las autoridades eclesiásticas y civiles del Principado.

- Finalmente el 3 de septiembre de 2015, fue por cuarta y última vez a Pallerols para bendecir la rectoría. Por la tarde de ese mismo día visitó la Cabaña de San Rafael.

Encomendémonos a él para que mucha gente acuda a Pallerols a encontrarse con la Virgen y obtenga de ella la conversión y la ayuda para hacer siempre la voluntad de Dios.

Para recordar las estancias de D. Javier en Pallerols, clicar aquí.

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14 de noviembre de 2017
El pueblo de Ares   
   
 
   

En 1937 en el pueblo de Ares había cuatro casas: Cal Nadal, Cal Duric, Cal Rei y Cal Fiter, con sus correspondientes corrales para el ganado. Estaba, además, la iglesia y la rectoría. Por aquellos años, en Cal Fiter vivían los Bullich que rebautizaron la casa como Ca l'Esparrica. Los Fiter vivían desde el año 1711 en Cal Marqués, de La Seu d'Urgell. Manuel Fiter pasó a Andorra el 21 de julio de 1936, acompañado precisamente por el mismo Josep Cirera.

En enero de 2007 pude hablar con Paco Bullich y Bentanachs, que el año 1937 vivía en Cal Fiter. Había nacido allí el 11 de noviembre de 1917, hijo de los caseros

de aquella casa. Los Bullich procedían de la Guardia de Ares y fue el abuelo de Paco quien se había trasladado a Ares hacía años, como casero de Cal Fiter. El padre de Paco se llamaba Albert Bullich y Llach y la madre María Bentanachs y Oliva; era hermana del dueño del Baridà, Francesc Bentanachs y Oliva. Los de Cal Baridà también pasaban gente hacia Andorra.

Cal Fiter es la casa más grande del pueblo. Tiene unos corrales y un pajar delante, hacia poniente, que son los primeros edificios que se encuentran viniendo del Valle de Cabó y, por tanto, los primeros que encontraban las expediciones que venían de allí.

Paco Bullich recuerda perfectamente que en el año 1937 a menudo pasaban fugitivos por delante de su casa. Cuando llegaban a Ares, la mayoría descansaban en el corral que hay delante de la casa, fatigados por la fuerte subida desde el Valle de Cabó, y algunos pedían algo de comer. Recuerda que en una ocasión eran más de treinta los que había que alimentar, y que se dividieron entre las otras casas del pueblo. Tenían corderos, gallinas, etc. Por la zona de Ares se recolectan unas patatas de muy buena calidad, como también nos lo ha recordado Josep Cirera.

En el mes de septiembre de 1937, Paco fue llamado a filas, y desde entonces hasta que acabó la guerra pasaba casi todo el día escondido por los bosques de Ares. Tuvo la oportunidad de observar el paso de muchas expediciones y recuerda especialmente al guía el Bitllà de les Anoves, famoso por su profesionalidad y honradez.

 

Escribe Juan Jiménez Vargas (1980):

 

En lo alto de la montaña, a unos 1.500 metros de altitud —Sierra de Prada—, junto al pueblo de Ares, paramos en un corral, esperando a uno que se unía a la expedición o a alguno de los     paqueteros del contrabando. Se pudo descansar como una media hora, que era imprescindible,     porque la subida había sido una paliza, para muchos, más agotadora que la de la noche anterior.   Entre los más jóvenes ya los había tan descompuestos que tenían ganas de abandonar. Y no    digamos cómo iban los que ya habían empezado a fallar en las primeras jornadas.

 

Y Francisco Botella (1975):

 

Nos condujeron a una edificación baja, pequeña; dentro había restos de paja y de pienso. Era un depósito de alimentos para el ganado. Antonio había ido a ver si podíamos ocuparla, cuando nos dejó sin explicación alguna y, como siempre, luego daba luz verde para que pudiéramos seguir     sus planes: ahora se trataba de descansar un rato.

Creo que sería una hora la que tuvimos de alivio, tumbados y con buena temperatura. Luego, a continuar.

 

Y Antonio Dalmases (1937):

 

En la cima hay una casa, donde hemos de recoger a un muchacho y, mientras le esperamos, entramos en la cuadra. Allí, sobre la paja y entre los animales dormidos, comemos un poco.

 

 

Conclusión.- De todo ello podemos deducir que, muy probablemente, los componentes de la expedición de noviembre de 1937 descansaron en el primer corral que se encuentra al entrar al pueblo de Ares viniendo de la Oliva de Cabó, y que corresponde a la casa de Cal Fiter.

 

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