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Portada > Blog del Caminante > Acerca del guía Josep Cirera
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Blog del Caminante    
 

Jordi Piferrer

A través de este Blog, todos los caminantes podrán intercambiar sus experiencias y exponer sus criterios y sugerencias sobre aspectos relacionados con el Camino de Andorra

Coordinará el Blog: Jordi Piferrer *


Todas las actividades, se visualizan por orden Cronológico

También pueden verse según los bloques temáticos:
Caminadas, Expediciones de evasión, Expedición de 1937, Cultura, fiestas y tradiciones.


 
1 de mayo de 2017
Acerca del guía Josep Cirera    
   
 
   

LA LLEGADA DEL GUÍA JOSEP CIRERA (2ª PARTE)

 

La versión de los hechos que nos ofrece el guía Josep Cirera es que a mediados de octubre de 1937, estando en Andorra, le llegó un aviso de su amigo Josep Ramonet Espar, de Ca l'Armenter de Organyà, con el encargo de conducir un grupo desde Juncàs hasta Andorra.

Según él, cuando recibió el aviso fue a pie desde Andorra hasta el santuario de la Mare de Déu de la Trobada, en el municipio de Montferrer y Castellbò. Allí tomó el autobús y bajó en la parada que había en el Hostal de la Penella, antes de llegar a Oliana. En este tramo no había controles de policía. Desde este punto subió caminando hasta Juncàs, por la tarde del día 27; hizo noche en esta casa, y al día siguiente, 28 de noviembre, hacia el mediodía, los de Juncàs le acompañaron hasta la Ribalera, donde se encontró con el grupo de veinte personas, dispuestas a hacer la travesía.

Nos dice que él no recuerda haber ido a la cueva-casa del Corb; y que ni siquiera conoce este lugar: le acompañaron directamente de Juncàs a la Ribalera.  También asegura que en aquellos días no asistió a ninguna misa, ni en la Ribalera ni en ninguna otra parte del recorrido hasta Andorra.

En 1980, hablando de aquella misa, Juan Jiménez Vargas decía: a distancia, aunque suficientemente cerca para no perder detalle, estaba nuestro guía entre los árboles.

Ya se ve, pues, que debe ser una confusión. No obstante, sabemos con certeza que estaban presentes los que habían hecho de guías hasta entonces, como Mateo y Tonillo.

 

En alguna conversación mantenida con Josep Boix, de Juncàs, en los años 2003-2005, nos dijo que él, después de la misa en la Ribalera, se marchó a su casa a comer, y allí encontró a Josep Cirera. Comieron juntos en Juncàs y a continuación subieron de nuevo a la Ribalera, donde esperaban los expedicionarios, para iniciar la marcha hacia Andorra.

 

En el diario del 27 de noviembre, en el que se relata la salida de la Cabaña de San Rafael en dirección a la Casa del Corb y la Ribalera, Pedro Casciaro escribe:

 

A las seis y cuarto nos ponemos en marcha. Nos sirven de guías Pallarés y Mateo.

 

Por tanto, estos son los guías que les llevan hasta la Ribalera. Más adelante escribe que Mateo llevó la comida a la Ribalera, lo que indica que Mateo era efectivamente uno de los acompañantes:

 

A eso de las tres de la tarde, comimos conejo frito que Mateo trajo después de su ausencia. Y, entre rezar el rosario y enredar por las rocas, se fue el tiempo hasta las cuatro y pico [...]; la voz de partida del guía me sorprendió llenando la bota en un chorro de agua que corría por lo más hondo del escarpado.

 

También Manuel Sainz de los Terreros escribe, en su diario personal del año 1937, que a la Ribalera les acompañaron Mateu y Pallarès:

 

Fuimos 23 y Mateo y Pallarés a un barranco al que llegamos a las 6 de la madrugada.

 

De todo ello sacamos una conclusión clara: los guías que les acompañaron desde la Baronia de Rialb hasta la Ribalera, eran gente de la zona de Peramola: Antoni Bach Pallarès (el Tonillo) y Mateo Molleví Roca (Mateo el lechero) y quizás también algún pariente de éstos. Juan Jiménez Vargas, en 1980, habla de un tal Mora, que podía ser de la cercana casa de la Mora. Evidentemente, habría también alguien de Juncàs, ya que los terrenos por donde pasaban eran de su propiedad y además estaban totalmente implicados en la organización de estas expediciones.

 

El único que dice haber visto a Josep Cirera en la Casa del Corb es Juan Jiménez Vargas. A pesar de la descripción tan detallada que hace, parece que se confundió de lugar o de persona. Al ser de noche, fácilmente podría tener dificultades para distinguirlo bien, a la luz de la vela que les alumbraba. El tiempo transcurrido entre los hechos y su relato también nos hace suponer otra posible causa de error.

 

Hay otros elementos que parecen confirmar esta hipótesis. En primer lugar, hay que tener presente que Cirera no era un experto de la zona de Peramola y que, por tanto, parece coherente que no hiciera de guía en este territorio. En cambio, a partir de la cima de Aubenç ya conoce perfectamente el terreno, y es desde ese momento cuando se hace responsable único de toda la expedición.

En segundo lugar, no tendría tampoco mucho sentido que, si Josep Cirera hubiera llegado a Juncàs la tarde del 27, saliera a las 12 de la noche hacia el Corb -que está a cinco kilómetros con un desnivel acumulado de cuatrocientos metros- para volver después atrás hacia la Ribalera, recorriendo seis kilómetros más y seiscientos metros de desnivel, para finalmente dirigirse a Juncàs, a tres kilómetros, lo que suponía bajar cuatrocientos metros de cota. Si uno se sitúa en el territorio, o bien analiza un mapa de la zona, se puede comprobar que habría hecho un recorrido circular de unos quince kilómetros, caminando de noche durante unas ocho horas, con unos mil quinientos metros de desnivel, y todo ello para ir a un lugar que no conoce, pasar la noche sin dormir y volver otra vez a Juncàs de donde había salido.

 

Conclusión

Después de haber estudiado a fondo todos estos datos podemos concluir que los expedicionarios vieron por primera vez a Josep Cirera el 28 de noviembre de 1937, al mediodía, en la Espluga de las Vaques, en el Barranco de la Ribalera; y poco después -hacia a las cuatro de la tarde- cuando volvió para conducirlos hasta Andorra.

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